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La influencia norteamericana
en la arquitectura habanera (1898-1959)
Francisco D. Morillas Valdés y Marlene Marjorie Del Valle Torres
La Habana

 

“De Ciudad apacible, un tanto española,
indolentemente recostada a la orilla del
mar azul como la de todas las leyendas,
se ha troncado en un periodo bastante corto
en Ciudad avanzada, sorprendentemente
activa, con un incipiente carácter cosmopolita”.
ALEJO CARPENTIER

LA HABANA DEL SIGLO XIX.

Finalizando el siglo XIX, la Isla de Cuba se había constituido en la ultima posesión española en América, por estos años se fue concentrando la mayor parte de sus exportaciones e importaciones en el mercado norteamericano, lo que trajo como consecuencia un proceso acelerado de norte americanización en la Isla, a partir de las distintas formas de dependencia económica que desde mediado del siglo XIX se venían observando hacia los EEUU, y que, con la intervención de 1898, la implantación de la Enmienda Platt y el Tratado de Reciprocidad Comercial se fue consolidando. 

Durante el siglo XIX la Habana era prácticamente una ciudad detenida en el tiempo.   A pesar de que había recibido desde muy temprano algunas mejoras de la civilización moderna, estaba estancada, aplastada por la escasa visión del colonialismo español.   A lo largo del mismo siglo XIX, la Ciudad de la Habana, había sufrido un proceso de expansión en que a la estructura en cuadricula del casco antiguo se opuso una organización territorial basada en el trazado de las calzadas, algunas calles fueron pavimentadas con macadán, sistema que entonces representaba un avance con relación a otros utilizado en la misma capital, los cuales mantenía las calles en mal estado.   

La Zanja Real construida en el siglo XVI,  que era la fuente principal para el abastecimiento de agua de la población habanera, fue sustituida por el acueducto de Albear, además se produjeron mejoras en el transporte, con la instalación de la línea de ferrocarril entre la Habana y Bejucal y su paulatina multiplicación, lo cual favoreció a las comunidades con las zonas productivas aledañas y contribuyó al surgimiento y desarrollo de grupos poblacionales a lo largo de su recorrido. 

En el orden económico, la ciudad se caracteriza por el desarrollo agrícola en sus primeros tiempos, además de que ya para los años iniciales del siglo XVII se cuenta con verdaderos latifundios ganaderos. 

Así, en la zona aparecerá gran cantidad de árboles que facilitan la explotación comercial.   Al igual que las canteras de San Lázaro se constituyen en una inapreciable fuente de materiales de construcción.   Así mismo, con la esclavitud urbana y la presencia de los chinos contratados, apoyados en la legislación vigente, propiciaron un acelerado desarrollo económico conduciendo a la isla a la participación de un mercado capitalista. 

Entre los años 1833 y 1862, con el auge de la industria del tabaco y del cigarro en la capital, los chinos comienzan a desarrollar sus propios mecanismo de subsistencia, dando origen a lo que se conoce como el Barrio Chino en las calle Zanja, Dragones, San Nicolás y Rayo, dando así origen a una nueva comunidad cultural y económica en la ciudad. 

Ya finalizando siglo XIX, ante los cambios acaecidos y la permanente demanda de fuerza de trabajo para el desarrollo socioeconómico de la Isla, arriban a al país oleadas de norteamericanos, quienes tras la frustración de la independencia de Cuba se fueron estableciendo en nuestro territorio e invirtiendo sus capitales.   Aunque los primeros registro historiográficos nos plantean que desde décadas antes de los rebeldes norteamericanos liderados por Georges Washington contra el dominio británico, ya Cuba era visitada y conocida por quienes habitaban las trece colonias, así por distintos motivos, criollos de la Isla frecuentaban el territorio norteamericano también desde antes de la guerra de independencia, entre 1775 y 1783;  hubo cubanos que combatieron en esta y en la guerra civil entre el Norte y el Sur (1861-1865), y oficiales y soldados estadounidenses que lucharon por la libertad de Cuba durante las gestas de 1968-1895[1]

Esta inmigración norteamericana puede observarse durante los siglos XVIII y XIX y en particular desde el año 1818, tras la Ley de Libre de Comercio para el fomento de ingenios azucareros, plantaciones de caña y almacenes, siendo esta los albores de lo que luego seria la gran influencia norteamericana en nuestra cultura, comprendida entre los años 1902-1959. 

