Coordenadas en los mapas mediáticos del arte
¿Es
el arte comunicación? ¿Y viceversa? Lo que puede
llevar a una respuesta obvia, en realidad, supone un
debate de fondo que no concilia a artistas y a
comunicadores. Por tanto, me parece necesario sentar
algunos presupuestos a partir de los cuales se
articulará la reflexión que propongo sobre los
vínculos entre arte y comunicación, no en abstracto,
sino a partir de una propuesta de diseño gráfico en
una publicación periódica cubana. Esta precisión
explicará de qué arte y de qué comunicación estaremos
reflexionando.
Parto
del estudio de las propuestas gráficas de algunas de
las primeras planas de la publicación La Jiribilla
de Papel durante el año 2004, para a partir de ahí
plantear algunos rasgos de la filosofía, de la entrega
plástica de los autores que conforman el grupo de
diseño Camaleón1.O
sea, me estoy preguntando qué caracteriza la expresión
plástica de esta publicación a partir del diseño de
este grupo y cómo el recurso gráfico no solo se
integra de forma orgánica al texto, sino, que por su
parte, constituye una obra de valor plástico en sí
mismo, con especificidades y valores particulares.
A
partir de estos presupuestos, quisiera precisar
algunos rasgos que caracterizarían lo que de ahora en
adelante denominaré un “concepto Camaleón”2,
que no solo los ha dado a conocer en el panorama de la
ilustración cubana, sino en uno más amplio que tiene
que ver con las artes plásticas en general.
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Darien, La
Jiribilla, 16, Enero de 2004. Primera plana.
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LAS PORTADAS...
Sorber de la misma fuente
La mirada fija, los
dientes que aprietan los absorbentes que beben de la
misma fuente, que se disputan el mismo líquido,
¿vital?, y el texto que pone en claro Tres
obscenidades a propósito de los intelectuales. (La
Jiribilla 16, enero 2004) La definición de los
rasgos precisa la posición política y hasta poética:
el indio, de cuernos dispuestos, como el toro que se
resiste; el rubio, de corona de espinas, como aquella
estatua que propone la libertad blanca, de pelo lacio,
y ojos claros. Y la imagen que se desplaza por la
plana como llamado, como antesala, de un texto que
habla de tiranteces, de contrapunteos, bajo la firma
de uno de los escritores de mayor renombre de la
izquierda europea, Michael Colon. La ilustración
ganando de antemano la contrarréplica, definiendo la
posición y fijando una estética, que comenzó
pensándose como sensibilidad. Del lat. sensibilĭtas,
la facultad de sentir, propia de seres con ánima, una
propensión natural del hombre a dejarse llevar por los
efectos de compasión, de humanidad, de ternura. Pero
que es también la propensión a responder a muy
pequeñas excitaciones, estímulos o causas. La imagen
puesta en función de un texto, pero ganando en sí
misma la fijeza de una posición ética, plástica si se
quiere, propia. La tensión, la subjetividad, el
predominio de la línea que sugiere el movimiento, la
acción, la toma de parte.
Los contrarios
en lucha
Por qué tener
esperanzas en tiempos difíciles. (La Jiribilla
21, marzo de 2004), de Howard Zinn, el prestigioso
historiador y dramaturgo norteamericano, se acompaña
de una imagen clásica de lucha de contrarios. Dos
hombres, que recuerdan aquellas imágenes de los
trabajadores en el arte socialista. Dispuestos en
pugna, con el cuchillo dispuesto a ganar la posición,
se equilibran. Los rostros graves, geométricos, que se
amenazan. El hombre gris, el otro, blanco, y la lámina
de los cuchillos negra, con el filo blanco. La opción
menos cómoda del pie en la cara; el propio, en la
mejilla del contrario. Las manos tomadas, y Howard
Zinn en esa placa de cuchillo cayendo sobre el blanco.
