Año IV
La Habana
Semana 18-24
de JUNIO
de 2005

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
EL CUENTO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

José Saramago: Cuba irradia solidaridad
Rosa Miriam Elizalde La Habana
Especial para Cubadebate, Juventud Rebelde y La Jornada


La antesala de esta entrevista es el portal del Palacio del Segundo Cabo, en La Habana Vieja, donde corre una brisa inusitada, presagio de aguaceros. José Saramago presenta en Cuba su novela El Evangelio según Jesucristo, y aunque el escritor se anuncia aquí para las 11:00 de la mañana, muchos lo han estado esperando desde tres horas antes. Cuando aparece el Nobel portugués con su esposa, la periodista y traductora Pilar del Río, no hay un espacio libre junto a las antiquísimas columnas de la sede del Instituto Cubano del Libro, ni en sus alrededores. La gente se ha subido en los bancos de la plaza vecina y algún lector temerario se cuelga de un árbol para tomar fotos por encima de la multitud. 

Cuando el matrimonio se retira a la casa donde se hospeda y en la que se producirá esta conversación, se han vendido 1 118 libros al precio de 20 pesos —“0.75 euros”, le traducirá Pilar a su marido— y José habrá estado firmando ejemplares por más de dos horas. “Un señor me contó que vino en una motocicleta manejando desde Matanzas (ciudad a cien kilómetros de La Habana)”, dice agotado y feliz, antes de comenzar el diálogo que se produce tal y como lo leerán ustedes, salvo con una breve interrupción.

Pilar ha recibido una llamada de Jonan Fernández, coordinador de ELKARRI, una organización que promueve la solución pacífica en el País Vasco. Él le ha dado la noticia  de que ETA ha decidido suspender las acciones armadas contra las personas electas de los partidos políticos en España. Jonan le ha dicho por teléfono: “sin tirar cohetes se ha logrado algo. Es un proceso todavía largo, pero es un peldaño más”.

Mientras transcurría la hora y media de conversación con Saramago en una de las habitaciones de la casa, ella traducía muy cerca de nosotros la novela más reciente del Nobel, Las intermitencias de la muerte. La obra, que se presentará simultáneamente en noviembre de este año en todos los países de América Latina y Canadá, es un texto más breve que sus entregas anteriores —algo más de 200 páginas— y comienza  con la frase “Al día siguiente, no murió nadie”. 

Aunque parezcan piezas dispersas de un rompecabezas, los hechos de esta tarde relacionados con Saramago —la entrevista, la noticia de ETA, la nueva obra, las palabras en la presentación de El Evangelio según Jesucristo— están atados con una misma cuerda: “Todo en este mundo, o casi todo, lleva por delante dos palabras: ‘mandar’ y ‘matar’. Hay que romper esa lógica”.

CUBA

—No voy a preguntarle qué lo hizo venir a Cuba, porque ya esa respuesta usted la dio y fue bastante manipulada...

—Pues sí te la quiero contestar a ti para dejarlo claro de una vez: vine, sencillamente, porque me han invitado.

—Bien, pero empecemos por un ejercicio de memoria: ¿cuándo usted se entera de que Cuba existe en este mundo?

—Durante la invasión de Bahía de Cochinos, en el año…

—Abril de 1961…

—Yo no vivía en Lisboa, sino en un pueblo que está muy cerca. Iba y venía en tren, y recuerdo con una nitidez extraordinaria la lectura de un periódico de Portugal que anunciaba la invasión como un triunfo de los enemigos de la Revolución.  Había un titular a toda página y describía lo ocurrido, no con muchos detalles —recuerda que era la época en Portugal de los presidios, las censuras—. Me chocó profundamente el tono de triunfalismo que el periódico exhibía. Al día siguiente sentí un placer casi maligno cuando el periódico no tuvo más remedio que decir que el intento de invasión había fracasado.

—De esa etapa es también su recuerdo del Che, que describió en un artículo publicado en Cuba no hace mucho: “Al Portugal infeliz y amordazado de Salazar y de Caetano, llegó un día el retrato clandestino de Ernesto Guevara”.

—Ese retrato llegó y nos conmovió a todos... Existía una izquierda activa, seria y trabajadora que lo vio como un referente… Y también había, por encima, o por debajo, como se quiera entender, una izquierda que podemos llamar intelectual que a veces con buena fe convirtió al Che en una especie de icono. Eso ocurrió mucho menos entre gente de la clase obrera, que en lo que llamábamos desde entonces la izquierda afectiva, que en el fondo siguieron al Che y a la Revolución Cubana como si fueran modas.