Los registros del periodo colonial marcan el mayor peso de la inmigración norteamericana en el occidente del país, con un 93,55% en 1861 y un 83,24% en 1899, un estimado algo superior a 7 de cada 10 habitantes en La Habana, como centro del poder político y administrativo donde fueron establecidos los grandes negocios por las compañías, así como la construcción y dirección de toda la infraestructura necesaria.   Así como también se fueron apropiando de las principales tierras fértiles, la industria, el comercio exterior, las comunicaciones, los bancos y los servicios; no sólo mediante varios asentamientos urbanos, azucareros, mineros y agrícolas en que las compañías transnacionales desempeñaron un papel decisivo en la vida económica y política del país[2]

Desde el punto de vista de sus componentes estéticos, la Habana del siglo XIX se caracterizo por el uso indiscriminado de recursos formales neoclásicos y barrocos mezclados con los elementos aportados por los constructores locales en respuesta a los requerimientos del clima y a las actividades económicas propia de la colonia y que convertidas ya en tradicionales fueron sancionadas en las propias ordenanzas de construcción. 

El atraso en que había sumido la Metrópoli a Cuba se ponía de manifiesto al analizar el estado en que se encontraba el sistema de enseñanza y las condiciones sanitarias del país.   Las escuelas y hospitales, así como la higiene pública, se convirtieron en elementos de especial interés para los funcionarios del gobierno interventor, pues eran factores de capital consideración para su propia supervivencia.   En consecuencia decidieron modificar la situación de estos sectores, y por diferentes vías comenzaron a introducir ciertas nociones y recursos de la civilización moderna. 

Para disminuir las condiciones de insalubridad de La Habana empezaron dictando un complejo de medidas organizativas que no requerían de mayores inversiones, pero que contribuían a darle otro aspecto a la capital.   Así, trajeron ingenieros sanitarios de los Estados Unidos, quienes realizaron diversas propuestas para el saneamiento de la Ciudad, tema de frecuente debate en la prensa; encaminaron ingentes esfuerzos a la construcción del Malecón, foco fundamental de infección de la capital y, además, iniciaron la realización de un proyecto de pavimentación y alcantarillado de la ciudad, cuyo estudio y contratación se entregaron a compañías norteamericanas. 

Consecuentemente, las principales obras publicas ejecutadas en la Capital  durante el periodo de la primera intervención tienen que ver con las construcciones civiles y sanitarias y con la edificación de hospitales y escuelas, entre las que se destacaron la terminación del Malecón desde la Punta hasta la calle Lealtad: el hospital No. 1 en el área ocupada con posterioridad por el Hospital Calixto García; el hospital Las Animas, conocido con anterioridad como Hospital Las Animas, conocido con anterioridad como Hospital Municipal Los Ángeles y ampliado con varios edificios de madera para laboratorio y pabellones de enfermos, entre otras instalaciones, realizado a fin de aislar los casos de fiebre amarilla de la ciudad.   Se hicieron también reformas en el Hospital de dementes (Mazorra), en la Academia de Ciencias Medicas, Físicas y Naturales y otras dependencias de la administración pública. 

A partir de la intervención directa del ejercito norteamericano en la guerra hispano cubana, esta se caracterizo por la utilización de formulas muy diversas encaminadas a la asimilación absoluta de la Isla mediante el control de los diferentes planos de la vida económica, política y social del país.   La transformación de Cuba de una colonia española en una neocolonia yanki implicaba cambios no solo en la estructura económica y política del país, sino también en otras esferas de la vida social y cultural del país[3]

En los años transcurridos entre 1898-1902 entraron en la Isla alrededor de treinta millones de dólares, sin incluir la deuda publica[4]   Capital dirigido fundamentalmente a la compra de tierras cultivables, en su gran mayoría de la región oriental, así como las inversiones en el transporte ferroviario, los servicios públicos, la industria minera y la industria azucarera, principal renglón de interés por las empresas norteamericanas. 

CARACTERISTICAS ESPECÍFICAS DE LA ARQUITECTURA Y EL URBANISMO EN LA ZONA DE EXTRAMUROS. 

Ya en siglo XVI se comienza la construcción de la muralla, limite físico que persiste hasta finales del siglo XVIII.    La Ciudad crecía cada vez mas, formándose así dos ciudades: La Habana antigua (intramuros y La Habana nueva o moderna (extramuros), según se le llamo en esa época. 

