|
¿Qué tiene que ver la
decisión de un juez de no deportar a Luis Posada
Carriles con la historia de que George W. Bush está
empinando el codo otra vez?
La respuesta comienza
en el hecho de que Bush nunca comenzó un programa de
recuperación de su adicción al alcohol y a las drogas,
la cual supuestamente abandonó a la edad de 40 años
mientras corría. Dios le habló –o Jesús, o algún
enviado. Este fenómeno de renacimiento aparente
sustituyó a AA (Alcohólicos Anónimos) –conjuntamente con
los ejercicios y la oración.
W actualmente tiene
problemas, por supuesto, en Irak y Afganistán. En el
país sus tasas en las encuestas descendieron a 40% o
menos en septiembre. Sin embargo, Bush continuó en el
camino de Karl Rove, derivado del de Napoleón, Federico
el Grande y el modelo político del Partido Nazi:
olvídense de los hechos, la verdad, la integridad, la
ética; dependan de la audacia y la agresión. Esta
fórmula le ha permitido ganar dos elecciones, ha
colocado a los cobardes demócratas a la defensiva y le
ha asegurado el “estúpido voto masculino”, los idiotas
que adoran a la Dra. Laura y a Rush Limbaugh y que votan
en contra de sus propios intereses.
Sin embargo, el
imbatible modelo de éxito se erosionó rápidamente y,
según The National Enquirer (“La Crisis de Bush
con la Bebida”, 21 de septiembre), Laura Bush atrapó a
George echándose un trago al coleto en su rancho de
Crawford. Él comenzó a beber después que sus ayudantes
le informaron del desastre del huracán Katrina y el
fracaso de la FEMA en el manejo de las consecuencias.
¿No confían en la
fuente? Antes de que la prensa “seria” se enterara,
The Enquirer reveló el hábito de Rush Limbaugh con
el oxicontín. (“Limbaugh Atrapado con Drogas”, 2 de
octubre de 2003)
Ahora Jennifer Luce y
Don Gentile reportan que “fuentes familiares han dicho
cómo el presidente de 59 años fue atrapado por la
Primera Dama Laura bebiéndose un trago en el rancho
familiar de Crawford, Texas…
“Cuando los diques
cedieron en Nueva Orleáns, aparentemente eso le hizo
buscar un trago”, dijo un ‘enterado’. “Se sirvió un
trago de whiskey de magnitud tejana y se lo echó al
gaznate. La Primera Dama se escandalizó y gritó:
‘¡Detente, George!’. Después de escuchar el 12 de
septiembre un intercambio con un periodista, Laura puede
haber sospechado que él estaba bebiendo.
“¿Estaba
desinformaron cuando usted dijo que nadie había previsto
la rotura de los diques?”
“No”, respondió Bush.
“…Cuando llegó la tormenta, muchas personas dijeron,
vaya. Hubo una sensación de alivio, y a eso me estaba
refiriendo yo. Y yo mismo pensé que nos habíamos
salvado. ¿Sabe por qué? Porque yo estaba escuchando a la
gente, probablemente por las ondas aéreas, decir que nos
habíamos salvado… Claro, había planes para el caso de
que se rompiera el dique. Hubo una sensación de alivio
en el momento, un momento crítico. Y le agradezco la
oportunidad de aclararlo”. (Sitio web de la Casa Blanca,
12 de septiembre)
Este torpe intento de
claridad oral no compensó su no manejo de las
consecuencias de Katrina. Y la carnicería en Irak
dominaba los titulares diarios. Las tasas de popularidad
se fueron al sur. Los precios de la gasolina se fueron
al norte. W se fue de tragos.
“Lo triste es que
hace semanas que está bebiendo a escondidas. Puede que
Laura lo haya atrapado ahora –pero en la capital se dice
que ya llevaba bebiendo un tiempo”, dijo una fuente del
Enquirer. “La guerra en Irak, la pérdida de vidas
norteamericanas, todo lo ha afectado mucho… El resultado
es que ha estado bebiendo aquí y allá, probablemente en
privado, para enfrentarse al asunto”.
La nación ha
soportado a presidentes borrachos, como Ulysses Grant y
Warren Harding. ¿Pero un “borracho seco”? La Dra.
Katherine Van Wormer, co-autora de Tratamiento de
adicción: una perspectiva de fuerzas, aplicó este
término a Bush, lo cual quiere decir que él dejó de
beber, pero aún piensa constantemente en paliar su
ansiedad con alcohol. (Counterpunch 22 de enero
de 2003)
El 20 de septiembre
él regresó “N’Oleans”, la cual él recordaba con cariño
de su época de bebedor. Bush prometió que se “limpiarían
los escombros, se sacaría el agua y se reconstruirían
los puentes. Pero lo que ustedes deben hacer es un plan
para su futuro. Esperamos conocer su visión para poder
nosotros hacer más mejor (sic) nuestro trabajo”.
“¿Más mejor?” Más
perturbado, pensó Laura. Al día siguiente, W lanzó otro
misil. “Si uno quiere que algo crezca, no se le debiera
cobrar un impuesto. Si uno quiere fomentar los negocios
pequeños, debemos incentarlo (sic) para que crezca en
esa parte del mundo. Alguien dijo el otro día, bueno,
eso es una rebaja de impuestos. De todas maneras esa
región va a tener cero ingresos”.
“Esa región” conjuró
imágenes de gente pobre sufriendo. Si se quedaba para
una sesión de fotos iba a tener que estrechar manos
sucias y abrazar a cuerpos malolientes. Así que se quedó
“de vacaciones”, mirando el golf por TV y no las
imágenes de cadáveres flotantes y gente desesperada.
