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“Tengamos el valor de decirlo: es el racista el que crea
al inferiorizado, [que] va de la inseguridad humillante
a la auto-acusación, sentida hasta la desesperación...”.
Franz
Fanon
Los conceptos de Racismo y alienación se
interrelacionan de tal forma que muchas veces no se
pueden separar, son componentes ideológicos sutiles,
difíciles de desentrañar. Lo importante de su
conocimiento, para estudiarlos y comprender mejor los
fenómenos sociales que en el plano de la subjetividad
marchan junto a la explotación. El Racismo
provoca en el imaginario colectivo alienación en todas
las clases sociales, que sólo una fuerte identidad podrá
vencer, por todos los engaños y mentiras en que están
sumergidos nuestros pueblos, tan necesitados de luz
para alcanzar la dignidad y la esperanza.
El
tema central de este trabajo es desentrañar la esencia
del Racismo y la subsecuente alienación que tanto
daño y confusión nos han causado. Finalmente, intentar
demostrar cómo a través del rescate de la verdadera
identidad americana podremos hacer realidad los sueños
de Bolívar y Martí construyendo sociedades justas y
equitativas para todos.
En América Latina un aspecto poco abordado en las
ciencias sociales y en cierta forma ausente en las
consideraciones, análisis y valoraciones teóricas, es la
conceptualización del
Racismo,
elemento tan importante y necesario conocer para poder
hacer una interpretación más integral de la sociedad. Ha
sido implementado desde la Conquista y Colonización,
permanece hasta nuestros días en todas las estructuras
socioeconómicas y políticas siendo un elemento
fundamental para justificar y llevar a cabo la
explotación extrema, la opresión y el saqueo.
Se
han elaborado estudios e investigaciones
sobre las causas de la explotación con un enfoque
de clase, sus contradicciones e importancia para la
transformación social, pero casi siempre desconociendo
la existencia y efectos del Racismo en esa
realidad, en la que efectivamente actúa como un elemento
sustancial y coadyuvante, tanto en su formación como en
su proyección actual.
“El
Racismo,
su existencia y funcionamiento, no es ajeno a las
contradicciones de clase
que se presentan dentro de la estructura general de la
sociedad. Teniendo a la vez la doble calidad de producto
e instrumento del sistema, actúa en función de ellas,
incidiendo fundamentalmente para caracterizarlas. Sin
determinarlas, influye de manera precisa e innegable en
sus relaciones, proyectándose a esferas que exceden lo
ideológico de tal manera que en cualquier análisis de la
sociedad, es indispensable establecer toda la
interrelación y efectos que ello produce”.
Por esta razón, la comprensión de este fenómeno adquiere
un significado esencial para evidenciarlo, denunciarlo,
desenmascararlo, como afirma Pablo González Casanova: “No
sólo es una lucha de clases sencilla, es también una
lucha contra la discriminación, la humillación y la
opresión”.
En
la sociedad colonizada el Racismo marcha a la par
con la
lucha de clases
dándole a ésta características peculiares dentro de la
estructura general de esa sociedad. Es un elemento
siempre presente, que no sólo permite que el sistema –en
proceso dialéctico—sobreviva, sino que llega a
convertirse en su reproductor.
Sin embargo, este fenómeno como elemento característico
y permanente de la posición colonizadora no se valora
debidamente a pesar de que no es aislado ni transitorio.
Al abordarlo, al abrir la brecha, advertimos sobre la
telaraña de prejuicios que constantemente el sistema ha
implementado. Porque
pocos temas están destinados a producir un rechazo tan
violento y agresivo como el de sugerir la existencia del
racismo en la sociedad. Como lo afirma el sociólogo
francés Jean Loup Herbert:
“...En
América Latina y sobre todo en Guatemala, la discusión
alrededor de la discriminación racial esta rodeada por
la mala conciencia y muchas veces amparada por el miedo
al tabú. Tratar el tema con objetividad constituye para
muchos una insolencia (…)
estas reacciones demuestran que alcanzamos el nivel más
oscuro y profundo de la formación de la identidad;
oscuridad que en muchos aspectos entorpece la toma de
conciencia colectiva, decisiva para una verdadera
nacionalidad…”.
Los países colonizados han soportado
mecanismos tan atroces como la violencia y la
despersonalización de sus habitantes, impuestos y
consolidados a través de una eficaz y compleja
imposición ideológica.
Este proceso fue tan integral y profundo que
prácticamente barrió el universo cultural de los pueblos
y al propio hombre americano; originó, además, una
mentalidad
eurocentrista
que ha signado una buena parte del pensamiento
filosófico y político de América Latina y que está
presente en amplios sectores de la sociedad que
consideran válido solamente lo que procede de los países
hegemónicos.