Mientras la aristocracia sigue asentada en el primitivo casco urbano, donde se levantaban las mansiones señoriales, las clases de escasos recursos quedarían compactadas en las margines internas de la Ciudad Vieja, asentadote entonces en extramuros a lo largo de las Calzadas de comunicación en los barrios de Guadalupe y Jesús Maria bordeando la calzada de Monte. 

En el pueblo general de la ciudad se hace visible la ocupación diferenciada de las manzanas por los diversos  grupos sociales: a la estricta geometría de los palacios se contrapone el aplanamiento desordenado de las viviendas periféricas, producto de una subdivisión irregular y fragmentaria de los terrenos. 

La Alameda de extramuros constituye, en un segundo decenio del siglo XIX, el eje planificado de la futura expansión urbana, contrastando con la irregularidad de los minifundios agrícolas  (los huertos, estancias, vegas, molinos e ingenios), situados en las cercanías de la ciudad, y el desarrollo espontáneo de las viviendas a lo largo de las calzadas de comunicación. 

A partir del siglo XIX, se inicia la expansión sobre los territorios en un doble proceso de concentración y dispersión en la medida en que las clases sin recursos (esclavos, artesanos, trabajadores en general) se apiñan en las cercanías de los asentamientos de las clases dominantes; esta buscara de modo recurrente los espacios físicamente privilegiados y socialmente incontaminados, mientras los centros productivos, marginados cada vez con mayor fuerza, del hábitat burgués y de los centros de la vida social, nuclearan alrededor de los barrios proletarios, ajenos a la ciudad monumental y representativa. 

Es a partir de 1817 que se establece una reglamentación para controlar el trazado urbano de extramuros, cuya norma fijada por Antonio Maria de la Torres, estableciendo las dimensiones de las cuadriculas y de las calles en las zonas comprendidas entre Prado, Reina, Belascoain y el Litoral.   A medida que la ciudad se expande, 1850, la ciudad llega a la calle Galiano, en 1870 sobrepasa la calzada de Belacoaín y en 1900 alcanza la calzada de Infanta.   El esquematismo es sustituido por normas mas estrictas y detalladas, pero estas no establecen indicaciones con respecto a la zonificación, ya que siempre se hace referencia al hábitat, la creación de un sistema de avenidas (Prado, Galiano, Belascoaín y Infanta) caracterizada por los altos portales continuos, de origen vasco, identificadas  estas estructuras con las actividades comerciales.   El portal se impondrá también en las zonas de vivienda, como elemento arquitectónico obligatorio, aunque limitado al uso privado mientras, es publico en las calzadas y avenidas constituyendo un factor básico de la fisonomía ambiental de la Habana. 

Las manzanas correspondientes a Belascoaín, Lucena, Márquez González y Oquendo son urbanizadas oficialmente a partir de 1880 pero toda agregada a lo que se conoce como barrio de San Lázaro, tenía un área para uso comunal que correspondía con la manzana 17 y que después se convertiría en el conocido Parque Trillo.   Esta zona no fue preferida por la floreciente burguesía criolla que se instalaba en las zonas periféricas. 

La tendencia general de la actividad constructiva en un principio es hacia las casas uní planta, siendo la cuartearía y el solar ya desde fechas tempranas, la mayoría de estas casas eran de madera es por lo que su construcción era sumamente barata y no se gastaron altas sumas para obras arquitectónicas de valor artísticos, en lugares caracterizados en se bajos y cenagosos.

La forma de desarrollo de esta zona, puede señalarse que se produce extendiéndose en superficie, sin planificación de proceso de urbanización alguna. 

El habitad de ella se caracteriza por la explotación de un área pequeña de terreno  de innumerables espacios habitables, donde no se gastan grandes sumas para su construcción. 

Los residentes de estos inmuebles en su mayoría artesanos pertenecían al sector de los tabaqueros, carpinteros, carretoneros, estibadores del puerto y pequeña burguesía. 

Ya con fecha de 20 de abril de 1912, por acuerdo 730, del ayuntamiento de la Habana, se decide alterar la dimensión territorial de los barrios, y será el 26 de julio de 1912, en que se fija definitivamente esta división, quedando constituido el barrio de Cayo Hueso. 

