Año III
La Habana
Semana 2 - 8
ABRIL
de 2005

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Concepto Camaleón:
Arte e ilustración política
Lázaro Israel Rodríguez Oliva La Habana


Coordenadas en los mapas mediáticos del arte

¿Es el arte comunicación? ¿Y viceversa? Lo que puede llevar a una respuesta obvia, en realidad, supone un debate de fondo que no concilia a artistas y a comunicadores. Por tanto, me parece necesario sentar algunos presupuestos a partir de los cuales se articulará la reflexión que propongo sobre los vínculos entre arte y comunicación, no en abstracto, sino a partir de una propuesta de diseño gráfico en una publicación periódica cubana. Esta precisión explicará de qué arte y de qué comunicación estaremos reflexionando.

Parto del estudio de las propuestas gráficas de algunas de las primeras planas de la publicación La Jiribilla de Papel durante el año 2004, para a partir de ahí plantear algunos rasgos de la filosofía, de la entrega plástica de los autores que conforman el grupo de diseño Camaleón1.O sea, me estoy preguntando qué caracteriza la expresión plástica de esta publicación a partir del diseño de este grupo y cómo el recurso gráfico no solo se integra de forma orgánica al texto, sino, que por su parte, constituye una obra de valor plástico en sí mismo, con especificidades y valores particulares.

A partir de estos presupuestos, quisiera precisar algunos rasgos que caracterizarían lo que de ahora en adelante denominaré un “concepto Camaleón”2, que no solo los ha dado a conocer en el panorama de la ilustración cubana, sino en uno más amplio que tiene que ver con las artes plásticas en general.

Darien, La Jiribilla, 16, Enero de 2004. Primera plana.

LAS PORTADAS...
Sorber de la misma fuente

La mirada fija, los dientes que aprietan los absorbentes que beben de la misma fuente, que se disputan el mismo líquido, ¿vital?, y el texto que pone en claro Tres obscenidades a propósito de los intelectuales. (La Jiribilla 16, enero 2004) La definición de los rasgos precisa la posición política y hasta poética: el indio, de cuernos dispuestos, como el toro que se resiste; el rubio, de corona de espinas, como aquella estatua que propone la libertad blanca, de pelo lacio, y ojos claros. Y la imagen que se desplaza por la plana como llamado, como antesala, de un texto que habla de tiranteces, de contrapunteos, bajo la firma de uno de los escritores de mayor renombre de la izquierda europea, Michael Colon. La ilustración ganando de antemano la contrarréplica, definiendo la posición y fijando una estética, que comenzó pensándose como sensibilidad. Del lat. sensibilĭtas, la facultad de sentir, propia de seres con ánima, una propensión natural del hombre a dejarse llevar por los efectos de compasión, de humanidad, de ternura. Pero que es también la propensión a responder a muy pequeñas excitaciones, estímulos o causas. La imagen puesta en función de un texto, pero ganando en sí misma la fijeza de una posición ética, plástica si se quiere, propia. La tensión, la subjetividad, el predominio de la línea que sugiere el movimiento, la acción, la toma de parte.  

Los contrarios en lucha

Por qué tener esperanzas en tiempos difíciles. (La Jiribilla 21, marzo de 2004), de Howard Zinn, el prestigioso historiador y dramaturgo norteamericano, se acompaña de una imagen clásica de lucha de contrarios. Dos hombres, que recuerdan aquellas imágenes de los trabajadores en el arte socialista. Dispuestos en pugna, con el cuchillo dispuesto a ganar la posición, se equilibran. Los rostros graves, geométricos, que se amenazan. El hombre gris, el otro, blanco, y la lámina de los cuchillos negra, con el filo blanco. La opción menos cómoda del pie en la cara; el propio, en la mejilla del contrario. Las manos tomadas, y Howard Zinn en esa placa de cuchillo cayendo sobre el blanco. Darien, de nuevo, optando por la línea más precisa, por la tensión a flor de línea, por la contraposición cromática primaria: negro, blanco, sus matices. Del otro lado, un texto sobre la hegemonía en la historia a propósito del libro del mismo autor A People´s History of the United States (La otra historia de los Estados Unidos), un texto contrahegemónico, contestatario, que parte de una propuesta conflictiva, de una visión distinta de la historia. Y el contrapunteo se da en ambas propuestas (la gráfica, la textual). La opción gráfica, en cambio, toma menos partido. Expone, incluso explícitamente con signos de más (+) y menos (-) la relatividad, las posiciones posibles de ganar y perder, la correlación, la tensión, la posibilidad de ganar (como de perder) de ambos contrincantes. Como si pudiera captar la paradoja que lleva en sí el par esperanza-tiempos difíciles.