En
la actualidad, cada vez hay más consenso en que la
colonización española tuvo, desde sus inicios una
ideología racista. Para Pablo González Casanova y Marcos
Roitman, “...las
estructuras del poder político colonial consagraron los
principios de
superioridad
étnico racial fincadas en las teorías sociales
provenientes del derecho romano, del mundo griego y del
humanismo cristiano...”.
Esta corriente de pensamiento cuyo principio fundamental
es la superioridad del hombre blanco basada en la
diferenciación del color de la piel entre el
conquistador y el conquistado, tiene como propósito la
fundamentación y justificación del derecho de propiedad
sobre los pueblos dominados, el subsiguiente saqueo y
la imposición de la religión católica romana.
“El sistema tratará de apoyarse en la idea de que existe
una desigualdad entre los dos componentes iniciales del
mismo (...) vencedores y vencidos, conquistadores y
conquistados, dominadores y dominados (…) se apoyará en
un rasgo externo (...) la coloración de la piel. Sobre
dicho rasgo construirá la primera representación
colectiva discriminatoria y, sin ninguna lógica,
derivará a la afirmación de la superioridad del hombre
blanco y la consiguiente inferioridad de los “indios”.
Se
puede afirmar que el Racismo es uno de los
instrumentos más eficaces al servicio del explotador y
una de las prácticas más ignominiosas que el hombre ha
podido inventar en el transcurso de la historia.
Porque es una manifestación sistémica, concebida y
diseñada para atentar contra un pueblo, contra una
comunidad y contra la misma persona. Tiene una función
perfectamente determinada en la realidad contemporánea:
la inmensa mayoría de los explotados son discriminados.
Franz Fanon estima que la “civilización” europea
y sus máximos exponentes son los responsables del
racismo colonial.
Este fenómeno tiene como fin primordial reforzar las
relaciones sociales de dominación. Cuando se admite
pertenecer a una raza dada partiendo del color de la
piel y de determinados rasgos físicos se está asumiendo
y expresando un pensamiento ideológico, pues raza es un
concepto estereotipado validado sólo por las relaciones
sociales de dominación-subordinación.
Al respecto, el sociólogo Andrejz Wieviorka, expresa
que:
“El
racismo es una construcción imaginaria destinada a
legitimar una categorización biológica del grupo
segregado y su esencialización, es decir, un trato que
lo despoja de toda humanidad y de toda relación social
(…) naturalizándolo y estigmatizándolo.
En
la actualidad, la percepción colonizada sobre los
pueblos originarios se mantiene y se profundiza en la
vida cotidiana; el mito de la superioridad del hombre
blanco creó la falacia de considerar a los indígenas
como individuos débiles, sin capacidad para administrar
su propia vida y por lo tanto menores de edad,
necesitados de tutela y amparo. Bajo esta premisa
pasaron a ser administrados por los representantes de la
Corona española y por los colonizadores, quienes se
convirtieron en dueños efectivos de sus vidas, de sus
tierras y de sus bienes.
Si bien es cierto que no en todos los países
latinoamericanos y caribeños la población indígena es
mayoritaria o al menos significativa y que el papel que
juega también varía de una nación a otra, sí es
importante destacar que en mayor o menor medida la
presencia del Racismo como instrumento de
explotación y opresión es un denominador común.
En
Guatemala, donde sí es mayoritaria, la estructura
económica se fue moldeando junto con el Racismo
--siendo una constante en todas las etapas del
desarrollo— lo que convirtió a los naturales en un
ejército disponible de mano de obra casi gratuita.
A veces, también se tiende a confundir al Racismo
con la discriminación social pero ésta no tiene una
gama tan amplia de formas de agresión contra el ser
humano, ya que si cambia su situación económica –aunque
es difícil poder lograrlo— borrará las barreras de la
segregación social, lo cual no sucederá con los muros de
la discriminación racista.
“El Racismo como es aludido frecuentemente (…) es una
producción ideológica construida para legitimar una
subordinación estructural de base económica (…) con el
tiempo la ideología se interioriza y aunque se superen
las condiciones de subordinación económica, sigue
pesando el estigma discriminador, reproducido e
incorporado en el imaginario de nación”.
En
Guatemala las estructuras económicas, políticas,
ideológicas y sociales se han mantenido sin cambios
significativos durante siglos. Estamos frente a una de
las características propias de un país que por su
historia, origen y desarrollo, tuvo desde sus inicios
uno de los más sólidos bastiones y eficaz instrumento de
dominación el uso de la
discriminación racista
como
sustentador ideológico, que se ha mantenido constante y
permanente; así como se ha ido relacionando y
expandiendo a todos los aspectos y ámbitos de la
sociedad.
