|
“De Ciudad apacible, un tanto española,
indolentemente recostada a la orilla del
mar azul como la de todas las leyendas,
se ha troncado en un periodo bastante corto
en Ciudad avanzada, sorprendentemente
activa, con un incipiente carácter cosmopolita”.
ALEJO CARPENTIER
LA HABANA DEL
SIGLO XIX.
Finalizando el siglo XIX, la Isla de Cuba se había
constituido en la ultima posesión española en América,
por estos años se fue concentrando la mayor parte de sus
exportaciones e importaciones en el mercado
norteamericano, lo que trajo como consecuencia un
proceso acelerado de norte americanización en la Isla, a
partir de las distintas formas de dependencia económica
que desde mediado del siglo XIX se venían observando
hacia los EEUU, y que, con la intervención de 1898, la
implantación de la Enmienda Platt y el Tratado de
Reciprocidad Comercial se fue consolidando.
Durante el siglo XIX la Habana era prácticamente una
ciudad detenida en el tiempo. A pesar de que había
recibido desde muy temprano algunas mejoras de la
civilización moderna, estaba estancada, aplastada por la
escasa visión del colonialismo español. A lo largo del
mismo siglo XIX, la Ciudad de la Habana, había sufrido
un proceso de expansión en que a la estructura en
cuadricula del casco antiguo se opuso una organización
territorial basada en el trazado de las calzadas,
algunas calles fueron pavimentadas con macadán, sistema
que entonces representaba un avance con relación a otros
utilizado en la misma capital, los cuales mantenía las
calles en mal estado.
La Zanja Real construida en el siglo XVI, que era la
fuente principal para el abastecimiento de agua de la
población habanera, fue sustituida por el acueducto de
Albear, además se produjeron mejoras en el transporte,
con la instalación de la línea de ferrocarril entre la
Habana y Bejucal y su paulatina multiplicación, lo cual
favoreció a las comunidades con las zonas productivas
aledañas y contribuyó al surgimiento y desarrollo de
grupos poblacionales a lo largo de su recorrido.
En el orden económico, la ciudad se caracteriza por el
desarrollo agrícola en sus primeros tiempos, además de
que ya para los años iniciales del siglo XVII se cuenta
con verdaderos latifundios ganaderos.
Así, en la zona aparecerá gran cantidad de árboles que
facilitan la explotación comercial. Al igual que las
canteras de San Lázaro se constituyen en una
inapreciable fuente de materiales de construcción. Así
mismo, con la esclavitud urbana y la presencia de los
chinos contratados, apoyados en la legislación vigente,
propiciaron un acelerado desarrollo económico
conduciendo a la isla a la participación de un mercado
capitalista.
Entre los años 1833 y 1862, con el auge de la industria
del tabaco y del cigarro en la capital, los chinos
comienzan a desarrollar sus propios mecanismo de
subsistencia, dando origen a lo que se conoce como el
Barrio Chino en las calle Zanja, Dragones, San Nicolás y
Rayo, dando así origen a una nueva comunidad cultural y
económica en la ciudad.
Ya finalizando siglo XIX, ante los cambios acaecidos y
la permanente demanda de fuerza de trabajo para el
desarrollo socioeconómico de la Isla, arriban a al país
oleadas de norteamericanos, quienes tras la frustración
de la independencia de Cuba se fueron estableciendo en
nuestro territorio e invirtiendo sus capitales. Aunque
los primeros registro historiográficos nos plantean que
desde décadas antes de los rebeldes norteamericanos
liderados por Georges Washington contra el dominio
británico, ya Cuba era visitada y conocida por quienes
habitaban las trece colonias, así por distintos motivos,
criollos de la Isla frecuentaban el territorio
norteamericano también desde antes de la guerra de
independencia, entre 1775 y 1783; hubo cubanos que
combatieron en esta y en la guerra civil entre el Norte
y el Sur (1861-1865), y oficiales y soldados
estadounidenses que lucharon por la libertad de Cuba
durante las gestas de 1968-1895.
Esta inmigración norteamericana puede observarse durante
los siglos XVIII y XIX y en particular desde el año
1818, tras la Ley de Libre de Comercio para el fomento
de ingenios azucareros, plantaciones de caña y
almacenes, siendo esta los albores de lo que luego seria
la gran influencia norteamericana en nuestra cultura,
comprendida entre los años 1902-1959.
