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Si feliz estuvo Natalia Bolívar Aróstegui de que la
llamaran para participar en la II Conferencia de
Intelectuales de África y la Diáspora, muy contenta
integró la delegación oficial cubana presidida por Abel
Prieto, ministro de Cultura. Aún ríe satisfecha de los
intercambios, incluso, antes de viajar.
Como la mayor parte
de lo que acontece en la vida de esta investigadora, la
invitación del gobierno de Brasil para que participara
en la conferencia, la tomó por sorpresa, mucho más
cuando desde hace años amasa el sueño de conocer el
gigante sudamericano.
Se dice que en la
II Conferencia de Intelectuales de África y la Diáspora
se abogó por el renacimiento del continente negro. En tu
opinión, ¿qué significa tal empeño?
No estoy de acuerdo
con usar la palabra renacimiento, porque renacer es
volver a nacer. Desde que supuestamente el continente
africano fue descubierto por los portugueses en el siglo
XV, ha aportado a los llamados países desarrollados
inmensas riquezas que van desde minas de diamante hasta
toda la cultura. Europa, EE.UU.… han expoliado a África
sin darle siquiera una pieza para sus museos. África no
renace, África está buscando su espacio en la cultura,
en la humanidad… Lo que ha influido ese inmenso
continente se puede ver como uno de los miles de ejemplo
en Picasso. Fue en el museo del hombre donde se
inspiró en las grandes piezas, expoliado desde África
por los franceses. Con esa impronta que recibió, Picasso
copió las máscaras en “Las señoritas de Avignon”, obra
que marca su tránsito de lo clásico a toda esa otra
expresión que consiguió en sus obras posteriores.
África lo que está
haciendo es tomar conciencia de qué es y cuánto le
deben.
Algunos investigadores afirman que Brasil es el más
africano de los países de América ¿Qué lugar ocuparía
Cuba en esa categorización?
Si los investigadores
dicen que Brasil es la nación más africana en América
Latina, Cuba en el Caribe es uno de los países más
importantes en dar a conocer la cultura africana. Brasil
tiene más habitantes que toda el área del Caribe, por
eso quizá, se habla de su africanismo en términos
absolutos. Sin embargo, Jamaica, Trinidad- Tobago,
Haití, Santo Domingo, son naciones con una posición
importante a la hora de dar a conocer la singular
espiritualidad que emana de África. Cuba, con su
emigración e inmigración, ha posibilitado que la
herencia africana fructifique en otros países. Por su
posición geográfica ha posibilitado el cruce y
refundación de culturas. Y además tiene características
muy propias: mientras Ifa llega a Cuba en el siglo XVIII,
en Brasil penetra, sino me equivoco, a principios del XX.
Otro aspecto singular en las manifestaciones religiosas
africanas es que las sociedades secretas abakuás, un
fenómeno del sureste de Nigeria, solo se ramificaron
hacia tres zonas: Habana, Matanzas y Cárdenas. Digo
esto porque creo que en Cuba hay aportes y desarrollo de
la cultura negra, que la hacen una depositaria singular
de todo lo que salió de África.
¿Qué
importancia le concedes a la participación de los
intelectuales en los problemas que aún mantiene la
tierra negra?
Los intelectuales de
todos los países, no de Cuba o América, se han nutrido
de la cultura africana. En la danza, la música, la
pintura, los ritos contemporáneos hay, casi siempre,
elementos de África, por no decirte copias exactas de la
diversa cultura negra. Entones es importante que los
intelectuales se tomen en cuenta y bien en serio al
continente africano. Hay países negros amenazados con
desaparecer por el SIDA, otros son hoy muy pobres por la
manera que han sido expoliados. África merece ser
defendida, ayudada, como lo ha hecho Cuba.
El ejemplo de nuestro
país, con el envío de médicos, técnicos, maestros y
cooperantes de distintas especialidades creo que da la
tónica de lo que reclama esa zona. Cuba siempre le ha
tendido la mano, incluso cuando algunos países pidieron
ayuda para su liberación. Y se hizo
—y
se hace—
sin interés alguno, como debe ser la solidaridad.
Para
Natalia, la investigadora cubana, ¿qué trascendencia
tiene esta segunda conferencia?
En primer término que
se cumpliera el objetivo de sensibilizar a los países
del mundo con el continente negro. Que se geste una
verdadera ayuda, y que no se olviden de todo lo que le
han sacado aquella tierra desde los valiosos minerales
hasta los millones de hombres y mujeres, muchos de ellos
príncipes auténticos, que devenidos esclavos tuvieron
que servir a colonialistas crueles e incultos.
¿Y
para Natalia, un ser humano de este planeta, qué
significó el encuentro?
Cuando pisé Salvador
de Bahía empecé a sentir una nueva vida, al conocimiento
de un país inmenso, magnífico, como es Brasil. |