Darien, de nuevo, optando por la línea más precisa,
por la tensión a flor de línea, por la contraposición
cromática primaria: negro, blanco, sus matices. Del
otro lado, un texto sobre la hegemonía en la historia
a propósito del libro del mismo autor A People´s
History of the United States (La otra historia
de los Estados Unidos), un texto contrahegemónico,
contestatario, que parte de una propuesta conflictiva,
de una visión distinta de la historia. Y el
contrapunteo se da en ambas propuestas (la gráfica, la
textual). La opción gráfica, en cambio, toma menos
partido. Expone, incluso explícitamente con signos de
más (+) y menos (-) la relatividad, las posiciones
posibles de ganar y perder, la correlación, la
tensión, la posibilidad de ganar (como de perder) de
ambos contrincantes. Como si pudiera captar la
paradoja que lleva en sí el par esperanza-tiempos
difíciles.
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Darien, La Jiribilla de Papel 21,
marzo de 2004. |
La ducha, la
sangre
Desenfado formal;
arte medular, de rasgo expresionista, de subjetividad
acentuada, de rigor conceptual que reta el imposible
de una forma concebida desde la naturaleza cotidiana.
La figura de hombrecito, con corazón incluido (que es
mucho). Un hombrecito, de esos que pintan los niños
con manos menos firmes, con pulso todavía que devuelve
una imagen naif. Dentro, como si fuera
transparente el hombrecito, el corazón colocado, con
las arterias saliendo, y de él, manando, por un tubo,
el torrente (que parece soplete, ducha: ambigüedad),
de sangre que sale por la boca, como si el acto de
hablar fuera desde la sangre.
El tema medios,
cultura y resistencia, el texto se firma por Fernando
Martínez Heredia, intelectual entero, y de ideas
precisas, holísticas. Las palabras que le salen
medulares, las ideas que se colocan en el lugar donde
las siente. Un texto controvertido, el de los medios,
la cultura y las experiencias de la dominación
capitalista, desde una voz alternativa, la de Cuba. El
capitalismo cuestionado desde el corazón, sus
estrategias de (des)ilusión previstas desde una
negatividad necesaria, la que disecciona sus recursos.
E Idania, al parecer con crayolas, fija una postura
que nace, complementa una estética, la completa, como
diría Lezama (Paradiso).
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Idania. La Jiribilla de Papel 18,
febrero de 2004. |
La llave de
trébol
La cara yaciente
hacia la izquierda en el piso. La sangre desdibuja la
silueta, y el cuerpo, yerto, víctima de una violencia
incontenida. En el pecho, un ojo de cerradura, de
donde sale una llave. Mensaje tácito, conmovedor, como
si lo que se quisiera buscar fuera lo que se sabe que
hay dentro, que se guarda bajo llave, como algo
valioso: ¿el entendimiento, el sentimiento, lo
esencial humano invisible a los ojos? El rasgo de
prisa, pero es prisa poética, de esa que se llena de
emoción, que no se limita, que grita como aquel grito
de Munch más expresionista. Con una frugalidad de
recursos gráficos, tan sorprendente como efectiva,
solo la silueta y una llave: el concepto del valor
humano que se guarda Es la imagen valiendo por mil
palabras. Pero no faltan las palabras: La vida en el
planeta tierra: el 11–M cotidiano. (Santiago Alba
Rico, España). Un texto que habla de la capacidad
humana de indignarse moralmente, y de expresarlo en
voz alta cuando se trata de una injusticia. Un
análisis político de la violencia en España, EE.UU.,
Iraq, el mundo viviendo una cotidianidad violenta,
esencialmente violenta. E Idania, disponiendo un
cuerpo en horizontal, inerme, caído desde la violencia
a un estado sin vuelta. Y la llave, como invitando a
abrir, a conocer lo que se guarda.
Los filos y los
cercos
El cerco colocando
el límite de toda libertad. El cerco que no es muro,
pero que es muro. El muro que encierra, que a veces
protege, que siempre impide. El muro que aquí se carga
de barrotes y se vuelve jaula. Barrote que se sabe
muro cuando el texto anuncia Obsesión de los muros
(Rafael de Águila, en La Jiribilla de Papel 22,
abril de 2004.) El recurso gráfico colocando un
concepto que va en paralelo con el del texto que
ilustra, sin dejar de ser, en sí, la solución a un
planteo: los límites.