Los registros del periodo colonial marcan el mayor peso
de la inmigración norteamericana en el occidente del
país, con un 93,55% en 1861 y un 83,24% en 1899, un
estimado algo superior a 7 de cada 10 habitantes en La
Habana, como centro del poder político y administrativo
donde fueron establecidos los grandes negocios por las
compañías, así como la construcción y dirección de toda
la infraestructura necesaria. Así como también se
fueron apropiando de las principales tierras fértiles,
la industria, el comercio exterior, las comunicaciones,
los bancos y los servicios; no sólo mediante varios
asentamientos urbanos, azucareros, mineros y agrícolas
en que las compañías transnacionales desempeñaron un
papel decisivo en la vida económica y política del país.
Desde el punto de vista de sus componentes estéticos, la
Habana del siglo XIX se caracterizo por el uso
indiscriminado de recursos formales neoclásicos y
barrocos mezclados con los elementos aportados por los
constructores locales en respuesta a los requerimientos
del clima y a las actividades económicas propia de la
colonia y que convertidas ya en tradicionales fueron
sancionadas en las propias ordenanzas de construcción.
El atraso en que había sumido la Metrópoli a Cuba se
ponía de manifiesto al analizar el estado en que se
encontraba el sistema de enseñanza y las condiciones
sanitarias del país. Las escuelas y hospitales, así
como la higiene pública, se convirtieron en elementos de
especial interés para los funcionarios del gobierno
interventor, pues eran factores de capital consideración
para su propia supervivencia. En consecuencia
decidieron modificar la situación de estos sectores, y
por diferentes vías comenzaron a introducir ciertas
nociones y recursos de la civilización moderna.
Para disminuir las condiciones de insalubridad de La
Habana empezaron dictando un complejo de medidas
organizativas que no requerían de mayores inversiones,
pero que contribuían a darle otro aspecto a la
capital. Así, trajeron ingenieros sanitarios de los
Estados Unidos, quienes realizaron diversas propuestas
para el saneamiento de la Ciudad, tema de frecuente
debate en la prensa; encaminaron ingentes esfuerzos a la
construcción del Malecón, foco fundamental de infección
de la capital y, además, iniciaron la realización de un
proyecto de pavimentación y alcantarillado de la ciudad,
cuyo estudio y contratación se entregaron a compañías
norteamericanas.
Consecuentemente, las principales obras publicas
ejecutadas en la Capital durante el periodo de la
primera intervención tienen que ver con las
construcciones civiles y sanitarias y con la edificación
de hospitales y escuelas, entre las que se destacaron la
terminación del Malecón desde la Punta hasta la calle
Lealtad: el hospital No. 1 en el área ocupada con
posterioridad por el Hospital Calixto García; el
hospital Las Animas, conocido con anterioridad como
Hospital Las Animas, conocido con anterioridad como
Hospital Municipal Los Ángeles y ampliado con varios
edificios de madera para laboratorio y pabellones de
enfermos, entre otras instalaciones, realizado a fin de
aislar los casos de fiebre amarilla de la ciudad. Se
hicieron también reformas en el Hospital de dementes
(Mazorra), en la Academia de Ciencias Medicas, Físicas y
Naturales y otras dependencias de la administración
pública.
A partir de la intervención directa del ejercito
norteamericano en la guerra hispano cubana, esta se
caracterizo por la utilización de formulas muy diversas
encaminadas a la asimilación absoluta de la Isla
mediante el control de los diferentes planos de la vida
económica, política y social del país. La
transformación de Cuba de una colonia española en una
neocolonia yanki implicaba cambios no solo en la
estructura económica y política del país, sino también
en otras esferas de la vida social y cultural del país.
En los años transcurridos entre 1898-1902 entraron en la
Isla alrededor de treinta millones de dólares, sin
incluir la deuda publica
Capital dirigido fundamentalmente a la compra de tierras
cultivables, en su gran mayoría de la región oriental,
así como las inversiones en el transporte ferroviario,
los servicios públicos, la industria minera y la
industria azucarera, principal renglón de interés por
las empresas norteamericanas.
CARACTERISTICAS ESPECÍFICAS DE LA ARQUITECTURA Y EL
URBANISMO EN LA ZONA DE EXTRAMUROS.