Darien, La Jiribilla de Papel 21, marzo de 2004.

La ducha, la sangre

Desenfado formal; arte medular, de rasgo expresionista, de subjetividad acentuada, de rigor conceptual que reta el imposible de una forma concebida desde la naturaleza cotidiana. La figura de hombrecito, con corazón incluido (que es mucho). Un hombrecito, de esos que pintan los niños con manos menos firmes, con pulso todavía que devuelve una imagen naif. Dentro, como si fuera transparente el hombrecito, el corazón colocado, con las arterias saliendo, y de él, manando, por un tubo, el torrente (que parece soplete, ducha: ambigüedad), de sangre que sale por la boca, como si el acto de hablar fuera desde la sangre.

El tema medios, cultura y resistencia, el texto se firma por Fernando Martínez Heredia, intelectual entero, y de ideas precisas, holísticas. Las palabras que le salen medulares, las ideas que se colocan en el lugar donde las siente. Un texto controvertido, el de los medios, la cultura y las experiencias de la dominación capitalista, desde una voz alternativa, la de Cuba. El capitalismo cuestionado desde el corazón, sus estrategias de (des)ilusión previstas desde una negatividad necesaria, la que disecciona sus recursos. E Idania, al parecer con crayolas, fija una postura que nace, complementa una estética, la completa, como diría Lezama (Paradiso).

Idania. La Jiribilla de Papel 18, febrero de 2004.

La llave de trébol

La cara yaciente hacia la izquierda en el piso. La sangre desdibuja la silueta, y el cuerpo, yerto, víctima de una violencia incontenida. En el pecho, un ojo de cerradura, de donde sale una llave. Mensaje tácito, conmovedor, como si lo que se quisiera buscar fuera lo que se sabe que hay dentro, que se guarda bajo llave, como algo valioso: ¿el entendimiento, el sentimiento, lo esencial humano invisible a los ojos? El rasgo de prisa, pero es prisa poética, de esa que se llena de emoción, que no se limita, que grita como aquel grito de Munch más expresionista. Con una frugalidad de recursos gráficos, tan sorprendente como efectiva, solo la silueta y una llave: el concepto del valor humano que se guarda Es la imagen valiendo por mil palabras. Pero no faltan las palabras: La vida en el planeta tierra: el 11–M cotidiano. (Santiago Alba Rico, España). Un texto que habla de la capacidad humana de indignarse moralmente, y de expresarlo en voz alta cuando se trata de una injusticia. Un análisis político de la violencia en España, EE.UU., Iraq, el mundo viviendo una cotidianidad violenta, esencialmente violenta. E Idania, disponiendo un cuerpo en horizontal, inerme, caído desde la violencia a un estado sin vuelta. Y la llave, como invitando a abrir, a conocer lo que se guarda.

Los filos y los cercos

El cerco colocando el límite de toda libertad. El cerco que no es muro, pero que es muro. El muro que encierra, que a veces protege, que siempre impide. El muro que aquí se carga de barrotes y se vuelve jaula. Barrote que se sabe muro cuando el texto anuncia Obsesión de los muros (Rafael de Águila, en La Jiribilla de Papel 22, abril de 2004.) El recurso gráfico colocando un concepto que va en paralelo con el del texto que ilustra, sin dejar de ser, en sí, la solución a un planteo: los límites.

Sarmiento siguiendo un estilo camaleónico, aporta sus seres barbados, híbridos de pajaritos de espuelas incluidas y colas simpáticas, con pies de tres dedos, axilas ralas, nariz de hormiguero, dientes de filo, que siempre remiten al inconforme impasivo. Mezcla de fragilidad y fuerza: la cola, los colmillos; las alas ausentes; los pies firmes. Los ojos que miran con mirada humana, con ojeras intermitentes y nariz que husmea. Gorro de payaso con pompón de remate, y todo, dentro de una jaula que parece pintura de niño.

Nunca he visto a Sarmiento trabajando, pero siento que su dibujo sigue rápido al concepto, parece que sale por fuerza, por necesidad que hace confluir sentimientos encontrados. En este, por ejemplo, la posición dentro del cerco; y dentro, pero dentro del enjaulado, la vocación del escape. Aquí, la idea del muro supera los recursos gráficos del contorno: los elementos de los que se vale Sarmiento, la utilización de los contrarios en este híbrido que lo caracteriza dentro del concepto Camaleón, me llevan a pensar en una propuesta que contrapuntea, de fondo, el par desenfado–enfado. Desenfado que se consigue en la expresión plástica, casi naif en el formato; enfado que se advierte en el logro de la idea que da, inconformidad, la necesidad de la alternativa.  