Sarmiento siguiendo un estilo camaleónico, aporta sus
seres barbados, híbridos de pajaritos de espuelas
incluidas y colas simpáticas, con pies de tres dedos,
axilas ralas, nariz de hormiguero, dientes de filo,
que siempre remiten al inconforme impasivo. Mezcla de
fragilidad y fuerza: la cola, los colmillos; las alas
ausentes; los pies firmes. Los ojos que miran con
mirada humana, con ojeras intermitentes y nariz que
husmea. Gorro de payaso con pompón de remate, y todo,
dentro de una jaula que parece pintura de niño.
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Nunca he visto a
Sarmiento trabajando, pero siento que su dibujo sigue
rápido al concepto, parece que sale por fuerza, por
necesidad que hace confluir sentimientos encontrados.
En este, por ejemplo, la posición dentro del cerco; y
dentro, pero dentro del enjaulado, la vocación del
escape. Aquí, la idea del muro supera los recursos
gráficos del contorno: los elementos de los que se
vale Sarmiento, la utilización de los contrarios en
este híbrido que lo caracteriza dentro del concepto
Camaleón, me llevan a pensar en una propuesta que
contrapuntea, de fondo, el par desenfado–enfado.
Desenfado que se consigue en la expresión plástica,
casi naif en el formato; enfado que se advierte
en el logro de la idea que da, inconformidad, la
necesidad de la alternativa.
Las caras del
que miente
Pero parece que el
juego con el recurso de contrarios, con la ambigüedad
se recicla en la expresión de Sarmiento. “He
participado en una mentira diabólica” (Paul Rockwell.
Entrevista con Jimmy Massey, ex marine de EE.UU, en
La Jiribilla de Papel 26, junio de 2004). La
ilustración de este texto le da el pie al diseñador
para incursionar en la posibilidad expresiva de los
dobleces. Dos rostros: un rostro, otro, el cuerpo del
rostro, como si hubiese dos caras (que las hay).
Ambas, con gafas, la boca, con la misma expresión de
dientes que rechinan sin chistar. La mano, llevando el
anzuelo de la trampa en que cae el rostro que no se
da, el rostro que no es el propio rostro, el que queda
por debajo de la cara, que se esconde.
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Sarmiento, La Jiribilla de papel 26,
abril de 2004. |
La mano mostrando a
la boca (in)visible el anzuelo en que habrá de caer.
Sarmiento vuelve a colocar las pelusas, ralas también,
en la barba, el mentón, las axilas. De nuevo, los pies
tridigitales. Pero las manos siguen teniendo cinco.
Los pies siguen firmes, y aquí la fragilidad es la
propia trampa, el anzuelo dado por la propia mano que
traiciona. Las gafas que ocultan la mirada que miente.
El desenfado sigue en la expresión por los propios
elementos recurrentes. El enfado viene por la idea
misma de los dobleces, de la doble moral, de la cara
que se da y la que queda debajo, la que queda más
cerca del anzuelo. Esta representación gráfica agota
la sugerencia del dibujo como formato. Asume la
imposibilidad de la representación de la idea: la
doble moral, la mentira. Conceptos abstractos que se
materializan en esta concepción plástica a partir de
la sugerencia que estimula el imaginario de cualquiera
que lo lee. Recurrencia que es sugerencia porque hay
que tener en cuenta que estamos hablando de
ilustración, de un arte que pone a disposición de un
texto, un recurso plástico que lo complementa o
completa, como ya se ha apuntado. La representación se
completa, por tanto, en el texto, y se da en sí misma,
como otras propuestas de Camaleón, indicando no solo
una continuidad, un volver de rasgos personales de
Sarmiento, sino tributando a lo que estamos
denominando el concepto Camaleón.