Consecuentemente, las principales obras publicas ejecutadas en la capital  durante el periodo de la primera intervención tienen que ver con las construcciones civiles y sanitarias y con la edificación de hospitales y escuelas, entre las que se destacaron la terminación del Malecón desde la Punta hasta la calle Lealtad: el hospital No. 1 en el área ocupada con posterioridad por el Hospital Calixto García; el hospital Las Animas, conocido con anterioridad como Hospital Las Animas, conocido con anterioridad como Hospital Municipal Los Ángeles y ampliado con varios edificios de madera para laboratorio y pabellones de enfermos, entre otras instalaciones, realizado a fin de aislar los casos de fiebre amarilla de la ciudad.   Se hicieron también reformas en el Hospital de dementes (Mazorra), en la Academia de Ciencias Medicas, Físicas y Naturales y otras dependencias de la administración pública. 

A partir de la intervención directa del ejercito norteamericano en la guerra hispano cubana, esta se caracterizo por la utilización de formulas muy diversas encaminadas a la asimilación absoluta de la Isla mediante el control de los diferentes planos de la vida económica, política y social del país.   La transformación de Cuba de una colonia española en una neo colonia yanki implicaba cambios no solo en la estructura económica y política del país, sino también en otras esferas de la vida social y cultural del país[5]

En los años transcurridos entre 1898-1902 entraron en la Isla alrededor de treinta millones de dólares, sin incluir la deuda publica[6]   Capital dirigido fundamentalmente a la compra de tierras cultivables, en su gran mayoría de la región oriental, así como las inversiones en el transporte ferroviario, los servicios públicos, la industria minera y la industria azucarera, principal renglón de interés por las empresas norteamericanas. 

Con la primera intervención de 1898 a 1902 y bajo el gobierno del General Leonald Wood se impulso el proceso de norte americanización de la sociedad cubana, el cual incluía la reconstrucción de edificios, paseos y parques, la creación del Ferrocarril Central, la creación de una red de tranvía eléctricos en La Habana, el perfeccionamiento del sistema del alcantarillado y la pavimentación con asfalto de las calles de la ciudad.   Estas acciones fueron emprendida por las compañías que después de la intervención se establecieron, entre las que se destacan: The Barber Asfalt Paving Co, La Purdy and Herdenson Co., La G.H. Atkinson, la Wilkinson the Snare and Triest Co., Entre otras[7]

Con la primera intervención de 1898 a 1902 y bajo el gobierno del General Leonald Wood se impulso el proceso de norte americanización de la sociedad cubana, el cual incluía la reconstrucción de edificios, paseos y parques, la creación del Ferrocarril Central, la creación de una red de tranvía eléctricos en La Habana, el perfeccionamiento del sistema del alcantarillado y la pavimentación con asfalto de las calles de la ciudad.   Estas acciones fueron emprendida por las compañías que después de la intervención se establecieron, entre las que se destacan: The Barber Asfalt Paving Co, La Purdy and Herdenson Co., La G.H. Atkinson, la Wilkinson the Snare and Triest Co., Entre otras[8]

EN BUSCA DE UN NUEVO ESPIRITU. 

Con el nacimiento de la republica, la evolución económica de la ciudad incidirá fundamentalmente en el desarrollo del comercio, al calor de la iniciativa privada y el capital extranjero, de tal modo que a lo largo de las arterias principales del centro de la ciudad, así vemos el desarrollo a partir de este capital privado en las calles de Galiano, San Rafael, Neptuno, Belascoaín y Reina, donde se pudieron ver establecimientos comerciales muy modestos hasta grandes tiendas por departamentos de estilo francés y norteamericano, dirigida fundamentalmente a la burguesía, así nace el Encanto, surgido en 1878.   De igual forma, para 1924 la compañía F.W. Woolworth inaugura su primer “Ten-Cents”, para la venta de artículos de importación.   En 1938, se establecen los almacenes “Ultra”, para satisfacer las demandas de todas las esferas sociales de la capital, por lo que después surgen “La Época”, “Sears”, “Fin de Siglo” y “Flogar”,  entre otras que con carácter más popular surgen “La Casa de los Tres Centavos”. 

Conjuntamente se desarrolla la Banca y la industria del tabaco, al margen de ramas industriales como jabonaría y perfumería y la de goma neumática, ambas de procedencia norteamericana.  