“No quiere decir que no existiera ahí incluso alguna o mucha sinceridad, pero también había un poco de oportunismo. Cuando el tiempo pasó y el Che había muerto, y las cosas se normalizaron de alguna forma, la izquierda dejó de parecerle a mucha gente esa especie de aurora, de algo que iluminaba todo espacio. Fue entonces cuando escribí que el retrato del Che desapareció de la pared y en algunos casos se tiró a la basura. Ese texto es a la vez un homenaje al Che Guevara, y también, una mirada irónica sobre la inestabilidad de las ideologías, donde a veces se estima más lo superficial que lo profundo”.

—También decía en ese artículo que aquel “era el retrato de la dignidad suprema del ser humano”.

—Sí, sí, eso es sin duda. Y para muchísima gente... No estoy diciendo que la figura del Che para esas personas hubiera perdido importancia.  Era la vida la que había cambiado. Ellos mismos se vieron cambiados y sin demasiadas ideas progresistas.  Y, por lo tanto, el retrato de Che Guevara dejó de representar para ellos lo que representaba antes. Se cansaron y donde estaba el Che, pusieron otra cosa.

“Si pudiéramos hablar con ellos, estoy seguro de que no tendrían ninguna duda en reconocer que si hubo una persona en los tiempos recientes que ha dado al mundo un ejemplo de dignidad, un ideal realmente supremo, ese ha sido el Che Guevara. Y lo mejor de todo es que uno también se encuentra continuamente con chicos y chicas que saben todo lo que hay que saber sobre la vida y sobre las acciones de Che Guevara, y que llevan su camiseta, pero de corazón”.

—Recuerdo cuando leí por primera vez El cuento de la isla desconocida, una hermosa parábola del viaje del individuo hacia sí mismo, hacia los demás, hacia la isla en que vivimos. ¿Qué ha descubierto Saramago en estos días en esta Isla desconocida, mentida, satanizada, que es Cuba?

—Después de los conflictos que generaron —como se sabe— una reacción mía, no mucho tiempo después tuve oportunidad de firmar un documento defendiendo a Cuba. Pero incluso más tarde me quedé con la idea de que tal vez Cuba ya no me quería, y que la culpa —si de culpa se puede hablar— es mía, porque he sido yo el que he dicho “no estoy de acuerdo, y etcétera, etcétera”. Es decir, yo pensaba: Cuba no es algo ajeno a mi propia vida, a mis propios sentimientos, pero seguramente Cuba ya no me quiere...

“A partir de un momento me empezaron a llegar señales que desmentían esas dudas —conversaciones con la embajadora en Madrid, Isabel Allende y otros mensajes que llegaban—. Y yo decía:  bueno, las cosas finalmente no se han perdido, no se han roto, y me quedé así. Para venir aquí, como es lógico, tenía que tener un motivo y llegó la invitación.

“Viajamos aquí después de visitar Canadá, y hemos recibido Pilar y yo la amistad de siempre, y quizá un poco más.  No quiere decir con más amistad, sino como si aquí los que nos han recibido tuvieran la preocupación de decir: ‘te queremos, te estamos expresando ese querer nuestro de una forma quizá mayor, no pienses que nos quedaron pequeños rencores’. Nadie me ha dicho esto pero uno lo siente. Todo eso se ha recompuesto, a pesar de que lo que dije entonces, con mucho dolor y sin querer romper definitivamente con Cuba, ha sido celebrado, manipulado, usado. Después se han dado cuenta que las cosas no iban por ahí y empezaron a aparecer versiones: Saramago está otra vez con Cuba y no sé qué. En fin, lo que importa es que estoy aquí, que soy amigo de Cuba y que la manipulación mediática no me quita el sueño. Tengo otras cosas que me quitan el sueño”.

OPERACIÓN MILAGRO

—En abril usted firmó el llamamiento de intelectuales del mundo que denunció las maniobras de Estados Unidos contra Cuba en Ginebra. Ahí se decía que “EE.UU. no tiene autoridad moral para erigirse en juez de los derechos humanos en Cuba”. ¿Lo que ha visto en estos días corrobora esa afirmación?

—Absolutamente. Esta vez nosotros hemos tenido la oportunidad de conocer un poco más. Hemos estado en dos lugares muy importantes: la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI) y la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM).