Los pies sobre
la isla
Cuba sobre una
isla. Cuba rodeada de agua, en la desolación de
aquella maldita circunstancia de Piñera; parada sobre
una isla que se extiende un poquito más allá del arco
que describen sus pies. La hierba, corta, rasa, que
parece pelo dejado de afeitar. Cuba. Y se sabe que es
Cuba porque su vestido descotado tiene tres piezas. Un
vuelo que incluye una estrella, blanca. Un vuelo que
termina en pico en forma triangular del que parten
cinco franjas, dos de estas blancas, entresacadas de
otras de otro color. La bandera. De la muchacha,
peinada al lado, sin brazos,
—como
el gesto que siempre hacen los niños cuando esconden
algo detrás—,
sobresale un fusil.
¿Otra imagen de
la República? ¿De nuevo aquellas muchachas que en las
fiestas inaugurales de 1902 vestían de bandera cubana,
o aquellas que aparecían en las publicaciones de
inicios del XX con gorro frigio y escudo?
Sí, sí, pero es
distinto, esta tiene un fusil, con aires de sesenta.
El vestido es enterizo. Y esta, definitivamente, es
otra.
David juega con una
tradición gráfica, con un icono de la ilustración
cubana, de la caricatura cubana política, y lo
resemantiza actualizándolo para un texto que se titula
Cuba: los próximos 45 años. (István Mészaros, La
Jiribilla de Papel 20, 2004)
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David, La Jiribilla de Papel 20,
marzo de 2004. |
Un texto que hace
una disección histórica de la Revolución cubana con un
sentido prospectivo, definiendo su autenticidad, su
carácter genuino y su continuidad. La ilustración, por
tanto, rica en sí misma, ya no puede separase del
texto, le pertenece, lo explica, lo anuncia. Y
viceversa. Acuarela, carboncillo, crayola. El dibujo
firme, porque firme es el trazo. Mejor definida, la
estrella; como recortada y dispuesta en collage.
Técnica también que parece utilizarse en la tierra
¿firme? donde se para: isla de la isla. Una isla de
textos, ¿discursos sobre Cuba?, ¿palabras sobre Cuba?,
¿explicaciones sobre Cuba misma? Territorio de textos
que es el terreno sobre el que se para la joven del
pelo al lado, con aires de sesenta, con el fusil a la
espalda.
El corcho y el
sonido
La ilustración: la
imagen clásica del teléfono que suena. El auricular
semilevantado, al parecer, por la propia fuerza del
tono de llamado. Ring, ring, ring. El teléfono suena.
La persistente intermitencia de un tono de llamado
dentro de una botella encorchada.
El texto: Los seres
invisibles. Gustavo Pereira (La Jiribilla de Papel
32, septiembre de 2004) Un excelente ensayo del poeta
y crítico literario venezolano sobre la invisibilidad
social, sobre los invisibilizados sociales, que no
invidentes. Un ensayo sobre hegemonía, cultura,
dominación, resistencia.
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David, La Jiribilla de Papel 32,
septiembre de 2004. |
El concepto en el
texto y su ilustración (y viceversa): ¿Quién llama y
quién encorcha la botella? David sugiere y consigue el
mismo efecto que propone el texto desde otro sentido:
la escucha. Pereira en su artículo se expresa desde la
vista. Excelente complementación comunicativa y
artística y muestra infalible de la necesidad del
diseñador de proponer conceptos con otros recursos
posibles, a mano o a buscar, pero otros, los de él. La
solución es definitivamente certera, clara, precisa, y
contundente, como el texto de Pereira. El sonido que
no sale, pero que insiste, que sigue llamando porque
sabe que hay alguien que no quiere que hable y él, el
invisible de Pereira, necesita hablar, ya no puede
seguir pensando que vive en una botella encorchada,
que su sonido rebota en las paredes, que se levanta el
auricular pero que a nadie llega. Trazos firmes, como
los de otros camaleones, que saben lo que pintan, como
el autor que ilustra sabe lo que dice. Trazo firme
porque David cree saber que hay dos posiciones, dos
intereses encontrados: el que pone el corcho, y el que
llama. De nuevo Camaleón, desde David, con su
precisión formal, y rigor conceptual, con la
refrescante posibilidad de una gráfica nueva. Ideas
trabajadas, reincorporadas con sangre fresca.