Es
un elemento básico para la sobrevivencia del sistema,
que sobrepasa los mecanismos de la explotación y llega a
producir conflictos de carácter social y personal, de
tal modo que si no estudiamos el Racismo no se
puedo comprender a Guatemala porque este fenómeno es
inherente al sistema sociopolítico guatemalteco.
Ello nos invita a reflexionar e investigar, con una
ideología que cumpla una verdadera función crítica,
sobre las causas más profundas que le dieron origen
para poder explicar la polarización social existente
y comprender con exactitud su papel en el sistema de
dominación, única forma de enfrentarlo y combatirlo.
Esta preocupación no es sólo de carácter teórico sino
que va encaminada a establecer, en la forma más
descarnada posible, la realidad que
sufre y de la que es víctima el pueblo maya, objeto y
sujeto real del Racismo.
Otro elemento significativo a tener presente es conocer
cómo se utilizó este instrumento de explotación desde la
misma compleja sociedad colonial y cómo posteriormente
se convirtió, además, en un mecanismo de división de los
sectores explotados, fraccionando las contradicciones de
clase, dando origen a un pueblo partido, a un país
desintegrado.
“...la
falacia e irracionalidad del racismo, que tiene un marco
totalmente adecuado y funcional en la estructura
económica, política y social del sistema, permite crear
una alianza, tácita o explícita, consciente o
inconsciente
[al margen de las diferencias de clase] (…) que
coadyuva eficazmente a los resultados de la perpetuación
del sistema…”.
Esta complejidad que va adquiriendo es lo que hace que
se llegue a lo que llamamos integralidad. El Racismo
ya no es sólo patrimonio de las oligarquías sino que se
va filtrando y transmitiendo sutilmente a otros sectores
–tan explotados como el pueblo natural— que participan
de la ideología de la clase dominante.
Se crean así relaciones de identificación con el
sistema, que aunque no sean conscientes, son muy
objetivas y evidentes.
Durante siglos, en el país se ha ido erigiendo una
barrera racista que no permite que los intereses de la
clase explotada actúen de manera horizontal y la
cohesione en el sector discriminado, sino que produce
una compactación vertical que se basa justamente en esa
alienación.
“La
división entre población alienada y discriminada no
puede considerarse una relación de clase, porque es un
factor ideológico lo que caracteriza y permite aglutinar
a su alrededor a otras clases que tienen sus propios
intereses y contradicciones, incluso antagónicas (...)
Su naturaleza
no
es antagónica
a niveles de clase con intereses coincidentes y
compatibles, pues entre ellas no están en juego ni las
relaciones ni la propiedad de los medios de producción”.
Con frecuencia sucede que el que sufre la discriminación
racista no la identifica, define o sistematiza con
facilidad, debido
principalmente al componente irracional y sutil que
tiene este fenómeno. La persona que discrimina, por su
parte, tiene un grado de asimilación tal, que lo
practica automáticamente y de forma casi visceral sin
que realmente sea conciente de él.
Este problema afecta tanto al que lo padece como al que
lo practica. Los sectores que discriminan pueden
sufrir también daños y deformaciones muchas veces más
serios que las que le ocasionan con su práctica al
discriminado.
Por estas razones es una necesidad histórica desalienar
a los explotados que discriminan a los indígenas y, por
otra parte, es un imperativo que se profundice y se
clarifique el sentido de clase en la población
discriminada. Se puede considerar que el Racismo
es un problema que nos concierne a todos. Romper
estas barreras que el sistema ha establecido sentará las
bases efectivas y necesarias para llegar a la verdadera
unidad nacional.
Al
Racismo hay que considerarlo como una
manifestación ideológica compleja y profunda que empezó
a aplicarse con la invasión europea de una manera brutal
y primitiva y que, en esencia, sigue funcionando así.
Pero en el devenir de los siglos fue adquiriendo otras
facetas, variaciones y disimulos, o sea, que tiene
características peculiares en la sociedad actual. Como
afirma Franz Fanon,
“…
el racismo vulgar en su forma biológica que corresponde
al período de explotación brutal (…) la perfección de
los medios de explotación provoca fatalmente el
camuflaje de las técnicas de explotación del hombre y
por consiguiente de las formas de racismo…”.
En
Guatemala la legislación actual no necesita ser
oficialmente Racista, aunque contiene rasgos
discriminatorios, porque luego de más de cinco siglos
tanto la estructura económica-social como el imaginario
colectivo garantizan su presencia permanente sin ayuda
institucional. “…cuando
la endogamia y la barrera económica funcionan casi
perfectamente no se necesitan leyes ni expresiones
abiertamente racistas…”.
Para la clase dominante el Racismo es el
componente fundamental de su filosofía y mentalidad.
