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José María Heredia en Ángel Augier

Imeldo Álvarez García La Habana


Por la Colección Voces, de la Editorial Letras Cubanas, el Instituto Cubano del Libro acaba de publicar un amplio y profundo repertorio epistolar y documental titulado Epistolario de José María Heredia, cuya compilación, prólogo, notas y bibliografía han sido realizados por el poeta, crítico, ensayista, investigador literario, editor y periodista doctor Ángel Augier, merecedor de las más altas condecoraciones culturales cubanas, entre ellas la Orden Nacional Félix Varela de Primer Grado (1982), el Premio Nacional de Literatura (1991) y el título de Héroe del Trabajo (2004).

A pocas semanas de cumplir 96 años de edad (nació en Holguín, Gibara, el 1ro. de diciembre de 1910), Ángel Augier se mantiene en plena actividad intelectual.

Miembro de Número de la Academia Cubana de la Lengua desde 1994, lo más representativo de sus numerosos poemarios lo entregó a los lectores en su reciente Antología poética (2005) y los frutos de su relevante labor en la crítica literaria han ido apareciendo en incesante consagración, y ejemplo de ello es el presente Epistolario.

En su obra se destacan tres emblemáticas figuras de la cultura cubana: José María Heredia, José Martí y Nicolás Guillén, como se advierte en su nutrida bibliografía. En este libro sobre Heredia los lectores hallarán una panorámica que va más allá de la génesis y desarrollo de la vida del autor de “Oda al Niágara”, “En el Teocalli de Cholula”, y el “Himno del Desterrado”.

Al igual que en relación con sus estudios sobre José Martí y Nicolás Guillén, he anotado y valorado con atención sus estudios sobre Heredia, desde “Reencuentro y afirmación del poeta Heredia”, de la década del 40 hasta “José María Heredia: novela y realidad de América Latina”, de 1990, lo que me permite apreciar todo lo que Augier incorpora en esta Compilación, hasta la fecha en que la enviara a la editora para su publicación. Lástima que no pudo incluir, en sus incorporaciones, los aportes de Salvador Arias en Aire y fuego en la raíz: Heredia, libro editado por mí en 2003 en el Centro de Estudios Martianos.

Debido a la dispersión de muchas de las cartas de Heredia y a la utilización de fuentes diversas que las han reproducido, el acceso a la correspondencia del gran poeta reunida aquí, fue ―como se aclara en una elocuente nota editorial― un proceso arduo, tanto o más que la recopilación de valiosos documentos no pertenecientes a la correspondencia personal de Heredia, intercalados a todo lo largo del libro, lo que hizo más compleja la necesaria labor del cotejo de los originales, de ahí que considero importante subrayar los criterios adoptados en esta valiosa edición:

La actualización de la ortografía, la unificación de apellidos, nombres propios y de ciudades; la sustitución de abreviaturas confusas por su grafía, por palabras completas; la unificación de la transcripción de las palabras que remiten, por igual, a un mismo término; la aplicación de normas editoriales actuales; evitación de repeticiones innecesarias, pues en el índice solo se consignan las cartas dirigidas por Heredia a su madre, cuando aparecen la primera vez. En el resto de los casos, la fecha aparece destacada en cursivas. En fin, una coherente tarea de comunicación con los lectores no especializados.

Como afirma Ángel Augier, esta obra es un genuino y revelador testimonio. “Si Félix Varela fue quien nos enseñó a los cubanos a primero en pensar  ―tal como proclamara Luz y Caballero―, es decir, a primero en pensar en la independencia de la nación cubana, Heredia fue, por su parte, quien nos enseñó primero en sentir esa necesidad histórica de la nación independiente y libre”.

Para Augier, en la poesía y en la acción, el primer herediano del proceso histórico de Cuba fue José Martí, quien nos recordó que fue Heredia “el que acaso despertó en mi alma, como en la de los cubanos todos, la pasión inextinguible por la libertad”.

Enrique José Varona, en 1930, en medio de la lucha contra la tiranía machadista, dijo a un amigo que él y los de su generación aprendieron a sentir a Cuba, a ver sus notas penetrantes, típicas, en la obra de José María Heredia.

En su libro Lo cubano en la poesía Cintio Vitier sostiene que “por los dones líricos, la cultura y la sensibilidad patriótica, Heredia es nuestro primer poeta cabal, el primer lírico de la patria, el primer vivificador poético de la nación como necesidad del alma”.

Las cartas pueden ser literarias y estar dirigidas a lectores diversos, desconocidos por sus autores, y en ese sentido formar parte, por su estilo y valores estéticos y epistemológicos, de la visión de una etapa o período del proceso histórico y cultural de una sociedad en desarrollo. Pero por lo regular son textos dirigidos a una persona determinada o a un núcleo familiar, escritos de manera sencilla, sin adornos, con la naturalidad de los diálogos emotivos de sobremesa, de las conversaciones íntimas. Y estamos pensando en las confidencias de Martí a Manuel Mercado, a María Mantilla, a su madre.

En esta compilación Augier trasciende lo específicamente epistolar, no solo por la documentación añadida, sino también por las notas y la información relacionada con el rescate de la copiosa y valiosa correspondencia herediana, por la descripción del papel jugado por la madre del poeta, doña Merced Heredia, por el tío Ignacio Heredia y el bibliógrafo e investigador José Augusto Escoto, y especialmente por un grupo de prestigiosos heredianos e instituciones nacionales.

Es llamativo el montaje y la estructura de este repertorio epistolar y documental, mezcla de biografía y panorama histórico y político, en donde la autenticidad y la amplitud de la información y las precisiones críticas no prescinden de los elementos trágicos o ridículos presentes en la azarosa vida del primer gran poeta cubano y uno de los más destacados en lengua española, con quien comenzó en nuestras tierras el mito de la libertad, al encarnar el ideal separatista, los anhelos de los hombres del 68, y la inmortal imagen de un pueblo patriota.
 

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