La escalera que
sube...
De nuevo la
bandera, la cubana, pero no vistiendo a la joven
aquella del pelo a los sesenta. Ahora se convierte en
una escalera, cuyas gradas son las cinco franjas y el
flanco es el cuerpo entero de la bandera descubierta
en el lateral derecho. Nelson Ponce se apropia, en
esta entrega gráfica, de un símbolo de cubanidad, pero
lo hace desde la ruptura. La bandera ya había estado
en la caricatura, y en la ilustración desde que los
atributos de la nación cubana a partir de 1902
comenzaron a ser referentes de los medios de
comunicación, en especial de la prensa y la
fotografía. Pero esta bandera, en este contexto
específico del texto que la acompaña, es otra bandera.
Incluso, no tiene que tener ni las tres franjas
azules, ni el triángulo rellenos del color que llevan
para descubrir solo con el perímetro de las formas
conocidas de qué se está hablando. Y se está pintando
de otra bandera. La idea de ascencionalidad, de
progreso, acompaña un texto de Ricardo Alarcón
titulado Mirar a los sesenta: el tiempo de la
eclosión. (La Jiribilla de Papel 29, julio de
2004.)
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Nelson Ponce, La Jiribilla de Papel
29, julio de 2004. |
Y es que parece
unos de esos grafittis que aparecieron en tantos muros
en los 60, de trazo rápido, de dejadeces formales, de
propuestas constantes. Esta es otra bandera, como se
dice, que colocada en escalera se dota de un dinamismo
tal que, pensada desde el texto que ilustra, no puede
menos que insertarse orgánicamente como conjunto. Este
trabajo de Nelson Ponce sigue el estilo algo
conceptual de Camaleón. La mirada joven, el pulso
diestro, pero desenfadado que ya habíamos visto en
otros camaleones. La propuesta que se sabe joven
porque es expresivamente joven.
Un lugar de
utopía en la utopía
Dice Abelardo
Castillo en un texto de La Jiribilla de Papel
titulado Un lugar en la utopía (23, abril de 2004)
refiriéndose a la moraleja de un cuento infantil donde
un hombre que andaba en la búsqueda del primer libro
murió en el empeño que “lo que ese hombre no sabía es
que el primer libro no había sido un libro, sino un
hombre”. Y si se extrapola y se prueba que la historia
es circular, tendremos que pensar que el último libro,
como el último dibujo será un hombre. Sí, ¿pero cuál,
cuándo?
Un texto tan
medular como su autor,
—argentino
desde los huesos, y escritor de sangre—,
sobre la escritura, el compromiso social, el hombre y
los sueños. Estoy casi seguro de que si hubiera que
pintarse la utopía, esta tendría las rayas imprecisas
de los niños, la forma limpia y sana, como ella misma,
de la expresión infantil.
Pintar un lugar
para la utopía: un barco alto alto, como se pintan los
barcos cuando uno es chiquito chiquito. Unas torres
que parecen edificios arriba del barco. Y una cadena.
La cadena de la que casi siempre se cuelga un ancla
para mantener un lugar, ahora no cae al fondo. Sube y
sube como si no pesara hasta una nube y se funde con
una flecha de graffiti que indica un sentido: el de la
izquierda. Y para allá irá ese barco de rótulo Utopía,
para un no–lugar indicado desde una nube.
Nelson Ponce logra
un acabado en esta representación gráfica que no solo
es ergonómica al texto que ilustra, sino que aligera
la plana de una manera que despista al lector que
llega. Y esa es la sorpresa, un texto profundo
visualizado en un concepto profundo pero sencillo. Un
concepto al que recurren siempre los camaleones desde
estilos particulares, líneas, pliegues, estrías,
sombras, sellos distintivos que se integran en una
imagen gráfica renovada.
