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Lo conocí en aquellas intensas noches trovadorescas de
Caracas, durante el 16 Festival Mundial de la Juventud y
los Estudiantes. La guitarra pasaba de mano en mano
hasta el amanecer, fundiendo el canto de diversas
regiones en un abrazo continental. Tras varias de
aquellas trovadas, fui acercándome a aquel tímido juglar
de pelo largo, del que me llegó primero la leyenda de su
viaje en solitario por el continente y luego esas
canciones como juegos infantiles con una profunda
moraleja detrás, tocadas limpiamente, cantadas con
desenfado. A la hora de partir encendí la grabadora
dejando que registrara su charla fluida y serena.
Soy de Cali,
Colombia. Mis primeras canciones tienen unos diez años.
Lo que se dice dedicarme al oficio, con presentaciones
frecuentes, desde hace unos cinco años. Desde hace siete
meses vengo presentándome por buena parte de
Latinoamérica: Ecuador, Perú, Chile, Argentina y ahora
Venezuela. Y de aquí regreso a Argentina, Uruguay, y
paso a Brasil, con la idea de ir a Cuba el próximo año.
Soy un trovador, sin
duda alguna. Es lo que más me gusta hacer, creo en el
concepto de trova, lo que hago es en esencia eso; contar
historias a través de la música y mover ideas. Hay una
idea muy bonita que yo no la había relacionado con la
trova y es que, posiblemente, “trova” viene de la raíz
latina “trovare” que significa “encuentro” “encontrar”.
Los italianos dicen: quien trova un amigo trova un
tesoro, quien encuentra un amigo encuentra un tesoro. La
trova entonces, desde ese punto de vista etimológico, se
vuelve como un encuentro con la gente, con el pueblo.
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En Colombia hay
tradición trovadoresca, lo que pasa es que allá muchos
no se han definido como trovadores, a pesar de que lo
sean. Es decir, no tienen conciencia de serlo. Pero lo
son, por ejemplo, Rafael Escalona es evidentemente un
trovador, de los años 40, que escribió sobre la realidad
de la costa y es como escuchar a Gabriel García Márquez.
Sus textos son costumbrismo, relata historias de su
pueblo. Contamos también con Alejo Durán y muchísimos
otros músicos dentro de los barrios y de las poblaciones
negras del chocó que encarnan evidentemente la figura
del trovador aunque no se proclamen como tales. Hay una
tradición, de la que soy heredero.
Además de la música
tradicional colombiana no puedo negar primero la
influencia de la trova cubana, que ha sido muy
importante para mí. También en mi casa se escuchaba a
Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra, Daniel Viglietti,
Alfredo Zitarrosa, crecí con eso. A nivel musical me
influye mucho la trova cubana y a nivel de escritura han
pesado mucho sobre mí Augusto Monterroso y Nicolás
Guillén. De Monterroso aprendí la posibilidad de contar
a través de la fábula. Por eso mi disco se llama
Fabulario porque es la recopilación de catorce fábulas
que abordan diversas problemáticas de la sociedad
colombiana y latinoamericana en general.
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Lisardo Carvajal
FABULARIO |
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Grabado en
Estudios La Vaca
Cali, Colombia |
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1. |
Del cielo que nos robaron |
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2. |
Era |
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3. |
Fábula del gigante y el enano |
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De Nicolás Guillén
aprendí el manejo de la onomatopeya en la música. He
musicalizado incluso dos poemas de Guillén y ha sido muy
curioso porque no hay que hacer mucho esfuerzo. Es como
si la misma letra te fuera dictando el ritmo, la
melodía. Siento mucho no haber podido llegar a conocer a
Nicolás Guillén.
Fui a Cuba hace unos
seis años ya, tuve la oportunidad de estar en la casa de
Vicente Feliú, conocí algo del trabajo de Karel García y
Carlos Lage, excelentes exponentes de la llamada
novísima trova.
En Cali vive un
trovador que hace mucho tiempo no va a Cuba, Oscar
Huerta, que vivió en Alamar. Él me contaba de la peña de
la bicicleta, y del mundo poético y musical de la
Isla.
Gracias a él me mantengo al tanto de los trovadores
cubanos que van surgiendo.
Hay otras dos
influencias que me han marcado, uno es el francés George
Brasan y el otro, el noruego Al Froisen.
Estuve en Quito,
Ecuador y tuve la oportunidad de ir a la selva amazónica y
ver la problemática de las petroleras en el Amazonas.