La Habana y Santiago de Cuba fueron las únicas villas que mantuvieron un desarrollo urbano continuo durante todo el periodo colonial, dejando a la zaga las restantes villas lo que permitió la consolidación de una imagen urbana arquitectónica a partir de la acción de artesanos, maestros de obras y arquitectos en la transmisión de una tradición constructiva vernáculas. Esta había comenzado el proceso de modernización a partir de la segunda mitad del siglo XIX, con la demolición de las murallas citadinas en 1863 y la urbanización de los terrenos que tras ella se encontraba. 

A partir de la concentración de tantas ofertas para el modus vivendis y dando respuesta a las necesidades siempre crecientes de la población, se desarrollan los servicios gastronómicos, así como las instalaciones culturales, cine, teatros y cabaret. 

Se levantaron edificios de tres plantas con esquinas achaflanadas y estructuras de hierro, esta se vio surcada con un nuevo sistema de calzada, galerías y portales en su frente, así como un conjunto de calles anchas provistas de portales.   Así vemos en la zona de las murallas el palacio de la marquesa Villalba (1872-1877), el Hotel Pasaje (1876), el teatro Payret (1877), el Mercado de Colon (1871), y la Manzana de Gómez (1895), todas estas infraestructuras presentaban altas arcadas y la decoración neoclasicista ecléctica, y la utilización del hierro, propio de los modelos metropolitanos llegados de España, Francia y los EEUU. 

En la zona del vedado, se siguieron utilizando los modelos de las casas de una sola planta con jardín, herencia de los franceses y de los modelos ingleses de la ciudad jardín de Ebenecer Howard. 

LA LLEGADA DE UN NUEVO SIGLO 

Con la llegada del siglo XX y la intervención norteamericana se incremento la presencia de compañías constructoras, sean estas de origen norteamericanas, españolas o cubanas, las cuales contribuyeron a la formación arquitectónica de la ciudad; ampliando en su sistema constructivo las estructuras metálicas, técnicas como el hormigón armado, el colado, el moldeo, el machihembrado, el tingladillo con materiales como el yeso, el cemento, el acero, la piedra artificial, que tributaron a la ampliación del panorama expresivo de nuestra arquitectura y de la imagen de la ciudad. 

La penetración del capital extranjero se hace aun más evidente con la presencia de las más fuertes e influyentes compañías norteamericanas en el territorio de Centro Habana, de la “Cuban Telephone Company” y la “Compañía Cubana de Electricidad” implantada ambas desde la época colonial. 

Estas construcciones constaron con personal formado en las escuelas profesionales, así como arquitectos e ingenieros formados en la Europa y sobre todo en los EEUU, trayendo como consecuencia la complejidad técnica en las obras y la fundación en 1900 de la Escuela de Ingenieros, electricistas y arquitectos.

Con el propósito de cada arquitecto de crear modelos irrepetibles coexistieron en La Habana edificios con diferentes estilos, neomoriscos, neobarrocos, Art. nouveau, así como la construcción acelerada de hoteles, fabricas, oficinas, edificios de apartamentos, bancos, sociedades culturales, teatros, cines y viviendas, por lo que se llevo a calificar a La Habana como el vértigo de la piedra. 

El primer edificio fue construido en el año 1896 y se le llamo la casa nueva, financiado por una compañía inglesa, poco después fueron edificados el Banco Nacional de Cuba y la Lonja del Comercio en los años 1907 y 1908 respectivamente. 

En toda esta vorágine de construcciones el Estado apenas invertida por que el capital provenía fundamentalmente de las compañías norteamericanas.  Con este capital privado se fue desarrollando zonas como el vedado, Miramar y Marianaó que entre otras  se encontraban en la periferia de la ciudad, bajo el paradigma estético norteamericano.  De todo esto comenta el arquitecto cubano Joaquín Weiss “la reacción contra España debía excluir tanto su arquitectura como la nuestra derivada de ella. La joven republica quería lucir nuevas galas y repudiaba todo traje que le recordara su pasado histórico”. 

Toda esta monumentalidad arquitectónica tenia como fin explicito un programa ideológico donde la impronta norteamericana  marcaría nuestras raíces identitarías con códigos como Meaux Arts que tras el éxito de la World Columbian Expositión floreció en los Estados Unidos por los años 1893, así vemos edificios como la Terminal de Trenes 1912, La Aduana 1914,y el Hotel Nacional 1930 ,otros edificios con el diseño de arquitectos norteamericanos en la Habana fueron el Hotel Sevilla Baltimore 1921, The Nacional City Bank of New Cork 1925, edificado sobre las ruinas de lo que fue el convento de las Catalinas el la Habana Vieja, El casino Nacional, El American Jockey Club y la Concha en Marianaó en 1928 estos últimos diseñados por Schutte And Wearver similares a los de Miami y los Ángeles.

