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José Carlos
Mariátegui, peruano y uno de los grandes ideólogos del
socialismo. Del socialismo originario de América latina.
Dentro del esfuerzo de construcción del nuevo socialismo
del siglo XXI hay que elogiar a estos pensadores,
ideólogos que nos precedieron y que dejaron obra
escrita... Oigan la actualidad y vigencia que tiene...
Empecemos a conocer a este infinito peruano,
revolucionario, ideólogo, en esta tarea de rescatar
nuestras raíces. (Hugo Chávez Frías)
El 14 de junio de 1894 nació José Carlos Mariátegui, su
infancia estuvo marcada por la precariedad, su madre
luchando por hacer sobrevivir a la familia tuvo que
cambiar de lugar de residencia muchas veces, esta
situación lo obligó a tener que suspender sus estudios
de manera muy temprana. A ello hay que añadir un
accidente en la pierna izquierda a los 8 años del cual
nunca tuvo una recuperación plena.
A los 15 años entra a trabajar en las labores más
simples en el periódico La Prensa, a partir de entonces
se involucra con todas las áreas de la edición de un
periódico, comenzando a escribir en 1911 y
convirtiéndose en redactor en 1913.
Desde entonces y hasta el estallido de la revolución de
octubre, Mariátegui tuvo una formación similar a la
común a los intelectuales burgueses del Perú y de toda
América Latina de esa época, sobre ese periodo escribe
en sus notas autobiográficas: 'Desde 1918, nauseado de
política criolla me orienté resueltamente hacia el
socialismo, rompiendo con mis primeros tanteos de
literato inficionado de decadentismo y bizantinismo
finiseculares, en pleno apogeo' (Apuntes
autobiográficos, 1927)
En 1918 funda Nueva época, iniciando los intentos por
construir una organización revolucionaria en el Perú,
para el año siguiente su franco apoyo al movimiento
estudiantil y las agitaciones obreras en contra de la
carestía lo hacen sufrir ataques por parte del gobierno
de Leguía, que por un lado clausura La Razón,
diario en el que participaba, y por el otro es
prácticamente expulsado del país, gracias a su calidad
de periodista puede continuar sus colaboraciones con la
prensa peruana, específicamente el diario El Tiempo.
Su arribo a Italia justo en el auge del bienio rojo, lo
marca profundamente. Es testigo presencial del
movimiento huelguístico del norte de Italia y del
proceso de constitución del Partido Comunista Italiano,
asistiendo al histórico congreso del PSI en Livorno
donde se constituye el Partido Comunista. Era el año
1921, así que pudo conocer las tácticas de frente único
recomendadas por Lenin y las aplicaciones prácticas que
los marxistas italianos, entre ellos Gramsci,
implementaban.
Siempre como corresponsal recorre diversos países de
Europa para regresar al Perú en 1923. Desde su llegada
se propone publicar una revista o un periódico para
impulsar un proyecto socialista. En esas estaba cuando
conoce a Haya de la Torre. Tanto Mariátegui como Haya de
la Torre eran grandes admiradores de la Revolución
Mexicana, ambos consideraban a este proceso como clave
para entender el devenir del proceso revolucionario
latinoamericano. Los dos creían en un movimiento de
carácter internacional, ambos se decían socialistas, no
obstante Haya de la Torre no entendía ni la necesidad de
una política de clase ni la de un partido de los
trabajadores, era un latinoamericanista no proletario y
que no quiere serlo, que terminó siendo un adulador de
los aspectos progresistas de la burguesía nacional. Por
tanto, pese a coincidencias en algunas labores de
carácter práctico, eran en el fondo antagonistas. La
suerte personal de cada uno fue fiel reflejo de esas
diferencias, mientras Haya de la Torre terminó siendo
gente de gabinetes, Mariátegui entregó los pocos años
que le restaban de vida a construir las bases teóricas y
dar los primeros pasos organizativos para fundar un
partido comunista.
