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En los mismos días en que la música cubana cobraba
conciencia de sí misma, ya estaba interactuando con la
nación norteamericana. Allí, aún antes de que Cuba se
quitara el peso del colonialismo español, ya andaban
compositores e instrumentistas nuestros por esa nación.
Lo cual se incrementó en las primeras décadas del siglo
pasado, impulsado sobre todo por el interés de la
floreciente industria del disco en EE.UU., que se
interesó muy pronto por los músicos nuestros. Desde
entonces y hasta hoy los ritmos cubanos siempre han
estado cerca del público norteamericano.
En consecuencia,
no ha sido nada casual que desde el emplazamiento
mismo de las transnacionales del disco, y en
particular de aquellas que tienen sus más gruesas
acciones económicas en U.S.A., el producto musical
discográfico a partir de creaciones originadas en la
Isla o concebidas en cualquier sitio por artistas
cubanos, ha tenido sostenida presencia.
Esto se hace muy
patente en los Premios Grammy, cuyo claro objetivo
esencial es potenciar el comercio del disco. Es natural
entender que tanto las nominaciones como los ulteriores
premios, estén condicionados por ello. Pensando en la
presencia de la música cubana en las anteriores
ediciones, como en esta del 2005, de manera general los
títulos guardan discos de alto valor estético y esta vez
son más abarcadores de las diferentes vertientes:
Chapeando, de Juan Formell y Los Van Van, la
agrupación por excelencia de nuestros bailadores;
Homo Ludens, de Leo Brouwer, mostrando su clásica
sencillez relevante; Manuel Guajiro Mirabal y
Flor de ausencia, dos de las más recientes entregas
del proyecto Buena Vista Social Club ―la primera
exaltando la maestría de nuestro más criollo
trompetista, por la vía del homenaje a Arsenio
Rodríguez; la segunda brindando de nuevo la posibilidad
de estar muy cercana de una de las voces infaltables de
nuestro entorno espiritual, la de Omara Portuondo―;
Paseo, de Gonzalo Rubalcaba y el Nuevo Cuarteto
Cubano, reafirmándolo entre los virtuosos del jazz
latino; El Kilo, de Orishas, probando que estos
cubanos asentados en París, siempre con lo mejor de
nuestras raíces en sus sentimientos, sí podían
trascender su primer exitoso CD y Cuba le canta a
Serrat, expresión de nuestro cariño familiar al
cantautor español.
Es
natural alegrarse de estas nominaciones y de los
posibles futuros premios, porque manejos de mercado
transnacional aparte, esto contribuye a la mayor
proyección universal de la música cubana. Lo que de
ninguna manera sería serio, es tomar a los Premios
Grammy como termómetro de la mayor calidad de un título
discográfico. No es muy difícil encontrar álbumes
resueltos con los mejores instrumentos estéticos, que
nunca serán tocados por esa especie de varita mágica, y
no por ello tienen que dejar de ser disfrutados por los
amantes de la música cubana y tampoco deberían de dejar
de ser justipreciados por los investigadores y los
críticos, que tienen la responsabilidad de hacer memoria
y balance de nuestra cultura.
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