Año III
La Habana
Semana 2 - 8
ABRIL
de 2005

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El humor:
La mayor riqueza de San Antonio
P. de Armas La Habana
Fotos: Diego


El empecinamiento de Felipe II por edificar el gran palacio del Escorial y la urgencia de maderas preciosas en el puerto de La Habana, parecen ser las principales causas que impulsaron la tala de los bosques alrededor de la capital cubana durante el siglo XVI.

Numerosas cuadrillas de hombres necesitados de trabajo se internaron en  las entonces boscosas tierras y llegaron más allá de un río, el Ariguanabo. Agua suficiente, vegetación espesa, ausencia de animales peligrosos y la cercanía de la carretera hicieron que por la zona establecieran sus campamentos.

A Joseph Cabrera se le encendió el bombillo: aquellos hombres solos agradecerían que les vendieran aguardiente y otros víveres. Construyó una casa de madera y guano, que pronto tuvo un nombre: la Taberna del Tío Cabrera, lugar de libaciones,  cuentos y recontar la historia. Se levantó en 1775, año que los historiadores recogen como el de gestación de San Antonio de los Baños, que justamente celebra sus 230 años de que naciera su primera edificación.

Allí, donde hoy está la avenida 41 esquina a 54, con el tiempo fueron construyéndose otras casas, los leñadores llevaron a sus familias y así en 1784 se levanta la primera iglesia de la comunidad, el 22 de septiembre de 1794 se funda la Villa y el primero de mayo de 1795 se formaliza tal acto.

Por supuesto, la taberna se fue modificando: primera bodega del pueblo, conocida como La esquina de Llanuza, en el siglo XIX, después café El Ariguanabo, más tarde cafetería La cocinita  y no importa cuántos nombres más, porque si usted arriba a San Antonio y pregunta por la Taberna del Tío Cabrera, encontrará una rápida respuesta y cuando llegue a ella, algún ariguanabense le contará su historia, la del sitio, la del pueblo, la del humor...

También no le  será difícil hallar a alguien que le hable del título de Villa a San Antonio Abad, por  real Cédula de 1832, de la  inauguración en el pueblo de una filial de la Sociedad Económica de Amigos del País, en 1834; del primer colegio, Santa Cristina, en 1836, de la anexión en 1839 de Güira de Melena y Alquízar, del descubrimiento en 1869 de la  Conspiración de las Biajacas,  de cómo el 7 de diciembre de 1896 los cadáveres del Mayor General Antonio Maceo y su ayudante Francisco Gómez Toro son lavados y velados en la Finca Lombillo, o del 9 de septiembre de 1923 cuando ocurrió la primera visita de Julio Antonio Mella; de la constitución de la Liga comunista, la muerte de numerosos jóvenes de esa localidad durante las tiranías de Antonio Machado y Fulgencio Batista, del bombardeo a la Base Aérea, el 15 de abril de 1961, por aviones mercenarios pagados por el imperialismo yanqui o de la presencia en Girón del BON 164 de Milicianos ariguanabenses que lograron capturar 214 mercenarios. Por supuesto, que no faltarán dos hechos culturales trascendentes:  los días 17 y 18 de marzo de 1979 se realizó la Primera Bienal Internacional del Humor y se inauguró el Museo Internacional del Humor, único entonces en su tipo y en 1986, quedó abierta la Escuela Internacional de Cine y Televisión.



Situado a 36 km del centro de la capital, con una población de aproximadamente 40 000 habitantes,   una superficie de 126 km², San Antonio limita al norte con Bauta, al sur con Güira de Melena y Alquízar, al oeste con Caimito y al Este con Quivicán y Santiago de las Vegas. Su tierra es fértil y productiva, rica, especialmente, sin saber por qué a ciencia cierta, en el humor.

Desde 1861 en que apareció el periódico El Ariguanabo, ese pueblo ha tenido 105 publicaciones, de ellas 22 dedicadas a asuntos culturales, 13 de carácter humorístico o satírico, 6 abiertas, 3 campesinas, 2 femeninas. Los restantes eran órganos de información general. Dos de los más destacados fueron El Zorro Viejo y Punto y Coma, este último duró 22 años.

Dos tabaqueros sin estudios académicos, Manuel Alfonso y Oven Pérez, que hacían caricaturas y chistes sobre los personajes más pintorescos del lugar, se consideran los fundadores del humorismo gráfico en La Villa. A estos dibujantes en ciernes se les unió años más tarde Eduardo Abela, quien al llegar al taller de tabaco sintió especial admiración por aquellos dos obreros.