En 1923 funda Claridad y trata de crear una empresa
editorial para difundir literatura marxista, pasa algún
tiempo en prisión y su enfermedad lo lleva a perder la
pierna derecha. Para ese entonces ya es un referente
para la juventud revolucionaria y al mismo tiempo es
repudiado por los círculos académicos universitarios.
En el Perú, la gestación del Partido Comunista era aún
incierta, Mariátegui , seguro de que lo importante era
mantenerse vinculado al movimiento vivo participa en los
primeros años de la Acción Popular Revolucionaria de
América (APRA) que encabezaba Haya de la Torre, no
obstante también en este punto Mariátegui y Haya de la
Torre coincidían por razones distintas, para Mariátegui,
el APRA suponía un movimiento de unidad de acción, en
donde podría encontrar elementos para la formación del
Partido revolucionario, para Haya de la Torre el APRA
tendría que consolidarse como un partido político
latinoamericano. Un programa en el que pudieran caber
todos los grupos que participaban en el APRA tenía que
ser burgués, de otro modo se espantaría a la burguesía
nacional, Mariátegui así lo entendió, por lo tanto, se
negó a participar en el proceso de formación del APRA
como partido y al mismo tiempo se abocó a lanzar la
revista Amauta, que se origina de la palabra
quechua maestro. Mariátegui escribe en su presentación:
'Estudiaremos todos los grandes movimientos de
renovación políticos, filosóficos, artísticos,
literarios, científicos. Todo lo humano es nuestro. Esta
revista vinculará a los hombres nuevos del Perú, primero
con los de los otros pueblos de América, enseguida con
los de los otros pueblos del mundo'.
Amauta vive solo unos números, el gobierno peruano
encarcela a Mariátegui y cierra la revista. Un año
después reaparece Amauta, ya con una orientación de
clase muchísimo más definida. Mariátegui señala en 1928,
en su primer aniversario:
'No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en
América calco y copia. Debe ser creación heroica.
Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en
nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano.'
La ruptura total con el APRA de Haya de la Torre se hace
total. El marxista peruano, que hasta aquel entonces
había mantenido contactos internacionales más bien
modestos se enlaza con las organización latinoamericana
de la Tercer internacional y se dedica de lleno a la
constitución del Partido Socialista, en ese año se sume
en una labor teórica febril, publicando sus principales
escritos y preparándose para el debate con la III
internacional, la cual en ese entonces tenía más puntos
de coincidencia con Haya de la Torre que con él. En la
Conferencia Comunista Latinoamericana los documentos de
Mariátegui El problema de las razas en América Latina y
Punto de vista antiimperialista son rechazados, al mismo
tiempo que el agente de la KOMINTERN en Sudamérica,
Victorio Codovilla, maniobra para quitar a Mariátegui de
la dirección del PSP.
La lucha contra la Internacional Comunista no era algo
que Mariátegui tuviera previsto, él había supuesto que
el conflicto entre Trotsky y Stalin no era en realidad
derivado de problemas políticos de vida o muerte para el
movimiento revolucionario internacional. Para él Trotsky
era el personaje principal del momento heroico de la
Revolución Rusa, como Stalin lo era para el momento de
cambiar el fusil por el pico y la pala, así que el
enfrentamiento con la internacional que refutaba sus
planteamientos, básicamente correctos sobre la lucha
antiimperialista y el problema indígena, lo encontraron
desconcentrado y enfermo.
Las maniobras de la III internacional concluyen en el
regreso al Perú de Eudocio Ravines, un fiel seguidor
estalinista. Al mismo tiempo las maniobras dejan a
Mariátegui en minoría dentro del mismo grupo dirigente
del PSP, por lo cual con el asilamiento todo esfuerzo
por oponerse a los estalinistas parecía condenado a la
derrota.
