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Desde la última
catástrofe electoral, donde Bush perdió la mayoría de
los gobiernos de los estados y el control de la Cámara
de Representantes y el Senado, no pasa un día sin que
sufra una nueva pérdida de terreno. La primera cabeza en
caer fue la del sanguinario Donald Rumsfeld, quien
autorizó las torturas de prisioneros de guerra. Después
fue la caída del tosco y grosero John Bolton, imagen
misma de la antidiplomacia. El tercer golpe, en pocos
días, ha sido el informe de la Comisión Hamilton-Baker,
donde se reconoce que EE.UU. ha perdido la guerra en
Iraq.
Esta junta
bipartidista, encabezada por el ex secretario de Estado
e íntimo de los Bush, James Baker, hizo 79
recomendaciones, una de las cuales consiste en iniciar
la retirada de las tropas de ocupación para evacuarlas
totalmente a inicios del 2008. También aconsejan
establecer contactos diplomáticos con Siria y con Irán,
además de profundizar las reformas y propiciar la
reconciliación entre los iraquíes, actualmente
confrontados en una guerra civil.
O sea, que tres años
y medio después de haber lanzado una invasión brutal
donde han muerto 600 mil iraquíes y casi tres mil
soldados estadounidenses, más otros cientos de miles de
heridos, y haber gastado 400 mil millones de dólares,
EE.UU. reconoce haber fracasado en su intento de
sojuzgar a aquel pueblo para favorecer los intereses de
las compañías petroleras. Los más optimistas generales
afirman que la guerra no se ha ganado, pero tampoco se
ha perdido, pero los analistas más objetivos saben que
no hay nada más que hacer allí.
El terco y lerdo Bush
ha dicho que tomará en serio estas recomendaciones, pero
no ha afirmado rotundamente que las aplicará. Está en la
etapa del pataleo. También afirmó que no entrará en
diálogos con Irán mientras no concluya su programa
atómico. Nancy Pelosi, la nueva presidenta de la Cámara
de Representantes ha declarado que los congresistas de
su partido se atendrán a estas reflexiones de la
Comisión Baker-Hamilton cuando se inicie la nueva
legislatura.
Hay que recordar que
cuando la primera elección de Bush, hijo, se produjo, el
conteo irregular de los votos en la Florida que le
otorgó una insignificante y espuria mayoría, la familia
Bush designó a Baker para que actuara de intermediario
en la disputa electoral y fue uno de los factores en el
pucherazo electoral que borró los votos de los negros y
los distritos pobres. También recordemos que fue
Secretario de Estado cuando el gobierno de Bush padre.
Baker es un escudero de los Bush.
Por eso, habría que
preguntarse si los Bush lo situaron en esta Comisión
para darle al presidente una escapatoria que le salve la
cara de la humillación internacional y la vergüenza
nacional. Ante la derrota evidente ya Bush no bajaría el
testuz, abatido, sino que obedecería el dictamen de una
comisión de expertos, funcionarios y autoridades
versadas supuestamente en el tema. No es lo mismo arriar
banderas, vapuleado, que acatar el sentir de
especialistas.
La otra derrota fue
la remoción del gorila John Bolton, embajador ante
Naciones Unidas, Bolton que tiene una sucia y mendaz
hoja de servicios como falsario, intrigante y fisgón
comenzó su carrera política con Reagan y fue asistente
de James Baker en la Secretaría de Estado. Más tarde
llegó a ser Subsecretario a cargo del control de armas.
Desde esa posición atizó las sospechas sobre las
imaginarias “armas de destrucción masivas” de Saddam
Hussein y fue el fabricante de la falsía sobre compra de
uranio a Níger.
También ha promovido
las inquietudes en torno a Irán y su comportamiento
atómico. En una época avivó las acusaciones contra Cuba,
acusándola de poseer armas biológicas. Espió a Colin
Powell para debilitar la posición del entonces
Secretario de Estado, que se oponía a sus ardides.
Intentó destituir a varios expertos del State Department
que no estaban de acuerdo con sus embustes y
fabricaciones. Cuando lo nombraron miembro de la
comisión para parlamentar diplomáticamente con Norcorea
inició su gestión declarando que aquel país era una
“pesadilla del infierno” y que Kim Jong II era un
tirano. Hubo que sacarlo precipitadamente de la
delegación. Fue Bolton quien expresó que si al edificio
de la ONU le cercenaran diez pisos nadie notaría la
diferencia. El 11 de mayo de 2005 la revista Hustler
publicó detalles de la repugnante vida íntima de Bolton.
Su mugre moral había llegado a todas las aristas de su
biografía.
Es
ese monstruo de malignidad y perversión el que ha caído,
junto a Rumsfeld como consecuencia de las últimas
elecciones que tienen tambaleante a Bush, que debe
comenzar a reflexionar si podrá sostenerse ante esa
tembladera política sobre la que se asienta su frágil
reinado, a lo que ahora debe añadir la retirada de Iraq.
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