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Que la actuación en Cuba de Audioslave, reconocida
agrupación norteamericana de rock, haya determinado la
creación de más de 349 mil sitios web sobre el tema,
semejante cifra representa el especial significado de
dicha visita tanto para nuestro país como para la propia
banda.
Quizás los
antecedentes de este concierto tienen lugar en el
Havana Jam de 1978, encuentro de músicos
norteamericanos y cubanos en el escenario del Teatro
Karl Marx con la participación de las más diversas
tendencias de la música contemporánea como el pop
rock de Billy Joel, las baladas de Rita Coolidge o
la experimental fusión de una agrupación fuera de
serie como Weather Report. Curiosamente, después de
casi 10 años, también en este mismo escenario, se
presenta el espectáculo Music Bridges, en donde
figuras como Joan Osborne, Bonnie Raitt y Peter
Frampton se unen a músicos cubanos, pero en esta
ocasión para componer canciones en conjunto e
interpretarlas en un concierto.
También nuestro
público ha disfrutado de la actuación de populares
conjuntos británicos en Europa como Manic Street
Preachers, Asian Dub Foundation y recientemente el
tecladista Rick Wakeman, destacado cultor del rock
progresivo quien se presentó con su grupo N.E.R.E tanto
en el Teatro Karl Marx como en la Tribuna
Antimperialista José Martí, esta última plaza en donde
también se presentaría a solo días de la partida de
Wakeman, la agrupación Audioslave. Por lo tanto, de
acuerdo con este breve resumen, Audioslave se convierte
en la primera agrupación norteamericana de rock que
actúa en un escenario de nuestro país al aire libre, en
particular en un lugar tan especial para los cubanos
como la Tribuna.
Invitado por el
Instituto Cubano de la Música, Audioslave no tuvo una
adecuada difusión previa a su actuación porque aunque
autorizado por el Departamento del Tesoro de los EE.UU.,
la propia agrupación solicitó mantener discreción en
torno a dicha visita hasta prácticamente a solo minutos
de aterrizar en La Habana y evitar así posibles
contratiempos con los sectores más reaccionarios en la
vecina nación norteña.
Sin embargo, los
admiradores cubanos de Audioslave siempre estuvieron al
tanto de su esperado concierto en la noche del 6 de mayo
al lado del Malecón habanero.
Dada la cercanía
geográfica entre Cuba y los EE.UU., el intercambio
cultural ha sido históricamente muy intenso. Baste
señalar la presencia en Norteamérica de Chano Pozo,
famoso percusionista cubano que introduce el empleo de
las tumbadoras en el jazz al formar parte de la banda de
Dizzy Gillespie en los años 40 del pasado siglo como al
mismo tiempo uno de los iconos de nuestra música
bailable, Benny Moré logra recrear una sonoridad
cubanísima a partir del formato jazz band de su
orquesta.
En tal sentido, mucho
antes de la Internet y de los satélites, en Cuba los
interesados en conocer del rock anglosajón han podido
estar al tanto de su evolución por distintos medios. Si
en los 60, emisoras locales de la Florida captadas en
nuestro país nos permitían una actualización inmediata
sobre el tema, en tiempos más cercanos, programas de la
Televisión cubana como Perspectiva y A Capella mantienen
al cubano informado desde Björk hasta Radiohead como
desde Chuck Berry hasta Soundgarden y Rage Against The
Machine, agrupaciones de las cuales nuestros
televidentes recuerdan videos, en particular aquel de
R.A.T.M en homenaje al destacado luchador por los
derechos civiles de los indígenas norteamericanos,
Leonard Peltier, injustamente condenado a dos cadenas
perpetuas. Asimismo, ese otro video muy ilustrativo
acerca de la explotación que representa el monopolio
financiero Wall Street para los pueblos del mundo,
temáticas que no fueron tratadas con ellos durante esta
visita para evitarles cualquier problema a su regreso. Y
es que justamente de Soundgarden y de R.A.T.M es
que provienen Chris Cornell, Tim Commerford, Brad Wilk y
Tom Morello, los integrantes de Audioslave, razones de
peso para comprender la gran expectativa del público
cubano ante dicho concierto. Incluso, cuando la prensa
cubana publica la noticia sobre este acontecimiento, hay
quienes emocionados, se resisten dar crédito a semejante
privilegio.