Poco apoco se fue imponiendo el modo de vida norteamericano, con sus gustos, confort y mentalidad, que coinciden con el deseo de transformar la imagen citadina y el centro urbano, paradigma de la nueva vida republicana. 

Con el periodo de gobierno de Gerardo Machado (1925-1933) se emprende el proyecto del Plano de la Habana, bajo la dirección del Secretario de Obras Publicas Carlos Miguel de Céspedes, el cual perseguía transformar el rostro colonial de la ciudad, inspirado por los conceptos norteamericanos del City Beatiful y el Regional Park Monument, a fin de hacer de La Habana un centro turístico y un centro monumental de referencia en el área del Caribe y América Latina. 

El proyecto consistía en la unión de la capital con la periferia, la evocación de un centro urbano y la conservación del centro histórico.   El eje central se articula en torno a una nueva plaza, la de la Republica, con anchas avenidas con los que se formarían una gran cruz urbana, la que se dirige hacia el este articularía la nueva terminar marítima y ferroviaria en la bahía de Atares, el cual constaría de un lago que se complementaria con el arbolado, tres anillos concéntricos y un sistema  de vías radiales y diagonales, con frecuencia ajardinados, estaban previstos para unir transversalmente los nuevos barrios y la costa oeste de la Ciudad Miramar con la parte Este (La Habana Vieja, La Víbora, El Cerro y Regla). 

El paradigma arquitectónico que articularía este proyecto seria el Capitolio Nacional, replica del de Washington (1929) caracterizado por él más severo clasicismo y monumentalidad devenido en símbolo del poder en un país inmerso en una profunda crisis económica y política. 
 


DE LA ARQUITECTURA AL MODO DE VIDA AMERICANO
 

Con la penetración del capital norteamericano y su influencia en todas las áreas de la cultura, la economía y la política en Cuba, se fueron asimilando los distintos códigos de comportamientos de la nueva metrópolis por parte de la burguesía en contraposición a los mantenidos durante el siglo XIX.   Ahora había una identificación más plena con los hábitos norteamericanos que con los de raíz hispana o francesa que  habían dominado anteriormente.   Esta influencia se constata con mayor énfasis en la concepción aplicada a la vivienda la cual vario en los usos de sus espacios.   Así en las nuevas construcciones se introdujeron bares, dinning rooms, halls, pantrys, garden palms, junto a otras dependencias donde se realizaban los cocktails, partys[9], y otros eventos sociales propios de la cultura impuesta. 

En el plano ideológico cultural y cultural, la penetración norteamericana adquirió formas muy diversas a lo largo de la republica neocolonial, en dependencia de las circunstancias históricas concretas, en un proceso que había comenzado desde el siglo XIX.   Sin embargo el periodo que abarca el periodo 1898-1921constituye el de mayor importancia por el establecimiento de los principales mecanismos de penetración encaminados a apoderarse del país. 

La vivienda en la Habana se caracterizaba en lo esencial por la presencia de hall o vestíbulo, y que se concebía como un recinto de lujo decorado con mármoles, estucos y mobiliario acorde a los gustos decorativos de la época, y  que comunicaba con las demás dependencias de la casa y que sustituía el patio interior colonial. 

Las salas a diferencia de aquellas de corte colonial del siglo XIX se advierte notables diferencias en cuanto a mobiliario, decoración y los repertivos usos de los mismos.   La sala de las viviendas coloniales se diferenciaba por el clasicismo dominante en la decoración adoptada, a diferencia de los nuevos gustos estéticos adoptados por la burguesía dominante que se identificaba con los nuevos modelos estéticos y su propuesta ideológica-cultural.   Si la sala servia en la colonia para tertulias entre otros fines, en los nuevos tiempos se caracterizaba por ser el espacio para brillantes fiestas y bailes de difrases, carnavales de inviernos y la presencia de numeroso invitados[10].  