Ya en siglo XVI se comienza la construcción de la
muralla, limite físico que persiste hasta finales del
siglo XVIII. La Ciudad crecía cada vez mas,
formándose así dos ciudades: La Habana antigua
(intramuros y La Habana nueva o moderna (extramuros),
según se le llamo en esa época.
Mientras la aristocracia sigue asentada en el primitivo
casco urbano, donde se levantaban las mansiones
señoriales, las clases de escasos recursos quedarían
compactadas en las margines internas de la Ciudad Vieja,
asentadote entonces en extramuros a lo largo de las
Calzadas de comunicación en los barrios de Guadalupe y
Jesús Maria bordeando la calzada de Monte.
En el pueblo general de la ciudad se hace visible la
ocupación diferenciada de las manzanas por los diversos
grupos sociales: a la estricta geometría de los palacios
se contrapone el aplanamiento desordenado de las
viviendas periféricas, producto de una subdivisión
irregular y fragmentaria de los terrenos.
La Alameda
de extramuros constituye, en un segundo decenio del
siglo XIX, el eje planificado de la futura expansión
urbana, contrastando con la irregularidad de los
minifundios agrícolas (los huertos, estancias, vegas,
molinos e ingenios), situados en las cercanías de la
ciudad, y el desarrollo espontáneo de las viviendas a lo
largo de las calzadas de comunicación.
A partir del siglo XIX, se inicia la expansión sobre los
territorios en un doble proceso de concentración y
dispersión en la medida en que las clases sin recursos
(esclavos, artesanos, trabajadores en general) se apiñan
en las cercanías de los asentamientos de las clases
dominantes; esta buscara de modo recurrente los espacios
físicamente privilegiados y socialmente incontaminados,
mientras los centros productivos, marginados cada vez
con mayor fuerza, del hábitat burgués y de los centros
de la vida social, nuclearan alrededor de los barrios
proletarios, ajenos a la ciudad monumental y
representativa.
Es a partir de 1817 que se establece una reglamentación
para controlar el trazado urbano de extramuros, cuya
norma fijada por Antonio Maria de la Torres,
estableciendo las dimensiones de las cuadriculas y de
las calles en las zonas comprendidas entre Prado, Reina,
Belascoain y el Litoral. A medida que la ciudad se
expande, 1850, la ciudad llega a la calle Galiano, en
1870 sobrepasa la calzada de Belacoaín y en 1900 alcanza
la calzada de Infanta. El esquematismo es sustituido
por normas mas estrictas y detalladas, pero estas no
establecen indicaciones con respecto a la zonificación,
ya que siempre se hace referencia al hábitat, la
creación de un sistema de avenidas (Prado, Galiano,
Belascoaín y Infanta) caracterizada por los altos
portales continuos, de origen vasco, identificadas
estas estructuras con las actividades comerciales. El
portal se impondrá también en las zonas de vivienda,
como elemento arquitectónico obligatorio, aunque
limitado al uso privado mientras, es publico en las
calzadas y avenidas constituyendo un factor básico de la
fisonomía ambiental de la Habana.
Las manzanas correspondientes a Belascoaín, Lucena,
Márquez González y Oquendo son urbanizadas oficialmente
a partir de 1880 pero toda agregada a lo que se conoce
como barrio de San Lázaro, tenía un área para uso
comunal que correspondía con la manzana 17 y que después
se convertiría en el conocido Parque Trillo. Esta zona
no fue preferida por la floreciente burguesía criolla
que se instalaba en las zonas periféricas.
La tendencia general de la actividad constructiva en un
principio es hacia las casas uní planta, siendo la
cuartearía y el solar ya desde fechas tempranas, la
mayoría de estas casas eran de madera es por lo que su
construcción era sumamente barata y no se gastaron altas
sumas para obras arquitectónicas de valor artísticos, en
lugares caracterizados en se bajos y cenagosos.
La forma de desarrollo de esta zona, puede señalarse que
se produce extendiéndose en superficie, sin
planificación de proceso de urbanización alguna.
El habitad de ella se caracteriza por la explotación de
un área pequeña de terreno de innumerables espacios
habitables, donde no se gastan grandes sumas para su
construcción.
