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Nadie creyó el cuento del fin de la Historia, de aquella
pax americana buenamente nacida de los residuos
del Muro de Berlín. Ni siquiera las propias élites del
poder imperial. No por gusto alistaron nuevamente sus
“tanques pensantes” y prepararon justificaciones de todo
tipo para sustentar desde las supuestas bondades de la
mundialización neoliberal hasta la incompatibilidad de
convivencia de las civilizaciones.
No
faltaron tránsfugas ni becarios del pensamiento único.
Alguien de los primeros consideró que la izquierda había
quedado desarmada; y entre los segundos se trabajó
intensamente para encubrir las verdaderas intenciones de
la actual etapa del imperialismo.
Sin embargo resultaba altamente rentable vender imágenes
de parálisis, aquiescencia, acomodamiento, renuncia, de
caos teórico, como para demostrar que el mismo acto de
pensar había caído en desuso.
El
tiempo ha demostrado que es bien otra la realidad.
Nuevos actores sociales y procesos emancipatorios han
sacudido al mundo, nuevas voces se alzan contra los
dictados hegemónicos, mientras fracasan las doctrinas y
las prácticas de dominación, únicamente sostenidas a
estas alturas por el extraordinario poder militar y
económico del sistema.
Como un aporte para estimular el conocimiento de esas
voces y estimular la producción intelectual que debe
acompañar la impostergable necesidad de transformar el
mundo, nació el concurso internacional de ensayos Pensar
a Contracorriente.
No
es en sentido estricto una convocatoria cubana, aunque
se genere por iniciativa de Ministerio de Cultura, el
Instituto Cubano del Libro y la Editorial Ciencias
Sociales. Lo han hecho suyo muchos intelectuales que a
lo largo y ancho de este mundo comparten sus
presupuestos. Esta cuarta convocatoria, justamente a
cerrarse el último día del próximo octubre, debe
confirmarlo con creces.
Pensar a Contracorriente, modesta pero gananciosamente,
está contribuyendo, como ha dicho el poeta y ensayista
cubano Roberto Fernández Retamar a “oponerse
al grave riesgo de que el pensamiento único de derecha
silenciara las voces revolucionarias del orbe” y a
revelar “que el discurso de la izquierda no estaba
muerto, sino marginado”.
Coincide esta cuarta convocatoria con circunstancias muy
significativas: la aparición de los primeros signos del
tránsito de la insumisión a la resistencia y de la
denuncia a la construcción de alternativas, hechos que
cobran mayor visibilidad en el ámbito latinoamericano y
que calan la conciencia de la unidad diversa que se
agrupa en redes planetarias de acción.
Ello refuerza la necesidad de ahondar el pensamiento
contracorriente hasta que llegue a remontar los
obstáculos de la estulticia y el dogma. |