Desde la colonia lo ha implementado, usado y manipulado
como el instrumento idóneo para justificar su dominio y
posterior enriquecimiento; sobre ella recae toda la
responsabilidad de su práctica y mantenimiento. La
investigadora guatemalteca Martha Casaus Arzú afirma
que:
“Las
actitudes y tendencias racistas o etnocéntricas
continúan formando parte de la ideología dominante
en la oligarquía actual guatemalteca y ocupan un lugar
preeminente en el imaginario de dicha clase”.
Aunque lo determinante en la sociedad es la estructura
económica y sus relaciones de producción, su análisis
aislado es insuficiente para explicar y establecer su
formación y funcionamiento. De ahí que para un estudio
más completo sea necesario tener en cuenta la
interacción e interrelación entre la base económica y su
superestructura. En ese sentido, el Racismo es
mucho más que una tendencia o actitud exclusivamente
ideológica, sino que es parte esencial del sistema que
tiene implicaciones directas y concretas sobre la base
económica. Por eso la urgencia de su inclusión es tan
importante.
Esta consideración no se aparta de la teoría científica,
Federico Engels preocupado de que
la subjetividad fuera ignorada en el análisis de los
procesos sociales y en la toma de decisiones en la
praxis política,
se refirió a las reciprocidades existentes entre lo
económico y lo superestructural y escribió:
“El desarrollo político, jurídico, filosófico, religioso
(...) descansa en el desarrollo económico. Pero todos
ellos [los fenómenos superestructurales] repercuten
también los unos sobre los otros y sobre su base
económica. No es que la situación económica sea la
causa, lo único activo y todo lo demás
efectos puramente pasivos. Hay un juego de acciones y
reacciones sobre la base de la necesidad económica, que
se impone siempre, en última instancia”.
En el caso concreto de Guatemala, el tema del
Racismo aparece como prototipo idóneo para estudiar
estas reciprocidades, tanto en el análisis de la
sociedad como en las conclusiones que este aporte.
Por lo tanto, este esquema de interpretación no se
queda limitado al factor ideológico porque tampoco lo
consideramos –como generalmente se hace— una categoría
metafísica, sino un elemento concreto y actuante dentro
de la sociedad con inmensas y graves implicaciones en
las relaciones de producción.
“La nueva manera de comprender la profunda dimensión del
Racismo es dándole la categoría del elemento
participante en el proceso de producción,
y
que actúa como un elemento distorsionador de las
relaciones de producción y el elemento actuante en
concreto dentro de la situación económica”.
También es necesario desarrollar una fórmula que
explique el establecimiento de la producción de
plusvalía con los elementos del Racismo. Nos
encontramos con la dificultad de que no siempre se podrá
cuantificar por las características y complejidad del
problema.
Teniendo en cuenta que Guatemala es un
país eminentemente agrícola y que
su fuerza de trabajo es mayoritariamente indígena, en
las relaciones de producción no sólo está presente la
vinculación explotador–explotado sino también la de
discriminador-discriminado que, aunque no puede
considerarse una relación de clase se da dentro de esa
sujeción en la que incide el componente del Racismo.
Observaremos cómo este está presente en la base
económica y cómo actúa.
Una de las principales características de la agricultura
del país es la utilización por los latifundistas de
abundante mano de obra barata que trabaja la tierra en
forma extensiva y con instrumentos de producción
rudimentarios, lo cual determina el alargamiento de la
jornada de trabajo, la sobreexplotación de la fuerza de
trabajo y por lo tanto, la obtención de mayores
ganancias.
Se
utilizan mecanismos Racistas no sólo en la
relación salarial sino también en las diferencias que se
establecen en cuanto al tiempo, tamaño y calidad de las
tareas. Al indígena le asignan más cuerdas para
trabajarlas. Le sitúan en tierras que presentan mayores
dificultades con lo que aumenta la intensidad del
trabajo. Aprovechando que no habla el español le roban
en el pesaje y lo engañan con el tiempo de descanso. Es
decir, le hacen trabajar mucho más y le pagan menos. De
esta forma, los latifundistas obtienen una plusvalía más
elevada que cualquier otro productor en el país.
Albert Memmi, afirma que: “...
el
colonizado tiene que ser haragán para justificar los
bajos salarios, inferior para justificar la misión de
protección, perverso para dar una legitimidad a las
armas, sin necesidad y primitivo para que se mantenga el
status quo…”.
El Racismo es un fenómeno cruel y nocivo que
abarca a todos los aspectos de la vida humana y a la
propia persona, está presente tanto en las más serias
manifestaciones y decisiones políticas como en los
aspectos más cotidianos de la vida familiar.
“La humillación y desprecio, expresado en los más
nimios detalles, presentes en todos los lugares,
tratan de aniquilar al hombre para convertirlo en un
silencioso fantasma que corta café, cosecha algodón, que
se amontona como bulto en los trasportes, a cambio de
unos granos de maíz y unos regateados centavos”.