Los residentes de estos inmuebles en su mayoría
artesanos pertenecían al sector de los tabaqueros,
carpinteros, carretoneros, estibadores del puerto y
pequeña burguesía.
Ya con fecha de 20 de abril de 1912, por acuerdo 730,
del ayuntamiento de la Habana, se decide alterar la
dimensión territorial de los barrios, y será el 26 de
julio de 1912, en que se fija definitivamente esta
división, quedando constituido el barrio de Cayo Hueso.
Consecuentemente, las principales obras publicas
ejecutadas en la capital durante el periodo de la
primera intervención tienen que ver con las
construcciones civiles y sanitarias y con la edificación
de hospitales y escuelas, entre las que se destacaron la
terminación del Malecón desde la Punta hasta la calle
Lealtad: el hospital No. 1 en el área ocupada con
posterioridad por el Hospital Calixto García; el
hospital Las Animas, conocido con anterioridad como
Hospital Las Animas, conocido con anterioridad como
Hospital Municipal Los Ángeles y ampliado con varios
edificios de madera para laboratorio y pabellones de
enfermos, entre otras instalaciones, realizado a fin de
aislar los casos de fiebre amarilla de la ciudad. Se
hicieron también reformas en el Hospital de dementes
(Mazorra), en la Academia de Ciencias Medicas, Físicas y
Naturales y otras dependencias de la administración
pública.
A partir de la intervención directa del ejercito
norteamericano en la guerra hispano cubana, esta se
caracterizo por la utilización de formulas muy diversas
encaminadas a la asimilación absoluta de la Isla
mediante el control de los diferentes planos de la vida
económica, política y social del país. La
transformación de Cuba de una colonia española en una
neo colonia yanki implicaba cambios no solo en la
estructura económica y política del país, sino también
en otras esferas de la vida social y cultural del país.
En los años transcurridos entre 1898-1902 entraron en la
Isla alrededor de treinta millones de dólares, sin
incluir la deuda publica
Capital dirigido fundamentalmente a la compra de tierras
cultivables, en su gran mayoría de la región oriental,
así como las inversiones en el transporte ferroviario,
los servicios públicos, la industria minera y la
industria azucarera, principal renglón de interés por
las empresas norteamericanas.
Con la primera intervención de 1898 a 1902 y bajo el
gobierno del General Leonald Wood se impulso el proceso
de norte americanización de la sociedad cubana, el cual
incluía la reconstrucción de edificios, paseos y
parques, la creación del Ferrocarril Central, la
creación de una red de tranvía eléctricos en La Habana,
el perfeccionamiento del sistema del alcantarillado y la
pavimentación con asfalto de las calles de la ciudad.
Estas acciones fueron emprendida por las compañías que
después de la intervención se establecieron, entre las
que se destacan: The Barber Asfalt Paving Co, La Purdy
and Herdenson Co., La G.H. Atkinson, la Wilkinson the
Snare and Triest Co., Entre otras.
Con la primera intervención de 1898 a 1902 y bajo el
gobierno del General Leonald Wood se impulso el proceso
de norte americanización de la sociedad cubana, el cual
incluía la reconstrucción de edificios, paseos y
parques, la creación del Ferrocarril Central, la
creación de una red de tranvía eléctricos en La Habana,
el perfeccionamiento del sistema del alcantarillado y la
pavimentación con asfalto de las calles de la ciudad.
Estas acciones fueron emprendida por las compañías que
después de la intervención se establecieron, entre las
que se destacan: The Barber Asfalt Paving Co, La Purdy
and Herdenson Co., La G.H. Atkinson, la Wilkinson the
Snare and Triest Co., Entre otras.
EN BUSCA DE UN NUEVO ESPIRITU.
Con el nacimiento de la republica, la evolución
económica de la ciudad incidirá fundamentalmente en el
desarrollo del comercio, al calor de la iniciativa
privada y el capital extranjero, de tal modo que a lo
largo de las arterias principales del centro de la
ciudad, así vemos el desarrollo a partir de este capital
privado en las calles de Galiano, San Rafael, Neptuno,
Belascoaín y Reina, donde se pudieron ver
establecimientos comerciales muy modestos hasta grandes
tiendas por departamentos de estilo francés y
norteamericano, dirigida fundamentalmente a la
burguesía, así nace el Encanto, surgido en 1878. De
igual forma, para 1924 la compañía F.W. Woolworth
inaugura su primer “Ten-Cents”, para la venta de
artículos de importación. En 1938, se establecen los
almacenes “Ultra”, para satisfacer las demandas de todas
las esferas sociales de la capital, por lo que después
surgen “La Época”, “Sears”, “Fin de Siglo” y “Flogar”,
entre otras que con carácter más popular surgen “La Casa
de los Tres Centavos”.