Rehúye al enfrentamiento considerando que lo mejor era
atrincherarse en Amauta, había el proyecto de publicarla
en Argentina. Quizá por esto decidió ceder la Secretaria
General a Ravines y esperar tiempos mejores,
lamentablemente estos no llegan. En marzo entra al
hospital para morir el 14 de abril de 1930.
Su muerte no detuvo la ofensiva del estalinismo, un mes
después se decide el cambio de nombre del PSP a Partido
Comunista del Perú.
Para quien observaba los acontecimientos desde afuera no
era fácil darse cuenta del drama de Mariátegui, murió
momentáneamente derrotado por el estalinismo el cual
solo tuvo que mover algunas piezas y aprovechar su
estado de salud.
Los años han pasado, la trascendencia de las ideas de
Mariátegui han sobrevivido al paso del tiempo y siguen
siendo una referencia obligada para entender el problema
de la revolución latinoamericana y para establecer un
programa acorde con las necesidades de las masas.
De los nacionalistas como Haya de la Torre o los
estalinistas hoy solo quedan caricaturas que son en sí
mismos un burdo remedo de lo que aspiraron a ser,
mientras tanto Mariátegui es una referencia y una fuente
de conocimientos para las nuevas generaciones que se
disponen a reemprender la tarea que el emprendió. Una
tarea internacional, integradora como el mismo señaló:
'La misma palabra revolución, en esta América de las
pequeñas revoluciones, se presta bastante al equívoco.
Tenemos que reivindicarla rigurosa e intransigentemente.
Tenemos que restituirle su sentido estricto y cabal. La
revolución latinoamericana será nada más y nada menos
que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será
simple y puramente la revolución socialista. A esta
palabra agregad, según los casos, todos los adjetivos
que queráis: 'antiimperialista', 'agrarista',
'nacionalista-revolucionaria'. El socialismo los supone,
los antecede, los abarca a todos.' (José Carlos
Mariátegui, Aniversario y balance, 1928)
Las ideas políticas de Mariátegui
En el apartado anterior hemos señalado algunos elementos
del marxismo de Mariátegui. En general privan en él los
elementos más importantes del marxismo
internacionalista, lamentablemente así como Gramsci,
cometió el error de subestimar el carácter degenerativo
del estalinismo con el cual se vio enfrentado, incluso
contra sus intenciones, en los últimos años de su vida.
Sobre algunos de los aspectos rescatables e inmensamente
útiles para la interpretación de la realidad histórica
latinoamericana podemos destacar:
El carácter de la revolución peruana
Mariátegui concebía al Perú como un país semifeudal
dominado por el capitalismo imperialista, pese a ello no
extraía la conclusión de que la alternativa era una
revolución democrático burguesa, en él no había la
ilusión en una 'Burguesía progresista', aún en una
sociedad tan atrasada en sentido capitalista como el
Perú de principios de siglo: 'proclamamos que este es un
instante de nuestra historia en que no es posible ser
efectivamente nacionalista y revolucionario sin ser
socialista; de otro lado no existe en el Perú, como no
ha existido nunca, una burguesía progresista, con
sentido nacional, que se profese liberal y democrática y
que inspire su política en los postulados de su
doctrina. (Prólogo a Tempestad en los Andes)
Asimismo en el Programa del Partido Socialista del Perú
de 1929, Mariátegui en su 5º punto sentencia: '5.-La
economía precapitalista del Perú republicano que, por la
ausencia de una clase burguesa vigorosa y por las
condiciones nacionales e internacionales que han
determinado el lento avance del país por la vía
capitalista no puede liberarse bajo el régimen burgués,
enfeudado a los intereses capitalistas, coludido con la
feudalidad gamonalista y clerical, de las taras y
rezagos de la feudalidad colonial. El destino colonial
del país reanuda su proceso. La emancipación de la
economía del país es posible únicamente por la acción de
las masas proletarias, solidarias con la lucha
antiimperialista mundial. Solo la acción proletaria
puede estimular primero y realizar después las tareas de
la revolución democrático burguesa que el régimen
burgués es incompetente para desarrollar y cumplir'
Así, pues, sus ideas eran más cercanas la concepción que
en Trotsky se llegó a conocer como revolución permanente
y que en el fondo solo es la consecuencia lógica de los
puntos de vista del marxismo clásico. No hay que olvidar
que los años en que maduró su punto de vista
revolucionario fueron los de la época de la tercera
internacional de Lenin y Trotsky, Ser marxista implica
ser internacionalista, por ello no duda en afirmar: 'La
revolución latinoamericana será nada más y nada menos
que una etapa, una fase de la revolución mundial'
Finalmente, fiel a la tradición revolucionaria
menospreciaba esa tendencia del APRA de Haya de la Torre
a contemplar la unidad latinoamericana no en la lucha
internacionalista, sino en los acuerdos entre grupos,
estados o partidos: 'Los brindis pacatos de la
diplomacia no unirán a estos pueblos. Los unirán en el
porvenir, los votos históricos de las muchedumbres.'
