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El
empecinamiento de Felipe II por edificar el gran palacio
del Escorial y la urgencia de maderas preciosas en el
puerto de La Habana, parecen ser las principales causas
que impulsaron la tala de los bosques alrededor de la
capital cubana durante el siglo XVI.
Numerosas cuadrillas de hombres necesitados de
trabajo se internaron en las entonces boscosas
tierras y llegaron más allá de un río, el Ariguanabo.
Agua suficiente, vegetación espesa, ausencia de
animales peligrosos y la cercanía de la carretera
hicieron que por la zona establecieran sus
campamentos.
A
Joseph Cabrera se le encendió el bombillo: aquellos
hombres solos agradecerían que les vendieran aguardiente
y otros víveres. Construyó una casa de madera y guano,
que pronto tuvo un nombre: la Taberna del Tío Cabrera,
lugar de libaciones, cuentos y recontar la historia. Se
levantó en 1775, año que los historiadores recogen como
el de gestación de San Antonio de los Baños, que
justamente celebra sus 230 años de que naciera su
primera edificación.
Allí,
donde hoy está la avenida 41 esquina a 54, con el tiempo
fueron construyéndose otras casas, los leñadores
llevaron a sus familias y así en 1784 se levanta la
primera iglesia de la comunidad, el 22 de septiembre de
1794 se funda la Villa y el primero de mayo de 1795 se
formaliza tal acto.
Por supuesto, la taberna se fue modificando: primera
bodega del pueblo, conocida como La esquina de Llanuza,
en el siglo XIX, después café El Ariguanabo, más tarde
cafetería La cocinita y no importa cuántos nombres más,
porque si usted arriba a San Antonio y pregunta por la
Taberna del Tío Cabrera, encontrará una rápida respuesta
y cuando llegue a ella, algún ariguanabense le contará
su historia, la del sitio, la del pueblo, la del
humor...
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También
no le será difícil hallar a alguien que le hable del
título de Villa a San Antonio Abad, por real Cédula de
1832, de la inauguración en el pueblo de una filial de
la Sociedad Económica de Amigos del País, en 1834; del
primer colegio, Santa Cristina, en 1836, de la anexión
en 1839 de Güira de Melena y Alquízar, del
descubrimiento en 1869 de la Conspiración de las
Biajacas, de cómo el 7 de diciembre de 1896 los
cadáveres del Mayor General Antonio Maceo y su ayudante
Francisco Gómez Toro son lavados y velados en la Finca
Lombillo, o del 9 de septiembre de 1923 cuando ocurrió
la primera visita de Julio Antonio Mella; de la
constitución de la Liga comunista, la muerte de
numerosos jóvenes de esa localidad durante las tiranías
de Antonio Machado y Fulgencio Batista, del bombardeo a
la Base Aérea, el 15 de abril de 1961, por aviones
mercenarios pagados por el imperialismo yanqui o de la
presencia en Girón del BON 164 de Milicianos
ariguanabenses que lograron capturar 214 mercenarios.
Por supuesto, que no faltarán dos hechos culturales
trascendentes: los días 17 y 18 de marzo de 1979 se
realizó la Primera Bienal Internacional del Humor y se
inauguró el Museo Internacional del Humor, único
entonces en su tipo y en 1986, quedó abierta la Escuela
Internacional de Cine y Televisión.
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Situado a 36
km del centro de la capital, con una población de
aproximadamente 40 000 habitantes, una superficie de
126 km², San Antonio limita al norte con Bauta, al sur
con Güira de Melena y Alquízar, al oeste con Caimito y
al Este con Quivicán y Santiago de las Vegas. Su tierra
es fértil y productiva, rica, especialmente, sin saber
por qué a ciencia cierta, en el humor.
Desde 1861 en que
apareció el periódico El Ariguanabo, ese pueblo
ha tenido 105 publicaciones, de ellas 22 dedicadas a
asuntos culturales, 13 de carácter humorístico o
satírico, 6 abiertas, 3 campesinas, 2 femeninas. Los
restantes eran órganos de información general. Dos de
los más destacados fueron El Zorro Viejo y
Punto y Coma, este último duró 22 años.
Dos tabaqueros sin
estudios académicos, Manuel Alfonso y Oven Pérez, que
hacían caricaturas y chistes sobre los personajes más
pintorescos del lugar, se consideran los fundadores del
humorismo gráfico en La Villa. A estos dibujantes en
ciernes se les unió años más tarde Eduardo Abela, quien
al llegar al taller de tabaco sintió especial admiración
por aquellos dos obreros.