Las caras del que miente

Pero parece que el juego con el recurso de contrarios, con la ambigüedad se recicla en la expresión de Sarmiento. “He participado en una mentira diabólica” (Paul Rockwell. Entrevista con Jimmy Massey, ex marine de EE.UU, en La Jiribilla de Papel 26, junio de 2004). La ilustración de este texto le da el pie al diseñador para incursionar en la posibilidad expresiva de los dobleces. Dos rostros: un rostro, otro, el cuerpo del rostro, como si hubiese dos caras (que las hay). Ambas, con gafas, la boca, con la misma expresión de dientes que rechinan sin chistar. La mano, llevando el anzuelo de la trampa en que cae el rostro que no se da, el rostro que no es el propio rostro, el que queda por debajo de la cara, que se esconde.

Sarmiento, La Jiribilla de papel 26, abril de 2004.

La mano mostrando a la boca (in)visible el anzuelo en que habrá de caer. Sarmiento vuelve a colocar las pelusas, ralas también, en la barba, el mentón, las axilas. De nuevo, los pies tridigitales. Pero las manos siguen teniendo cinco. Los pies siguen firmes, y aquí la fragilidad es la propia trampa, el anzuelo dado por la propia mano que traiciona. Las gafas que ocultan la mirada que miente. El desenfado sigue en la expresión por los propios elementos recurrentes. El enfado viene por la idea misma de los dobleces, de la doble moral, de la cara que se da y la que queda debajo, la que queda más cerca del anzuelo. Esta representación gráfica agota la sugerencia del dibujo como formato. Asume la imposibilidad de la representación de la idea: la doble moral, la mentira. Conceptos abstractos que se materializan en esta concepción plástica a partir de la sugerencia que estimula el imaginario de cualquiera que lo lee. Recurrencia que es sugerencia porque hay que tener en cuenta que estamos hablando de ilustración, de un arte que pone a disposición de un texto, un recurso plástico que lo complementa o completa, como ya se ha apuntado. La representación se completa, por tanto, en el texto, y se da en sí misma, como otras propuestas de Camaleón, indicando no solo una continuidad, un volver de rasgos personales de Sarmiento, sino tributando a lo que estamos denominando el concepto Camaleón.

Los pies sobre la isla

Cuba sobre una isla. Cuba rodeada de agua, en la desolación de aquella maldita circunstancia de Piñera; parada sobre una isla que se extiende un poquito más allá del arco que describen sus pies. La hierba, corta, rasa, que parece pelo dejado de afeitar. Cuba. Y se sabe que es Cuba porque su vestido descotado tiene tres piezas. Un vuelo que incluye una estrella, blanca. Un vuelo que termina en pico en forma triangular del que parten cinco franjas, dos de estas blancas, entresacadas de otras de otro color. La bandera. De la muchacha, peinada al lado, sin brazos, como el gesto que siempre hacen los niños cuando esconden algo detrás, sobresale un fusil.

¿Otra imagen de la República? ¿De nuevo aquellas muchachas que en las fiestas inaugurales de 1902 vestían de bandera cubana, o aquellas que aparecían en las publicaciones de inicios del XX con gorro frigio y escudo?

Sí, sí, pero es distinto, esta tiene un fusil, con aires de sesenta. El vestido es enterizo. Y esta, definitivamente, es otra.

David juega con una tradición gráfica, con un icono de la ilustración cubana, de la caricatura cubana política, y lo resemantiza actualizándolo para un texto que se titula Cuba: los próximos 45 años. (István Mészaros, La Jiribilla de Papel 20, 2004)

David, La Jiribilla de Papel 20, marzo de 2004.

Un texto que hace una disección histórica de la Revolución cubana con un sentido prospectivo, definiendo su autenticidad, su carácter genuino y su continuidad. La ilustración, por tanto, rica en sí misma, ya no puede separase del texto, le pertenece, lo explica, lo anuncia. Y viceversa. Acuarela, carboncillo, crayola. El dibujo firme, porque firme es el trazo. Mejor definida, la estrella; como recortada y dispuesta en collage. Técnica también que parece utilizarse en la tierra ¿firme? donde se para: isla de la isla. Una isla de textos, ¿discursos sobre Cuba?, ¿palabras sobre Cuba?, ¿explicaciones sobre Cuba misma? Territorio de textos que es el terreno sobre el que se para la joven del pelo al lado, con aires de sesenta, con el fusil a la espalda.