El problema Indígena
'No nos contentamos con reivindicar el derecho del indio
a la educación, a la cultura, al progreso, al amor y al
cielo. Comenzamos por reivindicar, categóricamente, su
derecho a la tierra.' (Mariátegui. Siete ensayos)
Como consecuencia del levantamiento zapatista del 1ro.
de enero de 1994, se volvió a poner de moda el problema
indígena, en realidad si revisamos los trabajos de los
principales marxistas latinoamericanos, esta cuestión
siempre fue un tema de carácter central. Mariátegui
siempre siguió muy de cerca este problema y escribió
mucho sobre ello, hay que tomar en cuenta el Perú era y
aún sigue siendo un país con alto porcentaje de
población indígena y no solo eso, aún entre la mayoría
mestiza, como sucede el México, las culturas
prehispánicas se encuentran presentes en todos los
elementos de la vida cotidiana. Soslayar la problemática
del trabajador del campo, especialmente el indígena, era
y sigue siendo una cuestión imperdonable en la teoría y
práctica de la revolución latinoamericana y por tanto
del marxismo, el programa del partido de Mariátegui
establecía la siguiente caracterización:
La reivindicación indígena carece de concreción
histórica mientras se mantiene en un plano filosófico o
cultural. Para adquirirla ―esto es para adquirir
realidad, corporeidad― necesita convertirse en
reivindicación económica y política. El socialismo nos
ha enseñado a plantear el problema indígena en nuevos
términos. Hemos dejado de considerarlo abstractamente
como problema étnico o moral para reconocerlo
concretamente como problema social, económico y
político. Y entonces, lo hemos sentido, por primera vez,
esclarecido y demarcado (La unidad de la América indo
española, 1924)
Mariátegui concebía a las sociedades prehispánicas,
especialmente a la incaica como una forma de comunismo,
apreciaba la ausencia de un sentido de propiedad privada
de bienes de producción en los individuos de dichas
sociedades, así como en su trabajo colectivo como una
prueba fehaciente de ello, desde nuestro punto de vista
las relaciones de propiedad estaban determinadas por la
existencia del Estado como gran terrateniente. La
existencia de una teocracia fuertemente jerarquizada y
despótica, que establecía la extracción del valor a la
población trabajadora por medio del tributo lo hacen
parecerse más a las sociedades que Marx catalogó en el
modo de producción asiático. En nuestra opinión aquí se
encuentra un punto de vista equivocado en Mariátegui, el
cual observaba con admiración a la sociedad incaica y
despreciaba las formas de producción establecidas a
sangre y fuego por la conquista.
