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La
obra de jóvenes escritores cubanos se
promueve y reconoce en cada edición de
los premios Calendario, que concede la
Asociación Hermanos Saíz. Este año
fueron galardonados siete entre más de
un centenar de ensayistas, narradores y
poetas.
En la
categoría de Narrativa obtuvo el premio
el libro de cuentos Dopamina sans
amour, de Michel Encinosa, al que el
jurado se refirió como una suerte de
blog en el cual se articulan hábilmente
diferentes fragmentos de la vida de un
individuo. El propio autor obtuvo el
premio de Ciencia Ficción con la obra
Acéfalus mutus violador.
Por la
originalidad al abordar espacios
inusuales de la realidad, con hábil
manejo de las técnicas narrativas en las
que utiliza un lenguaje sencillo, fue
otorgado el premio en Literatura
infantil al texto Abuela Barba,
de Erick Adrián Pérez González.
Al
valorar las obras presentadas al
concurso en la categoría de Ensayo, el
jurado advirtió, y así lo refirió en el
acta de premiación, el arribo bastante
visible de una nueva generación de
ensayistas cubanos, que demuestran una
gran profundidad y preparación en sus
textos. En esta modalidad, el texto
ganador fue Plantar banderas, apuntes
en torno a un viaje simbólico,
de Claudia Felipe Torres.
Los
libros Noche Magna, de Mailén
Domínguez; Corrientes coloniales,
de Leinen Pérez y Los días del
cinematógrafo, de Isaily Pérez
González resultaron ganadores del género
poesía. Igualmente, el jurado apreció a
través de ellos, que se dibuja un futuro
bullente y contradictorio para la poesía
en Cuba.
Los
ganadores de la pasada edición del
Premio Calendario presentaron en esta
oportunidad sus obras ya publicadas.
Para introducir a cada uno de los ocho
textos, tuvo la palabra el escritor
Eduardo Heras León.
Sobre
Salón de última espera, de Luis
Yuseff, dijo el literato cubano: “este
libro es poesía de estremecimiento, de
emoción contenida, de oblicuidades,
desconciertos y tal vez de desamparos”.
Un
relato del recorrido nocturno de
la cuidad que se presenta como una
enorme cárcel, es el texto
Nocturnidades, de Ian Rodríguez
Pérez, poeta y narrador tunero.
Desfiguraciones, de Isván Álvarez Herrera, a decir de Heras León, es un cuaderno donde
a manera de encuentros con el pasado, el
lector puede interactuar con figuras
que vivieron en él. “El poeta conforma
su pequeño teatro íntimo inmediato y
sencillo, el sujeto lírico se encima
sobre las ternuras de los entrañables
recuerdos donde la mirada audaz y
descarnada del presente, muestra un
mundo propio y ajeno que invita a
reflexionar sobre las esencias de la
vida y la muerte”.
Un
libro que abandona el didactismo y los
cánones que carcomen poco a poco la
literatura infantil es Marité y la
hormiga loca, de Eldis Baratutes,
relato que narra la historia de una niña
alocada que se encuentra sola en el
mundo.
Insomnios de la palabra,
de Giovanis Manso, es un singular ensayo
sobre cine y literatura. Heras León
señaló como su valor fundamental la
interpenetración entre cine y
literatura, que se van enriqueciendo
mutuamente y van conformando una visión
de notable eficacia que el lector
agradece, sobre todo, por la frescura
del aparato reflexivo y expositivo.
El
cuarto libro de Jorge Luis Pardo, Mi
nombre es Wilian Saroyan un texto
sobre este escritor, Premio Nobel de
Literatura norteamericano, es, a decir
de Heras León, “una metáfora del cubano
actual, de su soledad, desamparo, a
veces desarraigo, de su dolor cotidiano.
Los
otros dos textos presentados fueron
El hábito y la virtud, de Abel
González Melo y Nada que declarar,
de Anabel Enríquez Piñeiro, este último
un cuaderno de ciencia ficción que
aborda algunos de los problemas eternos
del ser humano, como la separación
familiar y la adaptación a una nueva
vida. |