El corcho y el sonido

La ilustración: la imagen clásica del teléfono que suena. El auricular semilevantado, al parecer, por la propia fuerza del tono de llamado. Ring, ring, ring. El teléfono suena. La persistente intermitencia de un tono de llamado dentro de una botella encorchada.

El texto: Los seres invisibles. Gustavo Pereira (La Jiribilla de Papel 32, septiembre de 2004) Un excelente ensayo del poeta y crítico literario venezolano sobre la invisibilidad social, sobre los invisibilizados sociales, que no invidentes. Un ensayo sobre hegemonía, cultura, dominación, resistencia.

David, La Jiribilla de Papel 32, septiembre de 2004.

El concepto en el texto y su ilustración (y viceversa): ¿Quién llama y quién encorcha la botella? David sugiere y consigue el mismo efecto que propone el texto desde otro sentido: la escucha. Pereira en su artículo se expresa desde la vista. Excelente complementación comunicativa y artística y muestra infalible de la necesidad del diseñador de proponer conceptos con otros recursos posibles, a mano o a buscar, pero otros, los de él. La solución es definitivamente certera, clara, precisa, y contundente, como el texto de Pereira. El sonido que no sale, pero que insiste, que sigue llamando porque sabe que hay alguien que no quiere que hable y él, el invisible de Pereira, necesita hablar, ya no puede seguir pensando que vive en una botella encorchada, que su sonido rebota en las paredes, que se levanta el auricular pero que a nadie llega. Trazos firmes, como los de otros camaleones, que saben lo que pintan, como el autor que ilustra sabe lo que dice. Trazo firme porque David cree saber que hay dos posiciones, dos intereses encontrados: el que pone el corcho, y el que llama. De nuevo Camaleón, desde David, con su precisión formal, y rigor conceptual, con la refrescante posibilidad de una gráfica nueva. Ideas trabajadas, reincorporadas con sangre fresca.

La escalera que sube...

De nuevo la bandera, la cubana, pero no vistiendo a la joven aquella del pelo a los sesenta. Ahora se convierte en una escalera, cuyas gradas son las cinco franjas y el flanco es el cuerpo entero de la bandera descubierta en el lateral derecho. Nelson Ponce se apropia, en esta entrega gráfica, de un símbolo de cubanidad, pero lo hace desde la ruptura. La bandera ya había estado en la caricatura, y en la ilustración desde que los atributos de la nación cubana a partir de 1902 comenzaron a ser referentes de los medios de comunicación, en especial de la prensa y la fotografía. Pero esta bandera, en este contexto específico del texto que la acompaña, es otra bandera. Incluso, no tiene que tener ni las tres franjas azules, ni el triángulo rellenos del color que llevan para descubrir solo con el perímetro de las formas conocidas de qué se está hablando. Y se está pintando de otra bandera. La idea de ascencionalidad, de progreso, acompaña un texto de Ricardo Alarcón titulado Mirar a los sesenta: el tiempo de la eclosión. (La Jiribilla de Papel 29, julio de 2004.)

Nelson Ponce, La Jiribilla de Papel 29, julio de 2004.

Y es que parece unos de esos grafittis que aparecieron en tantos muros en los 60, de trazo rápido, de dejadeces formales, de propuestas constantes. Esta es otra bandera, como se dice, que colocada en escalera se dota de un dinamismo tal que, pensada desde el texto que ilustra, no puede menos que insertarse orgánicamente como conjunto. Este trabajo de Nelson Ponce sigue el estilo algo conceptual de Camaleón. La mirada joven, el pulso diestro, pero desenfadado que ya habíamos visto en otros camaleones. La propuesta que se sabe joven porque es expresivamente joven.

Un lugar de utopía en la utopía

Dice Abelardo Castillo en un texto de La Jiribilla de Papel titulado Un lugar en la utopía (23, abril de 2004) refiriéndose a la moraleja de un cuento infantil donde un hombre que andaba en la búsqueda del primer libro murió en el empeño que “lo que ese hombre no sabía es que el primer libro no había sido un libro, sino un hombre”. Y si se extrapola y se prueba que la historia es circular, tendremos que pensar que el último libro, como el último dibujo será un hombre. Sí, ¿pero cuál, cuándo?

