Año V
La Habana

6 - 12 de ENERO
de 2007

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Arca libertaria, palmas insurrectas

Pedro de la Hoz • La Habana
Fotos: Iván Soca y Víctor Junco (La Jiribilla)

En el Museo Nacional de Bellas Artes, cerca una de otra, a la vista de los transeúntes que utilizan cotidianamente el pasaje peatonal frente al Edificio de Arte Universal y de los visitantes a la colección que atesora el Edificio de Arte Cubano, dos obras hablan del compromiso de la creación con su tiempo y su destino histórico.

Cinco Palmas, el conjunto escultórico que evoca desde el título y su misma corporeidad, el histórico encuentro en la serranía oriental de los expedicionarios del Granma tras la dispersión de Alegría de Pío, reunió a 30 pintores de diversas generaciones, coordinados por el escultor José Villa Soberón y el arquitecto José A. Choy, en una obra donde los distintos quehaceres visuales confluyeron en una alegoría llena de vida, inaugurada en la jornada final del coloquio Cuba y Fidel: Memoria y futuro, que organizó en La Habana la Fundación Guayasamín.

Bajo el nombre de Arca de la Libertad, por iniciativa de Alexis Leyva Machado (Kcho) y a manera de regalo a Fidel Castro por su 80 cumpleaños, 15 artistas reinterpretaron la gesta del yate Granma y su trascendencia simbólica en un mural contenido en la misma forma de la embarcación.

Ambas obras destacan por su originalidad, su esteticidad y su vocación de servicio. Originalidad expresada a través de la imbricación de las singularidades creadoras en el trabajo colectivo. Realidad estética al no permitirse ninguno de los participantes en los proyectos la menor concesión. Vocación de servicio encauzada a favor de la pertinencia de conjugar la sed de belleza con los ideales de justicia.

Alguien, presente en la instalación del Arca de la Libertad, hizo memoria de una idea comentada por Fidel en 1961, cuando pronunció en la Biblioteca Nacional el discurso conocido como Palabras a los intelectuales. Entonces, Fidel dijo: “Si a un hombre de la generación venidera, a un hombre de dentro de 100 años le dicen que un escritor, un intelectual de esta época vivió en la época de la Revolución fuera de ella y no expresó la Revolución y no fue parte de la Revolución, será difícil que lo comprenda, cuando en los años venideros habrá tantos y tantos que quieran pintar la Revolución y quieran escribir sobre la Revolución y quieran expresarse sobre la Revolución…” Justamente, la presencia de creadores de varias generaciones y diferentes credos estéticos en los colectivos bajo el denominador común de esa vocación participativa, se corresponde con aquel reclamo incitador.

Se trata de una demostración evidente de cómo el arte puede comprometerse sin dejar de ser arte, y de cómo la vanguardia formal al intercambiar con la vanguardia política está en condiciones de enriquecer el experimentalismo artístico.

Viendo una y otra obra, nos nace repetir la última estrofa de un conocido poema de Paul Eluard: “Sobre la calma que retorna, / sobre los extintos pavores, / sobre el anhelo sin memoria, / escribo tu nombre. / Y en el poder de tu palabra / mi vida vuelve a comenzar: / he renacido a tu llamada / para invocarte: ¡libertad!”.    

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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