Conjuntamente se desarrolla la Banca y la industria del
tabaco, al margen de ramas industriales como jabonaría y
perfumería y la de goma neumática, ambas de procedencia
norteamericana.
La Habana
y Santiago de Cuba fueron las únicas villas que
mantuvieron un desarrollo urbano continuo durante todo
el periodo colonial, dejando a la zaga las restantes
villas lo que permitió la consolidación de una imagen
urbana arquitectónica a partir de la acción de
artesanos, maestros de obras y arquitectos en la
transmisión de una tradición constructiva
vernáculas. Esta había comenzado el proceso de
modernización a partir de la segunda mitad del siglo
XIX, con la demolición de las murallas citadinas en 1863
y la urbanización de los terrenos que tras ella se
encontraba.
A partir de la concentración de tantas ofertas para el
modus vivendis y dando respuesta a las necesidades
siempre crecientes de la población, se desarrollan los
servicios gastronómicos, así como las instalaciones
culturales, cine, teatros y cabaret.
Se levantaron edificios de tres plantas con esquinas
achaflanadas y estructuras de hierro, esta se vio
surcada con un nuevo sistema de calzada, galerías y
portales en su frente, así como un conjunto de calles
anchas provistas de portales. Así vemos en la zona de
las murallas el palacio de la marquesa Villalba
(1872-1877), el Hotel Pasaje (1876), el teatro Payret
(1877), el Mercado de Colon (1871), y la Manzana de
Gómez (1895), todas estas infraestructuras presentaban
altas arcadas y la decoración neoclasicista ecléctica, y
la utilización del hierro, propio de los modelos
metropolitanos llegados de España, Francia y los EEUU.
En la zona del vedado, se siguieron utilizando los
modelos de las casas de una sola planta con jardín,
herencia de los franceses y de los modelos ingleses de
la ciudad jardín de Ebenecer Howard.
LA LLEGADA DE UN NUEVO SIGLO
Con la llegada del siglo XX y la intervención
norteamericana se incremento la presencia de compañías
constructoras, sean estas de origen norteamericanas,
españolas o cubanas, las cuales contribuyeron a la
formación arquitectónica de la ciudad; ampliando en su
sistema constructivo las estructuras metálicas, técnicas
como el hormigón armado, el colado, el moldeo, el
machihembrado, el tingladillo con materiales como el
yeso, el cemento, el acero, la piedra artificial, que
tributaron a la ampliación del panorama expresivo de
nuestra arquitectura y de la imagen de la ciudad.
La penetración del capital extranjero se hace aun más
evidente con la presencia de las más fuertes e
influyentes compañías norteamericanas en el territorio
de Centro Habana, de la “Cuban Telephone Company” y la
“Compañía Cubana de Electricidad” implantada ambas desde
la época colonial.
Estas construcciones constaron con personal formado en
las escuelas profesionales, así como arquitectos e
ingenieros formados en la Europa y sobre todo en los
EEUU, trayendo como consecuencia la complejidad técnica
en las obras y la fundación en 1900 de la Escuela de
Ingenieros, electricistas y arquitectos.
Con el propósito de cada arquitecto de crear modelos
irrepetibles coexistieron en La Habana edificios con
diferentes estilos, neomoriscos, neobarrocos, Art.
nouveau, así como la construcción acelerada de hoteles,
fabricas, oficinas, edificios de apartamentos, bancos,
sociedades culturales, teatros, cines y viviendas, por
lo que se llevo a calificar a La Habana como el vértigo
de la piedra.
El primer edificio fue construido en el año 1896 y se le
llamo la casa nueva, financiado por una compañía
inglesa, poco después fueron edificados el Banco
Nacional de Cuba y la Lonja del Comercio en los años
1907 y 1908 respectivamente.
