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Exposición Homenaje, Memorial José Martí. Mayo 25, 2006  

 

EDUARDO ROCA SALAZAR (CHOCO)
Cada semana al consultar La Jiribilla sentía una sensación muy extraña. Primero porque tenía que analizar qué quiso decir José Lezama Lima con ese concepto. Al invitarme a participar en esta muestra me di cuenta de que, por fin, tenía un motivo para darle rienda suelta a mi imaginación. Desde los años 90 tengo mi jiribilla y la redescubrí al ir a mi baúl de los recuerdos donde atesoro una serie de obras que amo verdaderamente, algunas de las cuales datan de esa difícil y controvertida década. Encontré una pieza que era mi jiribilla más íntima y con ella me sumé al proyecto. Francamente, cuando supe del nacimiento de La Jiribilla como medio de comunicación hace ya cinco años, nunca pensé que esa publicación iba a trascender con tanta fuerza. He tenido noticias y conversaciones con diferentes amigos que viven en otras partes del mundo, incluso en Miami, y hablan maravillas y a favor de esa revista digital que da información de todo lo que acontece en la vida política, cultural e incluso económica de esta Isla. Tengo que, con mucho amor, felicitar a aquellos a quienes se les ocurrió crear esta publicación para informar al mundo sobre nuestras verdades. Los admiro muy sinceramente.

 

 

DIANA BALBOA
Mi jiribilla es, sencillamente, un homenaje a la publicación digital y está hecha, con toda intención, para ilustrar mi punto de vista, mi experiencia, mi cubanía —porque La Jiribilla es eso: cubanía—, con musicalidad. Sencillamente es un ángel hecho con toda la intención ilustrativa y también marcadamente expresionista; es un despliegue de luz y de elementos místicos: el barco por la Virgen de La Caridad, tres palomas por los tres Juanes, el amarillo por Ochún… todo junto, todo mezclado, todo revolcado.
Tengo un gran amigo que a su vez es un gran inspirador de La Jiribilla y que se llama Abel Prieto; no porque sea el ministro, sino que hace muchos años somos amigos. Él cuando está gestando algo en su cabeza tiene la generosidad y también la prudencia de comentarlo con sus amigos para que cada quien aporte lo suyo. Abel en su gestación, en su embarazo, pues en medio de una partida de dominó nos comentó sobre La Jiribilla…, por eso creo que La Jiribilla es de todo el mundo. Recuerdo que en la década de los 70, el doctor Eusebio (Eusebio Leal, actual historiador de la Ciudad de La Habana), decía: “van a abrir las guaraperas en La Habana”. Y todos asombrados decíamos: ¡¿Mentira?!, a lo que él contestaba: “Sí, es mentira, pero vamos a repetirlo para que se dé”. Esa es la inspiración, es decir, vamos a decirlo para que vaya creciendo y que ese embarazo llegue a muchos felices términos cada semana, que es cuando se actualiza la publicación.
 

 

AGUSTÍN BEJARANO
Creo, sinceramente, que es un privilegio haber sido invitado a participar en esta exposición, porque de alguna manera nos ha obligado a formarnos una teoría propia o una configuración de lo que es una jiribilla. Creo que la jiribilla no es más que un duende un poco contradictorio, quizá, dentro de la creación que permite reflexionar, que obliga a hacerse conjeturas, cuestionamientos acerca de la vida del hombre en la actualidad. Creo que, a grandes rasgos, eso es lo que he querido captar en mi obra. Esta muestra también ha dado la posibilidad a artistas de varias generaciones de plasmar sus preocupaciones más inmediatas, no solamente estéticas, sino sociales y políticas de la vida contemporánea del hombre.

 

NELSON DOMÍNGUEZ
Considero que esta muestra es muy especial porque se basa en un elemento que no es la expresión de una persona ni de algo en particular, sino de una conducta: la conducta de la inconformidad. Creo que la jiribilla tiene una conducta arremolinada en la vida y al mismo tiempo es una actitud contestataria positiva ante la vida en general. El pensamiento jiribillesco es algo que expresa de cierto modo la alegría, el acuerdo, pero también el desacuerdo de los seres humanos ante la vida cotidiana. Hice una jiribilla que se llama “El rapto de la virginidad” porque a veces se dice: “esa mujer es una jiribilla”, es decir, es un término que expresa una dinámica interna e inquieta. Por otra parte soy un lector y admirador de La Jiribilla como medio digital y también impreso, y cuando me llamaron para involucrarme en este proyecto me sentí muy feliz. Creo que La Jiribilla es un documento del pensamiento cubano. Soy de los que siempre participa cuando me invitan porque creo que cada exposición es un motivo para meditar; como decía José Martí: “cualquier tierra sirve si el hombre sirve”.

 
 JAVIER GUERRA
Como nadie ha visto una jiribilla, pues nadie sabe exactamente qué es y, por lo tanto, es un concepto que te obliga a imaginártela. Para mi obra tomé como inspiración una fotografía de Korda, ese destacado artista del lente ya fallecido, tomada a Norka, una de sus musas. Considero que Korda es un verdadero maestro y las cosas que hizo a partir de la publicidad fueron muy importantes y de gran calidad; como me acerco en mi obra al mundo de la publicidad, su quehacer me inspira mucho. Quería dar la impresión del paso del tiempo, como un cartel de los años 20. Le incluí el encabezamiento de La Jiribilla, hice un montaje y, sinceramente, todo se fue armando por el camino de manera muy natural. Estoy muy contento con esa pieza.
 