El borracho seco se
humedeció. Van Vormer menciona otros síntomas: “Una
visión rígida, que juzga constantemente, impaciencia,
comportamiento infantil, comportamiento irresponsable,
argumentación irracional, proyección y reacciones
exageradas”. La Dra. Van Vormer piensa que Bush tiene
esos rasgos y “algunos indicios de paranoia”.
Ella seleccionó como
ejemplo una declaración de Bush: “Debemos estar
preparados para detener a los estados delincuentes y a
sus clientes terroristas antes de que puedan amenazar o
usar armas de destrucción masiva contra Estados Unidos y
nuestros aliados y amigos”. Una declaración tal indica
que “la proyección está aquí también, la proyección del
hecho de que ya estamos listos para atacar a otra nación
que no esté inclinada en ese sentido”.
Él también muestra su
“visión de juicio” en una declaración acerca de Israel.
Para combatir el mal, Bush se torna bíblico. “Miren, mi
trabajo no es de sutilezas. Creo que la claridad moral
es importante… esto es del mal contra el bien”. (Counterpunch,
11 de octubre de 2002)
Tales
pronunciamientos por parte de un combatiente sin
compromisos contra el terrorismo se evaporaron el 27 de
septiembre y dieron a W otra razón para beber. Ese día
un juez de inmigración negó la solicitud de extradición
de Luis Posada Carriles a Venezuela. El abogado del
gobierno norteamericano no se opuso a la decisión del
juez, aunque esta tenía grandes implicaciones.
Posada, a quien el
gobierno de Hugo Chávez calificó de “el Osama bin Laden
de Latinoamérica”, sonrió. También Osama bin Laden,
cuando oyó las declaraciones de Bush el 6 de octubre.
“Estados Unidos no
distingue entre los que realizan actos de terror y los
que los apoyan y les dan refugio, porque son igualmente
culpables de asesinato. Cualquier gobierno que decida
ser aliado del terror también ha decidido ser un enemigo
de la civilización. Y el mundo civilizado debe
responsabilizar a esos regímenes”. (Discurso ante la
Fundación Nacional para la Democracia, 6 de octubre de
2005)
¿Cómo hacer para que
coincidan esas declaraciones con la no deportación de un
terrorista? “Dios debiera saber que esos cubanos
anticastristas, a quien les debo dos elecciones, no me
permitirían deportar a Posada. Ellos lo llaman un
‘dedicado patriota’”.
Desde que Posada
escapó del juicio por su papel primordial en el sabotaje
de octubre de 1976 a un avión comercial cubano sobre
Barbados, en el que murieron 73 personas a bordo,
Bernardo Álvarez, embajador de Venezuela en Washington,
acusó a la administración Bush de usar un “doble rasero”
en el terrorismo.
En el juicio en
Texas, la Casa Blanca y el Departamento de seguridad
Interna colaboraron con Posada al no enfrentar la
aseveración casi sin pruebas del abogado de Posada de
que Venezuela lo torturaría. Es más, el más reciente
informe del Departamento de Estado exime a Venezuela de
la lista de estados que practican la tortura.
Irónicamente,
funcionarios norteamericanos torturan rutinariamente a
los prisioneros en Abu Ghraib y Guantánamo. Un
funcionario del Departamento de Estado dijo en forma
anónima: “Tenemos aquí a alguien que sabemos que es un
terrorista, y está claro que lo estamos protegiendo de
manera activa para que no se enfrente a la justicia. No
tenemos ninguna credibilidad”. (Jim Lone Inter Press
Service, 29 de septiembre de 2005)
Posada debilitó la
reputación terrorista de W. Luego un fiscal de Texas
debilitó su poder en la Cámara al procesar a Tom DeLay
por varios delitos graves. “El Martillo”, como llaman a
DeLay legisladores atemorizados, habían forzado la
aprobación de las reducciones de impuestos de Bush para
la gente más rica del país.
Además, la SEC
comenzó a investigar al Senador Bill Frist, Líder de la
Mayoría en el Senado, por la venta que hizo de acciones
del fondo de fideicomiso a ciegas de Hospital
Corporation of America (HCA), días antes de que las
bajas ganancias devaluaran fuertemente las acciones de
HCA.
“Billy” aseguró que
vendió las acciones para evitar un “conflicto de
interés” si se decidía a aspirar a la presidencia. Pero
sus familiares también vendieron sus acciones de la HCA
el mismo día. Ninguno de ellos aspira a un cargo
público. Frist negó que él sabía lo que había en el
fideicomiso a ciegas. Pocos le creyeron.
Luego la prensa
castigó a W por nombrar a Julie Myers al frente de
Inmigración y Aduanas. Ella es la sobrina del General
Richard Myers, casada con el jefe de personal del
Secretario de Seguridad Interna. ¿Y qué tiene que ver
que la agencia sea parte de Seguridad Interna? Con la
tasa de aprobación en descenso, la reforma de la
Seguridad Social empantanada y una mayor insatisfacción
de los electores con la guerra en Irak, Bush también
recibió críticas por los crecientes precios de la
gasolina.
Así que Posada
debilitó el último reclamo de fuerza de Bush, la lucha
contra el terrorismo.
El Dr. Justin Frank (Bush
en el diván: dentro de la mente del Presidente)
pensó que “Bush está bebiendo otra vez. Los alcohólicos
que no están en ningún programa, como el Presidente, se
las ven negras cuando aumenta el estrés”. (Enquirer,
21 de septiembre)
Posada sonrió. Bin Laden echó una carcajada. Bush bebió.
El drama de nuestro tiempo: ¿dos terroristas y un
borracho? |