Están arrasando. Vi las revueltas sociales y viví cómo
tumbaban al presidente. La figura del trovador es muy
difícil de encontrar en los países andinos. Ni en
Ecuador ni en Perú tuve contacto con el payador o juglar
y es que en Perú, por ejemplo, hay dos tipos de músicas:
la andina y la negra y las dos son músicas colectivas.
Es muy rara la figura del cantante que se acompaña del
instrumento en solitario. Se hace en grupos, con
tambores, charangos y otros instrumentos típicos de la
región.
En Chile sí hay una
gran fuerza trovadoresca. Allí conocí a varios
trovadores, Juan Ayala, Eduardo Peralta y Pancho Villa
que es un muchacho excelente.
Tuve otra experiencia
muy fuerte en la zona del Cuyo, al norte andino de
Argentina. Es la región de Mercedes Sosa, Atahualpa
Yupanqui, y pude nutrirme de una música muy honda y
hermosa. Algo muy peculiar allí es que, por lo regular,
el compositor de la letra no es el mismo de la música.
Hay tanta especialización que las letras las hacen
poetas y las músicas los músicos. La cual es como cierta
garantía de calidad. Bueno, tampoco, pues pudiera ser
malo el poeta o el músico, o ambos, pero no es el caso.
La mayoría son muy buenos.
Ahora regreso a
Argentina con la expectativa de conocer la zona del
puerto y el Uruguay que cuenta con trovadores muy
interesantes. Después pienso ir a Brasil que es todo un
universo musical. La gira debe terminar en febrero y la
he denominado “Expedición por el gran indio verde”. La
idea es componer un tema de cada país, grabarlo luego
en un computador e ir de nuevo a esos países a redondear
los temas con los músicos autóctonos de las regiones.
Incluso, que los músicos de un lugar me acompañen con
los temas de otras partes, para lograr un disco de
mestizaje latinoamericano.
Creo que hay un nuevo
despunte de movimiento trovadoresco en el continente,
quizás con puntos en común con el de la nueva canción en
los 60. Hay un renacer de los movimientos populares, de
las luchas, y con ellos viene la necesidad de una música
comprometida con su tiempo, que mueva ideas. Siento que
la gente lo está pidiendo. Muchos se están aburriendo
del reaggeton, de la música vacía, y la subestimación
que tiene el mercado de los oyentes, del espectador. Es
una subestimación insultante, la gente ya está
cuestionándose eso, que lo tomen por un imbécil. ¿Por
qué tengo que escuchar constantemente en la radio esas
canciones estúpidas?
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Sí creo que hay un
movimiento de canción social, en unos países con más
fuerza que en otros. Sobre todo en Chile, Uruguay,
Argentina... y ahora aquí, en Venezuela, se está
hablando de un concepto que está naciendo y retomándose
a partir de Alí Primera, que es la canción necesaria. Yo
me quedo aquí en Caracas unos días porque se va a
celebrar el Primer Festival de la Canción Necesaria. Con
trovadores de varios países, Cuba entre ellos. Y veo a
los muchachos de acá muy interesados y frescos, en el
intento de hacer cosas diferentes y que expresen las
esencias del proceso que vive el pueblo.
Yo pienso que es hora
de agruparnos, quizás debería surgir una Facultad.
Ojalá, así como en Cuba tenemos una Escuela
Latinoamericana de Medicina, tuviéramos una de
trovadores, o algo similar. Tal vez una especie de
taller. Sería un sueño que nos reuniéramos en Cuba, a
intercambiar, a formarnos, con toda la experiencia que
ustedes tienen en cuanto a nivel poético y musical. Que
pudiéramos estudiar las músicas auténticas de todo el
continente y lo mejor de la música universal. Esas
sonoridades proscritas. El mestizaje, la integración
cultural es la clave del éxito.
La música brasilera
ha logrado tal fuerza por la mezcla, la síntesis que ha
alcanzado de todas las culturas que ha tenido que
asimilar, de españoles, portugueses, alemanes,
italianos, a través de las tarantelas y también de los
ritmos negros y la música indígena. En esa fusión no
están interesados los grandes medios y poderes. Por eso
existen las visas, las fronteras, las exclusiones y
muchos otros mecanismos que persiguen impedir que nos
reconozcamos, nos abracemos, que sostengamos la memoria,
que alancemos la integración.