A pesar de su concepción de comunismo incaico, esto no
lo llevó a pretender concebir como alternativa para la
emancipación de los pueblos indígenas una especie de
vuelta atrás, ni bajo la forma de añoranza de esos
viejos tiempos ni en el aislamiento de las comunidades
indígenas, por ello Mariátegui señala en el programa del
partido:
'Pues mismo que el estímulo que se presta al libre
resurgimiento del pueblo indígena, a la manifestación
creadora de sus fuerzas y espíritu nativo, no significa
en lo absoluto una romántica y antihistórica tendencia
de construcción o resurrección del socialismo incaico,
que correspondió a condiciones históricas completamente
superadas y del cual solo quedan como factor
aprovechable dentro de una técnica de producción
perfectamente científica, los hábitos de cooperación y
socialismo de los campesinos indígenas. El socialismo
presupone la técnica, la ciencia, la etapa capitalista,
y no puede importar el menor retroceso en la adquisición
de las conquistas de la civilización moderna, sino, por
el contrario, la máxima y metódica aceleración de la
incorporación de estas conquistas en la vida nacional.'
El gran marxista peruano rechazó de plano rechazó todo
punto de vista del tema indígena basado en cuestiones
culturales o raciales, para él esto solo significaba dar
un gran rodeo con respecto al núcleo central del
problema
'Los que no han roto todavía el cerco de su educación
liberal burguesa, y, colocándose en una posición
abstractista y literaria, se entretienen en barajar los
aspectos raciales del problema, olvidan que la política
y, por tanto la economía lo dominan fundamentalmente.
Emplean un lenguaje pseudoidealista para escamotear la
realidad disimulándola bajo sus atributos y
consecuencias.'
Es decir, de poco importa hablar de la discriminación,
del racismo o de la falta de educación si no se atiende
el problema de la tierra y el poder de los
terratenientes, si no se destruye la base económica que
crea la marginación, los filisteos pequeñoburgués se
seguirán lamentando de lo mal que lo pasan los
indígenas, incluso podrán hacer obras de caridad, a la
larga todo esto será inútil e incluso reaccionario en la
medida que ello desvía al movimiento indígena de la
lucha contra el enemigo principal y lo hace retroceder
de la lucha organizada contra el régimen al simple
mutualismo, del mismo modo, el pretender aislar al
movimiento indígena en torno a sus propias comunidades,
se convierte en un abandono de la lucha por la
transformación de la sociedad en su conjunto, la
emancipación indígena solo cabe en el marco de la
transformación de la sociedad en su conjunto. Por estas
razones Mariátegui rechazaba la idea defendida por la
internacional comunista con respecto a la formación de
naciones indígenas independiente. Para Mariátegui, un
estado indígena no implica por sí mismo relaciones de
producción socialistas, por el contrario el socialismo o
emancipa a los pueblos indígenas como a todos los
sectores explotados o no es socialismo.
El socialismo y marxismo
Mariátegui entendía el proceso revolucionario siempre
desde un punto de vista latinoamericano, rechazaba que
en aras de la originalidad de buscasen rodeos a las
corrientes revolucionarias más significativas, las
cuales aún desde su germen democrático burgués aspiraron
a la unidad latinoamericana: 'La generación libertadora
sintió intensamente la unidad sudamericana. Opuso a
España un frente único continental. Sus caudillos
obedecieron no a un ideal nacionalista, sino a un ideal
americanista. Esta actitud correspondía a una necesidad
histórica. Además, no podía haber nacionalismo donde no
había aún nacionalidades' (...) Hace cien años debimos
nuestra independencia como naciones al ritmo de la
historia de Occidente, que desde la colonización nos
impuso ineluctablemente su compás. Libertad, Democracia,
Parlamento, Soberanía del Pueblo, todas las grandes
palabras que pronunciaron nuestros hombres de entonces
procedían del repertorio europeo. La historia, sin
embargo, no mide la grandeza de esos hombres por la
originalidad de estas ideas, sino por la eficacia y
genio con que las sirvieron. (Aniversario y balance,
1928)
El socialismo es, pues, consecuencia lógica de esta
tradición, cuya teoría científica no necesariamente debe
ser inventada en nuestra tierra, no obstante su
realización sí deberá asumir formas propias, responder a
las tradiciones históricas de lucha locales y asimismo
al proceso concreto de lucha de clases. Los problemas
que de la revolución requieren originalidad y
creatividad no solo en el marco de los planteamientos
teóricos para resolverlos, sino en el marco de la lucha
de masas concreta, como decía Mariátegui 'No queremos,
ciertamente, que el socialismo sea en América calco y
copia. Debe ser creación heroica.'