El concepto
No estamos hablando
de formas puramente abstractas. La hibridación que
caracteriza la composición es surreal, de uniones
imposibles, de asociaciones inverosímiles. El
testimonio es el testimonio de un sentimiento.
Delineación de
formas, recurrencia a formatos que no tiene un
referente visual real, pero que se compone del
imaginario fresco y diverso de estos jóvenes. No es un
registro visual. A veces es táctil, a veces se vuelve
sonoro en la impresión que sugiere la forma. Arte,
como todo arte, de sugerencias, de representaciones
pasadas por el visor del que pinta.
En términos de
dibujos, parecen estas entregas gráficas de Camaleón,
apuntes. Pero apuntes en el sentido de síntesis, de
resumen que no deja escapar la dimensión medular de
sus conceptos. ¿Qué no arriesga la estructura por el
detalle?, la expresión más acabada de sombras y
formas. Aquí el formato es naif, yo diría que
el pulso es infantil, diestro, pero infantil. Los
trazos, los motivos, el lugar desde donde se siente,
desde donde se piensa lo que se pinta es
definitivamente joven, y por eso a veces parece que si
lo viéramos en una pared, fuera un graffiti. Pero
otras veces son bosquejos más que apuntes. La línea
limpia, ausente de color, como en aquella bandera en
escalera de Nelson Ponce. La superficie puesta en
función de una limpieza de concepto, aunque no
renuncia, tanto en este como en otros casos, al
desenfado.
Multifuncional, el
concepto Camaleón cobra un sentido específico de
ilustración en el texto que lo complemente. ¡Qué dicha
que la prensa cubana está contando con esta renovación
(que casi es exclusiva, tanto en lo que toca a la
ilustración propiamente dicha, como desde el diseño)!.
Porque no siempre se consigue que los diseñadores
coincidan con los ilustradores. Aquí sí, en este caso
sí. Los casi cuarenta números de esta revista digital,
han sido diseñados contra cierre por Camaleón. Quizás
por la gráfica es en La Jiribilla, tanto la
digital, como la de papel, un rasgo de identidad.
Espiritual,
expresivo, emocional, subjetivo, predominantemente
lineal, el concepto Camaleón se aprovecha de rasgos
expresionistas para negación de la realidad aparente,
reproponiéndola. Gestual, asimétrico, ilógico,
inquieto, subjetivo, irracional, dinámico. A veces se
vuelve emotivo, simétrico, lógico, sereno, racional,
pero nunca quieto. La serenidad sugerida, implica
dinamismo.
Este es un acto de
diseño de reacción–acción, sin que estos conceptos se
contrapongan en una propuesta gráfica que plantea la
acción, la toma con lápiz, pincel, carboncillo, de una
participación orgánica, que reacciona, sin
desentenderse, de un cómodo letargo en materia formal
y conceptual en nuestras publicaciones periódicas, en
materia de innovación y propuesta gráfica.
Una experiencia
emocional, que humaniza la postura ideológica, la
carga de un texto demasiado cargado de una jerga
política que muchas veces recurre a los mismos
recursos expresivos. ¿Cómo participa esto de La
Jiribilla? Hay que tener en cuenta que esta
publicación aparece precisamente como una página
contestataria cubana con el orden hegemónico global,
como una voz desde una alternativa, y desde ese punto
de vista, el colectivo de diseñadores de neuronas
frescas, y pulso firme aportan el concepto de
alternatividad, integrándose a la tradición gráfica
cubana, y apropiándose de lo mejor de las corrientes
plásticas foráneas. No son mero meeting pot, un
ajiaco. Cuando vemos las ilustraciones de los
camaleones,
—al menos, eso pienso—,
tengo la percepción de aquella rabia que se sale del
rechine de los dientes, de la postura, desde el
desenfado, de una militancia estética.