Algunos sectores alienados creen que cuando los mayas se
reconozcan a sí mismos como actores en el devenir social
y hagan valer sus derechos como pueblo, se producirá un
“Racismo al revés” intentando resarcirse del
maltrato que por siglos han sufrido.
Este argumento, manejado por desconocimiento en amplios
sectores sociales y con una clara intencionalidad por la
clase dominante, refleja también el temor a que peligre
el sistema de dominación.
Son innumerables los parámetros que usan los racistas
para discriminar a los pueblos originarios comenzando
por el sistemático y humillante desprecio a todas sus
características físicas: color de la piel, tipo de
cabello, talla, forma de los ojos, etc. Nadie que no lo
sufra es capaz de imaginar lo que significa la burla y
la ridiculización de todas sus formas corporales.
No menos dañina es la agresión psicológica sistemática
contra su persona, su manera de ser, su cultura, su
religión, sus costumbres, su carácter y hasta su manera
de vestir, de comer. No es extraño entonces que una gran
proporción de discriminados manifieste grados extremos
de inseguridad, conformismo y resignación y que para
evadirse de esa dura realidad generalmente se refugie en
la religión y muchas veces en el alcohol.
El
indígena y el negro son construidos simbólicamente tal
como el blanco se los imagina, cargándolos de una
valoración negativa que los sitúa como “inferiores”.
Esta humillación constante puede llevar al discriminado
a reaccionar contra sí mismo por sus características
físicas, por vivir donde vive y por ser hijo de quien
es.
“Su vida es simplemente una larga huida ante los otros y
ante sí mismo; se le ha alienado hasta su propio cuerpo,
se ha cortado en dos su vida afectiva, reduciéndolo a un
simple proseguir (...) en un mundo que le
rechaza... ¿De quién es la culpa?”
Una expresión fehaciente de esta mentalidad existente en
Guatemala es la distorsionada percepción que se tiene de
los indígenas en círculos intelectuales y políticos, que
los consideran como causa del atraso del país y un
lastre para su desarrollo. Hay quienes ven incluso en
los planes de esterilización obligada a que fueran
sometidas sus mujeres la
solución de los problemas de Guatemala mediante la
eliminación gradual del pueblo maya.
“…
El elemento de donde se deriva fundamentalmente el
racismo de Guatemala –que hasta la fecha parece seguir
siendo insuperable— parte de una ideología dominante
que considera que los indígenas encontrados por los
españoles en 1524 ya eran víctimas de un proceso de
degeneración social y cultural (…) agravado con los
efectos de la conquista y la colonia…”.
Tal vez la mejor definición de lo que es sufrir el
Racismo la dio un destacado luchador maya que decía:
“Vivir en el racismo es como vivir en un túnel oscuro”,
expresando el dolor y el daño que provoca esta agresión
en lo más hondo de la personalidad humana.
“Las
amarguras, frustraciones y contradicciones sufridas
contra un pueblo, son una historia secreta de la
ignominia guatemalteca, escrita en capítulos de burla,
hostigamiento y menosprecio en cuyas páginas habrán
naufragado centenares de aspiraciones y se habrá tenido
que soportar cotidianamente el pesado fardo de la
discriminación”.
Sin embargo, la ciencia ha comprobado que no existe
ninguna vinculación entre las características físicas de
la persona y sus capacidades cognoscitivas. Cada día hay
más consenso científico en que las diferencias entre los
hombres tienen un carácter socioeconómico y no
biológico; eso es fácilmente comprobable cuando se
observa que en un mismo grupo étnico cultural hay
diferencias en las manifestaciones intelectuales y
espirituales de sus miembros. De ahí que la aseveración
tan usada por los colonizadores de todos los tiempos
acerca de la existencia de razas superiores y razas
inferiores sea invalidada incluso por la propia
biología.
La
diferencia del color de la piel se utiliza
injustificadamente para sustentar la existencia de razas
y la superioridad de unas sobre las otras. La
antropóloga española María Dolores Garralda asegura que
en vez de razas lo que existe es variedad humana,
o lo que es lo mismo, diversidad genética dentro de una
misma especie. Sólo abordándolo desde esta perspectiva
se puede explicar el hecho de que personas de diferentes
características genéticas, como es el color de la piel,
puedan cohabitar y tener descendencia en común.
La base material del Racismo es la supuesta
supremacía blanca en relación a otros tipos de
pigmentación epidérmica y fenotipos como las de los
negros, los asiáticos (amarillos), los cafés o
mestizos.