“En la Universidad de Ciencias Informáticas hubo un momento en que me emocioné mucho. Los chicos me contaron que allí se recibe a las personas que vienen de Venezuela con catarata, retinosis, y que los cuidan, que a veces llegan un abuelo y un nieto ciegos, y que han regresado a su país mirándose, uno al otro, diciéndole uno al otro: ‘Yo soy tu abuelo, y puedo mirarte’, y el nieto: ‘Abuelo, sí, ahora puedo yo mirarte’.  Estas cosas tocan directamente al corazón de uno. Que eso ocurra es maravilloso”.

—Pudiera decirse que es tema para otro Ensayo sobre la ceguera…

—Pero aquí había una especie de contradicción que no es tal. Estábamos en la Universidad de las Ciencias Informáticas, y eso parte de un principio obviamente equivocado, que en donde se estudia tales cosas no puede ocurrir algo que tiene que ver con los sentimientos, con la compasión, con la solidaridad. Una universidad informática supone algo muy frío, y en este caso no es así...

“He tenido dos desprendimientos de retina y dos cataratas.  Yo sé muy bien qué es todo esto. Si me hubiera ocurrido a principios del siglo pasado, estaría ciego. Y sé que muchísima gente está ciega y que pudieran dejar de estarlo si muchos más hicieran lo que hace Cuba.

“Aquí la Operación Milagro me parece una denominación justa. No en el sentido de que lo que pasa sea obra de una intervención sobrenatural, no; nada más natural... Lo que pasa es que para estos venezolanos y para muchos otros latinoamericanos —me han dicho que este año se operarán más de 100 000— que no tenían ninguna esperanza de recuperar la visión; cuando la recuperan, son ellos mismos quienes lo entienden como milagro.  Por lo tanto, creo que quien bautizó esa operación con el nombre de Operación Milagro, ha hecho muy bien”.

—¿Y qué pasó en la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas?

—Una emoción de otra naturaleza. Allí vi chicos y chicas, más chicas que chicos —parece que hay 51 por ciento de mujeres— de toda Latinoamérica, de África, incluso de Estados Unidos, insertados en algo concreto, no en una teoría, o en cualquier cosa que tuviera que ver con una utopía futura imposible de realizar. Y todo esto lo hace un solo país, que establece una corriente distinta de comunicación entre los pueblos de Latinoamérica, capaz de encontrar objetivos comunes, de trabajar unidos para llegar a ellos. Y otra cosa curiosa: tanto en la ELAM como en la escuela de Ciencias Informáticas vimos espectáculos preparados por los propios estudiantes, donde los que bailaban, bailaban muy bien; los que cantaban, cantaban muy bien; los que tocaban, tocaban muy bien, y esas cosas no se encuentran fácilmente. La acogida que nos dieron fue inolvidable. Uno lloraba abrazando a esos chicos.

—Usted hablaba en la Universidad de La Habana de que Cuba había hecho posible la internacionalización de la solidaridad...

—Eso es increíble. El más puro, el más auténtico, el más desinteresado movimiento de solidaridad nace precisamente en uno de los países más desprotegidos, más pobres, que es a la vez como una especie de foco que irradia solidaridad de una forma natural, espontánea, como si tuviera que ser una consecuencia lógica de todo cuanto pasa aquí. Cada vez que hay un movimiento de solidaridad internacionalista, empieza en Cuba y va a Venezuela, va y ha ido a África, a Haití. No es necesario convocar a la población cubana a un referendo para ver si están de acuerdo o no con ir a Venezuela, o a Haití, o a donde sea, porque es justo; es como si este pueblo fuera solidario por naturaleza, pero más bien por educación, por algo aprendido, porque la solidaridad también se aprende.

BLANCO DE TERRORISMO

—No solo no se habla de eso, tampoco de algo que ha dicho y repetido muchas veces, con toda razón, Noam Chomsky: “Cuba es probablemente el blanco de más terrorismo de todos los países del mundo”.

—Hay cosas que son obvias, pero nadie se quiere dar cuenta de que lo son. Pero cuando alguien mira lo obvio y lo muestra y lo explica, entonces, lo obvio pasa a una dimensión completamente distinta. Los hechos están allí para demostrar que efectivamente Cuba, o por lo menos la Cuba que nació con la Revolución, no ha sido nunca un país que puede ser acusado de cualquier forma de terrorismo. 

“Hay una acción diabolizante, sistemática, por todos los medios posibles, de la estructura de poder en el mundo, para ocultar esa verdad obvia que ha rescatado Chomsky. Por lo que se dice continuamente pareciera que no tiene el mundo otro problema que Cuba, cuando esta Isla no es seguramente uno de los países que más preocupaciones da a los habitantes de este planeta. Más bien lo contrario. Cuba no es, y no ha sido nunca un país de donde haya salido una acción terrorista. Cosa que no puede decir Estados Unidos”.

