Año IV
La Habana
2005

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El aroma del son
Bladimir Zamora Céspedes | La Habana


Hasta 1964 nunca había podido gozar en vivo de una agrupación sonera de ciudad. Allá en Cauto del Paso, mi pueblecito rural, las fiestas cotidianas se armaban con guitarras y poco más, y cuando era una celebración señalada traían el Órgano de los Hermanos Ajo.  Y mira tú, en octubre del 60, el ciclón Flora lo destruyó casi todo  con su trenza de vientos y agua, incluida la escuela donde cursaba el sexto grado, razón por la cual tuve que terminar en un colegio de Victoria de Las Tunas.

En medio del camino de la casa donde me hospedaron y el colegio había una tabaquería. Me gustaba detenerme un ratico en la acera del establecimiento a respirar el aroma que salía de allá adentro, pero un día, más que el perfume de los habanos, me paralizó justo en la puerta una música que era nueva a mis oídos, y en mi cabeza de muchacho provocaba una sensación de estar escuchando la señal de un viejo conocido.

En eso salió de allí un viejo con aspecto de abuelo cariñoso y me atreví a preguntarle si esa orquesta que tocaba en el interior de la fábrica era tunera. “No muchacho, esos músicos vienen de La Habana. Lo que tú estás oyendo es el Septeto Nacional”, me dijo. “No sé quiénes son, pero me gusta mucho lo que hacen”, le respondí. Asombrado de mi interés, me invitó a pasar y en un dos por tres estaba yo en un amplio salón repleto de tabaqueros, que no dejaban su laboreo mientras escuchaban a los soneros, que con aire de sabrosa solemnidad estaban al fondo, encima de una tarima improvisada.

Me acerqué lo más que pude para reparar bien en aquellos hombres en su mayoría de mucha edad, menos un mulato mediano que con su voz de clarín rompedor hacía la historia de una linda sevillana, quien le confesaba a su marido: me vuelvo loca chiquito/ por la música cubana. Sin tener la menor noción del tiempo que pasaba, escuché por vez primera otras muchas composiciones del repertorio del Nacional: “La cachimba de San Juan”, “Bardo”, “Échale salsita”, “Esas no son cubanas”… Cuando terminaron, me fui corriendo para la casa y al indagar la causa de mi inusual tardanza, les contesté con mucha satisfacción: “Un tabaquero me invitó a escuchar al Septeto Nacional”. “Y qué tú hacías oyendo música de viejos”, me dijo la señora Amparo.

Aquella vez no supe responderle y, sin embargo, el deslumbramiento espiritual que provocó en mí el disfrute vivo del son, permanece intacto. De año en año renovado por el deseo de saber de dónde viene, cómo ha sido su desarrollo y hacia dónde se dirige, el son cubano es la expresión musical que mejor nos explica. Gracias a ello pude conocer después que en 1927 el compositor y contrabajista Ignacio Piñeiro fundó la agrupación, por la que a lo largo del siglo XX pasaron otros relevantes nombres  de nuestra música: Abelardo Barroso (voz prima y claves), Alberto Villalón (guitarra y coro), Lázaro Herrera (trompeta), Marcelino Guerra (voz segunda y maracas), Bienvenido Granda (voz prima y claves), Rafael Ortiz  y Carlos Embale, entre otros.

EN MP3  
 

SEXTETO NACIONAL

Primeras Grabaciones (1927-1928)

 

 

1. Suavecito - Versión original
2. Reliquia de amor - Juan de la Cruz
3. ¿Dónde vas con el rabo? - Alberto Villalón

Sin desdorar a las demás importantes instituciones septereras, en la medida que transcurrió el tiempo y pude, pegado a las viejas grabaciones, examinar la textura expresiva de unos y de otros, me pude explicar al menos una de las razones de que sin ningún contacto anterior, un niño de doce años quedara atrapado por la sonoridad del Nacional. En la conquista de una manera propia, lo cual era muy importante en un tiempo en el que abundaba este formato, Piñeiro logró la estilización del son puro y duro venido de Oriente, serenando el ritmo y definiendo claramente el lugar de la voz prima,  la voz segunda y también del coro.

Está cayendo la tarde sobre la vieja Habana, mientras Carlos Embale echa a volar desde su voz, las “Cuatro Palomas”, de Ignacio, y puedo, sin cerrar los ojos, ser otra vez el muchacho  que conoció en una tabaquería de Tunas.   

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