Científicamente está probado que el
color de la piel
depende de la concentración
de
melanina –pigmento
producido por unas células llamadas melanocitos— en la
epidermis, debido a la mayor o menor exposición a los
rayos ultravioletas del sol; y el reciente
descubrimiento del
genoma humano
que
viene a reafirmar las tesis científicas de que
todos somos iguales
ha puesto en crisis los paradigmas racistas
tradicionales, todo lo demás es ficción.
El
profesor Jaume Bertranpetit
afirma que las diferencias en la pigmentación de la piel
entre los distintos grupos humanos dependen de entre
cuatro o cinco genes y obedecen a adaptaciones
evolutivas relacionadas con el medio ambiente.
De esta forma, por selección natural, quienes durante
millones de años vivieron en zonas ecuatoriales del
África y estuvieron expuestos a los rayos ultravioletas
del sol irán adquiriendo una piel más oscura, en tanto
los que se desarrollaron en zonas nórdicas tendrán una
menor concentración de melanina y su piel será blanca.
Sir Alan
Burns
asegura que el prejuicio del color se ha convertido en
el criterio del cual se parte para juzgar a los hombres,
cuando en realidad lo que con él se expresa es el
desprecio de los países ricos y poderosos hacia aquellos
que consideran inferiores.
José Martí, aportando luz y ética al pensamiento sobre
la identidad universal humana, escribió en 1891
“…
no
hay razas...
El
alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en
forma y en color... Peca contra la Humanidad el que
fomente y propague la oposición y el odio de las razas
(...) Todo lo que divide a los hombres, aparta o
acorrala, es un pecado contra la Humanidad”.
La
historia nos demuestra constantemente que el Racismo
es un proceso continuo y sistemático que es
inherente
a la naturaleza misma del
sistema capitalista,
hoy llevado a extremos por las potencias hegemónicas con
un pensamiento y mentalidad globalizadora y neoliberal.
Por eso, la ideología racista es uno de los elementos
claves del fascismo que tantas vidas, sufrimiento y
destrucción ha
costado a la humanidad, que llegó a extremos como el
genocidio, el etnocidio y el ecocidio en el pasado y
que pretende volver al presente con la participación de
gobiernos, entidades públicas y privadas, instituciones
y personas.
El
concepto alienación, por su parte, caracteriza el
proceso y los resultados de transformar, en determinadas
condiciones históricas, las realizaciones de la
actividad humana y de la sociedad. También caracteriza
la transformación de fenómenos y relaciones en algo
diferente a lo que son, la alteración y deformación en
la conciencia de los individuos de sus auténticas
elaboraciones de vida.
“El colonialismo no se contenta con apretar al pueblo
entre sus redes, con vaciar el cerebro colonizado de
toda forma y de todo contenido. Por una especie de
perversión de la lógica, se orienta hacia el pasado del
pueblo oprimido, lo distorsiona, lo desfigura, lo
aniquila”.
En
América Latina la alienación es uno de los legados
ideológicos de la Conquista y Colonización.
Este proceso se percibe tanto en el plano individual
como colectivo; genera una deformación en el ser, el
pensar y el hacer de los pueblos que lograron alienar.
Provoca, en muchos casos, una desintegración de la
personalidad, así como efectos simultáneos que de alguna
forma los lleva a aceptar su supuesta inferioridad.
“…Aún las capas más lúcidas de los pueblos extra
europeos se acostumbraron a verse y a ver a sus pueblos
como una infrahumanidad destinada a un papel subalterno,
por ser intrínsicamente inferior al europeo…”.]
Diversos son los mecanismos de alienación que utiliza el
sistema. Uno de ellos es el lenguaje oficial impuesto
institucionalmente, con el que trata de aislar a los
hombres de su historia, de su raíz, de sus valores, de
su propio idioma. Otro es la imposición de patrones
culturales Occidentales, diferentes y ajenos.
Muchos más podrían ser citados, pero lo importante es
que todos ellos --con un componente racista-- buscan
explotar y dominar mejor a los conquistados, con la
justificación de que son “inferiores”, reduciendo
las relaciones humanas a la desconfianza y al miedo.
Este fenómeno, en opinión de Darcy Ribeiro, conlleva la
erradicación de forma compulsiva de las concepciones que
sobre sí mismo tenía el indígena o el negro y la
aceptación de un nuevo juicio sobre su persona,
necesariamente degradante por ser reproductora de la
idea de sus dominadores, que lo describían como “criaturas
intrínsicamente inferiores y por eso incapacitados para
el progreso”.
Esto trajo aparejado una relación de dominación aún
vigente en la mayoría de nuestros países, en las que las
a personas alienadas se les asigna un papel que se
corresponda con la imagen de inferiores que de ellos
tienen sus discriminadores y con la pérdida de
cualidades como resultado del mestizaje.