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Pero a la vez, desde
los primeros momentos que Cornell, Commerford, Wilk y
Morello se encuentran ya entre nosotros, cada paso para
ellos implica un conjunto de interrogantes de las cuales
no tenían ni la más mínima idea sobre situaciones
correlativas a la sociedad cubana contemporánea.
Si impactante para la
agrupación resulta el recorrido por la histórica Plaza
de la Revolución, sede donde han tenido lugar hecho
trascendentales de estos tiempos, conocer de una
estatua de John Lennon en La Habana es absolutamente
impredecible y mucho más con los versos de “Imagine”
plasmados a sus pies: “Podrás decir que soy un soñador,
pero sé que no soy el único”. Es en este acogedor parque
capitalino donde unos fans al identificarlos, les
aseguran que el concierto va a ser todo un éxito.
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Durante la entrevista
al grupo en el programa Juventud 2000 de Radio Progreso,
se les asegura desde un criterio profesional que los
cubanos conocemos acerca de rock y que por tal motivo
dicha actuación hará historia entre los seguidores del
género. Otro tanto les reiteran los jóvenes estudiantes
de música del Instituto Superior de Arte, en donde se
les recibe como talentosos amigos, incapaces de ocultar
la admiración que sienten por este prestigioso centro
educacional cubano al expresar Morello que “esta es la
mejor utilización que se le pudiera dar en su país a un
country-club”.
Los sentimientos de
hermandad que afloran en cada nuevo contacto, asumen
formas y colores cuando Audioslave visita en el lobby
del Teatro Karl Marx , la exposición permanente Homenaje
al 4 de Julio, a cargo de pintores consagrados como
Roberto Fabelo, Nelson Domínguez y Eduardo Roca (Choco)
a la par de jóvenes valores como Lí Domínguez y Sándor
González entre otros. Después de tales muestras de
admiración y de respeto, entre muchos más aplausos que
los habituales durante una conferencia de prensa, es
obvio que la banda anunciara su deseo de hacer en esta
oportunidad el concierto más largo y el mejor en toda
la trayectoria de Audioslave. Y así fue.
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Desde que a mediados
de los años 60, las casas discográficas descubrieron que
el negocio de la música rock podía dar mucho dinero, las
campañas de marketing son cada vez más sofisticadas en
donde se invierten sumas millonarias para la promoción
de los artistas y por lo tanto en un marco donde todo es
exaltado hasta su máxima expresión, las críticas tienden
a comentar acerca del trabajo realizado por súper
músicos, mientras que, por otro lado, se intenta
presentar como válido el trabajo de agrupaciones tan
comerciales que desde los primeros acordes ya uno sabe
en cuál momento aparece el solo de guitarra e incluso
hasta se puede predecir el esquemático diseño del mismo.
Por supuesto, en el caso de Audioslave estamos hablando
acerca de figuras cuyo trabajo está respaldado por la
calidad de una sólida obra, pero la hora de la verdad,
mucho antes del magnifico espectáculo que sin duda será
la edición del DVD filmado con más de 10 cámaras,
continúa siendo el momento mágico del concierto, la
presencia del músico en vivo en el escenario.
En aquella
inolvidable noche habanera, tenía ante mí a cuatro
magníficas personas matizadas por la sencillez que
acompaña al ingenio, empeñadas en mostrarnos sus
condiciones de músicos excepcionales en el contexto del
rock actual. Aquí una vez más se cumplió aquella
condición imprescindible de los músicos verdaderos que
es la de reflejar las raíces de la tierra que los vio
nacer. Si para el público norteamericano, las distintas
personalidades que conforman el galardonado proyecto del
Buena Vista Social Club, representan lo máximo en la
música tradicional cubana, desde la primera canción
interpretada en la Tribuna, el sonido Audioslave nos
revela el indiscutible origen de donde proceden por la
rica herencia patrimonial del pueblo al que pertenecen.
