Año IV
La Habana

17 - 23 de DICIEMBRE
de
2005

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A pesar de todo
Robert Mapplethorpe en Cuba

Rafael Grillo La Habana


Por supuesto que no estuvo él, de habeas corpus, porque Robert Mapplethorpe falleció el 9 de marzo de 1989, pero nos llegó finalmente su obra, la de uno de los grandes artistas del siglo XX, cuando el pasado 13 de diciembre se inauguró Sagrado y Profano, en la Fototeca de Cuba.

A pesar del bloqueo norteamericano que limita a la Isla el contacto cultural con sus vecinos, como lo destacó Michael Word Stout, presidente de la Fundación Robert Mapplethorpe, de Nueva York, asistimos a la posibilidad de ver una muestra, curada por el experto Philip Larratt Smith —también presente en La Habana—, que ha recorrido varias ciudades de Europa, Australia, Nueva Zelanda y otras regiones.

Pero más allá de la dimensión política del suceso, su significación estética vale por sí sola para lanzar hurras. Oportunidad única es esta de valorar in situ los aportes de Mapplethorpe para que la fotografía saltara definitivamente en el siglo pasado a un reconocimiento como arte, parigual de las veteranas pintura y escultura.

Su jugada estética consistió en retomar el sentido clásico de la composición y géneros tradicionales como los retratos de rostros y de cuerpos desnudos o las naturalezas muertas, y pasarlos por el filtro de luz de la cámara y los contrastes del blanco y el negro.

De ello dan cuenta sus abundantes autorretratos, o los torsos desvestidos de piezas como Lydia o Ken Lydia and Taylor. “Estetizó”, parejos, en una operación sin precedentes, el cuerpo de una niña     Melia Marden, la cara de la vejez Alice Neel, la negritud —en las series Thomas y Ajjito— o el oscuro mundo sadomaso Helmut, NYC y Joe, NYC.

Logró incluso que la fotografía compitiera con la pintura en la simulación de superficies Chest y Nipple. Testimonió una etapa, con sus celebridades —los pintores Andy Warhol y Louise Bourgeois, las stars hollywoodenses Susan Sarandon y Arnold Schawerznegger.

Trascendió lo puramente artístico hasta encaramarse en la profundidad de lo científico, con estudios de valor antropológico que destacan las identidades y diferencias raciales Ken Mody and Robert Sherman o la anatomía interna del hombre Skull. Exploró dentro de  sí mismo, en sus conflictos y contradicciones, para hacer aflorar el drama de la individualidad —sus Self-portraits, donde se representó a él mismo una vez como diablo y vestido de mujer en otro.

Hombre que pudiera ser polémico, por sus elecciones sexuales o su vida tortuosa, Robbert Mapplethorpe nos ha dejado, sin embargo, una impronta estética imperecedera y ejemplar. Su legado marca todavía a muchos artistas contemporáneos, incluidos varios de los nuestros, como René Peña, Juan Carlos Alom, Yamila Lomba y Cirenaica Moreira, entre otros.

Le bastaron un par de décadas: Nacido el 4 de noviembre de 1946; expuso por primera vez en Nueva Cork, en 1973; y sus fotografías recorrieron las principales plazas artísticas del mundo: Francia, Gran Bretaña, Italia, durante los 70 y los 80, hasta su prematura muerte en 1989. 

Y 48 de entre sus obras están expuestas ahora en La Habana. Las suficientes para reconocer, además, su capacidad para impregnar de erotismo tanto flores (Poppy y Orchid), como cualquier objetivo que enfocara dentro del lente, en una batalla interna  entre su educación religiosa y “la singularidad del deseo”, entre sus demonios internos y la fría concepción católica del pecado.

De ahí el título dado a la exposición, Sagrado y Profano, que revela un manejo irónico de la iconografía religiosa y el interés por afirmar la belleza y la sensualidad de todo lo humano, aún cuando no pasemos, para la visión sacra, de ser criaturas desprendidas del Cielo por causa de la desobediencia.   

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