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En un
recorrido por la Escuela Internacional de Cine
La Jiribilla conversó con quienes sienten la mágica
experiencia de la EICTV desde el día a día. Directivos,
profesores y alumnos cuentan a la revista sus
reflexiones acerca del sistema de enseñanza allí
implantado, las anécdotas e historias
vividas, y las motivaciones de cada uno para
llegar a ese lugar.
JUAN GRILLO TADEO,
ASESOR JURÍDICO Y PRIMER SECRETARIO DOCENTE. FUNDADOR DE
LA EICTV
¿Cómo ha
evolucionado la EICTV en estos 20 años de
existencia? ¿Cuáles han sido sus logros?
La propuesta de la
Escuela era cubrir una carencia que tenía el cine de la
región, el cine de América Latina. En términos de que
los profesionales del cine casi todos carecían de una
formación académica. Queríamos lograr que el cine
latinoamericano mantuviera su filosofía creadora,
mantuviera su mensaje y su interés sociocultural, y a la
vez dejara de ser un cine imperfecto —jugando con este
concepto del documento fundacional del nuevo cine “por
un cine imperfecto”, escrito por Julio García Espinosa:
Preparar a profesionales que pudieran hacer un cine en
términos técnicos y de calidad, superior, y que además
tuviera, en términos estéticos, ideológicos,
socioculturales, un altísimo nivel en correspondencia
con las necesidades del movimiento del Nuevo Cine
Latinoamericano.
Creo que la Escuela
ha cumplido esa expectativa. Si se ha producido una
evolución, en ningún sentido ha consistido en el
abandono de los preceptos fundacionales, sino que ha
constituido un enriquecimiento de estos preceptos e
incluso ha agudizado la perspectiva inicial.
La EICTV ha formado,
durante estos 20 años de trabajo, a profesionales
preocupados esencialmente por sus realidades
socioculturales, en sintonía con los cuestionamientos
que un artista debe hacerse en torno a su época y a su
momento histórico, y además ha preparado a profesionales
con un altísimo nivel profesional y un acusado sentido
de la estética.
Nos hemos enriquecido
en el sentido de ampliar el área de trabajo de la
Escuela, la diseñamos en principio pensando trabajar
fundamentalmente Latinoamérica, se añadieron África y
Asia como áreas de interés, y en el transcurso del
desarrollo de la Escuela se ha incrementado a España, en
sintonía con todo el movimiento que se ha generado con
las cumbres Iberoamericanas. Hemos ampliado nuestra área
de influencia, además, a EE.UU., a las naciones
desarrolladas de Europa, que en el momento de inicio de
la EICTV no formaban parte de nuestros intereses.
¿Qué hace a esta
escuela de cine destacarse entre sus semejantes de la
región y del mundo?
Cuando surgió la
EICTV se estudiaron los proyectos de escuela que
existían, se estudiaron los antecedentes. Tiene un
antecedente esencial: la escuela que fundó
Fernando Birri
en Santa Fe, Argentina, la Escuela Documental de Santa
Fe. En ese estudio se vio una característica casi común
en los proyectos que existían: tenían un trabajo
esencialmente teórico. Eran escuelas asociadas a
universidades o instituciones académicas tradicionales
que tenían una formación teórica, porque no se puede
olvidar que quizá la formación de profesionales para el
audiovisual es, dentro de la formación artística, la que
mayor volumen de recursos materiales y financieros
exige. En el momento en que echamos a andar la EICTV,
circulaba entre nosotros la información de que se
consideraba la formación de profesionales para el cine
la segunda más cara después de la de pilotos de
aviación.
Exige grandes
recursos una formación sólida, teórica y práctica. Eso
es lo que distingue la EICTV, ha logrado la apropiada
proporción entre preparación teórica y preparación
práctica. Los nuestros son graduados que en el minuto
siguiente a obtener su diploma de graduación pueden
comenzar a trabajar a una producción de carácter
profesional sin ninguna inseguridad. Normalmente un
estudiante de cine en cualquier otro tipo de escuela
comienza por escalas más básicas en las producciones,
haciendo pasantías, etc.