Un texto tan medular como su autor, argentino desde los huesos, y escritor de sangre, sobre la escritura, el compromiso social, el hombre y los sueños. Estoy casi seguro de que si hubiera que pintarse la utopía, esta tendría las rayas imprecisas de los niños, la forma limpia y sana, como ella misma, de la expresión infantil.

Pintar un lugar para la utopía: un barco alto alto, como se pintan los barcos cuando uno es chiquito chiquito. Unas torres que parecen edificios arriba del barco. Y una cadena. La cadena de la que casi siempre se cuelga un ancla para mantener un lugar, ahora no cae al fondo. Sube y sube como si no pesara hasta una nube y se funde con una flecha de graffiti que indica un sentido: el de la izquierda. Y para allá irá ese barco de rótulo Utopía, para un no–lugar indicado desde una nube.

Nelson Ponce logra un acabado en esta representación gráfica que no solo es ergonómica al texto que ilustra, sino que aligera la plana de una manera que despista al lector que llega. Y esa es la sorpresa, un texto profundo visualizado en un concepto profundo pero sencillo. Un concepto al que recurren siempre los camaleones desde estilos particulares, líneas, pliegues, estrías, sombras, sellos distintivos que se integran en una imagen gráfica renovada.

El concepto

No estamos hablando de formas puramente abstractas. La hibridación que caracteriza la composición es surreal, de uniones imposibles, de asociaciones inverosímiles. El testimonio es el testimonio de un sentimiento.

Delineación de formas, recurrencia a formatos que no tiene un referente visual real, pero que se compone del imaginario fresco y diverso de estos jóvenes. No es un registro visual. A veces es táctil, a veces se vuelve sonoro en la impresión que sugiere la forma. Arte, como todo arte, de sugerencias, de representaciones pasadas por el visor del que pinta.

En términos de dibujos, parecen estas entregas gráficas de Camaleón, apuntes. Pero apuntes en el sentido de síntesis, de resumen que no deja escapar la dimensión medular de sus conceptos. ¿Qué no arriesga la estructura por el detalle?, la expresión más acabada de sombras y formas. Aquí el formato es naif, yo diría que el pulso es infantil, diestro, pero infantil. Los trazos, los motivos, el lugar desde donde se siente, desde donde se piensa lo que se pinta es definitivamente joven, y por eso a veces parece que si lo viéramos en una pared, fuera un graffiti. Pero otras veces son bosquejos más que apuntes. La línea limpia, ausente de color, como en aquella bandera en escalera de Nelson Ponce. La superficie puesta en función de una limpieza de concepto, aunque no renuncia, tanto en este como en otros casos, al desenfado.

Multifuncional, el concepto Camaleón cobra un sentido específico de ilustración en el texto que lo complemente. ¡Qué dicha que la prensa cubana está contando con esta renovación (que casi es exclusiva, tanto en lo que toca a la ilustración propiamente dicha, como desde el diseño)!. Porque no siempre se consigue que los diseñadores coincidan con los ilustradores. Aquí sí, en este caso sí. Los casi cuarenta números de esta revista digital, han sido diseñados contra cierre por Camaleón. Quizás por la gráfica es en La Jiribilla, tanto la digital, como la de papel, un rasgo de identidad.

Espiritual, expresivo, emocional, subjetivo, predominantemente lineal, el concepto Camaleón se aprovecha de rasgos expresionistas para negación de la realidad aparente, reproponiéndola. Gestual, asimétrico, ilógico, inquieto, subjetivo, irracional, dinámico. A veces se vuelve emotivo, simétrico, lógico, sereno, racional, pero nunca quieto. La serenidad sugerida, implica dinamismo.

Este es un acto de diseño de reacción–acción, sin que estos conceptos se contrapongan en una propuesta gráfica que plantea la acción, la toma con lápiz, pincel, carboncillo, de una participación orgánica, que reacciona, sin desentenderse, de un cómodo letargo en materia formal y conceptual en nuestras publicaciones periódicas, en materia de innovación y propuesta gráfica.

