Año III
La Habana
Semana 5 - 12
MARZO
de 2005

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
EL CUENTO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

Mi Silvio
León Estrada Santiago de Cuba


La memoria auditiva de un niño es feroz, excesiva e implacable. He escuchado las canciones de Silvio, si no desde la primera vez, sí desde las primeras veces; cantadas por él o por Elena u Omara. Desde aquella aventura del canal 6 que algunos recuerdan con nostalgia, cuyo tema fue “Un hombre se levanta”, en la voz de esa Voz valga la redundancia que es Sara, y que luego tuve en un disquito de 45 rpm. Y también, antes de irme para la escuela al mediodía, en cuarto o quinto grado, escuchaba en ¿Radio Liberación, Progreso? El vengador, cuyo tema era “Si tengo un hermano... y otra vez en el cine Capitolio, mirando uno de esos antológicos Noticiero ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos) de Santiago Álvarez, este en homenaje al Mayor, y esa canción sin tiempo y sin fin... que todavía puedo evocar emocionado. Sin nostalgia, recuerdo los años 60 y 70 y parece que el tiempo no ha pasado.

Knight, Jorge: "Mi casa ha sido tomada...". Conté sobre cartulina. 2004.

Pero el tiempo, ese cabrón, sí pasa... la ESBEC (Escuela Secundaria Básica en el Campo) me alejó de la música, mas no de Silvio; porque en aquellos festivales culturales, cualquier chamaco de octavo te sonaba cualquiera de sus canciones, supongo que por distintas, significativas y abarcadoras. En el SMG (Servicio Militar General), en una ciudad llamada Cabinda que él conoce porque estuvo antes que yo me reencontré con sus canciones, y en noches terribles de soledad y lejanía, en una oficinita llena, de discos, libros, equipos de audio y mucho polvo, volví a escuchar “Días y flores”, “Al final de este viaje...” y “Rabo de Nube”.

Cuando volví a Santiago, a fines del 82, recuerdo haberme comprado el disco Mujeres y lo escuché una y otra vez y ya para siempre, en un tocadiscos soviético Akord, sentado en el piso de mosaicos rojos del ínfimo comedor de la antigua casa de mi hermana Coralia, en el reparto Santa Bárbara. Si aquellos discos en Angola y luego Unicornio deslumbraron, por así decirlo, al poeta en ciernes que sigo siendo, Mujeres  fue y es    EL DISCO de Silvio. Entre sus doce temas el exceso es mío hay ocho que he oído, oigo y voy a oír siempre, para siempre.

También en los 80, tan fecundos en tantas cosas del espíritu, frecuenté a Eva Aguilar, uruguaya exiliada que me presentó mi profesora Gladys en el taller literario Roque Dalton. Eva, madre de Daniel "Tato" Montes, hijo del cantautor Numa Moraes, me presentó entonces a dos amigos con los que compartiría en esos años, entre otras cosas porque oían a Silvio como lo oía yo: el pintor Joel Aguilera Tamayo y la actriz Mahe. Eva también me presentó en una de sus visitas a Santiago a otra uruguaya, una inteligente bruja y poeta que se llama María Gravina, una de las mejores personas que conozco y a la que amo profunda y entrañablemente. Para mí estar al lado de María entonces, era estar al lado de Silvio, por varias razones que no vienen al caso; los interesados lean su poemario Lázaro vuela rojo, Premio Casa de las Américas 1979 y sabrán.

Arrate, Grettel: "La Silla". Acrílico sobre tela. 2003.

Después vinieron sus giras por Argentina, México... los incesan­tes conciertos suyos y de Pablo. Y luego me recuerdo en el Parque Abel Santamaría en 1984, sentado en el suelo de granito junto a Teresa Melo, Sergio Pereda y alguien más, Noel Pérez quizás, escuchando y cantando porque yo era, he sido y soy, quizás con menos ímpetu ahora, un incondicional palabra que mucho significa para mí, no importa si la hallan excesiva de Silvio.

Fanático e incondicional al fin, ya había comenzado a recortar ¿otro exceso? todo lo que sobre él apareció en la prensa de aquellos y estos años, y copié casi todas sus canciones posibles y tuve casetes Orwo piratas con otras que nunca ha cantado en público. Eso mucho antes de que apareciera el libro Que levante la mano la guitarra; mi ejemplar de aquellos días existe y está tan maltratado que ya no da más, y eso que tuve otros de repuesto, pero seguro los regalé a los amigos o a alguna muchacha de esas noches de parques, trova y escaleras.

Una tarde del 93, antes de conocer la nieve y caminando por La Rampa ¿arriba?, ¿abajo?, en un semáforo, Silvio al timón, me detengo y lo miro, lo miro quizás impertinentemente, me mira, me sonrío, me mira con la imperturbable naturalidad de las personas públicas, tal vez cansado de tantas miradas sobre él, de tantas palabras dichas sobre, acerca, encima y contra él; ponen la verde y sigue. Para mí fue suficiente, nunca créame el que ha seguido leyendo he querido conocerlo "en persona", ni lo he perseguido para que me firme un autógrafo. No he podido, qué va, no soy así.

Es mejor ver desde lejos lo que se respeta y admira, para que siga siendo como uno quiere que sea. Y porque lo supongo agobiado de tantos amigos y conocidos recientes o históricos, de familiares, de tantas y tantas entrevistas, preguntas, palabras, de tanto trabajo, y porque lo que quiero es mantenerlo en mi Parnaso, no hago nada para verlo o visitarlo, para después vanagloriarme de haberlo conocido sin quizás conocerlo.

Porque a estas alturas ya yo lo conozco, esto no es otro exceso; a Silvio, como él a su Unicornio, nadie lo conoce como lo conozco yo.

Tomado de Silvio: te debo esta canción, selección de poemas inspirados en la obra del trovador cubano, Ediciones Santiago, 2004.

SUBIR

 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

© La Jiribilla. La Habana. 2005
 IE-800X600