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¿Cuatro, cinco, seis meses? ¿Cuánto durará la euforia?
Cuba vive la fiebre de la conga de un extremo a otro del
archipiélago. Decididamente la palabra saltó una vez más
del ámbito folclórico para convertirse en un fenómeno de
amplia connotación social. El tema “Añoranza por la
conga”, de Ricardo Leyva, interpretado por la orquesta
que dirige, Sur Caribe, ha devenido el éxito musical de
mayores proporciones que se recuerde en los últimos
años.
No
deja de ser curioso el hecho de que ese tema sea el
único de la primera producción discográfica de la
agrupación santiaguera que haya realmente impactado a
escala popular.
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Credenciales,
en tanto disco, es, indudablemente, una amalgama
irregular en estilos y proyecciones, donde a veces se
coquetea con las sonoridades fuertes de la timba, con
los sones más bravos, con estribillos y coros que
pretenden pegar a la fuerza, mientras que en otras se
anquilosa tratando de reeditar la solvencia neosonera de
Juan Formell o las instancias guaracheras renovadoras de
Cándido Fabré. No obstante, por sus resultados sonoros
implícitos, algunas piezas como “Don Dinero” o “Muévete
así que te queda bien” pudieran haber corrido mejor
suerte. El primero, por condensar la actualidad timbera
en una crónica de costumbre de corte satírico; la
segunda, por la vivacidad de sus frases que incitan al
bailador. Tampoco debe obviarse la intención de retomar
la tradición trovadoresca en los primeros compases de
“Lejos de Santiago”, hilo que se pierde en la
posterior indefinición estilística del tema.
Pero, sin lugar a dudas, “Añoranza por la conga” marcó
no solo la diferencia en el disco, sino la de lo que se
ha estado escuchando en el espectro más reciente de la
música bailable en nuestro país.
Leyva no inventó nada y, sin embargo, lo inventó todo.
La típica célula rítmica de la conga de Los Hoyos, uno
de los bastiones tradicionales del Carnaval de Santiago
de Cuba, se muestra intacta, con toda su energía vital.
No se le modifica ni transgrede. El compositor y
director de Sur Caribe, conguero de raíz, apeló
sencillamente a los suyos.
“Añoranza por la conga”
tampoco se instala en una corriente nostálgica,
característica de los reiterados revival a que
suele apelar en determinados momentos la industria
fonográfica para rescatar públicos y reciclar antiguos
éxitos. En este caso se trata de un proceso de
activación de la memoria que revela cómo el sustrato de
una de las especies músico-danzarias de mayor arraigo en
nuestra historia se halla visceralmente incorporado a la
sensibilidad popular y al imaginario colectivo.
El
resto, y no menos importante, consiste en haberle dado
profundidad de campo a la conga, mediante procedimientos
que no desvirtúan su esencia: una sonoridad que más que
recordar lo puramente sinfónico, nos entrega una
referencia tímbrica.
Y
luego viene la letra y su manera de proyectarla. Allí sí
se habla de nostalgia, pero también, al final de la
fábula, de reafirmación, de recuperación de una
identidad. No hay estridencias, sino una recitación
fiel, en puro tono callejero.
Nadie se resiste a dejar de arrollar con esta conga de
Leyva y Sur Caribe. Nadie se sustrae a sus aires
optimistas. Nadie, ni el más pinto, deja de ser
conguero. |