|
Como la habanera, que ha
sido en el ir y volver, o como el manilargo ángel de la
voz, Liuba se me aparece de tanto en tanto, de disco en
disco...
Pasado el tiempo,
¿cómo valoras Ilumíname, tu anterior
producción discográfica? ¿Cómo crees que funcionó
artística y comercialmente? Después de un trabajo
tan intenso y experimental, tan libre y maduro como
aquel, ¿has estado componiendo nuevos temas?, ¿hay
alguno o algunos de ellos en este nuevo disco
Ángel y Habanera?
Han pasado casi tres
años desde que grabé Ilumíname, y te confieso que
estoy contenta con el resultado de ese trabajo. Fíjate
que digo “contenta” y no “satisfecha” porque, con
honestidad, todavía no he quedado satisfecha con ninguna
de mis producciones. Basta que pasen unos meses de haber
terminado y, cuando lo escucho con frío detenimiento,
siempre retocaría cosas, haría cambios…
El disco ha navegado
con suerte y yo con él… He sentido la complicidad de
muchos colegas y del público que sigue mi trabajo. Tal
vez, por aparecer más desnuda la canción con la
guitarra, por el trabajo de búsqueda o de
experimentación del que me hablas y por la absoluta
libertad con que se hizo, la gente descubrió o recordó a
la Liuba trovadora e intimista. No puedo negar que tuvo
muy buena crítica y que, al parecer, comercialmente
también ha funcionado.
Luego han aparecido
nuevas canciones, pero ninguna de ellas aparece aquí.
Has confesado que
habitualmente no haces canciones pensando en un disco:
vas componiendo y luego, en determinado momento, el
disco se te revela. Contrario a tu estilo, Ángel y
Habanera es un trabajo apriorístico. Entonces, ¿‘qué
motivo inconcluso caló tu voz’, acaso alguna
propuesta externa?
Ángel y Habanera
es el “remake” de un disco del año 94 grabado en
los estudios de Radio Progreso con escasas condiciones,
ejecutando todos y cada uno de los temas de principio a
fin, como se grababan antiguamente los discos. En
aquella versión el Guajiro Miranda había hecho los
arreglos en apenas una semana. Su primer nombre fue
Habaneras en el tiempo, un trabajo de antología que
hicimos por petición de la Dra. María Teresa Linares y
que recogía todo un proyecto de investigación sobre el
género.
Siempre sentí que
debíamos recuperar este disco por dos razones: las
condiciones y el tiempo en que se grabó me despertaban
más inconformidad que la normal. Además, y sobre todo,
siendo esta la primera antología cubana del género, solo
se había editado en España, nunca aquí.
Por eso es que retomo
este proyecto, pero ya con los temas más cantados y
vividos en Festivales y disímiles conciertos. El
repertorio es esencialmente el mismo. Solo reaparecen
nuevos temas como “Ángel y Habanera”, premiada por el
Museo Nacional de la Música en el año 1996 y ya editada
antes en Del verso a la mar; “Mi vieja Habana”,
un texto que adapté a un tema musical previo de Lucía
Huergo; “Abuela Canaria”, iniciada por Ada Elba Pérez en
1992 y que, aunque aparece como canción en Alguien me
espera, originalmente fue concebida como una
habanera; y “Réquiem de Luna”, un homenaje a Carlos Cano
cuando supe de su muerte. Nunca conocí a Carlos
personalmente; pero lo admiré desde que lo descubrí en
un casete que, a finales de los 80, me hicieron escuchar
unos amigos que teníamos en común. Supe que en alguna
ocasión él pudo escuchar mi versión de su tema
“Habaneras de Cádiz”, pero físicamente nunca
coincidimos. Siempre que venía a Cuba, yo estaba de
viaje; excepto una vez, en la que lamenté no saber que
estaba aquí: hubiera corrido a escucharlo y,
seguramente, a abrazarlo.
Entonces esta
antología pretende aliviar las insatisfacciones que
Habaneras en el tiempo provocara en una
perfeccionista obsesa como tú. ¿Buscas, además,
minimizar los riesgos y consolidar tu éxito en
Iberoamérica? ¿Celebras, de pasada, algún recuento
personal o artístico ―tus recientes 40 años, por
ejemplo?
Hay un gran riesgo en
un disco de antología sobre un género, suele suceder que
resulten aburridos, lentos. A ello súmale los prejuicios
que existen con los géneros más antiguos, como la
habanera, y el hecho de realizar un trabajo discográfico
que no contenía lo que el público espera habitualmente
de mí.