Sus deudas con planteamientos conceptuales de Zeppelin
y de Purple saltan a la vista, pero aquello que los
engrandece sin proponérselo, es que en cada acorde, en
cada dejo de la voz, permanece esa señal de
autenticidad que distingue a la diversidad cultural de
esa nación americana. Por tal motivo, los mejores
músicos cubanos de rock no son aquellos que intentan
imitar a los norteamericanos sino los que a partir de
los patrones establecidos aportan lo que llevan en la
sangre para convocar un resultado singular como lo
demostró el compositor y cantante X Alfonso quien
acompañado por Síntesis y otros músicos fue el telonero
de este evento.
Como se afirma,
Audioslave es un poderoso tren que avanza gracias a la
potencia del baterista Brad Wilk apoyado por esa
continua fuente de energía que es el bajista Tim
Commerford para permitir que la voz y la guitarra
puedan desarrollar los pasajes de mayor expresividad del
conjunto sonoro. Contar con un extraordinario cantante
como Chris Cornell, quien figura no solo junto a Eddie
Vedder y Kurt Cobain entre las mejores voces del rock
alternativo, sino que constituye uno de los nombres
obligados en la historia del rock, es un verdadero
privilegio. Es tal el dominio de sus capacidades vocales
que de acuerdo al clímax de cada pieza, parece como si
Audioslave cuenta con más de un inspirado vocalista
quien por instantes nos pudiera hacer rememorar al
estilo de Morrison o incluso al de Ozzy, pero que en
definitiva impone orgulloso su personalísimo sello a lo
largo de todo el concierto, ya sea en sugerentes baladas
o en intensas piezas de un rock muy vital.
En tal sentido, otros
que se hacen llamar músicos, han cedido a las presiones
del mercado en función de tocar una uniforme y monótona
sonoridad todo lo contestataria e irreverente que
quiera un público, conformado en su mayor parte, por
inquietos adolescentes.
Justamente, una de
las razones que explican el éxito de Audioslave, se debe
a que como artistas comprometidos honestamente con su
profesión, el rango estilístico de esta agrupación es
sumamente abierto, abarcador. Para descifrar esta
voluntad creadora, se puede partir del desempeño de su
guitarrista, Tom Morello.
Quien aspira
encontrar en Audioslave el escándalo por el
escándalo, va a salir desilusionado porque no existe
ningún temor a recrear clásicos entornos sonoros del
rock en donde el buen gusto del imaginativo guitarrista,
aporta continuamente nuevos timbres, al hacer como
pocos, el mejor uso de los avances de la tecnología a
disposición de estos instrumentistas. Y no es que
Morello sea incapaz de mostrar su agilidad en una
agresiva y fluida digitación, sino que se le debe
agradecer ese intento por romper con los moldes
anquilosados del solo de la guitarra en el rock, en
momentos donde uno está a punto de creer que nada nuevo
es posible.
Que piezas del
repertorio de Audioslave como “Like a stone” al igual
que muchas otras, fueran coreadas por los jóvenes allí
reunidos, agradó sorpresivamente a estos músicos quienes
a su vez reconocieron el placer del público cubano por
disfrutar con la mayor atención los detalles de cada
canción, al contrario de otros escenarios donde la
indisciplina social impide el mejor desenvolvimiento del
concierto. Entonces, cómo no entender que los
integrantes de Audioslave hayan partido de nuestro país
hacia México, entusiasmados por los magníficos
resultados alcanzados, con la promesa de regresar para
ampliar los contactos establecidos en busca de mayores
emociones. Realmente, esta satisfacción patente no solo
en los músicos de Audioslave sino también en el rostro
de los 70 mil cubanos que colmaron
la Tribuna
Antimperialista José Martí, convirtió al encuentro
musical en una imponente declaración política a favor de
la paz y la amistad entre los pueblos de Cuba y de los
EE.UU. |