Una experiencia emocional, que humaniza la postura ideológica, la carga de un texto demasiado cargado de una jerga política que muchas veces recurre a los mismos recursos expresivos. ¿Cómo participa esto de La Jiribilla? Hay que tener en cuenta que esta publicación aparece precisamente como una página contestataria cubana con el orden hegemónico global, como una voz desde una alternativa, y desde ese punto de vista, el colectivo de diseñadores de neuronas frescas, y pulso firme aportan el concepto de alternatividad, integrándose a la tradición gráfica cubana, y apropiándose de lo mejor de las corrientes plásticas foráneas. No son mero meeting pot, un ajiaco. Cuando vemos las ilustraciones de los camaleones, al menos, eso pienso, tengo la percepción de aquella rabia que se sale del rechine de los dientes, de la postura, desde el desenfado, de una militancia estética.

La completitud de estas formas gráficas tiene que ver con un compromiso orgánico y con la identificación de rasgos que tiene que sugerir el concepto de alternatividad, de propuesta, de ruptura, de fuerza joven. ¿Y por qué esto? Hay que tener en cuenta que si de algo carece el discurso político cubano es de un complemento gráfico que lo refresque. En materia de publicaciones periódicas, ya por problemas de espacio, ya por dejadez, ya por propias decisiones, nuestras publicaciones recurren siempre a los mismos formatos, y cuando se proponen rupturas en los espacios gráficos, estos recurren a los viejos resortes desfasados, a un volver sobre las mismas cosas ya vistas dadas como nuevas.

Dentro del marco de la ilustración política, el concepto Camaleón parece arte satírico, de denuncia, subjetivo, pero que tiene claro su sentido. No parece oportunista porque es sincero, define posiciones antes de entrar al texto. Decididamente el recurso al concepto Camaleón no parece venir por el prejuicio popular que perpetúa que estos lagartos tienen una capacidad intrínseca para cambiar de color cuando se sienten amenazados por algún factor ambiental, (lo cual los situaría como oportunistas). Los camaleones, los reales, no siempre cambian de colores para adaptarse al medio. Dicen los diccionarios que sus ojos son grandes y pueden moverse en muchas direcciones en forma independiente. Estos, los diseñadores, han dado pruebas de mirada inquieta, de su capacidad de mantener una identidad en materia de visualidad adecuando su propuesta gráfica a las demandas que comporta el texto que le da pie por lo general.

Queda clara en su expresión formal su línea de continuidad con la tradición gráfica cubana. Incluso este fue uno de los argumentos que dictaminara el jurado que les otorgara en el Premio Nacional de la Oficina Nacional de Diseño Industrial 2004 a la Revista de Cultura Cubana La Jiribilla de Papel.3  Su genuina expresión, la validez de sus valores plásticos y la limpieza y desenfado con que proponen, a pesar de (y por ser) tan jóvenes, les han valido el reconocimiento dentro del panorama mediático cubano a partir de la plena asunción de la importancia de esta ruta mediática de lujo que es la ilustración, la gráfica de complemento y género.  

Bibliografía:

•Bermúdez, Jorge R. Gráfica y comunicación visual. La Habana: Editorial Logos, 2002.

•Briggs, Asa y P. Burke. De Gutemberg a Internet. Madrid: Taurus, 2002

•Instituto Gallach. Enciclopedia de Historia del Arte. Siglo XX. Barcelona: Océano, s.a.

•Revista La Jiribilla de Papel. 2004.

•Sariol, Jorge. Oro y plata a la gráfica cubana. La Jiribilla, Nro. 143 http://www.lajiribilla.cu/2004/n143_01/143_06.html

•Sebastián, J. CAMALEÓN vuelve a las andadas. La Jiribilla, Nro. 160 http://www.lajiribilla.cu/2004/n160_05/160_16.html


NOTAS

1 Grupo de diseño integrado por graduados de diseño industrial, formado en los tiempos en que todavía eran estudiantes del Instituto Superior de Diseño Industrial de La Habana, conformado por Eduardo Sarmiento, Nelson Ponce, Darien Sánchez, Idania del Río y David Alfonso.

2 Su identificador es este camaleón que se adjunta al final de la nota. No obstante, cada uno de los trabajos el autor asienta la firma.

3  “Por considerarse continuadores de la tradición gráfica cubana... por el exquisito tratamiento tipográfico y la calidad de las ilustraciones, que equilibran humor y desenfado”... (Sebastián, J. CAMALEÓN vuelve a las andadas. En, La Jiribilla, Nro. 160, http://www.lajiribilla.cu/2004/n160_05/160_16.html .

De igual forma, los camaleones fueron ganadores de los ya conocidos premios Gaucho de Oro y Plata 2004, que otorga la Asociación Latinoamericana de Agencias de Publicidad —ALAP —, una entidad sin fines lucrativos, con sede en Porto Alegre, Brasil. 

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