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Durante
los meses de agosto y septiembre han venido arribando a
la televisión cubana, y a las escuelas, y a los Joven
Club, y a las salas de video en todo el país, los quince
nuevos animados musicales, realizados en los Estudios
del ICAIC. A pesar de que los dibujos animados suelen
ser considerados una manifestación “menor” del cine,
hemos decidido consagrar la presente edición de La
Butaca a estas “pequeñas” obras capaces de remover los
recuerdos de los adultos y de sembrar valores en los más
chicos.
Los animados de que
hablamos no superan la duración de una canción, se
dirigen al noble rescate de títulos infantiles
tradicionales (Marinero quiero ser, La gata
Mini Mini, Balada de Elpidio Valdés) así como
a la promoción de nuevas creaciones —provenientes sobre
todo de los concursos de música para niños Cantándole al
Sol —como “Mariposita” y “Cocuyo”, “Rui la pestes”, “La
abeja y la flor”, entre otros. Valga aclarar que no
estamos hablando de una producción seriada, uniforme y
estándar, sino del sorprendente y encomiable
acontecimiento que significa el hecho de que cada uno de
estos animados proponga un estilo de animación, una gama
de colores y una imaginería que distingue por completo a
uno del otro.
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Así, una línea de
trabajo que al principio parecía alternativa (los
Estudios de Animación del ICAIC se concentran, por
supuesto, en la producción de cortos y largometrajes, no
necesariamente musicales) ha resultado en uno de los
cauces válidos para que la producción alcance utilidad
social, validez estética, confluencia con otras
manifestaciones culturales, y notable poder expresivo,
experimental.
Rápidamente se han
entusiasmado los animadores, consagrados y noveles, Juan
Ruiz y Tulio Raggi, entre los primeros, junto con Nelson
Serrano y Antonio Nodarse, entre los bisoños. Algunos de
ellos cuentan con largas filmografías, otros abordan sus
primeras obras, pero todos se han entregado con
ilimitados entusiasmo y creatividad a graficar
bellamente varias canciones, y rescatarlas del
perentorio olvido en que se encuentran, como “Un día de
paseo”, cantado por Rosa Fornés; “Barquito de papel”
(Consuelo Vidal), “Juan me tiene sin cuidado” (Aurora
Basnuevo) y “La pavita pechugona” (Mariana Morejón)
entre otras.
En coordinación con
los Estudios, la Editora Abril proyecta la pronta
edición de un cancionero-libro de colorear que contenga
los textos de algunas de estas canciones animadas, y las
siluetas de sus personajes, de modo que los niños puedan
apropiarse también por esta vía de tales pequeñas
porciones, no siempre bien valoradas, del patrimonio
cultural de este país. Todo ello tendrá mayor éxito en
la medida en que la Televisión se apreste a promocionar
el asunto convenientemente, y salgan al aire una y otra
vez estas quince canciones, así como las anteriores, y
las que vengan después (en producción se encuentran
“Dame la mano y cantaremos”, “La vacuna”, el remake de
“El gatico vinagrito”, “El soldadito de plomo”, “Tin tin,
la lluvia cayó”, y otros muchos) pues se sabe que la
pequeña pantalla es el medio idóneo para divulgar estos
minimetrajes, aunque puedan emplearse, y se emplean,
muchas otras vías.
En cuanto a los
animados no musicales, los Estudios están enfrascados en
la continuación de las series Fernanda (la niña
detective) y El negrito cimarrón, que han logrado
notable aceptación del público menudo; recientemente se
concluyó la producción de la parte animada en el
documental ¡Vampiros!, dirigido por Carlos León,
pensado como homenaje por el aniversario 20 del estreno
de Vampiros en La Habana, de Juan Padrón; y
quienes han tenido la suerte de ver los diseños, o
partes del story board, aseguran que el
largometraje “Meñique”, inspirado en el célebre cuento
de La Edad de Oro, será una verdadera joya en la
ya considerable historia del dibujo animado cubano.
Silvio Rodríguez está trabajando en las canciones que
escoltarán a este prodigio en muñequito, como se les
decía cuando yo era niño. Nos mantendremos al tanto de
la realización de Meñique y les contaremos a nuestros
lectores oportunamente. |