No obstante recriminarles a los socialistas el marxismo
por ser de origen europeo sería tanto como cuestionar la
teoría de la relatividad de Einstein porque era alemán y
al mismo tiempo reclamar una Física o una ciencia
estrictamente latinoamericana.
El instrumento del marxismo es básico para este proceso,
no porque suene, se vea o aparezca más bonito, sino
porque es el único capaz de llevar a la conclusión el
objetivo de la transformación revolucionaria de la
sociedad, quienes estén dispuestos a seguir este camino
deberán abandonar ilusiones en otras vías, el rigor del
revolucionario debe tener mucho de aquel científico que
aplica su método porque sabe que por ese medio llegará a
conclusiones mejor y más rápido aunque estas sean menos
poéticas, así lo expresa Mariátegui: 'Es posible que
muchos artistas e intelectuales apunten que acatamos
absolutamente la autoridad de maestros irremisiblemente
comprendidos en el proceso por la trahison des clercs.
Confesamos sin escrúpulo, que nos sentimos en los
dominios de lo temporal, de lo histórico, y que no
tenemos ninguna intención de abandonarlos. Dejemos con
sus cuitas estériles y sus lacrimosas metafísicas a los
espíritus incapaces de aceptar y comprender la época. El
materialismo socialista encierra todas las posibilidades
de ascensión espiritual, ética y filosófica.'
La obra de Mariátegui en defensa del marxismo, pese a la
notable influencia que intelectuales como Sorel ejercen
en él, es una notable aportación sobre el valor
histórico del marxismo para la lucha de la clase obrera.
Es evidente que dentro de su polémica en contra de los
que entonces refutaban al marxismo como superado se
encuentran múltiples referencias relacionadas con sus
primeros años de intelectual liberal, como podemos
observar en sus constantes citas a Benedetto Croce, así
mismo también es claro que pese a la corrección de la
mayoría de sus planeamientos hace una injusta
identificación de Max Estman con Trotsky, pese a lo cual
reconoce a este último como un genuino bolchevique, es
decir, no solo como un intelectual, sino como un hombre
de acción, esta simultaneidad hace a los marxistas muy
superiores en los distintos terrenos a cualquier
generación de intelectuales burgueses existente hasta
entonces. El marxista peruano refutando a aquellos que
acusan al marxismo de amoral o antiético señala:
La energía revolucionaria no se alimenta de compasión o
envidia. En la lucha de clases, donde residen todos los
elementos de lo sublime y lo heroico de su ascensión, el
proletariado debe elevarse a una moral de productores,
muy distante y distinta de la moral de esclavos, de que
oficiosamente se empeñan en proveerlo sus gratuitos
profesores de moral, horrorizados por el materialismo.
Una nueva civilización no puede surgir de un triste y
humillado mundo de ilotas y miserables (...) el
proletariado no ingresa en la historia políticamente
sino como clase social en el momento en que decide
edificar con los elementos allegados por el esfuerzo
humano; moral o amoral, justo o injusto un orden social
superior.
Hoy en día cuando la política burguesa, como su sistema
en su conjunto es cínica y corrupta, encontramos en el
marxismo, así como lo veía Mariátegui el único medio de
enfrentarse a la realidad y transformarla.