—El caso de Posada Carriles, como el de Bin Laden, es paradigmático. Los monstruos de la CIA terminaron practicando alegremente lo que aprendieron de sus maestros…

—Estados Unidos está tratando de impedir que Posada Carriles hable. Si es que lo manda a Venezuela —y yo no estoy nada seguro de que lo extraditen—, aunque me gustaría, claro.

—Pero si cumplen lo que establecen sus leyes, tendrán que extraditarlo.

-—Cuando sucedió el caso de Elián, no tuvieron más remedio que cumplirla. Pero en ese caso no había de por medio planes de terrorismo. Elián era solo un niño que estaba donde no debía estar y pasó a estar donde, efectivamente, debía estar. Posada es otra cosa. A mí no me sorprendería nada que si la situación se complica, si la presión internacional actúa sobre Estados Unidos para que cumpla la ley, se aparezca un “loco” y lo mate, en el momento en que el terrorista esté yendo de un lugar a otro. No sería la primera vez que allí pasa. Todo puede ocurrir.

—Es importante tener en cuenta que este caso no está aislado de los hechos que están ocurriendo en el continente. Por ejemplo, de la decisión de Argentina de anular las dos leyes que consagraban la impunidad de los crímenes de la dictadura militar. ¿Habrá esperanzas de generar un movimiento hacia la justicia?

—Creo que sí.  Es una revolución que este país haya decidido derogar esas leyes que habían intentado ignorar que hay en Argentina muchísimos criminales impunes, incluso activos en el ejército. Lo trascendente es que eso no va a quedar limitado a las fronteras de Argentina. Otros países de la región han pasado por situaciones similares, y va a ser muy difícil que ante ese ejemplo, las instituciones, los partidos y los ciudadanos de esos otros países queden indiferentes a la nueva actitud de Argentina. Vivimos en un mundo que no tiene conciencia de sí mismo y si se acepta alguna vez, y así lo parece, es muy difícil que en América Latina esto no sea el principio de una ola, una ola que de alguna forma pueda barrer de criminales todo el continente. Incluidos los criminales como Posada Carriles.

—Sin embargo, mientras eso ocurre el Pentágono acaba de anunciar que no solo no va a cerrar los campos de tortura al estilo del de Guantánamo, sino que los va a ampliar.

—Guantánamo no es el único centro de torturas norteamericano, y algunos de ellos seguramente han sido ampliados sin que Estados Unidos se sintiera en la necesidad de anunciarlo.

“Pero es una mala señal y evidentemente un mal indicio que no ostente incluso alguna resistencia en los medios de comunicación norteamericanos. Hay voces débiles, muy débiles, como la del otro día en The New York Times, que ha pedido que se cierre esa cárcel”.

—¿Usted cree que habrá algo después de esta travesía en el desierto?

—La situación es muy grave, pero algo se puede hacer todavía. Ahora bien, sin utopías. He estado en Porto Alegre, en el Foro Social Mundial, y decidí llevar allí algo que me preocupa hace años de años: la utopía. Si yo pudiera, borraría no solo de los análisis, sino también de la mente de las personas el concepto de utopía. No era una provocación. La utopía ha hecho más daño a la izquierda que beneficio; en primer lugar, porque no es algo que uno espere ver realizado en su vida, no; se pone ahí en el futuro, en un lugar que no sabe ni dónde ni cuándo será. Una utopía es un conjunto de articulaciones, de necesidades, de deseos, de ilusiones, de sueños. Si uno es consciente de que no lo puede realizar en el tiempo en que vive, qué sentido tiene. ¿Cómo es que podemos tener la seguridad de que 150 años después, cuando ninguno de los que ha construido esa utopía estará vivo, las personas tendrán algún interés en un proyecto que no es suyo, que pertenece a un pasado?

“Seguir hablando de utopía como un instrumento, digamos del ideario, de la ideología de la izquierda, me parece un atentado contra la lógica y el sentido común. Eso lo tengo clarísimo.

“Después de exponer todo esto, les decía: pero yo puedo proponer a todos vosotros una utopía, ahora mismo, y esa utopía se llama simplemente, mañana, mañana; porque mañana todos podemos pensar que estaremos vivos aún y lo que hayamos hecho hoy, tendrá consecuencias. Por tanto, acabemos con la utopía que no nos va a servir de nada.  Abajo la utopía”.