Nuestro segundo
objetivo, que creo que la EICTV ha cumplido en la medida
de sus posibilidades, era lograr que hubiera
profesionales para la industria audiovisual en países
donde ni siquiera esa industria existía, que fueran
ellos la génesis, el elemento primario para el
surgimiento de esta industria. Es el caso, por ejemplo,
de los países de Centro América, donde quizá salvo el
caso de Panamá, donde había cierta tradición
documentalística, no había una producción
cinematográfica. Nuestros graduados son la génesis de lo
que existe en este momento en términos del audiovisual.
Este concepto se ha
irradiado a las demás escuelas, se ha probado tan válido
en la práctica que ha hecho que comiencen a incorporar
elementos de nuestro concepto a su propio trabajo. Hemos
servido de meta y comparación.
Nuestro sistema
formacional incluye un cambio dentro de los paradigmas
habituales de la academia: nuestros profesores no son
académicos, son profesionales en activo que llega a la
EICTV a transmitir su experiencia. No tenía sentido que
formáramos estudiantes a partir de una persona que hacía
50 años estaba alejada de la industria, sin saber cuáles
eran las últimas tendencias. Necesitábamos el pulso de
la vida diaria, que se transmitiera no solo la
información de carácter técnico sino también lo que está
ocurriendo en el presente, por ejemplo las posibilidades
de financiamiento, los equipos de trabajo; es decir, las
circunstancias actuales del trabajo de la industria.
Esa es una
característica que quizá las escuelas que están
sometidas a regulaciones institucionales o nacionales de
carácter legal no pueden asumir. Normalmente una
universidad, aunque tenga una escuela de cine, no puede
traer a un profesional que no sea universitario, que no
tenga un grado académico. Eso nos ha posibilitado que
tengamos a profesores de primer nivel que forman a
graduados de primer nivel.
Las encuestas son muy
subjetivas, pero en estudios que se han hecho se ha
considerado que la EICTV está incluida entre las 10
mejores escuelas de cine del mundo. Incluso un órgano de
prensa tan respetado como El País, de España, ha
llegado a clasificarnos entre las cuatro mejores
escuelas de cine del mundo. En el año 1993 el Festival
de Cannes, en Francia, por primera vez otorgó el Premio
Rossellini a la excelencia en el mundo audiovisual a una
institución académica, a la EICTV, y no se le ha vuelto
a otorgar a ninguna otra desde entonces.
Hay una idea inicial
que quizá no se ha logrado concretar en la dimensión que
querríamos: irradiar un movimiento que elevara la
calidad general de la formación cinematográfica en
América Latina. Siguiendo esa idea convocamos, en el año
1988, aquí en La Habana, el Primer Encuentro de Escuelas
de Imagen y Sonido en América Latina. Dos encuentros
posteriores, que se hicieron en otros países, dieron
origen a la Federación de Escuelas de Imagen y Sonido de
Latinoamérica, la FEISAL, el primer intento de
agrupación, de concertación de esfuerzos de escuelas
latinoamericanas, que luego ampliamos a escuelas
iberoamericanas. Esta organización se propone elevar la
calidad ideoestética de la enseñanza del audiovisual, el
intercambio de profesores y estudiante. En este año la
EICTV recibió la presidencia y tenemos una enorme
cantidad de proyectos que ayudarán a consolidar esta
organización.
MARGARITA FLÓREZ, DIRECTORA DE
RELACIONES INTERNACIONALES
En todos estos años
de trabajo ha visto a la EICTV crearse un espacio en el
mundo del cine. ¿Cómo ha sido ese proceso?