La completitud de
estas formas gráficas tiene que ver con un compromiso
orgánico y con la identificación de rasgos que tiene
que sugerir el concepto de alternatividad, de
propuesta, de ruptura, de fuerza joven. ¿Y por qué
esto? Hay que tener en cuenta que si de algo carece el
discurso político cubano es de un complemento gráfico
que lo refresque. En materia de publicaciones
periódicas, ya por problemas de espacio, ya por
dejadez, ya por propias decisiones, nuestras
publicaciones recurren siempre a los mismos formatos,
y cuando se proponen rupturas en los espacios
gráficos, estos recurren a los viejos resortes
desfasados, a un volver sobre las mismas cosas ya
vistas dadas como nuevas.
Dentro del marco de
la ilustración política, el concepto Camaleón parece
arte satírico, de denuncia, subjetivo, pero que tiene
claro su sentido. No parece oportunista porque es
sincero, define posiciones antes de entrar al texto.
Decididamente el recurso al concepto Camaleón no
parece venir por el prejuicio popular que perpetúa que
estos lagartos tienen una capacidad intrínseca para
cambiar de color cuando se sienten amenazados por
algún factor ambiental, (lo cual los situaría como
oportunistas). Los camaleones, los reales, no siempre
cambian de colores para adaptarse al medio. Dicen los
diccionarios que sus ojos son grandes y pueden moverse
en muchas direcciones en forma independiente. Estos,
los diseñadores, han dado pruebas de mirada inquieta,
de su capacidad de mantener una identidad en materia
de visualidad adecuando su propuesta gráfica a las
demandas que comporta el texto que le da pie por lo
general.
Queda clara en su
expresión formal su línea de continuidad con la
tradición gráfica cubana. Incluso este fue uno de los
argumentos que dictaminara el jurado que les otorgara
en el Premio Nacional de la Oficina Nacional de Diseño
Industrial 2004 a la Revista de Cultura Cubana La
Jiribilla de Papel.3
Su genuina expresión, la validez de sus
valores plásticos y la limpieza y desenfado con que
proponen, a pesar de (y por ser) tan jóvenes, les han
valido el reconocimiento dentro del panorama mediático
cubano a partir de la plena asunción de la importancia
de esta ruta mediática de lujo que es la ilustración,
la gráfica de complemento y género.
Bibliografía:
•Bermúdez, Jorge R. Gráfica y
comunicación visual. La Habana: Editorial Logos, 2002.
•Briggs, Asa y P. Burke. De Gutemberg
a Internet. Madrid: Taurus, 2002
•Instituto Gallach. Enciclopedia de
Historia del Arte. Siglo XX. Barcelona: Océano, s.a.
•Revista La Jiribilla de Papel.
2004.
•Sariol, Jorge. Oro y plata a la
gráfica cubana. La Jiribilla, Nro. 143 http://www.lajiribilla.cu/2004/n143_01/143_06.html
•Sebastián, J. CAMALEÓN vuelve a las
andadas. La Jiribilla, Nro. 160 http://www.lajiribilla.cu/2004/n160_05/160_16.html
NOTAS
1
Grupo de diseño integrado por graduados
de diseño industrial, formado en los tiempos en que
todavía eran estudiantes del Instituto Superior de
Diseño Industrial de La Habana, conformado por Eduardo
Sarmiento, Nelson Ponce, Darien Sánchez, Idania del
Río y David Alfonso.
2
Su identificador es este camaleón que
se adjunta al final de la nota. No obstante, cada uno
de los trabajos el autor asienta la firma.
3
“Por
considerarse continuadores de la tradición gráfica
cubana... por el exquisito tratamiento tipográfico y la
calidad de las ilustraciones, que equilibran humor y
desenfado”... (Sebastián, J. CAMALEÓN vuelve a las
andadas. En, La Jiribilla, Nro. 160, http://www.lajiribilla.cu/2004/n160_05/160_16.html
.
De igual forma, los camaleones fueron ganadores de los
ya conocidos premios Gaucho de Oro y Plata 2004, que
otorga la Asociación Latinoamericana de Agencias de
Publicidad —ALAP —, una entidad sin fines lucrativos,
con sede en Porto Alegre, Brasil. |