—Algo que no publican los medios es su decisión de no viajar  ni recibir ningún premio de Estados Unidos…

—Ni premio, ni doctorado Honoris Causa ni presentaciones de libros. No estoy dispuesto a ser humillado por la policía de Estados Unidos. Es cierto que yo podría colocarme en otra postura, que sería razonable. Esa es una puerta por donde uno pudiera salir, pero que a mí, personalmente, no me sirve.  Yo pudiera decir que haga lo que haga la policía de Estados Unidos, no puede humillarme. No es una reacción de mal humor, es un conjunto de cosas. La fisonomía fascista de Estados Unidos hoy es bastante completa. Lo que antes sería objetivo más o menos disfrazado hoy está ahí con toda claridad y toda rotundidad.

“Está clarísimo que Estados Unidos se está preparando para la Tercera Guerra Mundial, probablemente contra China. En Uzbekistán, ya hay bases norteamericanas. Mi esperanza es que la opinión pública mundial, que a veces es una cosa muy abstracta, logre algo similar a lo que pasó con Vietnam, que paró la guerra. Despertar un gran movimiento en la opinión pública que frene el fascismo es algo posible, si la gente se toma con gusto pensar que con su persona y con la persona de su vecino puede hacer algo”.

EL ALBA

—En Venezuela usted dijo que “la osadía de este país puede traer cambios significativos en la historia”. ¿Qué tipo de cambios?

—En la historia del continente americano.  Es evidente que ya la región ha empezado a cambiar de una manera que todavía no es muy clara. En América Latina está pasando algo, y eso nos permite pensar que este inicio de cambio puede ir mucho más allá e ir mucho más hondo. Es el caso de Venezuela, Argentina, Chile, Bolivia, Brasil, Uruguay. Si ellos, y también nosotros, por ejemplo, se ayudan, colaboran unos con los otros, no empiezan a poner intereses particulares por encima de los intereses de Latinoamérica; veremos el despertar de Bolívar y de otros que miraron a América como un todo. 

—Eso, exactamente, es el sentido y el contenido de la Alternativa Bolivariana para las Américas, el ALBA.

—Creo que podemos estar en el principio de una vida nueva, en el principio de un camino, de aquel del que hablaba el poeta Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. El camino todavía no está, pero empieza a dibujarse una dirección, o un punto adonde quizá se llegue mañana o pasado mañana o algún día.

—Hugo Chávez habla de un socialismo del siglo XXI, que se parece muchísimo a lo que usted también ha defendido: “el socialismo del espíritu”. ¿Cree que el futuro andará por ahí?

—Sí, sí. Mira, es que si las cosas no pasan por el espíritu, por muy logradas que hayan sido en otro campo, no tienen sentido. Hace casi dos años integré un grupo con el entonces presidente de la Unión Europea, Romano Prodi, que me había encargado reflexionar sobre lo que debía ser el futuro del hombre. Hemos elaborado un documento muy serio que ahora estará en un cajón donde buceará alguien que no sabe nada del asunto. Prodi se reunió con nosotros —unas 15 ó 16 personas—: había historiadores, había grandes economistas y el único escritor era yo. Él comenzó aquel encuentro diciendo:  “Europa ha fracasado, y ha fracasado, ¿por qué?  Porque nosotros nos equivocamos, pensamos que integrando la economía, lo demás vendría por añadidura, y nos damos cuenta de que no, que hay que volver a la política”. 

“Volver a la política no es, en sí misma, una recomendación. Se trata de ir al espíritu. Si no pasamos todos los asuntos por el espíritu, no hay ninguna garantía de que los cambios pasen por nosotros. 

“Recuerdo que al derrumbarse la Unión Soviética, todo el mundo se preguntaba: ¿dónde está el hombre nuevo? ¿Qué es lo que ha pasado? No existió ni existiría en un modelo como ese. Si no cambiamos, no nos cambiamos; es decir, si no cambiamos de vida, no cambiamos la vida. Cuando digo cambiar de vida, no es dejar de ser albañil para pasar a ser médico.  No es eso. Hay que cambiar la forma de entender el mundo. El mundo necesita acción; pero no se llega a la acción sin que eso haya sido elaborado por el espíritu. Uno de los grandes males que tiene nuestra época, es que no tenemos ideas y parece que los políticos —y ahora hablo de los políticos de izquierda—, no se dan cuenta de una realidad: la derecha no necesita ideas; pero la izquierda no va a ninguna parte si no las tiene. Ese es el problema”.

SUBIR

 
 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

© La Jiribilla. La Habana. 2005
 IE-800X600