La EICTV fue fundada
por un grupo de hombres, entre ellos Gabriel García
Márquez, Titón y Julio García Espinosa, hombres de cine
formados en la Escuela de Neorrealismo Italiano, en el
Centro Experimental de Roma, que tomaron lo mejor de
aquella escuela y quisieron hacer una en América Latina
que tuviera esas raíces, en la medida en que es un cine
que da a conocer la realidad desde una identidad propia,
pero que no fuera tan costosa, tan discriminatoria, como
lo que sufrieron ellos como latinoamericanos estudiando
en Italia; imbuidos también en el Nuevo Cine
Latinoamericano, que tuvo una fuerza muy grande en los
años 60 y 70. Esta escuela fue la cristalización de ese
sueño y esa madurez.
Se funda la EICTV
concibiéndola como un laboratorio vivo, como una fuente
de creación alejada del escolasticismo. Querían que
fuera una experiencia de vida, con una estética y mirada
propias, con un sentido de identidad.
Fernando Birri ha
hecho una película sobre la escuela, una idea
experimental e investigativa: se hace una comparación
entre las películas fundacionales del cine
latinoamericano, influidas por el neorrealismo, y las
películas de la EICTV, y en qué medida se niegan y en
qué medida existe una influencia.
Creo que la EICTV, en
los 20 años de labor de formación de profesionales del
audiovisual, se ha ganado un espacio porque ha formado
gente comprometida con su realidad, que no está ajena a
las reglas del mundo en qué vivimos, a las leyes de
mercado, al hecho de que en América Latina el cine no es
prioritario para los fondos.
Además la EICTV —y
esto es algo que sobrepasó los propósitos— es un espacio
de colaboración internacional, de convivencia, de
tolerancia, de respeto a las diferencias. La Escuela ha
formado profesionales latinoamericanos y del mundo.
En estos momentos
tenemos muchos profesores que son graduados de la propia
Escuela, cineastas importantes como Benito Zambrano;
como Eva Valiño, una sonidista que ha ganado el Goya por
su trabajo en Te doy mis ojos, como el director
cubano Juan Carlos Cremata, o Manolito Rodríguez,
guionista; también Alicia Scherson, directora de Play,
que ganó el año pasado en el Festival Internacional del
Nuevo Cine Latinamericano.
Creo que no hay un
país de Latinoamérica que haya quedado fuera. Se han
formado cineastas con un sentido de identidad, con una
mirada comprometida sobre todo con sus pueblos y sus
realidades. Se está promoviendo el cine y la cultura.
El amor por la
Escuela es un denominador común, como punto de encuentro
y como punto de regreso. Crea sus propias raíces.
Personalmente me ha encantado compartir este proyecto,
no exento de problemas, pero donde se vive un mundo de
tanto respeto a la diferencia, a la creatividad, y donde
Cuba y San Antonio de los Baños vienen a ser, de algún
modo, la patria chica de todas estas diferencias.
¿Cómo se sostiene
este espacio ante otras escuelas del mismo campo, quizá
con mayores fondos para su desempeño?
Conozco muchas
escuelas del mundo, excelentes escuelas con equipamiento
de punta. ¿Cuál es la riqueza de esta escuela? Realmente
no es la tecnología, por condiciones económicas, ya que
residimos en Cuba y compartimos todos los rigores del
bloqueo —aunque tenemos buen equipamiento gracias a
colaboraciones y donaciones. Primero, aquí vienen
profesionales del cine de todas partes del mundo a
transmitir su experiencia. El estudiante tiene, dentro
de su programa de estudio, que es excelente —que no solo
los dota de técnica sino de los conocimiento
humanísticos necesarios para un artista— la oportunidad
de recibir la experiencia de un cineasta francés, de un
alemán, de un latinoamericano, de un cineasta de África
o de Asia, de diferentes miradas y escuelas.
Esa es nuestra gran
riqueza. Es una experiencia de vida, porque se amanece
pensando en el cine y se convive con el cine todo el
tiempo y se pueden aprovechar esas grandes figuras que
han pasado por nuestra escuela. Ahora esperamos la
visita de Stephen Frears, el director de la película
The Queen, y también la del actor Ralph Fiennes.
