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Von Braun diseñó un sistema balístico para duplicar en
poco tiempo los veinte millones de víctimas que la
agresión nazi causó a los pueblos de la Unión Soviética.
EE.UU. lo acogió en su seno.
Luis Posada Carriles y Orlando Bosch planearon en 1976
la voladura de un avión comercial cubano que costó la
vida a 73 personas. Bosch se pasea tranquilamente por
las calles de Miami. Posada aspira a hacer lo mismo, de
hecho lo está haciendo. Parece una estrella de cine en
los noticiarios, donde la palabra terrorista está
excluida del vocabulario. Posada Carriles, por obra y
gracia de la “libertad de prensa” norteamericana es un
“luchador por la libertad”.
Al
dictador Fulgencio Batista le negaron la entrada el
primero de enero de 1959. Tuvo que carenar en Santo
Domingo donde su cúmbila Trujillo le pasó la cuenta por
los fusiles San Cristóbal que no le había pagado. Pero
las autoridades norteamericanas no fueron remisas a
aceptar a Esteban Ventura Novo, Rolando Masferrer, Julio
Laurent, Orlando Piedra y decenas de asesinos y
criminales de guerra que huyeron de Cuba.
Es
más, a muchos de ellos los alentó y armó para que
emprendieran acciones subversivas contra el gobierno
cubano.
¿Qué harían la Casa Blanca, el Pentágono y Langley si
Cuba albergara a Osama Bin Laden o financiara sus
actividades como alguna vez, y de manera consistente y
prolongada, lo hiciera la CIA? ¿Qué harían si por La
Habana anduvieran a sus anchas cualesquiera de los diez
individuos más buscados por el FBI?
Las cuentas están claras. EE.UU. es el refugio más
seguro de los peores terroristas y criminales del mundo.
Es una verdad que no admite la más mínima duda.
Catorce periodistas cubanos lo estamos haciendo saber,
en el libro Welcome Home, de la Editorial Capitán
San Luis, la más reciente producción de su colección
Denuncia. Doce de nosotros trabajamos en periódicos y
revistas en la Isla. Los dos restantes guardan prisión
en EE.UU. precisamente por ser combatientes
antiterroristas. A uno de ellos, Gerardo Hernández
Nordelo, le hubiera gustado más seguir dibujando
caricaturas y urdiendo chistes para los seguidores de un
semanario humorístico. El otro, René González Sehwerert,
tal vez hubiera alternado su talento literario con sus
vuelos como piloto sobre el paisaje de la Isla.
Sin embargo ambos están presos. Como también lo están
Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Fernando González
Llort. Nunca atentaron contra la seguridad nacional de
EE.UU. Por el contrario, velaron desde territorio
norteamericano para que ese territorio no fuera
plataforma de lanzamiento de ataques terroristas contra
los suyos. Se les hizo un juicio amañado, se les
sancionó con crueldad infinita.
Pero no se han rendido. Nunca se rendirán. Sus
testimonios en Welcome Home son pruebas
contundentes e irrefutables de lo que EE.UU. representa
como hogar ideal para terroristas, quizás el mejor y más
seguro del planeta.
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