En
este complejo proceso, los que sufren la opresión
racista se convierten gradualmente en sujetos fáciles de
dominar. La acción y la práctica sistemáticas del
Racismo producen en quien las recibe una actitud
resignada y apática y le crea una situación de
desconcierto y dolor.
Franz Fanon estima que: “el
colonialista es (…) un traficante, que con su
arrogancia tendremos entre las manos la psicología del
hombre que provoca en el autóctono “el sentimiento de
inferioridad”.
Hay quienes sienten que para alcanzar su liberación
deben negar su origen y borrar todo vestigio del pasado
y su vinculación con él. En este aparente olvido llegan
a identificarse con el colonizador de tal forma, que se
convierten en un tipo particular de discriminador.
Al
ser denigrado constantemente por ser “hombre rudo e
inferior”, el dominado busca alternativas para
alejarse de la imagen que de él proyecta su dominador y
entonces aparece la necesitad de “blanquearse”
mediante la unión marital con persona blanca, o al menos
blancoide, que le permita tener una descendencia con una
sangre más limpia o adelantada.
Este es el drama de muchos negros, indígenas, mestizos,
mulatos, que han interiorizado a tal grado el parámetro
de la supuesta belleza Occidental que
inconscientemente se desprecian a sí mismos e intentan
parecerse lo más posible a sus opresores,
comenzando a adoptar como propias las costumbres y
visiones de un mundo que no es suyo.
La
alienación puede actuar como un mecanismo de destrucción
psicológica que puede llegar como una de sus
consecuencias más peligrosas y graves, al
quebrantamiento de su voluntad. Ha sido tan persistente
en el tiempo la utilización de este mecanismo que muchos
indígenas caen en una actitud de insondable resignación
admitiendo que el sufrimiento, la miseria y la
desigualdad son una “disposición divina”.
En
un ambiente agresivo algunos indígenas desarrollan como
mecanismo de defensa un complejo de superioridad que se
contrapone a las concepciones de su misma cultura que es
comunitaria, igualitaria, con lo que se acelera el
proceso de pérdida de identidad y de desintegración de
sus valores.
A los pueblos conquistados y colonizados se les arrebata
su historia verdadera y se les fabrica una nueva,
desfigurada, alienada, que omite a sabiendas lo que
fueron y lo que puedan ser, para que se vean sólo como
un reflejo de quienes los dominan. Se pretende hacer
pedazos la memoria del ayer; se esgrime la mentira como
única verdad; se les impone el desprecio como costumbre
y como destino.
El camino de la desalienación es complejo; pasa por
conocer las verdaderas raíces de las relaciones de
dominación a las que durante siglos han sido sometidos;
por verse a sí mismo con sus propios ojos y no con los
ojos de los que lo humillan y discriminan; por el
conocimiento y rescate de su esplendoroso pasado, de su
historia; por el orgullo de saber quienes son y lo que
pueden ser.
Porque nuestra ignorancia ha sido planificada con una
gran sabiduría
El Racismo y la alienación son fenómenos tan
complejos, universales y están tan hondamente enraizados
en la conciencia social, que prácticamente son
inconscientes en gran parte de la humanidad y por eso es
muy difícil avistar su verdadera magnitud. En
consecuencia, muchos hombres y mujeres que comprenden el
problema no quieren o no pueden oponerse a algo que
--aunque tiene manifestaciones concretas-- no es
tangible, no es fácil de explicar y
mucho menos de confrontar, entonces prefieren no
abordarlo, pretender que no existe, excluirlo incluso de
sus mentes.
Es ahí donde estos fenómenos se convierten en una gran
mentira, no por lo que se dice, sino por lo que no se
dice, se miente por omisión y con ello se envuelve en
este proceso a millones de seres humanos discriminados,
alienados y excluidos, porque aceptan concientes o
inconscientemente la “superioridad” y la “inferioridad”
de unos sobre los otros.
¿Por qué no se estudian con más
fuerza estos fenómenos?
Explicar el porqué de las diferencias, lo científico en
el color de la piel, la no existencia de razas,
aprehender y sentir orgullo por el esplendor de las
grandes Civilizaciones que se desarrollaron en las
regiones que hoy conforman los países del Sur y
desalinearse y distanciarse del eurocentrismo es la ruta
que deben seguir los cientistas sociales
latinoamericanas y caribeños.
Frente
a estos fenómenos tan nocivos utilizados y manipulados
por las clases dominantes, está la identidad
cultural, cuya presencia es imprescindible para poder
construir una América auténticamente nuestra.
La mayoría de los especialistas identifican la identidad
con la permanencia de elementos como la religión,
cosmovisión, vestuario, idioma, el respeto al medio
ambiente, y al mantenimiento de otras tradiciones
culturales sostenidas por un pueblo.
No es estática o reducible a una cultura particular,
sino que abarca a toda concepción de cultura que
continuamente está siendo definida y redefinida de forma
individual o colectiva por los miembros de la comunidad.