La escuela se ha
ganado un prestigio y es un espacio del cine mundial.
Creo que los fundadores tienen que sentirse muy felices,
porque este es el proyecto que soñaron y que ha rebasado
su sueño.
CORINA MESTRE,
ACTRIZ DE TEATRO, CINE Y TELEVISIÓN. PROFESORA DEL
TALLER DE DIRECCIÓN DE ACTORES
Su labor de
magisterio en la EICTV ha sido larga. ¿Cómo describiría
la experiencia?
Desde que se fundó la
EICTV he estado trabajando aquí, no solo como profesora.
Comencé trabajando en los cortometrajes de los
estudiantes, en la primera época. Después di clases de
dirección de actores al curso regular, y ahora doy, una
vez al año, talleres internacionales de dirección de
actores. La experiencia ha sido muy especial. Tengo que
esforzarme todo el tiempo tratando de lograr que los
estudiantes trabajen con códigos que desconocen, con
identidades que desconocen. Deben encontrar un lenguaje
común para trabajar, y lo han ido logrando. La escuela
crea grandes afectos además de grandes artistas.
ALICIA TELLERÍA, PROFESORA ESPAÑOLA
DE LA CÁTEDRA DE PRODUCCIÓN
¿Cómo llegó a
impartir clases aquí en la EICTV y exactamente cuál es
el programa que lleva?
Llegué a impartir
clases porque había conocido a Rolando Pardo en España a
través de una guionista que viene mucho a la escuela,
Lola Salvador, ella le propuso mi nombre a Rolando y a
él le pareció bien. Me llamó, a mí me pareció un milagro
llevar la cátedra de Producción en la escuela y aquí
estoy llevando todo este año. Mis objetivos son que los
alumnos puedan tener el máximo de conocimientos de
producción, plantear cada curso como un proceso casi de
una película y de lo que se van a encontrar en el mundo
exterior. Prepararlos para ello, porque esto es un
pequeño submundo mágico, pero luego la realidad no es
tan mágica y uno tiene que pelear, luchar, competir con
otros y deben tener unas buenas bases y argumentos para
llegar al mundo exterior.
A usted misma, ¿qué le
ha aportado la escuela, qué experiencias tiene respecto
a ella?
Una barbaridad,
cuanto menos aprender a no coger lucha en la vida, eso
sí lo enseñáis el pueblo cubano muchísimo. Además, la
mágica interrelación entre los alumnos, poder hablar
todo el tiempo de cine, todos los profesores que llegan
desde fuera, también fantásticos; la cantidad de gente
de todas las áreas y todos los continentes que conoces y
eso es un descubrimiento también para mí.
FABIÁN ARCHÓN, ESTUDIANTE MEXICANO
DE 3er AÑO DE DIRECCIÓN
¿Qué esperabas
encontrar en la escuela de cine de Cuba, y cómo lo
comparas a la experiencia real?
Antes de venir
escuché los comentarios de otros compañeros que habían
estudiado aquí, sobre el reconocimiento internacional de
la Escuela. No es una escuela que se publicite
directamente porque eso implica ciertos costos, pero sí
tiene reconocimiento de voz en voz. Se conoce en el
medio, entre la gente que está trabajando en el medio
cinematográfico o de televisión.
Mis expectativas eran
altas. Pasar tres años de tu vida en un claustro y
construir una nueva familia tiene características
únicas, no creo que haya muchas escuelas que alojen a
sus estudiantes y los inviten a experimentar un trabajo
tan continuo, tan apegado, tan enriquecedor también. Los
primeros meses son un poco desconcertantes, pero después
todo se vuelve más fácil, la convivencia, incluso te
llega a gustar la comida.