Quizás este es mi
primer disco como intérprete, algo que, como bien sabes,
impone un trabajo diferente y complejo; además, es una
oportunidad de dejar claro mi respeto al versionar
grandes temas. A diferencia de algunos colegas (que
respeto muchísimo) soy de las que defienden el hacer
versiones de las grandes obras. Es un trabajo
enriquecedor y una oportunidad única de homenajear a las
canciones y a los autores que, de muchas maneras,
influyeron en nosotros.
Es cierto que en
España existe un gran movimiento de público seguidor de
la habanera, pero también allí suele asumirse de manera
“coral”, con un aire más acelerado que el nuestro, más
conservador armónica y melódicamente. Así que este
trabajo es casi una “rareza”. El hecho de su difusión ya
está fuera de mi alcance, aunque en los festivales a los
que he asistido hemos sido muy bien recibidos.
¿...y tus 40?
En realidad, salvo el
hecho de haberse terminado el año en que cumplí 40, este
disco no guarda relación con ese cumpleaños. Lo quise
haber hecho antes, pero no estaban creadas las
condiciones para ello.
Los 40 años los
esperé alejada de recuentos artísticos y formalidades.
Tuve la dicha de compartir con amigos y colegas
entrañables.
Curiosamente, esta
producción fue premiada en la categoría de
“cancionística” de la recién finalizada edición del
Cubadisco y no, como cabía esperar, en el apartado de
“antologías”. Más allá del premio, ¿qué opinión tienes
sobre esto?
Esa fue una pregunta
que yo también me hice cuando supe de las categorías y
las nominaciones. Me la han hecho también otros
periodistas y no sé a qué razones se debe.
Lo cierto es que no
soy amante de las “competencias artísticas”, ni de las
clasificaciones.
Creo que el Cubadisco
carece de coherencia en muchísimos aspectos; pero este
sería un tema para abordar detenidamente en otra
entrevista.
Es admirable el
delicado cuidado en la realización visual del disco (las
fotos y el diseño gráfico de Rodolfo Murgado Urra y la
edición gráfica de Caridad Hernández), algo inusual en
buena parte de las producciones trovadorescas Por lo
general, este es un aspecto del que pueden preciarse tus
últimas entregas; sin embargo, se advierte ahora una
estrategia promocional, si no más consciente, sin duda,
más pretenciosa. ¿Qué, de nuevo, hay detrás de Ángel
y Habanera?
Con Ángel y
Habanera logré lo que siempre había deseado.
Todo partió del
diseño gráfico y la fotografía de Rodolfo Murgado Urra,
quien ya me había seguido en los discos Ilumíname,
Travesía Mágica, y la reedición de Coloreando
la Esperanza. Por vez primera intentamos un trabajo
más completo, en el sentido de darle una continuidad a
su hermoso diseño y de que este se convirtiera en la
raíz del trabajo de promoción, marketing e,
incluso, del video clip, asumiendo que cada una de estas
acciones que deberían acompañar el trabajo discográfico
no resultaran hechos aislados.
Siempre he pensado
que la promoción o la publicidad de un disco es un
asunto tan importante como su propio origen. Considero
que nuestras discográficas no le dan la importancia que
el tema merece y lo intenté junto a un grupo de amigos
que lo hicieron posible. Creo en el trabajo en equipo y
este es uno de los resultados que más me ha complacido.
¿Pretensiones?
¡¡¡¡¡¡Demostrar que puede hacerse!!!!!!!
En el caso particular
del clip de presentación de este disco, tan hermoso y
tan a tono con el concepto de imagen trabajado, ¿no
crees que haya cierta recurrencia en las apariciones
coreográficas de Pepe Hevia que, si bien han sido
esenciales en tus audiovisuales anteriores, pudieran
resultar ajenas ahora?
La
danza contemporánea me fascina y siempre ha estado cerca
de mi trabajo: en mis conciertos, en mis videos...
Mi
hermano Pepe Hevia es, por demás, un artista al que
admiro profundamente; y no puedo negar que su estética,
sus movimientos, su manera de coreografiar me seducen y
me cautivan. En este video, tanto o más que en otros, me
gustaba la idea de que Pepe, a través de la danza, se
convirtiera en el ‘Ángel’ de la canción. Pepe es el
tiempo por el que viajan dos historias similares en
épocas diferentes.
Quizás tu afición por
las habaneras también esté marcada por tu vocación por
los intergéneros, por tu costumbre de violar fronteras.
Entonces, ¿por qué estas versiones de habaneras famosas
acatando tanto los originales, corriendo el riesgo de
las ineludibles comparaciones? ¿Intención didáctica o
respeto? ¿No es excesiva la reverencia, ya sea por el
género o por los autores?
Es que francamente
siento que este disco no es solo mío; no parte de mis
secretos ni de mi instinto como creadora. Es la
necesidad de dejar plasmada una época que no estaba
registrada. Sentí que la mejor manera de homenajear a
los autores era reflejando en este primer volumen del
género sus obras tal y como las concibieron ellos.