 
JOSÉ LUIS FARIÑAS
La Jiribilla es para mí como un centro luminoso y a la vez paradójico; mi jiribilla nace del texto de Lezama e intenté hacer como una imagen que pudiera, de algún modo, reproducir la esencia irónica y trascendente del espíritu de lo cubano como un espejo de posibilidades infinitas. Esa es la esencia de mi jiribilla.
 

ÁNGEL RAMÍREZ
Interpreto mi jiribilla como un monitor de computadora y ahí introduzco a mi angelito de la jiribilla; tuve en cuenta que, al ser una revista digital, era ideal hacer esta asociación de ideas. Me puse a trabajar y esta es la obra resultante.

 

MANUEL LÓPEZ OLIVA
En mis visitas a la casa de José Lezama Lima lo veía abanicarse sentado en su sillón, lleno de libros a su alrededor, con un tabaco y con mitografías interesantísimas —porque en esa época pensé que había viajado el mundo y no era así… Cuando aquello yo era estudiante de la Escuela Nacional de Arte y estaba comenzando los avatares de la crítica junto con mi labor de pintor inicial. En esos tiempos, recuerdo que conversando con Lezama le pregunté sobre el término “ángel de la jiribilla” que había encontrado en uno de sus textos. Pero, ¿qué era el ángel de la jiribilla? Y su respuesta fue que era energía, que era incorpóreo, que era la presencia de la insatisfacción, de lo antiacadémico, de lo anticonvencional mismo. Reencontrarme de nuevo con la jiribilla, ahora en una dimensión plástica, me lleva lógicamente a pensar. Anteriormente nunca vi a la jiribilla personificada porque es un concepto lezamiano, de manera que en la muestra aparece una obra mía que tiene que ver con esa inspiración de Lezama vista desde mi lenguaje en el que uso la teatralidad, la máscara, como un signo de la relación subjetiva con la sociedad, con la historia. Esta obra mía puede que, en alguna medida, se relacione con Lezama porque es el diálogo, la conversación. Lezama era un extraordinario conversador y ejercía de alguna manera lo que da nombre a mi cuadro en esta muestra y es el “Diálogo de oficio”; aquí conversan máscaras, seres que necesitan del ocultamiento y del doblez o de la multiplicidad —porque a veces se utilizan muchas máscaras.
También la máscara estuvo presente en la obra de Lezama no solamente en Paradiso, donde aparecen referencias a ese carnaval inusitado de exhuberancia y sensualidad que tiene que ver con una obra mía que se llama, precisamente, “El carnaval”, sino que también la utilizaba a veces para buscar imbricación entre los seres de la cotidianidad criolla —que él sentía, percibía, entendía y con los que dialogaba— y aquel mundo mítico relacionado con lo romano, y estuvo presente en toda la trayectoria creadora que abrió y cultivó hasta su muerte. De algún modo mi obra se imbrica con el principio del imago lezamiano y por ese carácter que tiene de oposición en el mejor sentido, es decir, la oposición histórica o aquella que va en camino hacia lo justo, pues también anda con el ángel de la jiribilla porque es el ángel de la insatisfacción, el ángel de lo anticonvencional, el ángel de la creación.

 

ADIGIO BENÍTEZ  
La publicación La Jiribilla ha sido muy efectiva, tanto en su forma digital como impresa, porque ha tenido la preocupación de llevar al lector o al navegante las informaciones más importantes, los trabajos de los escritores más destacados del mundo, los artistas de cualquiera de las manifestaciones del arte —ya sea la música, la literatura, el teatro… Todo lo recoge La Jiribilla, pero de manera extremadamente desenfadada y eso se nota, también, en las ilustraciones. En el trabajo que entregué para esta exposición traté de acercarme al estilo de ilustración que posee La Jiribilla. Ojalá lo haya logrado.

 

ILEANA MULET     
Mi jiribilla está dada a través de los elementos que utilizo; por ejemplo, al empelar el papel manufactura estaba pensando en La Jiribilla de papel; cuando usé el colage de los ángeles —a quienes quise convertirlos en algo humano— puse uno sumergido en el mundo de la música, otro pensando y dos como sujetando una enorme piedra que es como el peso de la responsabilidad que constituye ser periodista y trabajar en La Jiribilla. Luego, obviamente, introduje el elemento mío, es decir, el tema de la ciudad, pero como contexto necesario para divulgar lo que se publica en La Jiribilla. También utilicé códigos de color, como los tonos de naranja y los sepias que en algún sentido, creo, apoyan la idea, la arropan. Por esos caminos anduve. Escuché hablar por primera vez de La Jiribilla durante una reunión en la que estaba nuestro ministro de Cultura, Abel Prieto, y alguien de la intelectualidad le comentó sobre un artículo publicado en La Jiribilla. Ahí fue cuando empecé a indagar y con el tiempo me he convertido en una fiel seguidora de esa publicación. También he tenido el privilegio de aparecer en sus páginas gracias a varios artículos y entrevistas realizados en torno a mi obra. Esa es la manera en que me he vinculado a esta fantástica publicación a la que le deseo larga vida.  

 

© La Jiribilla. La Habana. 2006
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