Debemos buscar no
solo la integridad económica, sino también la de nuestras
sociedades civiles y nuestras culturas.
Las vivencias son
importantes pero la canción debe tener un propósito. Se
está retomando, a la par de la toma de conciencia de los
pueblos, el concepto de canción necesaria, utilitaria,
la canción que sirva para... para algo.
Básicamente yo he
retomado la moraleja en la trova porque creo que la
sociedad latinoamericana está pasando por un momento de
crisis moral, ética, y la fábula, con su moraleja, ha
sido un elemento importante no solo de educación, sino
también de crítica.
Yo creo que una de
las críticas más agudas al capitalismo está en las
fábulas de Augusto Monterroso. Es una forma muy
inteligente y creativa de expresar.
Bueno, en Colombia,
hablar y cantar es difícil. Muchos trovadores han sido
desaparecidos. Hace casi dos años desaparecieron dos
muchachos que cantaban en las comunas de Medellín.
Hacían conciertos gratis en barrios y comunidades, y un
día llegó el ejército, los bajó del escenario, los
metieron en un camión porque hacían “terrorismo” y no se
les vio más. Ahora está la lucha por saber qué ha pasado
con ellos. Tenían un grupo que se llamaba Furia
constante o País constante. Mucha gente ha recibido
amenazas y hay censura. No desde lo constitucional,
nuestra constitución es un libro muy hermoso. Pero
existe la censura desde lo puntual. Vas a un bar y tocas
algo que se salga de lo romanticón y el dueño se pone en
alerta. Te dicen luego que la gente no quiere nada
social, que no va a ese lugar a oír eso. Y en los
grandes medios masivos ni hablar. Yo tengo una canción
“La fábula del gigante y el enano” que habla del 11 de
septiembre y de cómo el gobierno de los
EE.UU.
utilizó como pretexto el autoatentado a las torres
gemelas para invadir Oriente y posesionar tropas en
Iraq. Y cuando la toco esa gente se siente agredida, se
molesta de que le insulten al emperador. Pero esa es la
tarea, la lucha, el canto moviendo ideas.
Por ejemplo, en
Chile, a pesar de que hay muchos trovadores, todavía
existe una norma constitucional que impide tocar
canciones con temas políticos en lugares públicos. Eso
existe a pesar de hacer más de diez años que se fue del
poder Pinochet.
Otro aspecto
preocupante que he notado es la desaparición del músico
de la calle; a excepción de Brasil y Argentina. Tú no
puedes cantar en una calle de Ecuador, Bolivia, Colombia
o Chile. En Colombia hace unos diez años, un presidente,
impuso la tarjeta para el folclore. Tienes que
inscribirte y pasar por una comisión que analice tu
repertorio, y aspirar a una tarjeta que te autorice a
cantar en las calles. Licencia para trovar. Procesos de
censura que tienen los sistemas de nuestros países.
Y los medios masivos
están al servicio de la seudocultura de las
transnacionales, en los cuales la salida que puede tener
un trovador es inaudita.
Deberíamos generar un
gran portal en Internet de trovadores para difundir
nuestra canción. Hay algunos intentos como Trovacub,
donde se difunden algunos de esos valores de nuestra
música continental pero le falta desarrollo para que sea
de verdad un gran sitio de la canción latinoamericana de
donde se puedan bajar las canciones y conocer todo lo
que pasa con el movimiento trovadoresco. Donde se bajen
las canciones completas, no a mitad. No estoy de acuerdo
con que los trovadores se pongan delicados con el tema
de derecho de autor. Deben eliminarse, si no estamos
justificando que un carajo venga mañana y haga exclusiva
la patente de una vacuna contra el SIDA y deje morir a
la humanidad. La propiedad intelectual tiene que ser del
pueblo, y eso incluye las canciones, sobre todo las
nuestras. Y yo no le tengo particular miedo a eso, no
creo que un Ricky Martín se interese por alguna de mis
canciones. Y si un trovador viene y quiere cantar algo
mío, es un honor que me hace. Sería muy bueno que los
trovadores cantemos las canciones de otros, haríamos
circular mejor nuestros temas.
Nos hace falta
integrarnos y un gran sitio en Internet nos fundiría y
propagaría temas. Las canciones libres y la música libre
por Internet. Con dignidad y sin piratería obscena, pero
que la gente pueda disfrutar, pensar y soñar con las
canciones. Para eso es la música.
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