El riesgo de las
comparaciones estará siempre. Desde el mismo momento en
que una obra es versionada, será comparada con la
original; independientemente de lo novedosa o no que sea
esta versión.
Tras el
reconocimiento explícito a Serrat en Ilumíname
pensé en una deuda saldada, pero vuelve a asomar su
oreja en “Abuela Canaria”; aunque en estos ‘ires y
venires’ tal vez fue la sombra de la habanera quien
alumbró al catalán en su estilo...
Mi deuda con Serrat
será eterna; y es cierto: Serrat nació en una zona del
Mediterráneo donde se consume y se aprecia mucho la
habanera y se canta en castellano y en catalán.
“Abuela Canaria” es
un tema que Ada Elba dejó inconcluso: quedó grabada la
primera parte de la canción con su voz y su guitarra:
Abuela Canaria me cantaba un cuento, / folía en los
labios, / folía en el verso. Luego yo continué la
letra y la música.
Al visitar por
primera vez las Islas Canarias quedé enamorada de su
gente y escuché por primera vez una folía. Creo que el
misterio de esa canción está en que la transición no es
evidente; es decir, no se siente donde sale Ada para
entrar Liuba, y es que francamente estamos siempre
sonando las dos.
Ada es quien tenía
una abuela canaria. Mi relación con España viene por
otra zona y de la mano de los Hevia: Mi abuelo paterno
llegó desde Asturias… ya les contaré un poquito más de
él en mi próximo disco, donde saldrá un tema que le
dedico a los emigrantes a través de mi abuelo. Te
adelanto el título: “Con los hilos de la luna”. Por
cierto, me gustaría cantártela… ¿Me dejas?
“Con los hilos de la luna”
Mi abuelo llegó en un barco, pero se trajo la luna
dibujada en un pañuelo que luego colgó en mi cuna,
La inmensa luna diamante era la mejor fortuna
que acompañó al emigrante de aquella España lorquiana y
dura.
Cantaba con ese acento que tanto lo distinguía,
risueño me revelaba la copla que así decía:
“Niña, nunca te enamores si hay luna cuarto menguante
que puede robarte el sueño un asturiano emigrante”.
No sé si he podido ser lo que él soñó que yo fuera,
lo cierto es que mire usted, mi abuelo fue mi primera
escuela,
puso raíz en el puerto y estrenó bajo una Ceiba
las alas del papalote que me llevaban hasta su tierra.
Mi abuelo tejió mi hamaca con los hilos de la luna,
mi abuelo pintó mi infancia con un verdor aceituna.
Se puede viajar el mundo en los ojos de un abuelo
que nos regala la luna dibujada en un pañuelo.
Un día llegué a su tierra y allí me estaba esperando
la luna de aquel dibujo que desde el cielo iba
pregonando:
“Niña, nunca te enamores si hay luna cuarto menguante
que puede robarte el sueño un asturiano emigrante”.
Niña, nunca te enamores si hay luna cuarto menguante,
que puede robarte el sueño un asturiano emigrante.
Se trajo la Sevillana y el paso doble elegante
pero se quedó conmigo entonando
“De dónde son los cantantes…”
Niña, nunca te enamores si hay luna cuarto menguante,
que puede robarte el sueño un asturiano emigrante.
Abuelo tejió mi hamaca con los hilos de la luna,
artesano de mis alas, carrusel para la altura.
Niña, nunca te enamores si hay luna cuarto menguante,
que puede robarte el sueño un asturiano emigrante.
Su sonrisa desafiaba el trueno y el aguacero.
Cuánta ternura cabía bajo las alas de su sombrero.
Niña, nunca te enamores si hay luna cuarto menguante,
que puede robarte el sueño un asturiano emigrante.
Ay luna, luna, lunera, cascabelera ternura,
abuelo Hevia pintó tu cara para colgarla en mi cuna.
Niña, nunca te enamores si hay luna cuarto menguante,
que puede robarte el sueño un asturiano emigrante.
Mi abuela besó a mi abuelo en luna cuarto menguante;
mi abuela bebió el misterio bendito del asturiano
emigrante.
No sé si he podido ser lo que el soñó que yo fuera,
lo cierto es que mire usted, mi abuelo fue mi primera
escuela,
puso raíz en el puerto y estrenó bajo una Ceiba
las alas del papalote que me llevaban hasta su tierra.
Mi abuelo llegó en un barco, pero se trajo la luna
dibujada en un pañuelo que un día colgó en mi cuna.
Es bien nostálgica,
es preciosa...
