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Dicen que
tenía predilección por la historia y por los versos. De
ahí que el famoso Espejo de paciencia, de
Silvestre de Balboa Troya y Quesada, se conservaría por
los siglos de los siglos gracias a su labor de rescate y
trascripción, y aunque hoy algunos afirman que no es el
primer poema “cubano”, sigue siendo obra primigenia, y
considerada muy meritoria la labor
del
obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz y Lora
como benefactor de las letras.
A
lo largo de su vida escribió una Historia de la isla
y Catedral de Cuba, obra “incompleta e imperfecta en
su plan y desarrollo”, pero de todos modos muy
consultada en manuscrito durante casi cien años —se
publicó finalmente en 1929—; sin embargo, escrita “en
prosa limpia y agradable, es fuente histórica útil”. Y
resulta significativo que
el 7 de
marzo de 1767 —con 73 años cumplidos— obtuviera el
doctorado en Derecho Canónico en la Universidad de La
Habana.
Entre otras muchas acciones que emprendió y que también
le dieron fama entre sus contemporáneos, estuvo su
actitud al interceder ante el Rey Felipe V de España a
favor de los mineros del Cobre, quienes se habían
sublevado en 1754
contra las autoridades en la zona oriental de Cuba,
cerca de donde hoy está el santuario de la Patrona de
Cuba.
Otras
fuentes aseguran que la historia ocurrió en 1731, época
en que también anduvo Morell por la zona
oriental, pero entonces era
Gobernador eclesiástico por suplencia, hasta septiembre
de 1732 cuando llegó a Cuba el nuevo obispo Juan Lazo de
la Vega y Cansino.
Sea
cual sea la fecha verdadera, lo cierto es que
gracias a su sempiterna costumbre de visitar frecuente y
concienzudamente su predios —y por ello su conocimiento
de causa en los conflictos—, logró por las buenas
maneras en las mediaciones
apaciguar la revuelta “con su palabra persuasiva”,
y evitó que la sangre llegara al río,
además de garantizar que no hubiera represalias contra
los obreros.
Se dice
también que la famosa calle Obispo en La Habana Vieja
—Calle del Obispo se llamó en principio—, tomó tal
nombre porque vivió mucho tiempo en una casa situada en
esa vía.
Lo
cierto es que entre los muchos prelados que oficiaron en
La Habana —alguno de los cuales se “empeñaron en
enmendar las costumbres del clero”—, su nombre se
inscribe entre los más ilustres, junto a los no menos
famosos obispos Diego Avelino de Compostela,
Juan
Lazo de la Vega y Cansino y Gerónimo Valdés. En fama y
obra solo Juan José Díaz de Espada y Landa le disputa
renombre.
Fue el
obispo Morell de Santa Cruz el primer dignatario que
fijó su residencia en la ciudad de La Habana, con
aprobación y permiso de Su Majestad. Le cabe el mérito
de haber sido el primero que propuso al rey —en abril de
1759— la erección de una universidad en Santiago de
Cuba.
Durante
mucho tiempo fue recordada su exaltada y popular
querella ocurrida con el Lord inglés Sir George
Keppel, tercer Conde
de Albemarle y Comandante en Jefe de las fuerzas
invasoras, durante la
ocupación británica de La Habana. Las circunstancias del
encontronazo entre ambas personalidades —recogido con el
título El desayuno truncado en esta misma sección
Memoria, en La Jiribilla # 154—, da fe de ciertos rasgos
de su carácter, a veces conciliador, a veces
intransitable, con tendencia a lo imprevisible y muy
dado a los juicios demoledores.
Aseguran que trabajaba incansablemente, pero sintiéndose
cada vez más enfermo, Morell pidió al rey de España que
le nombrase un obispo auxiliar y, sin embargo, por
muchas razones siguió ejerciendo su ministerio hasta el
día 23 de diciembre de 1768, en que reclamó el Santo
viático por segunda vez, para morir siete días más
tarde, el penúltimo día del año*.
Es
curioso que en la actualidad
se desconozca el lugar exacto en que se hallan los
restos del obispo Morell de Santa Cruz, pues el 10 de
septiembre de 1776 la parroquial mayor habanera fue
trasladada provisionalmente al oratorio de San Felipe de
Neri, y el 9 de diciembre de 1777 pasó de forma
definitiva a lo que hoy es la Catedral de La Habana. Sin
embargo los investigadores no han encontrado constancia
de que sus restos hayan sido también trasladados a otra
iglesia al ser derrumbada la antigua parroquial mayor.
Había
nacido —en 1694—, en Santiago de los Caballeros, en la
isla de Santo Domingo, sin que pueda precisarse la
fecha pues un incendio destruyó los archivos y toda la
villa, en 1863.
*Su
partida de defunción expone que:
(sic) En la Ciudad de la Havana en
treinta y uno de Diciembre de mil sietecientos sesenta y
ocho años se enterró en esta Iglesia Parroquial mayor de
San Cristóbal en la pared del Presbyterio al lado del
Evangelio el Yllustrísimo y Reverendísimo Señor Doctor
Don Pedro Augustín Morel de Santa Cruz Dignísimo Señor
Obispo que fue de la Santa iglesia Catedral de la
Asumpcion de Nuestra Señora de la Ciudad de San-Tiago de
Cuba, Xamaica y Provincias de la Florida del Concejo de
su Magestad natutal de la Ciudad de San-Tiago de los
Cavalleros hijo legitimo de los Señores Maestre de Campo
Don Pedro Morel de Santa Cruz y Doña Marma Chatarina de
Lora Defuntos y a los diez y seis del mes proximo pasado
de Noviembre otorgó su testamento in scriptis por ante
Don Francisco Xavier Rodríguez Escribano Público en el
qual dispone que en falleciendo su cuerpo se amoraje con
las vestiduras Pontificiales correspondientes a su
Dignidad y que se practiquen las demas funciones
prevenidas por el ceremonial de los Señores obispos
ecepto la de embalsamarlo por que absolutamente lo
prohive y que se le diera la referida sepultura y que se
den de Limosna Quince ducados á la Illustrísima
Archicofradia del Santisimo Sacramento de la misma
Parroquial y ocho reales á cada una de las mandas
forzosas, que sele digan las tres Missas del Alma, las
que llaman de San Vizente Ferrer y Quinientas mas,
nombra Por sus Albaceas al Seqor Doctor Don Manuel
Magaña Juez de Testamentos y obras pías y Provisor
Auxiliar de esta Ciudad al Doctor Don Juan Monel Telles
Sacrestan mayor en ella por su Magestad y al Señor Don
Antonio de Villa Goycochea Presbytero Capellan mayor del
Monasterio de Santa Chatarina de Zena y Juez Auxiliar de
testamentos y obras pías, y por tenedor de bienes, ûnico
y universal heredero al referido Don Antonio de Villa;
de edad de setenta y Quatro a setenta y Cinco años.
Recivio los Santos Sacramentos y todo por mas extenso
consta en dicho testamento y lo firmé.- Doctor Joseph
Agustin de Castro Palomino. |