Ha sido válida la
enseñanza. La organización del plan académico es
inusual, porque los maestros que llegan aquí están
activos en el medio y no pueden estar sujetos a horarios
fijos. Los talleres pueden reubicarse durante el año
escolar, o cambiar de profesor. Aunque podría ser
desconcertante para una Universidad de ingeniería, no lo
es para una escuela de arte, que pinta también de loca y
de sui géneris, y que efectivamente lo es. Se va
construyendo, se va adecuando incluso a las necesidades
de la generación que está de turno, porque hay
diferencias entre los estudiantes de diferentes años. De
acuerdo con esos intereses hay mucha comunicación entre
la directiva, los cuerpos académicos y los alumnos, nos
consultan para verificar si los resultados de los
talleres son idóneos.
¿Ha cambiado tu
percepción del cine con lo que has aprendido aquí?
En todo país
latinoamericano la producción de cine es difícil, sobre
todo si no tienes grandes capacidades financieras y no
puedes hacer tu propio trabajo de producción. Es difícil
entrar en el medio. Llegar aquí es tener garantizado, de
inmediato, un trabajo grupal con estudiantes que tienen
los mismos intereses y las mismas motivaciones. Estamos
las 24 horas hablando de cine, creando el cine y
trabajando en el cine. Es un ambiente idóneo. Incluso
esta idea de industria, donde cada quien tienen su
función específica, es beneficiosa, se vuelve eficaz,
aunque en la vida real el director se tenga que volver
su propio productor, porque no abundan los productores,
o haga cine de autor. Aquí se hace la propuesta de que
se cree el producto cinematográfico trabajando cada
quien desde su especialidad, siempre vinculado
estrechamente al grupo. Se trata de encontrar una
industria sólida, que les urge a los países
latinoamericanos.
SARA HAZIN, ESTUDIANTE BRASILEÑA DEL
TALLER INTERNACIONAL
DE PRODUCCIÓN
¿Cómo ha sido para ti
el encuentro con la EICTV? ¿Ha variado en algo tu forma
de pensar el cine?
Pensaba que iba a
encontrar algo mucho peor de lo que encontré. Cuando
llegué me sorprendí muchísimo. Los profesores se
interesan mucho en ayudar y todo el tiempo están
buscando maneras diferentes de llevarnos a su universo,
porque estudiar cine en un país socialista es algo
distinto. El cine es un mercado, es una economía
fuertísima en todo el mundo, y esa es la idea que
traemos. Cuando llegas aquí, con personas de 30 o 40
países distintos, es una experiencia muy buena y muy
fuerte.
El taller de
producción, que dura solo dos meses, es muy interesante
y, aunque no vamos a estar los tres años, conocemos a
gente de todos los cursos. Son todos como una gran
familia.
Tenemos mucho acceso
a películas, estamos viendo cine todo el tiempo y
mientras más lo haces más cambia tu forma de pensar y la
manera en que ves el cine en general. Podemos
intercambiar información con gente de todo el mundo. Por
ejemplo, yo, que soy productora, no sabía que en Ecuador
no hay una ley de cine. En Brasil existe una ley de cine
muy antigua. Aquí estudia una chica de Ecuador que está
haciendo cine para lograr una ley de cine en su país. Es
una manera diferente de pensar el cine. Creo que un
intercambio entre países es muy importante. Pienso
diferente hoy, seguro que sí.
LAIDY GUTIÉRREZ, ESTUDIANTE CUBANA
DE 3er AÑO DE GUIÓN
¿Cómo ha sido tu paso
por la EICTV y qué te ha aportado?
Vengo del teatro,
estudié teatrología. Quería completar mi formación con
el cine y vine a estudiar guión a la EICTV. La
experiencia ha sido muy buena. Es una escuela que
vincula mucho a los alumnos a la práctica
cinematográfica, que al final pienso que es lo más
importante cuando estudias en una escuela de cine. La
escuela tiene muchos ejercicios de práctica, y tiene un
primer año de polivalencia que es muy bueno, donde pasas
por todas las especialidades. Eso te abre mucho el
diapasón y logra que cuando te enfocas en tu perfil no
estés ajena a las otras cosas. En mi caso, como
guionista, sé para lo que escribo porque conozco el
proceso de creación de todas las especialidades.
