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De conga en conga
Pedro de la Hoz La Habana


¿Cuatro, cinco, seis meses? ¿Cuánto durará la euforia? Cuba vive la fiebre de la conga de un extremo a otro del archipiélago. Decididamente la palabra saltó una vez más del ámbito folclórico para convertirse en un fenómeno de amplia connotación social. El tema “Añoranza por la conga”, de Ricardo Leyva, interpretado por la orquesta que dirige, Sur Caribe, ha devenido el éxito musical de mayores proporciones que se recuerde en los últimos años.

No deja de ser curioso el hecho de que ese tema sea el único de la primera producción discográfica de la agrupación santiaguera que haya realmente impactado a escala popular.

Credenciales, en tanto disco, es, indudablemente, una amalgama irregular en estilos y proyecciones, donde a veces se coquetea con las sonoridades fuertes de la timba, con los sones más bravos, con estribillos y coros que pretenden pegar a la fuerza, mientras que en otras se anquilosa tratando de reeditar la solvencia neosonera de Juan Formell o las instancias guaracheras renovadoras de Cándido Fabré. No obstante, por sus resultados sonoros implícitos, algunas piezas como “Don Dinero” o “Muévete así que te queda bien” pudieran haber corrido mejor suerte. El primero, por condensar la actualidad timbera en una crónica de costumbre de corte satírico; la segunda, por la vivacidad de sus frases que incitan al bailador. Tampoco debe obviarse la intención de retomar la tradición trovadoresca en los primeros compases de “Lejos de Santiago”, hilo que se pierde en la posterior indefinición estilística del tema.

Pero, sin lugar a dudas, “Añoranza por la conga” marcó no solo la diferencia en el disco, sino la de lo que se ha estado escuchando en el espectro más reciente de la música bailable en nuestro país.

Leyva no inventó nada y, sin embargo, lo inventó todo. La típica célula rítmica de la conga de Los Hoyos, uno de los bastiones tradicionales del Carnaval de Santiago de Cuba, se muestra intacta, con toda su energía vital. No se le modifica ni transgrede. El compositor y director de Sur Caribe, conguero de raíz, apeló sencillamente a los suyos.

“Añoranza por la conga” tampoco se instala en una corriente nostálgica, característica de los reiterados revival a que suele apelar en determinados momentos la industria fonográfica para rescatar públicos y reciclar antiguos éxitos. En este caso se trata de un proceso de activación de la memoria que revela cómo el sustrato de una de las especies músico-danzarias de mayor arraigo en nuestra historia se halla visceralmente incorporado a la sensibilidad popular y al imaginario colectivo.

El resto, y no menos importante, consiste en haberle dado profundidad de campo a la conga, mediante procedimientos que no desvirtúan su esencia: una sonoridad que más que recordar lo puramente sinfónico, nos entrega una referencia tímbrica.

Y luego viene la letra y su manera de proyectarla. Allí sí se habla de nostalgia, pero también, al final de la fábula, de reafirmación, de recuperación de una identidad. No hay estridencias, sino una recitación fiel, en puro tono callejero.

Nadie se resiste a dejar de arrollar con esta conga de Leyva y Sur Caribe. Nadie se sustrae a sus aires optimistas. Nadie, ni el más pinto, deja de ser conguero.

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