Año IV
La Habana
Semana 18-24
de JUNIO
de 2005

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La Timba de Pupy Pedroso
Pedro de la Hoz  La Habana


Cuando César Pedroso decidió probarse a sí mismo al frente de una orquesta, sabía demasiado los riesgos que afrontaba. Fueron largos y fragorosos sus años como pianista de Los Van Van, esa emblemática agrupación de la música popular cubana contemporánea, a la que Pupy (digámosle como todos le conocen) aportó su talento interpretativo, sus composiciones, y una contribución de primer orden al estilo.

Ejercicio baldío al que no pocos sucumben es aquel que trata de especular entre el antes y después de Pupy Pedroso. Si se miran, o mejor dicho, se oyen bien las cosas, Los Van Van han seguido su camino de gloria y Pupy ha fundado el suyo propio. Trazados no paralelos, sino confluyentes. Periplos que permiten hablar de multiplicación de resultados. Pupy y Los que Son Son no van a la zaga de nadie ni de nada. En un plazo de tiempo relativamente corto han conseguido que el público conecte con su propuesta. Se han hecho imprescindibles en el panorama actual de la música bailable en la Isla. La gente los reconoce, aplaude y respeta.

A la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM) no le ha pasado inadvertida la dimensión popular de la orquesta de Pupy: aquí está un nuevo disco, Pupy y mi timba cerrá.

El título ofrece una de las claves que definen el quehacer del compositor, orquestador y tecladista. Más allá de disquisiciones musicológicas que en otro espacio deben tener lugar, si la timba es un sonido con entidad propia, caracterizado por tumbaos pianísticos de fuertes acentos percutivos, entramados con las pulsiones del bajo, los parches y la campana, en cierta medida se debe a las acometidas incorporadas por Pupy a una concepción interpretativa, que fue madurando a partir de su experiencia vital y artística.

No olvidemos algunos elementos esenciales en su hoja de vida: el nacimiento en la Timba, un curioso barrio de la capital cubana que en nada tiene que ver con el apelativo que distingue a los nuevos desarrollos de la música cubana, y el contacto con el entorno del barrio de Pogolotti, el mismo de Los Papines y Oscar Valdés; el legado heredado de su abuelo, un notable flautista, y su padre, El Nene, con bien ganada reputación en el piano; su ya mencionado tránsito por Los Van Van desde su fundación; un toma y daca permanente con los bailadores, una fructífera interacción entre el discurso de la academia y el de la calle; el oído abierto a las innovaciones rítmicas de nuestros mejores percusionistas; y la conexión con el gusto renovador de los más jóvenes exponentes de nuestra música popular.

Todo ello se expresa, de un modo u otro, en Mi timba cerrá, desde el mismo primer tema hasta el popurrí que cierra el disco. Estamos ante un álbum hecho a la medida de los bailadores, tanto para los que se mueven según los dictados de los bailes en pareja incitados por la tradición sonera como para aquellos que de manera aparentemente espontánea dan rienda suelta a la rotación de brazos y caderas.

Son unos y otros bailadores y bailadoras los que disfrutarán  de estos once temas que repasan la cotidianidad insular, con sus aristas costumbristas, su carga de crítica social, sus intemperancias sentimentales y sus fibras identitarias.

Los que Son Son suenan también a la medida del ingenio de Pupy Pedroso: las voces de Pepe Gómez, Mandy Cantero y Yannier Miyán se ajustan a la demanda de su director y al carácter de los temas. El virtuosismo se agazapa en función de que quienes marquen el paso lo hagan con prestancia en la pista de baile.

Ya han llegado noticias de Japón y EE.U., países donde el fonograma prontamente ha ganado adeptos. Y se respira la ansiedad de los alemanes y los holandeses aficionados a la música de baile cubana.

Pupy sabe jugar con el público y la actualidad. Eso sí, desde el mayor decoro artístico posible.

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