Los límites de Mariátegui
Sin duda, el gran pensador peruano, pese a la brevedad
de su vida y obra, es muestra de la madurez del método
del marxismo y su capacidad para la interpretación de la
realidad latinoamericana, sin duda como hemos señalado a
lo largo del texto hay en Mariátegui lagunas que no se
derivan del método del marxismo, sino de apreciaciones
de carácter político de las cuales no pudo extraer las
conclusiones adecuadas. Especialmente su incapacidad
para ver a tiempo el auténtico significado del
estalinismo, como podemos observar en la mayoría de las
obras, ello incluye En defensa del marxismo, sostiene a
Lenin como la figura principal del movimiento
revolucionario de aquel entonces, pero sus valoraciones
sobre los bolcheviques, Trotsky, Stalin, Bujarin, entre
otros no establecen distinciones importantes entre
ellos, pareciera que cada uno desempeña el papel que la
historia le ha encomendado. Mariátegui ni siquiera se
plantea la posibilidad de una degeneración en el partido
'la revolución es más grande que sus protagonistas'
señala con motivo de la expulsión de Trotsky del partido
en 1927. Para Mariátegui el problema de la degeneración
del partido y, por tanto, del estado obrero no era un
problema que pudiera plantearse, esto como hemos
analizado le imposibilitó actuar en contra de la
estalinización del partido que él estaba construyendo,
en cierto sentido el partido marxista que estaba
construyendo murió con el. Pese a la contundencia de su
espíritu revolucionario, su intransigencia teórica y su
consecuencia práctica Mariátegui no tenía a su alrededor
figuras mínimamente cercanas a su nivel.
Mariátegui eligió, y lo hizo concretamente, no seguir el
camino de Trotsky, pese las evidentes coincidencias con
él, este tal vez fue el error estratégico que a la larga
le impidió dar la batalla contra el estalinismo.
Para el marxismo un concepto se superpone con respecto a
otro en la medida en que ayuda a explicar mejor un
proceso, es más útil para la lucha de clases o es
históricamente rebasado, eso no refuta la teoría, la
reafirma. Un ejemplo de ello lo tenemos en el llamado de
Trotsky a la revolución política en la URSS,
evidentemente que ya no se puede plantear entre otras
cosas porque la URSS y los estados obreros deformados ya
no existen, los marxistas ahora plantemos la revolución
socialista en Rusia y ello no refuta para nada el
análisis marxista de la realidad, prueba de ello es que
son los estudios de los marxistas, específicamente los
de Trotsky sobre la degeneración del Estado Obrero los
que nos permiten entender más acertadamente por qué se
dio un proceso de restauración capitalista en Rusia.
Del mismo modo que el mundo cambia, o surgen otros
descubrimientos, los marxistas modifican conceptos y
propuestas, no obstante hay siempre una línea muy
precisa y podríamos decir muy rigurosa de diferenciar al
desarrollo del auténtico marxismo del revisionismo. Los
marxistas pretenden ir más allá de lo aparente o
inmediato, llevan la lucha de clases hasta las últimas
consecuencia, por tanto, procuran fortalecer la
confianza de las masas en sí mismas y su nivel de
organización, se declaran enemigos a muerte contra el
capitalismo y señalan al socialismo y a la democracia
obrera, es decir, la dictadura del proletariado, como
medio para avanzar rumbo al comunismo.
Mariátegui podrá estar superado en su análisis de las
sociedades prehispánicas, en su desprecio al peligro de
la degeneración y el estalinismo, podrá mostrar su
debilidad por viejos maestros tanto liberales como
sindicalistas en tal o cual renglón, pero en suma toda
la obra de Mariátegui es un legado que todas las
generaciones de revolucionarios deberían estudiar con
atención y pasión.
La vida misma de Mariátegui, es un ejemplo de cómo las
dificultades no deben ni pueden ser un obstáculo para
continuar adelante, luchado hasta el último aliento de
vida. Que inmensamente superior en todos los términos a
cualquier seudointelectual posmoderno que busca inventar
teorías que no explican más que la miseria del análisis
burgués y pequeño burgués.
Mariátegui es un gran maestro del proletariado
latinoamericano y sin duda la realización de la
revolución socialista será el mejor homenaje que se le
podrá hacer, esa es la tarea y debe ser cumplida.
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