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“Quiero
donar a Cuba todo cuanto soy y todo cuanto tengo” fue
una de las primeras frases que, sin previo aviso, me
soltó el español Vázquez de Sola, periodista, critico
teatral y cultivador de la caricatura en el sentido más
amplio en una lluviosa y reciente tarde de octubre.
Este hombre que a
causa de sus ideas políticas ha vivido treinta años
de exilio en Francia asegura que tiene una pasión
por Cuba. “Esta Isla dignifica al hombre y es la
única que se mantiene firme. Si no me sintiera un
poco cubano no podría mirarme por la mañana al
espejo. Quiero donar mi obra a Cuba. Tengo más de
una treintena de caricaturas de artistas e
intelectuales cubanos que deseo sean depositadas en
un lugar público para que todo el mundo pueda
disfrutar de ellas. No quiero que mi arte quede en
manos privadas para el gusto de unos pocos sino que
sea apreciado por mucha gente.
¿Cómo se
materializará ese proyecto?
En principio haré una
donación inicial al Centro Cultural Pablo de la
Torriente Brau
de La Habana.
Para mí es un gran gusto y honor el haber conocido esta
institución que lleva el nombre de un hombre que murió
en España defendiendo la República y la libertad de los
españoles. Me llevo mucha información relacionada con
Pablo de la Torriente y me comprometo en hacer una
caricatura de este impresionante revolucionario y ser
humano.
¿Y cuáles son algunos
de los nombres de esos intelectuales que usted ha
atrapado con su arte?
Algunos que he
conocido y que me han honrado con su amistad como el
poeta nacional, Nicolás Guillén, el novelista Alejo
Carpentier, también muchos dibujantes humorísticos como
Manuel, Ares, Wilson… y otros que he conocido en
San Antonio de los Baños donde me han invitado a
participar como jurado en distintas ediciones de las
Bienales Internacionales del Humor.
Tengo entendido que
usted ha publicado una treintena de libros y el más
reciente es República o esto…
Considero que lo
único verdaderamente serio es la República porque la
palabra “esto” lleva implícita todo el desprecio del
mundo; me refiero a la situación actual española, que no
cambiado mucho desde el tiempo de los reyes católicos
hasta hoy.
República o
esto…es un
libro-catálogo que acompaña una exposición que en estos
momentos está itinerando por varias ciudades españolas.
Es decir, que estos libros sirven de catálogos. Ahora
estoy involucrado en otra exposición que titulé Las
mujeres de mis sueños donde muestra y libro,
reivindican a la mujer frente al hombre;
tengo otro en
preparación que defiende los derechos de los
homosexuales…
En este libro
aparecen caricaturas sorprendentes, ¿cuándo es que
comienza el romance con el género?
Cuando era muy niño
comencé haciendo esculturas y con el fin de decorar el
estudio empecé a hacer dibujos en la pared y a todo el
mundo le gustó. La verdad es que los dibujos eran
mejores que las esculturas y poco a poco pasé a la
caricatura. Con el transcurso del tiempo me di cuenta
de que la caricatura es un género bastante despreciado y
considerado arte menor. Entonces, intento —no quiere
decir que lo haya conseguido— darle una dignidad a la
caricatura.
Pero
ese es un
fenómeno no exclusivo del contexto español, sino
internacional.
Para evitar ese
ninguneo, mis caricaturas son de grandes dimensiones;
cuadros de dos y tres metros al óleo y en los que
intento dar una interpretación, a veces, hasta
abstracta.
Considero que el
parecido tiene que estar en el espíritu de la persona
más que en su cara. Procuro no hacer narices gordas ni
ojos achicados; trato de hacer cosas casi abstractas,
pero que se vea la personalidad. Es lo que intento
hacer. Creo que es una forma de dignificar la
caricatura.
Usted, creo, trabaja
en dos grandes vertientes: la caricatura personal y el
dibujo satírico-político…
El dibujo
satírico político lo he podido hacer en Cuba y en
Francia con libertades absolutas. En España nunca ha
existido esa libertad y cuando he intentado hacerlo he
enfrentado muchas cortapisas.
Me han contratado en
los mejores periódicos españoles y a los quince días me
han echado y sin publicar mis trabajos. Por eso he
dejado, totalmente, de trabajar en la prensa. Ahora
estoy dedicado por entero a Internet: ahí publico lo que
me da la gana, nadie tiene nada que decirme. Recibo
amenazas, pero a mi edad ya no creo en esas cosas.
En estas caricaturas
personales prima el color y como usted decía son
trabajos de gran formato… algo diferente al concepto de
caricatura que tenemos en Cuba, ¿no será que usted se
escuda en el género para en realidad hacer retratos
personales con cierto toque de humor?
Son, por supuesto,
retratos personales. Digo, en broma, que Jesucristo le
aseguraba a sus discípulos: “haré pescadores de hombres”
y yo intento ser un pescador de almas. A veces, en mis
cuadros lo último que hago es el rostro de la persona,
lo que me interesa es lo que existe a su alrededor; si
es posible, que dentro de ese cuadro esté su biografía
entera. Incluso intento que el color sea el que
represente a esa persona.
Entonces, ¿más que
definir el rasgo de las personas lo que busca es la
esencia?
Exactamente, el
parecido de alma que es mucho más profundo que el de la
nariz o el de los ojos.
¿Cuánto hay de
estudio detrás de cada trabajo porque llegar a esa
síntesis creo es muy complicado?
Muchísimo. Lo que
hago más que dibujar previamente es leer sobre la
persona; si es un músico escuchar varias veces toda su
obra, si es un escritor leer todos sus textos… los más
fáciles son los pintores porque hago un “plagio”, es
decir, intento imitar su estilo en mis caricaturas.
Eso me pareció
notarlo claramente en la caricatura de Joan Miró…
Ahí es evidente. Eso
es lo que intento… Miró nunca ha hecho un cuadro como mi
caricatura, pero, por ejemplo, en la firma está Miró y
Vázquez de Sola.
¿Se me queda algo?
Sí. ¡Viva Cuba! |