En toda esta vorágine de construcciones el Estado apenas
invertida por que el capital provenía fundamentalmente
de las compañías norteamericanas. Con este capital
privado se fue desarrollando zonas como el vedado,
Miramar y Marianaó que entre otras se encontraban en la
periferia de la ciudad, bajo el paradigma estético
norteamericano. De todo esto comenta el arquitecto
cubano Joaquín Weiss “la reacción contra España debía
excluir tanto su arquitectura como la nuestra derivada
de ella. La joven republica quería lucir nuevas galas y
repudiaba todo traje que le recordara su pasado
histórico”.
|
 |
Toda esta monumentalidad arquitectónica tenia como fin
explicito un programa ideológico donde la impronta
norteamericana marcaría nuestras raíces identitarías
con códigos como Meaux Arts que tras el éxito de la
World Columbian Expositión floreció en los Estados
Unidos por los años 1893, así vemos edificios como la
Terminal de Trenes 1912, La Aduana 1914,y el Hotel
Nacional 1930 ,otros edificios con el diseño de
arquitectos norteamericanos en la Habana fueron el Hotel
Sevilla Baltimore 1921, The Nacional City Bank of New
Cork 1925, edificado sobre las ruinas de lo que fue el
convento de las Catalinas el la Habana Vieja, El casino
Nacional, El American Jockey Club y la Concha en
Marianaó en 1928 estos últimos diseñados por Schutte And
Wearver similares a los de Miami y los Ángeles.
Poco apoco se fue imponiendo el modo de vida
norteamericano, con sus gustos, confort y mentalidad,
que coinciden con el deseo de transformar la imagen
citadina y el centro urbano, paradigma de la nueva vida
republicana.
Con el periodo de gobierno de Gerardo Machado
(1925-1933) se emprende el proyecto del Plano de la
Habana, bajo la dirección del Secretario de Obras
Publicas Carlos Miguel de Céspedes, el cual perseguía
transformar el rostro colonial de la ciudad, inspirado
por los conceptos norteamericanos del City Beatiful y el
Regional Park Monument, a fin de hacer de La Habana un
centro turístico y un centro monumental de referencia en
el área del Caribe y América Latina.
|
 |
El proyecto consistía en la unión de la capital con la
periferia, la evocación de un centro urbano y la
conservación del centro histórico. El eje central se
articula en torno a una nueva plaza, la de la Republica,
con anchas avenidas con los que se formarían una gran
cruz urbana, la que se dirige hacia el este articularía
la nueva terminar marítima y ferroviaria en la bahía de
Atares, el cual constaría de un lago que se
complementaria con el arbolado, tres anillos
concéntricos y un sistema de vías radiales y
diagonales, con frecuencia ajardinados, estaban
previstos para unir transversalmente los nuevos barrios
y la costa oeste de la Ciudad Miramar con la parte Este
(La Habana Vieja, La Víbora, El Cerro y Regla).
El paradigma arquitectónico que articularía este
proyecto seria el Capitolio Nacional, replica del de
Washington (1929) caracterizado por él más severo
clasicismo y monumentalidad devenido en símbolo del
poder en un país inmerso en una profunda crisis
económica y política.
DE LA ARQUITECTURA AL MODO DE VIDA AMERICANO
Con la penetración del capital norteamericano y su
influencia en todas las áreas de la cultura, la economía
y la política en Cuba, se fueron asimilando los
distintos códigos de comportamientos de la nueva
metrópolis por parte de la burguesía en contraposición a
los mantenidos durante el siglo XIX. Ahora había una
identificación más plena con los hábitos norteamericanos
que con los de raíz hispana o francesa que habían
dominado anteriormente. Esta influencia se constata
con mayor énfasis en la concepción aplicada a la
vivienda la cual vario en los usos de sus espacios.
Así en las nuevas construcciones se introdujeron bares,
dinning rooms, halls, pantrys, garden palms, junto a
otras dependencias donde se realizaban los cocktails,
partys,
y otros eventos sociales propios de la cultura
impuesta.
En el plano ideológico cultural y cultural, la
penetración norteamericana adquirió formas muy diversas
a lo largo de la republica neocolonial, en dependencia
de las circunstancias históricas concretas, en un
proceso que había comenzado desde el siglo XIX. Sin
embargo el periodo que abarca el periodo
1898-1921constituye el de mayor importancia por el
establecimiento de los principales mecanismos de
penetración encaminados a apoderarse del país.
