Año V
La Habana
2006

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Una historia de tabacos
Josefina Ortega
La Habana


En teniendo una chaveta/ que pueda muy bien cortar/

 no hace falta otra herramienta/ para poder trabajar/

Al hacer una perilla/ no hay quien me pueda igualar/

para mí es cosa sencilla/ y para otros la mar./

 Sepan los malos tacos/ que me tienen interés/

que hago trescientos tabacos/ desde las nueve a las tres./

 Ven, pues, mulata querida, de mi dicha a disfrutar,/

y pasaremos la vida/ en delicioso gozar.


Dicen que una mañana Richard Wagner recibió unos habanos de obsequio.


El genial y controvertido músico alemán no pudo abstraerse de premiar a su  “benefactor” con un cumplido que parece uno de sus lei motiv musicales: "Indiscutiblemente ayuda usted a mi ópera El Crepúsculo de los Dioses. Esta mañana llegaron esas maravillas de La Habana e inmediatamente me transportaron a un encanto..."

Para muchos en todo el orbe fumar un habano es un placer de los dioses.

Se conoce que los dos primeros europeos que fumaron tabaco en nuestra tierra rindieron un informe negativo al mismísimo Cristóbal Colón sobre todo lo relacionado con esta planta como útil del ritual indo-caribeño. Pero como no todo está escrito en esta viña del Señor, durante su estancia aquí, Rodrigo de Jerez —así se nombraba uno de ellos— se aficionó, ni más ni menos, al producto que negara.        

Y se cuenta que llevó tabaco escondido al Viejo Mundo.

Sin embargo, como expresión de mala suerte, su mujer lo sorprendió “echando humo del infierno por la boca y la nariz”. Tan asustada quedó la pobre que lo denunció al Santo Oficio.          

Así fue como el primer europeo que se adicionó al tabaco fue a parar a las mazmorras de la Santa Inquisición por gustar de lo que hoy se considera un placer de los dioses. Pero —¡Ah, paradojas de destino!—, cuando Rodrigo de Jerez tiempo después salió en libertad, se encontró que, con licencia eclesiástica, la gente estaba fumando, con igual agrado, tal y como lo hacía él cuando lo apresaron por el mismo motivo.

Fumar como “un placer genial, sensual”, no era todavía letra del cuplet popularizado por la famosa Raquel Meller, pero esta idea se estaba adueñando ya del planeta.

Y conste que no salgo aquí en su defensa, contra los fuertes aires antitabaquistas que se respiran hoy día. Sencillamente le rindo homenaje al tabaco como símbolo de nuestra identidad, y esta memoria va dedicada, pues, al tabaco, calificado como intrépido diablillo que conquistó al mundo, y que es, desde los siglos de los siglos, emblema de nuestra cubanía. Por algo José Martí afirmó que “el tabaco es compañero del hombre”, y Lord Byron lo calificó de sublime.

Alrededor de la hoja amerindia, en Cuba fueron creándose condiciones que hicieron de su labranza una fuerte atadura de unión cultural y sentimental entre ambos mundos. Inmigrantes de las islas Canarias fueron precisamente quienes cultivaron la fina hoja y elevaron a categoría de arte la elaboración de los célebres puros habanos, y porque era —como dijo Reynaldo González— “un pequeño mundo, cultivado amorosamente, con el ama o el amo, el marido o la mujer al frente, seguidos por los hijos, todos sobre el surco, después todos sobre la hoja; todos haciendo de ese lugar, de esos lugares, lo que luego fueron la Vuelta de Abajo, la Vueltabajo, la riqueza de nuestro tabaco actual”.  
 


Desde 1865 la lectura en las tabaquerías hizo que el sector tabaquero fuera el más avanzado cultural e ideológicamente de nuestro país. Identidad que se respiraba también en esa inmigración tabacalera, fundamentalmente en zonas como Tampa y Cayo Hueso, y en la que José Martí encontró refugio y apoyo para preparar la Guerra Necesaria.


“Descrita por Colón desde el día del primer encuentro entre europeos y americanos, la hoja del tabaco —al decir de Miguel Barnet— fue mascada y traficada por piratas y contrabandistas de los siete mares, satanizada y prohibida con furia, pero al final fumada con embriaguez y comerciada legalmente en todos los continentes”. “El tabaco esparció por el mundo el hálito de un nuevo espíritu, meditador, crítico y rebelde”.
 

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