La relación con
tantos estudiantes de diferentes lugares aumenta la
experiencia y la visión que uno tiene de sí mismo como
artista y como intelectual.
PABLO ARELLANO, ESTUDIANTE ESPAÑOL
DE 1er AÑO DE GUIÓN
Háblame de tu
experiencia en la escuela y de hasta dónde te ha
cambiado o no tu forma de ver el cine
Estoy en el primer
año, el de polivalencia, lo cual quiere decir que
estudiamos todos los campos e incluso existe la
posibilidad de cambiarnos de especialidad si queremos.
La experiencia de la escuela es algo muy difícil de
explicar. Incluso tengo un blog en internet donde trato
de contar en España todo lo que me está pasando y lo
encuentro dificilísimo. De primera no sabes lo que te
vas a encontrar. Tienes una idea cuando vienes de que
hay mucho cine en Cuba, un país tan distinto al resto,
pero luego todo es superado con creces, todo lo que
sientes es muy intenso, no tienes un punto medio, o
estás muy bien o estás muy mal y además puedes pasar de
la felicidad a la tristeza en cinco minutos y en otros
cinco volver.
En el tema académico
es increíble, los profesores están todos en activo,
trabajan y consiguen que aumente tu pasión por el cine,
tu curiosidad, ver películas, conocer directores,
estilos, etc. En mi caso veo mucha diferencia con
España. Allá en la universidad todos los profesores son
directores frustrados que nunca han llegado a nada y te
quitan la ilusión y las ganas, en cambio aquí es
magnífico, porque no solo te estimulan a conocer lo que
venías a estudiar sino también te hacen darte cuenta de
la importancia de los otros campos dentro del cine.
¿Por qué escogiste
esta escuela entre las tantas escuelas de cine que hay
en Iberoamérica?
En primer lugar
porque tiene mucho prestigio, al menos en España se
habla mucho de su método de educación distinto, de que
las clases no acaban cuando termina el turno pues por la
tarde puedes seguir con el maestro, un estilo muy
parecido a la educación en la antigua Grecia. Luego vine
por el país, siempre me había llamado mucho la atención
Cuba, su sistema, su gente y también por salir un poco
de Europa.
ALDO ÁLVAREZ MORALES, ESTUDIANTE
MEXICANO DE 2do AÑO DE EDICIÓN
¿Cómo llegaste a la
escuela, qué expectativas tenías antes de entrar y
cuáles se han cumplido?
Supe de la EICTV en
México desde el 98 ó 99 porque tomé clases de cine allá
en una institución que en ese entonces era la conexión
de México con la escuela y desde el principio me
interesó mucho por la idea de estar en Cuba, con
estudiantes de distintos países de Latinoamérica, África
y Europa. Además, sabía del reconocimiento de la
escuela a nivel internacional. Siempre supe que era una
muy buena escuela, con buenos maestros, pero realmente
conocía poco, aunque había venido un par de meses antes
de empezar el curso regular. Tomé un taller acá y eso me
dio la oportunidad de conocerla un poco, pero una cosa
es venir como tallerista y otra cosa es plantarse
sabiendo que vas a vivir tres años aquí. Hasta el
momento mis expectativas han sido cumplidas. Los
maestros todos son bastante buenos, aunque en esta
escuela cuenta más la disposición del alumno porque aquí
realmente lo tienes todo, desde el hecho de vivir a unos
cuantos metros de tu aula. Eso te crea un compromiso
más, el de estar todos los días en el aula aprendiendo,
y hay equipos, solo es cuestión de moverse y preguntar.
Realmente si uno quiere hacer las cosas, se pueden
hacer.
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