Cuentan que en el
Café Martí, centro de reunión de artistas, Abela, muy
joven, hizo una caricatura a Alfonso, quien suelta una
franca risa y lo presenta como un gran artista. Este
hombre, Alfonso, recibe una beca de pintura y en gesto
de amistad la cede a Abela porque era más joven y él no
quería alejarse de su San Antonio. Así Abela pudo
estudiar en la Escuela de San Alejandro y en el
extranjero.
Sobre
Abela, el escritor Enrique Núñez Rodríguez, escribió una
deliciosa anécdota: “Mi padre empezó su carrera de
telegrafista en San Antonio de los Baños en 1915. Era
telegrafista de los ferrocarriles. Tenía menos de veinte
años.
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Me contaba, cuando yo era niño, cómo en el Café Martí,
de la Villa del Humor, el caricaturista Abela lo había
dibujado sobre una mesa de mármol. Utilizando como único
rasgo un número tres al revés, Abela le dijo:
—Tu
caricatura es muy fácil. Un tres al revés.
Y me decía con orgullo:
—Creo
que esa caricatura fue el origen de El Bobo de Abela.
Años más tarde, en la Primera Bienal del Humorismo,
descubrí en una caricatura de un viejo periódico, lo que
los especialistas consideran el origen del famoso
personaje satírico. Se trata de un anuncio comercial de
cierta marca de zapatos, en el que Abela dejó para la
posteridad, un grupo de personajes de San Antonio de los
Baños. Allí está un personaje que nunca pudo ser
identificado por los estudiosos del pintor ariguanabense.
Todos los demás eran conocidos. Menos aquel cuyo rostro
mofletudo era considerado como la génesis de El Bobo. La
fecha del periódico
—1915—
coincidía con la de la estancia de mi padre en San
Antonio. El maestro Rubén Suárez Quidiello, a quien le
pregunté si sabía quién era aquel personaje, me
contestó:
—Supongo
que es alguien que pasó por aquí y no estuvo mucho
tiempo.
Papá solamente estuvo un año o año y medio en San
Antonio. Hablé con él. Le confesé mis sospechas. Me
contestó emocionado.
—Ese
‘bobo’ soy yo”.
Quizás
sí, quizás no, pero más allá de la anécdota, lo real es
que El Bobo de Abela devino paradigma de caricatura
política. Por décadas fue en Cuba el muñequito que
burlaba la censura y se reía del poder.
Luego
otro personaje “El loquito” pudo también engatusar la
censura. Este último es hijo de otro ariguanabense, René
de la Nuez, quien marcó toda una etapa del humorismo
gráfico cubano.
A Nuez
se unen los nombres de Jesús de Armas, Peroga, Villamil,
Boligan y José Luis Posada, un gallego aplatanado en San
Antonio. Y, por supuesto, el historietista de El hueco,
en la revista Mella, el cantatautor Silvio
Rodríguez, quien le cantó a su pueblo en “... yo soy de
donde nace un río”.
El
dúo Abela -Alfonso en el año 1915 realizó la primera
exposición conjunta de humorismo de la cual se tiene
documentación en Cuba. Durante la década del 50 se
organizó un Salón de Humorismo ariguanabense para
presentar la obra de Posada, que así estrenaba sus armas
en las artes gráficas. Por esos años tiene lugar otro
salón donde se dan a conocer piezas de Nuez, a lo que
sigue la presentación de sendas muestras de Armas y
PEROGA.
En el año 1978, por
iniciativa de la Casa de Historia de la Villa, se invitó
a todos los participantes del primer forum de humorismo
a sesionar el último día en San Antonio. Los asistentes
a la reunión de La Habana viajaron gustosos a la Villa y
adoptaron dos importantes acuerdos: la creación de un
Museo que atesorara toda la creación gráfica humorística
cubana, y trabajar por la celebración de un evento
bienal donde participaran con sus obras humoristas de
todo el mundo. René de la Nuez, fue padre y gestor de
ambas ideas que se vieron convertidas en realidad un año
más tarde.
El 18 de marzo de
1979, el museo abrió sus puertas al público con una
exposición de humor cubano, con muestras de más de cien
años de creación de este género.
Una década después,
en el contexto de la semana de la cultura ariguanabense
el museo convocó al primer Salón Nacional de Caricatura
Personal “Juan David”, que posteriormente dio paso a
otro tan importante como el anterior, el primer Salón
Nacional de Sátira y Humorismo celebrado en marzo de ese
mismo año.
Con esas acciones culturales dirigidas al humorismo
gráfico, consolidadas de edición en edición, San Antonio
fijó un calificativo que la adorna casi desde su
nacimiento, el de Villa del Humor. |