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2006

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Morell de Santa Cruz
Consonancias y resonancias de un obispo

Josefina Ortega La Habana


Dicen que tenía predilección por la historia y por los versos. De ahí que el famoso Espejo de paciencia, de Silvestre de Balboa Troya y Quesada, se conservaría por los siglos de los siglos gracias a su labor de rescate y trascripción, y aunque hoy algunos afirman que no es el primer poema “cubano”, sigue siendo obra primigenia, y considerada muy meritoria la labor del obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz y Lora como benefactor de las letras.

A lo largo de su vida escribió una Historia de la isla y Catedral de Cuba, obra “incompleta e imperfecta en su plan y desarrollo”, pero de todos modos muy consultada en manuscrito durante casi cien años —se publicó finalmente en 1929—; sin embargo, escrita “en prosa limpia y agradable, es fuente histórica útil”. Y resulta significativo que el 7 de marzo de 1767 —con 73 años cumplidos— obtuviera el doctorado en Derecho Canónico en la Universidad de La Habana.

 

Entre otras muchas acciones que emprendió y que también le dieron fama entre sus contemporáneos, estuvo su actitud al interceder ante el Rey Felipe V de España a favor de los mineros del Cobre, quienes se habían sublevado en 1754 contra las autoridades en la zona oriental de Cuba, cerca de donde hoy está el santuario de la Patrona de Cuba.

 

Otras fuentes aseguran que la historia ocurrió en 1731, época en que también  anduvo Morell por la zona oriental, pero entonces era Gobernador eclesiástico por suplencia, hasta septiembre de 1732 cuando llegó a Cuba el nuevo obispo Juan Lazo de la Vega y Cansino.

 

Sea cual sea la fecha verdadera, lo cierto es que gracias a su sempiterna costumbre de visitar frecuente y concienzudamente su predios —y por ello su conocimiento de causa en los conflictos—, logró por las buenas maneras en las mediaciones apaciguar la revuelta “con su palabra persuasiva”, y evitó que la sangre llegara al río, además de garantizar que no hubiera represalias contra los obreros.

Se dice también que la famosa calle Obispo en La Habana Vieja —Calle del Obispo se llamó en principio—, tomó tal nombre porque vivió mucho tiempo en una casa situada en esa vía.

Lo cierto es que entre los muchos prelados que oficiaron en La Habana —alguno de los cuales se “empeñaron en enmendar las costumbres del clero”—, su nombre se inscribe entre los más ilustres, junto a los no menos famosos obispos Diego Avelino de Compostela, Juan Lazo de la Vega y Cansino y Gerónimo Valdés. En fama y obra solo Juan José Díaz de Espada y Landa le disputa renombre.

Fue el obispo Morell de Santa Cruz el primer dignatario que fijó su residencia en la ciudad de La Habana, con aprobación y permiso de Su Majestad. Le cabe el mérito de haber sido el primero que propuso al rey —en abril de 1759— la erección de una universidad en Santiago de Cuba.

Durante mucho tiempo fue recordada su exaltada y popular querella ocurrida con el Lord inglés Sir George Keppel, tercer Conde de Albemarle y Comandante en Jefe de las fuerzas invasoras, durante la ocupación británica de La Habana. Las circunstancias del encontronazo entre ambas personalidades —recogido con el título El desayuno truncado en esta misma sección Memoria, en La Jiribilla # 154—, da fe de ciertos rasgos de su carácter, a veces conciliador, a veces intransitable, con tendencia a lo imprevisible y muy dado a los juicios demoledores.

Aseguran que trabajaba incansablemente, pero sintiéndose cada vez más enfermo, Morell pidió al rey de España que le nombrase un obispo auxiliar y, sin embargo, por muchas razones siguió ejerciendo su ministerio hasta el día 23 de diciembre de 1768, en que reclamó el Santo viático por segunda vez, para morir siete días más tarde, el penúltimo día del año*.

Es curioso que en la actualidad se desconozca el lugar exacto en que se hallan los restos del obispo Morell de Santa Cruz, pues el 10 de septiembre de 1776 la parroquial mayor habanera fue trasladada provisionalmente al oratorio de San Felipe de Neri, y el 9 de diciembre de 1777 pasó de forma definitiva a lo que hoy es la Catedral de La Habana. Sin embargo los investigadores no han encontrado  constancia de que sus restos hayan sido también trasladados a otra iglesia al ser derrumbada la antigua parroquial mayor.

Había nacido —en 1694—, en Santiago de los Caballeros,  en la isla de Santo Domingo,   sin que pueda precisarse la fecha pues un incendio destruyó los archivos y toda la villa, en 1863.

*Su partida de defunción expone que:  (sic) En la Ciudad de la Havana en treinta y uno de Diciembre de mil sietecientos sesenta y ocho años se enterró en esta Iglesia Parroquial mayor de San Cristóbal en la pared del Presbyterio al lado del Evangelio el Yllustrísimo y Reverendísimo Señor Doctor Don Pedro Augustín Morel de Santa Cruz Dignísimo Señor Obispo que fue de la Santa iglesia Catedral de la Asumpcion de Nuestra Señora de la Ciudad de San-Tiago de Cuba, Xamaica y Provincias de la Florida del Concejo de su Magestad natutal de la Ciudad de San-Tiago de los Cavalleros hijo legitimo de los Señores Maestre de Campo Don Pedro Morel de Santa Cruz y Doña Marma Chatarina de Lora Defuntos y a los diez y seis del mes proximo pasado de Noviembre otorgó su testamento in scriptis por ante Don Francisco Xavier Rodríguez Escribano Público en el qual dispone que en falleciendo su cuerpo se amoraje con las vestiduras Pontificiales correspondientes a su Dignidad y que se practiquen las demas funciones prevenidas por el ceremonial de los Señores obispos ecepto la de embalsamarlo por que absolutamente lo prohive y que se le diera la referida sepultura y que se den de Limosna Quince ducados á la Illustrísima Archicofradia del Santisimo Sacramento de la misma Parroquial y ocho reales á cada una de las mandas forzosas, que sele digan las tres Missas del Alma, las que llaman de San Vizente Ferrer y Quinientas mas, nombra Por sus Albaceas al Seqor Doctor Don Manuel Magaña Juez de Testamentos y obras pías y Provisor Auxiliar de esta Ciudad al Doctor Don Juan Monel Telles Sacrestan mayor en ella por su Magestad y al Señor Don Antonio de Villa Goycochea Presbytero Capellan mayor del Monasterio de Santa Chatarina de Zena y Juez Auxiliar de testamentos y obras pías, y por tenedor de bienes, ûnico y universal heredero al referido Don Antonio de Villa; de edad de setenta y Quatro a setenta y Cinco años. Recivio los Santos Sacramentos y todo por mas extenso consta en dicho testamento y lo firmé.- Doctor Joseph Agustin de Castro Palomino.

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