Cuentan que en el Café Martí, centro de reunión de artistas, Abela, muy joven, hizo una caricatura a Alfonso, quien suelta una franca  risa y lo presenta como un gran artista. Este hombre, Alfonso,  recibe una beca de pintura y en gesto de amistad la cede a Abela porque era más joven y él no quería alejarse de su San Antonio. Así Abela pudo estudiar en la Escuela de San Alejandro y en el extranjero.

Sobre Abela, el escritor Enrique Núñez Rodríguez, escribió una deliciosa anécdota: “Mi padre empezó su carrera de telegrafista en San Antonio de los Baños en 1915. Era telegrafista de los ferrocarriles. Tenía menos de veinte años.



Me contaba, cuando yo era niño, cómo en el Café Martí, de la Villa del Humor, el caricaturista Abela lo había dibujado sobre una mesa de mármol. Utilizando como único rasgo un número tres al revés, Abela le dijo:

Tu caricatura es muy fácil. Un tres al revés.

Y me decía con orgullo:
Creo que esa caricatura fue el origen de El Bobo de Abela.

Años más tarde, en la Primera Bienal del Humorismo, descubrí en una caricatura de un viejo periódico, lo que los especialistas consideran el origen del famoso personaje satírico. Se trata de un anuncio comercial de cierta marca de zapatos, en el que Abela dejó para la posteridad, un grupo de personajes de San Antonio de los Baños. Allí está un personaje que nunca pudo ser identificado por los estudiosos del pintor ariguanabense. Todos los demás eran conocidos. Menos aquel cuyo rostro mofletudo era considerado como la génesis de El Bobo. La fecha del periódico
1915 coincidía con la de la estancia de mi padre en San Antonio. El maestro Rubén Suárez Quidiello, a quien le pregunté si sabía quién era aquel personaje, me contestó:

Supongo que es alguien que pasó por aquí y no estuvo mucho tiempo.
Papá solamente estuvo un año o año y medio en San Antonio. Hablé con él. Le confesé mis sospechas. Me contestó emocionado.
Ese ‘bobo’ soy yo”.

Quizás sí, quizás no, pero más allá de la anécdota, lo real es que El Bobo de Abela devino paradigma de caricatura política. Por décadas fue en Cuba el muñequito que burlaba la censura y se reía del poder.

Luego otro personaje “El loquito” pudo también engatusar la censura. Este último es hijo de otro ariguanabense, René de la Nuez, quien marcó toda una etapa del humorismo gráfico cubano.

A Nuez se unen los nombres de Jesús de Armas, Peroga, Villamil, Boligan y José Luis Posada, un gallego aplatanado en San Antonio. Y, por supuesto, el historietista de El hueco, en la revista Mella, el cantatautor  Silvio Rodríguez, quien le cantó a su pueblo en “... yo soy de donde nace un río”.

El dúo  Abela -Alfonso en el año 1915  realizó la primera exposición conjunta de humorismo de la cual se tiene documentación en Cuba. Durante  la década del 50 se organizó un Salón de Humorismo ariguanabense para presentar la obra de Posada, que así estrenaba sus armas en las artes gráficas. Por esos años tiene lugar otro salón donde se dan a conocer piezas de  Nuez, a lo que sigue la presentación de sendas muestras de Armas y PEROGA.

En el año 1978, por iniciativa de la Casa de Historia de la Villa, se invitó a todos los participantes del  primer forum de humorismo a sesionar el último día en San Antonio. Los asistentes a la reunión de La Habana viajaron gustosos a la Villa y adoptaron dos importantes acuerdos: la creación de un Museo que atesorara toda la creación gráfica humorística cubana, y trabajar por la celebración de un evento bienal donde participaran con sus obras humoristas de todo el mundo. René de la Nuez, fue padre y gestor de ambas ideas que se vieron convertidas en realidad un año más tarde.

El 18 de marzo de 1979, el museo abrió sus puertas al público con una exposición de humor cubano, con muestras de más de cien años de creación de este género.

Una década después, en el contexto de la semana de la cultura ariguanabense el museo convocó al primer Salón Nacional de Caricatura Personal “Juan David”, que posteriormente dio paso a otro tan importante como el anterior, el primer Salón Nacional de Sátira y Humorismo celebrado en marzo de ese mismo año.

Con esas acciones culturales dirigidas al humorismo gráfico, consolidadas de edición en edición, San Antonio fijó un calificativo que la adorna casi desde su nacimiento, el de Villa del Humor.

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