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Ustedes verán la exposición en breves instantes y podrán
disfrutar de un espectáculo de mucho valor, comenzando
por el trabajo de Silvio Rodríguez y de Abel Prieto,
quien tiene muchas razones para encabezar esta
exposición.
Esta
muestra es parte de la celebración por el aniversario
del surgimiento de
La
Jiribilla:
el quinto día del quinto mes hace cinco años. Ya hicimos
otra conmemoración en el Museo Nacional de Bellas Artes,
pero ahora quiero agregar mis palabras al reconocimiento
que entonces se les hizo a los fundadores y a aquellos
que han mantenido la publicación (la electrónica, que es
la que reconocemos hoy) y la impresa que me parece
igualmente muy importante.
No hay
cómo destacar la importancia que tiene la labor de esos
jóvenes rebeldes, a veces un tanto revoltosos, que se
han metido en el mundo de las comunicaciones modernas a
decir su verdad y a combatir a aquellos que tratan de,
precisamente, cercenar el pensamiento, de dominar la
mente de las personas.
En los
años 1960 —cuando comenzaba el desarrollo de la
computación que va a ser el prólogo inevitable de lo que
luego será Internet— mucho se habló del papel que jugó
el Pentágono. Es verdad que surgió de los círculos
militares y económicos de EE.UU., pero también en
California había personas de cabellos largos y antes del
rock como se destaca en un libro recién publicado; en él
se habla de eso: el doble carácter, el doble sentido. No
siempre solo fue una tecnología que estuviese en las
manos de los dominadores.
Llegó
a ser para algunos como un símbolo de la contracultura y
soñaban que algún día la tecnología serviría para
comunicar a las personas, para abrir más espacios a la
libertad y a la acción de aquellos que se han empeñado
en tratar de cambiar el mundo.
Leí
con mucha emoción el folleto que sacó el Consejo de
Estado en el que aparecen varios materiales y publican
un artículo de Robert Roosvelt, el secretario del
Pentágono, donde habla de la guerra contra Internet.
Resulta que Internet se ha convertido en un terreno de
la guerra que él —que tanto ama la guerra— despliega no
solo ejércitos de tierra, de aire de mar, sino también
para el cíber espacio.
Realmente leer me emocionó porque recordé que el primer
nombre Internet fue ARPA-NET (y no tenía nada que ver
con la música). ARPA eran las cuatro letras que
indicaban la Agencia de Proyectos de Investigación
Avanzados del Pentágono. Esos son los comienzos, ese es
el bautizo de Internet, que fue una iniciativa, un
proyecto, nada más y nada menos, del Pentágono que
ahora, sin embargo, tiende a ver ese espacio como un
terreno de combate.
Esto
no quiere decir que hayan perdido el control de ese
terreno y que se haya completamente convertido en un
instrumento de la cultura; todavía sigue siendo en gran
medida en lo que ahora —el ya viejo Brezinzki— afirmó
en los años 60: esas tecnologías deben servir para
manipular los sentimientos y controlar la razón del ser
humano.
Desde
entonces ha sido un terreno de batalla entre los
poderosos que han querido privar al ser humano de su
capacidad de pensar y de sentir y aquellos que han visto
en él una posibilidad de lo contrario.
Hay que librar una batalla difícil,
compleja.
Saludemos a todos aquellos que en el mundo
entero participan en esa batalla del lado del hombre, de
la dignidad del pensamiento, de la cultura, incluyendo,
por supuesto a nuestros compañeros y compañeras de
La
Jiribilla.
En otras palabras: ¡Jiribillas
de todos los países, uníos! Muchas gracias.
Palabras del Presidente de la Asamblea Nacional del
Poder Popular, al dejar inaugurada la muestra "5 X 5 = 25,
La Jiribilla en el pincel". Sala transitoria del Memorial José Martí, 25 de mayo,
2006. |