Las nuevas viviendas asumieron diferentes tamaños de acuerdo al poder adquisitivo de los propietarios, por lo general se construían con el sistema ballon frame de procedencia norteamericana, se trataba de viviendas aisladas, con amplias galerías, jardines frontales o laterales, que les ponían en contacto con la naturaleza circundante, carente de patio interior, al presentar una estructura comparta con techos ha cuatro aguas que drenaban al exterior y guardilla en la parte superior de la vivienda, que tenían una ventana que ventilaban el desván. Eran similares a las de estirpe victoriana diseminada por todo el Caribe. 

Los espacios de uso colectivo reflejaron la nueva cultura entre la población, como hitos urbanísticos vinculados al devenir de la sociedad, experimentando cambios relacionados con sus funciones.   Algunas heredadas de la colonia se mantuvieron, pero condicionadas por el carácter y el ritmo de la nueva vida. Se agudizaron las diferencias de clase, raciales y nacionales al cobrar la vida social nuevos matices, los ciudadanos se nuclearon por separados según un posición social , así los vemos en clubes y sociedades como el Habana “Yath Club”, el “Vedado Tennis Club” y el “Country Club” de la Habana, “La Sociedad Económica de Amigos del País”, “La Academia de Ciencias Medicas, Físicas y Naturales de la Habana”, a las cuales no podían pertenecer los negros[11], los descendientes de españoles, chinos y franceses se congregaban en asociaciones que para esos fines surgían, así vemos la “Sociedad de Asturianos”, el “Centro Gallego”, “La Asociación de Dependientes del Comercio”, “La Colonia Española”,  o el “Grop Cataluña”, así también vemos a las personas de color se congregaban en las “Sociedades de Pardos y Morenos”.  

BIBLIOGRAFIA. 

1.    Orozco Melgar, Maria Elena y Feitas Monnar, Maria Teresa en: “El desplazamiento de modelos: influencias norteamericanas en la arquitectura y el urbanismo y los modos de vida en la Habana y Santiago de Cuba (1898-1930) en: Revista del Caribe. No. 42. 2003.

2.    Carmen V. Montejo Arrechea.  “Sociedades Negras en Cuba”. (1878-1960)  Editorial Ciencias Sociales, La Habana,  2004.

3.    Llanes Llilian. “1898-1921. La transformación de la Habana a través de la arquitectura”.  Editorial Letras Cubanas, La Habana. Cuba. 1993.

4.    Guanche, Jesús. “Componentes étnicos de la nación cubana”  La Habana, Cuba.

5.    Vega Suñol, José.  Norteamericanos en Cuba. Estudio etno histórico.  Colección La Fuente Viva.   Fundación Fernando Ortiz.   La Habana, 2004.

6.    De la Pezuela, Jacobo.   Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de la Isla de Cuba.    Madrid, Mellado 1863.

7.    Weiss Joaquín, Arquitectura Colonial Cubana. T.1. La Habana, Cuba, 1972.

8.    Valdés, Antonio José: Historia de la Isla de Cuba y en espacial de la Habana.   La Habana, comisión nacional cubana de la UNESCO,  1964.
 

NOTAS

[1] Vega Suñol, José.  Norteamericanos en Cuba. Estudio etnohistorico.  Colección La Fuente Viva.   Fundación Fernando Ortiz.   La Habana, 2004. P. 6

[2] Guanche, Jesús. “Componentes étnicos de la nación cubana”  La Habana, Cuba.

[3] Llanes Llilian. 1898-1921. La transformación de la Habana a través de la arquitectura.  Editorial Letras Cubanas, La Habana. Cuba. 1993. P. 12

[4] Edward Kirkland.  Historia Económica de los Estados Unidos. P. 635

[5] Llanes Llilian. 1898-1921. La transformación de la Habana a través de la arquitectura.  Editorial Letras Cubanas, La Habana. Cuba. 1993. P. 12

[6] Edward Kirkland.  Historia Económica de los Estados Unidos. P. 635

[7] Luoisiana Planter.   Citado por Leland Jenks. Nuestra Colonia de Cuba.  P. 139

[8] Ídem.

[9] Orozco Melgar, Maria Elena y Feitas Monnar, Maria Teresa en: “El desplazamiento de modelos: influencias norteamericanas en la arquitectura y el urbanismo y los modos de vida en la Habana y Santiago de Cuba (1898-1930) en: Revista del Caribe. No. 42. 2003. Pág. 69

[10] Ídem.

[11] Carmen V. Montejo Arrechea.  “Sociedades Negras en Cuba”. (1878-1960)  Editorial Ciencias Sociales, La Habana,  2004. Pág. 7

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