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Definidas y
con alta resolución se conservan estas imágenes en la
memoria. La improvisada y muy joven periodista preguntó
a la joven escritora cuál era el poeta de quien tenía
mayor influencia. La respuesta fue instantánea: Silvio
Rodríguez. La improvisada y muy joven periodista era
Odette Alonso, la joven escritora era yo. Han pasado los
años y la respuesta puede seguir siendo la misma, aunque
descubrí palabras de otros. No quiere decir que haya
logrado que mis textos sean como los suyos, ni que se
pueda notar una marca en ellos que parezca salida del
caudal de magia, poesía y originalidad que la obra de
Silvio exhibe. Pero siempre agradeceré que sus canciones
me hayan hecho reconocer una manera de escribir como la
que yo creía tener en alguna punta de los dedos ansiando
ser escrita.
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Lozano, Vivian:
"...En busca
de un boleto". Calografia.
2004. |
Llegué tiempo
después a vivir en el piso cinco de F y 3ra,
residencia de estudiantes de la Universidad de La
Habana, donde vivieron algunos de los poetas que
aparecen en esta selección, y a la cual también se
le han escrito textos apasionados. Allí conocí a
Abdoul Karim, presencia de Mali en mis poemas, el
más rendido amante de Silvio que haya estado cerca
de mí. Sus discos sonaban a toda hora en aquel piso
dieciocho de nuestras comidas interminables de
becados, de lecturas y fiestas, poniendo su voz
entre cantantes de Mali, Benin, Cabo Verde, Santo
Domingo. Juro que sonaba en el lugar preciso.
En algún regreso de
vacaciones de aquellas tierras que imaginaba de leones y
pájaros raros, Karim trajo la ropa tradicional maliense,
un bubú, de azules iridiscentes en su pantalón y
vestido, que su madre había comprado expresamente para
que lo regalara a Silvio. Claro que nos atrevimos;
todavía él podía dar conciertos en Casa de las Américas
sin que La Habana pareciera invadir todo ese territorio
del Malecón para escucharlo. Fuimos temblorosos y
temblando logramos regalarle aquel traje.
Han pasado muchos
años. Karim saltó desde el mismo balcón en que
tarareábamos a Silvio mirando al mar. Yo fui y regresé
de muchos sitios, aprendí canciones de otros sin lograr
olvidar ninguna de aquellas. Luego estuve en México,
cuando ya no pensaba tanto en él. Pero una tarde
entramos Adriana Naveda y yo a comer a un sitio medio de
barrio, en algún lugar de Xalapa, y mientras
esperábamos, cerveza por medio, un indígena con una
guitarra empezó a cantar “Madre”. Fue como si
Cuba entrara en aquel estrecho lugar. Siempre aparecería
con la canción precisa. Pudiera contar muchas otras
cosas. Como tantos otros. Como los que escribieron estos
textos que leerán aquí.
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Montero Bell, Modesto:
S/T. Dibujo. 2001. |
No sé qué destino
tuvo el traje de Mali. Quise por mucho tiempo pensar que
Silvio lo había guardado, y que Karim tarareaba todavía
sus canciones en la eternidad; creía oír su voz risueña
diciendo: te amaré
y
después...
"Soñábamos con
serpientes" cuando el mundo era otro. Hoy nos "citamos
con ángeles" que parecen mirar un mundo futuro más
hermoso, con nuestros mismos ojos de los días que
vendrán.
Me gusta pensar que
estamos entremezcladas aquí todas las promociones de la
literatura cubana: los que creemos deberle algo, a veces
impreciso, pero siempre esencial; los que le dedicaron
poemas, las que lo amaron, los que usaron sus versos
para juntarlos a los propios, para poner título a un
libro, para nombrar su nombre.
Quise creer que estas
palabras hablarían del Silvio de todos. Solo he podido
hacerlo del mío personal. Pero sé que muchos están en
él. Lo descubrí en aquella cercana conversación con
Iroel, amigo, que ha pensado, deseado y hecho posible
este libro, con el mismo temblor y leve reverencia con
que he escrito estas palabras. Gracias por ti, Silvio.
Texto de presentación aparecido en
Silvio: te debo esta canción, selección de poemas
inspirados en la obra del trovador cubano, Ediciones
Santiago, 2004. |