La
identidad no es abstracta sino concreta, es un proceso
dialéctico que contiene diferencias y contradicciones
internas, que se superan constantemente en el desarrollo
y que dependen de las condiciones objetivas dadas.
A
través de más de cinco siglos de sojuzgamiento, opresión
y explotación el mantenimiento de la identidad, ha sido
el soporte que ha sostenido en pie a las poblaciones
originarias de América.
Con la Conquista se intentó destruir el ser y el hacer
de estos pueblos. Fueron obligados a un proceso de
aculturación para convertirlos en súbditos de las
coronas europeas y en sumisos productores de riqueza
para una metrópoli extranjera. Apoyados en la
cristianización, trataron de borrar toda su vida
anterior que calificaron de “bárbara” y mediante
la falsedad de su “inferioridad” justificaron la
implantación de un oprobioso sistema de dominación
colonial.
Mucho han tenido que sufrir, mucho que perder, mucho que
andar por los caminos aún difusos en el tiempo, que van
siendo encontrados por quienes han mantenido vivo su
origen, su cultura, su identidad. Recuperar la realidad
escondida y traicionada de la historia de América es el
desafío de todos contra lo que Susanne Jonas califica “de
discriminación institucionalizada y etnocidio”.
Con el paso de los años el
sentimiento de identidad en vez de disminuir ha ido
creciendo y fortaleciéndose en la América Latina. Cada
vez son más numerosas las voces que se escuchan
reivindicando para el futuro lo mejor de un pasado que
no ha muerto. Los pueblos originarios van emergiendo
poco a poco de las sombras y la invisibilidad a que los
fueron sometidos, reclamando sus derechos inalienables y
poco a poco van saliendo de la larga noche colonial.
Mientras la memoria individual es susceptible de morir
en el tiempo, la otra memoria, la colectiva, siempre
perdura. Se va fortaleciendo lo que Adalberto Ronda
llama “culturas interiores del continente,
en la medida en que avanza un proceso de
transculturación sin renunciar al alma”
Nuestra América ha comenzado a encontrar en sus orígenes
sus nuevas energías.
“Ahora
que el gran paso hacia la descolonización ha sido ya
dado, no es imposible que recurriendo, para ver mejor
nuestra realidad, al gigantesco cristal de aumento que
la Conquista de América constituye, logremos descubrir
una humanidad inimaginable que nos permita pasar, por
fin, al otro lado del espejo en el cual nos venimos
contemplando desde hace milenios”.
En
el caso de Guatemala, fueron los pueblos mayas los que
más resistieron la aculturación reteniendo principios de
su organización comunitaria que les permitió preservar
un sentido muy propio de identidad, así como mantener
sus idiomas vivos. Incluso para el investigador
canadiense George Lowel, los pueblos mayas siguen siendo
los escrutadores del tiempo.
A
pesar de la adversidad que trajo aparejada la Conquista,
los pueblos mayas continuaron conservando modos de
conducta y concepciones peculiares del mundo, junto con
la reivindicación de la tierra, el apego a su
cosmovisión, a la naturaleza y a su comunidad. Es la
madre la que más incide en el proceso de mantenimiento y
transmisión de la identidad y esto le otorga un papel
especial en relación con la toma de decisiones
familiares.
Aunque durante siglos los mayas se debatieron en la
simple lucha por su supervivencia, mantuvieron su
resistencia y autoafirmación. Poco a poco fueron
reconstruyendo su mundo el que, en opinión de Julio
César Pinto Soria, no puede ser el anterior a la
Conquista, pero sí portador de una identidad que se
remonta a sus orígenes y que se reivindica en la
actualidad.
Porque su lucha fue, es y será perdurable en el tiempo,
se transmite de generación a generación y su mensaje de
futuro está:
“Entretejido
en los cortes, bordado en los huipiles, tallado en la
madera, pintado en la cerámica, repujado en los metales,
enredado en la urdimbre de las ramas de trigo, de las
mazorcas del maíz, de las hojas de palma, de las fibras
de maguey o de los tallos de tul (...) presente en
todos los actos de la vida cotidiana, dando un toque de
belleza (...) a las prendas de vestir, a los trastos, a
los adornos hogareños y en general, marcando con su
sello el diario ajetreo del vivir inmediato directo,
concreto”.
Para todos es un imperativo desalinearnos de la ficción
europea, abrir el espejo para reconocernos y
encontrarnos a nosotros mismos para sentirnos orgullosos
de lo que somos y cómo somos. Mirar para lo profundo de
lo nuestro, lo verdadero, lo auténticamente americano es
el camino a recorrer.
Carlos Guzmán Böckler.
Donde enmudecen las conciencias.
P. 204
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