Año IV
La Habana

29 de OCTUBRE al
4 de NOVIEMBRE
de
2005

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Vázquez de Sola
Un pescador de almas
Estrella Díaz La Habana


“Quiero donar a Cuba todo cuanto soy y todo cuanto tengo” fue una de las primeras frases que, sin previo aviso, me soltó el español Vázquez de Sola, periodista, critico teatral y cultivador de la caricatura en el sentido más amplio en una  lluviosa y reciente tarde de octubre.   

Este hombre que a causa de sus ideas políticas ha vivido treinta años de exilio en Francia asegura que tiene una pasión por Cuba. “Esta Isla dignifica al hombre y es la única que se mantiene firme. Si no me sintiera un poco cubano no podría mirarme por la mañana al espejo. Quiero donar mi obra a Cuba. Tengo más de una treintena de caricaturas de artistas e intelectuales cubanos que deseo sean depositadas en un lugar público para que todo el mundo pueda disfrutar de ellas. No quiero que mi arte quede en manos privadas para el gusto de unos pocos sino que sea apreciado por mucha gente.

¿Cómo se materializará ese proyecto?

En principio haré una donación inicial al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau de La Habana. Para mí es un gran gusto y honor el haber conocido esta institución que lleva el nombre de un hombre que murió en España defendiendo la República y la libertad de los españoles. Me llevo mucha información relacionada con Pablo de la Torriente y me comprometo en hacer una caricatura de este impresionante revolucionario y ser humano.

¿Y cuáles son algunos de los nombres de esos intelectuales que usted ha atrapado con su arte?

Algunos que he conocido y que me han honrado con su amistad como el poeta nacional, Nicolás Guillén, el novelista Alejo Carpentier,  también muchos dibujantes humorísticos como Manuel, Ares, Wilson… y otros que he conocido en San Antonio de los Baños donde me han invitado a participar como jurado en distintas ediciones de las Bienales Internacionales del Humor. 

Tengo entendido que usted ha publicado una treintena de libros y el más reciente es República o esto…

Considero que lo único verdaderamente serio es la República porque la palabra “esto” lleva implícita todo el desprecio del mundo; me refiero a la situación actual española, que no cambiado mucho desde el tiempo de los reyes católicos hasta hoy.

República o esto…es un libro-catálogo que acompaña una exposición que en estos momentos está itinerando por varias ciudades españolas. Es decir, que estos libros sirven de catálogos. Ahora estoy involucrado en otra exposición que titulé Las mujeres de mis sueños donde muestra y libro, reivindican a la mujer frente al hombre; tengo otro en preparación que defiende los derechos de los homosexuales…

En este libro aparecen caricaturas sorprendentes, ¿cuándo es que comienza el romance con el género?  

Cuando era muy niño comencé haciendo esculturas y con el fin de decorar el estudio empecé a hacer dibujos en la pared y a todo el mundo le gustó. La verdad es que los dibujos eran mejores que las esculturas y poco a poco pasé a la caricatura. Con el transcurso del tiempo me di cuenta de que la caricatura es un género bastante despreciado y considerado arte menor. Entonces, intento —no quiere decir que lo haya conseguido— darle una dignidad a la caricatura.

Pero ese es un fenómeno no exclusivo del contexto español, sino internacional.

Para evitar ese ninguneo, mis caricaturas son de grandes dimensiones; cuadros de dos y tres metros al óleo y en los que intento dar una interpretación, a veces, hasta abstracta.

Considero que el parecido tiene que estar en el espíritu de la persona más que en su cara. Procuro no hacer narices gordas ni ojos achicados; trato de hacer cosas casi abstractas, pero que se vea la personalidad. Es lo que intento hacer. Creo que es una forma de dignificar la caricatura.

Usted, creo, trabaja en dos grandes vertientes: la caricatura personal y el dibujo satírico-político…

El dibujo satírico político lo he podido hacer en Cuba y en Francia con libertades absolutas. En España nunca ha existido esa libertad y cuando he intentado hacerlo he enfrentado muchas cortapisas.

Me han contratado en los mejores periódicos españoles y a los quince días me han echado y sin publicar mis trabajos. Por eso he dejado, totalmente, de trabajar en la prensa. Ahora estoy dedicado por entero a Internet: ahí publico lo que me da la gana, nadie tiene nada que decirme. Recibo amenazas, pero a mi edad ya no creo en esas cosas.

En estas caricaturas personales prima el color y como usted decía son trabajos de gran formato… algo diferente al concepto de caricatura que tenemos en Cuba, ¿no será que usted se escuda en el género para en realidad hacer retratos personales con cierto toque de humor?

Son, por supuesto, retratos personales. Digo, en broma, que Jesucristo le aseguraba a sus discípulos: “haré pescadores de hombres” y yo intento ser un pescador de almas. A veces, en mis cuadros lo último que hago es el rostro de la persona, lo que me interesa es lo que existe a su alrededor; si es posible, que dentro de ese cuadro esté su biografía entera. Incluso intento que el color sea el que represente a esa persona.

Entonces, ¿más que definir el rasgo de las personas lo que busca es la esencia? 

Exactamente, el parecido de alma que es mucho más profundo que el de la nariz o el de los ojos.

¿Cuánto hay de estudio detrás de cada trabajo porque llegar a esa síntesis creo es muy complicado?

Muchísimo. Lo que hago más que dibujar previamente es leer sobre la persona; si es un músico escuchar varias veces toda su obra, si es un escritor leer todos sus textos… los más fáciles son los pintores porque hago un “plagio”, es decir, intento imitar su estilo en mis caricaturas.

Eso me pareció notarlo claramente en la caricatura de Joan Miró… 

Ahí es evidente. Eso es lo que intento… Miró nunca ha hecho un cuadro como mi caricatura, pero, por ejemplo, en la firma está Miró y Vázquez de Sola.  

¿Se me queda algo?

Sí. ¡Viva Cuba!

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