Eres una persona de
una profunda espiritualidad, algo que va más allá de tu
propia religiosidad. Los temas ontológicos,
especialmente la existencia, la muerte o la ausencia
―esa otra especie de muerte―, no solo son frecuentes en
tu obra, sino que suelen habitar en tus canciones más
rotundas y exitosas, algunas de las cuales han devenido
exquisitas elegías. ¿Eres consciente de eso?
Desde muy joven he
necesitado hablar de estas cosas, no sabría explicar por
qué. Muchos colegas (a modo de halago) me decían que no
hacía canciones apropiadas para mi edad.
Estos temas fueron
más recurrentes cuando vi los ojos de la muerte por vez
primera.
Creo que la cercanía
del público con este tipo de canción se debe a que
todos, lamentablemente, sufrimos ausencias, muertes,
lejanías…
¿Es también por eso
el puente de las dos últimas canciones como cierre
dramático dedicado a Carlos Cano, en una especie de
epílogo que, según mi gusto, es la cumbre de excelencia
del disco? ¿O es, además, parte de la estrategia
comercial: una suerte de guiño al público español,
principal cultivador y consumidor actual del género?
La elegía de Carlos
Cano me resultaba difícil de ubicar en el disco. La
carga emotiva que la trajo nació precisamente cuando
supe de su muerte. Detrás de esa canción solo podía
venir el tema “Habaneras de Cádiz”, del propio Carlos
Cano y de Antonio Burgos, que ya aparecía como cierre en
Habaneras en el tiempo. La he cantado durante
diez años y es un tema que hasta en vivo se convierte
inevitablemente en un final: nos regala un aroma de
alegría y desenfado; es como una puerta que no vemos,
pero que descubrimos cuando se abre. Fue también la
oportunidad de ofrecer mi modesto homenaje a los buenos
cultores de este género en España, a los que han vivido
acompañados por él durante tantos años.
Ya enterraste un
viejo enano con las habaneras..., y sé que un viejo y
similar anhelo con los tangos ha recibido un nuevo
empuje durante tu gira por tierras argentinas. ¿Qué
anuncias?
Tengo miles de
sueños, uno de ellos es precisamente hacer algún trabajo
con los tangos, pero todavía no siento que estoy
preparada, debo estudiar mucho aún.
Tengo otros sueños…
El más cercano: editar el nuevo disco del que ya te
hablé y canté, otra vez con mis canciones; Puertas,
creo que se llamará así.
Y me alegra
responderte esta pregunta, pues con ella les respondo a
muchas personas que me dicen: “desde el 2001 no grabas
tus temas”. Y es cierto, desde Ilumíname no ha
salido una producción con mis nuevos temas; pero tampoco
hay que apresurarse… Estoy trabajando hace varios meses
en ello. Quizás a finales de este año comience a grabar,
de manera que en el 2006 ya esté listo.
¿...y de cara al
público?
Continúo con mis
presentaciones mensuales en los hospitales infantiles.
Este es un proyecto que comencé con Ada en el año 90 y
en el cual se estrenaron canciones hoy tan conocidas
como “Señor Arco iris”, “Ana la campana”, “El trencito y
la hormiga” y “El cangrejo Alejo”; afortunadamente pude
retomarlo a finales del año pasado. La idea es llegar a
los niños con enfermedades crónicas, que se mantienen
mucho tiempo en los hospitales y tienen pocas
posibilidades de presenciar espectáculos en vivo, de
asistir a los teatros.
También quiero hacer
un recorrido por varias provincias del país. Hasta ahora
tenemos planes de ir a Santa Clara, Pinar del Río,
Matanzas, Cienfuegos y Santiago de Cuba. Tengo previsto
hacer dos conciertos en cada lugar que visitemos: uno,
haciendo un pequeño recorrido por mi discografía; y otro
para el público infantil.
Salgo en julio para
Gran Canaria, invitada al Festival de Teatro de Agüimes,
y regreso para preparar mi segunda visita a Argentina,
planificada para el mes de septiembre.
Pero bueno, lo más
inmediato es que vamos a hacerles un regalo especial a
los niños en el Parque Morro Cabaña. Será un concierto
infantil, un recorrido por los temas de Travesía
Mágica; el próximo sábado 18 de junio, a las 5:30 de
la tarde.
¡¿A las 5:30?!
―brújula del destino―... Es más, para terminar, mátale
la curiosidad a este virgo fisgón: En el matasellos que
alista a este disco para emprender sus viajes de ida y
vuelta, una fecha y una hora insisten: 26 de agosto de
1910, 5:30 p.m. ¿Tiene que ver con tus
abuelos?
Me he reído mucho con
esta pregunta. Es increíble como no se te escapa nada…
¿Sabes qué?
El 26 de agosto de 1910 nació María Teresa de Calcuta…
pero no, esto es solo una casualidad.
Sí; misteriosamente
tiene que ver con uno de mis abuelos. |