La vivienda en la Habana se caracterizaba en lo esencial
por la presencia de hall o vestíbulo, y que se concebía
como un recinto de lujo decorado con mármoles, estucos y
mobiliario acorde a los gustos decorativos de la época,
y que comunicaba con las demás dependencias de la casa
y que sustituía el patio interior colonial.
Las salas a diferencia de aquellas de corte colonial del
siglo XIX se advierte notables diferencias en cuanto a
mobiliario, decoración y los repertivos usos de los
mismos. La sala de las viviendas coloniales se
diferenciaba por el clasicismo dominante en la
decoración adoptada, a diferencia de los nuevos gustos
estéticos adoptados por la burguesía dominante que se
identificaba con los nuevos modelos estéticos y su
propuesta ideológica-cultural. Si la sala servia en la
colonia para tertulias entre otros fines, en los nuevos
tiempos se caracterizaba por ser el espacio para
brillantes fiestas y bailes de difrases, carnavales de
inviernos y la presencia de numeroso invitados.
Las nuevas viviendas asumieron diferentes tamaños de
acuerdo al poder adquisitivo de los propietarios, por lo
general se construían con el sistema ballon frame de
procedencia norteamericana, se trataba de viviendas
aisladas, con amplias galerías, jardines frontales o
laterales, que les ponían en contacto con la naturaleza
circundante, carente de patio interior, al presentar una
estructura comparta con techos ha cuatro aguas que
drenaban al exterior y guardilla en la parte superior de
la vivienda, que tenían una ventana que ventilaban el
desván. Eran similares a las de estirpe victoriana
diseminada por todo el Caribe.
Los espacios de uso colectivo reflejaron la nueva
cultura entre la población, como hitos urbanísticos
vinculados al devenir de la sociedad, experimentando
cambios relacionados con sus funciones. Algunas
heredadas de la colonia se mantuvieron, pero
condicionadas por el carácter y el ritmo de la nueva
vida. Se agudizaron las diferencias de clase, raciales y
nacionales al cobrar la vida social nuevos matices, los
ciudadanos se nuclearon por separados según un posición
social , así los vemos en clubes y sociedades como el
Habana “Yath Club”, el “Vedado Tennis Club” y el
“Country Club” de la Habana, “La Sociedad Económica de
Amigos del País”, “La Academia de Ciencias Medicas,
Físicas y Naturales de la Habana”, a las cuales no
podían pertenecer los negros,
los descendientes de españoles, chinos y franceses se
congregaban en asociaciones que para esos fines surgían,
así vemos la “Sociedad de Asturianos”, el “Centro
Gallego”, “La Asociación de Dependientes del Comercio”,
“La Colonia Española”, o el “Grop Cataluña”, así
también vemos a las personas de color se congregaban en
las “Sociedades de Pardos y Morenos”.
BIBLIOGRAFIA.
1.
Orozco Melgar, Maria Elena y Feitas
Monnar, Maria Teresa en: “El desplazamiento de
modelos: influencias norteamericanas en la arquitectura
y el urbanismo y los modos de vida en la Habana y
Santiago de Cuba (1898-1930) en: Revista del Caribe.
No. 42. 2003.
2.
Carmen V. Montejo Arrechea.
“Sociedades Negras en Cuba”. (1878-1960) Editorial
Ciencias Sociales, La Habana, 2004.
3.
Llanes Llilian. “1898-1921. La
transformación de la Habana a través de la
arquitectura”. Editorial Letras Cubanas, La Habana.
Cuba. 1993.
4.
Guanche, Jesús. “Componentes étnicos
de la nación cubana” La Habana, Cuba.
5.
Vega Suñol, José. Norteamericanos en
Cuba. Estudio etno histórico. Colección La Fuente
Viva. Fundación Fernando Ortiz. La Habana, 2004.
6.
De la Pezuela, Jacobo. Diccionario
Geográfico-Estadístico-Histórico de la Isla de Cuba.
Madrid, Mellado 1863.
7.
Weiss Joaquín, Arquitectura Colonial
Cubana. T.1. La Habana, Cuba, 1972.
8.
Valdés, Antonio José:
Historia de la Isla de Cuba y en
espacial de la Habana.
La Habana, comisión nacional cubana de la UNESCO,
1964.
NOTAS
|