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Tiene
la EGREM para los días finales de este
2006 un montón de novedades. Un grupo de
títulos que de seguro tendrán la
aceptación de muy variados gustos. Me
han acercado varios de esos títulos, por
eso puedo decirlo. Sobre estos discos
que pueden llegar a casa como el regalo
que se hace uno mismo, o como el gesto
de cariño que a uno le gusta darle a los
demás en inevitables fechas emotivas, me
propongo opinar sucesivamente en esta
página. Empiezo por La isla milagrosa
de William Vivanco.
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Tras
participar en la antología Trovanónima,
junto a otros de los más destacados
trovadores jóvenes del país, con el
auspicio del Centro Cultural Pablo de la
Torriente Brau, logró su primer disco en
solitario con el sello Bis Music: Lo
tengo to pensao. Un álbum donde
demuestra una singularidad alimentada
por su natural emplazamiento en la
cubanía, nutrida por el desenfado y el
interés por tener contacto con las más
variadas y validas sonoridades del resto
del planeta. Naturalmente su opera prima
no es para nada perfecta, pero tiene el
acento de lo no escuchado antes, como
para encariñarse con ella y mantener la
angustia de saber por dónde se nos
despeñaría el cantor oriental en sus
proyectos venideros.
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Y
mira tú, ya está desembarcado el CD
La isla milagrosa, su segundo disco,
ahora salido bajo el rubro de la EGREM.
Es una auténtica alegría nacer y vivir
en una nación donde de pronto pueden
asaltarlo a uno músicas así. Son doce
temas compuestos por William manteniendo
en el plano musical su eje cubano atento
a la atmósfera sonora del resto del
mundo, con una lírica textual a la
altura de la más notable poesía joven
que ahora mismo se está haciendo en
Cuba.
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Como
es natural, ninguna otra obra creadora
se hubiera podido emprender de no haber
William compuesto estas canciones; pero
sin dudas este álbum está coronado en su
concreción, por la presencia de otros
jóvenes de ya muy conocida valía, en el
quehacer musical cubano. La mayoría de
ellos participantes de uno de los
proyectos de mayor relevancia estética,
que entre nosotros han aparecido en los
últimos años: Interactivo. El disco está
producido por el entrañable Descemer
Bueno, y es secundado, entre otros, por
Robertico Carcassés, Yusa, Francis del
Río, David Hernández, Elmer Ferrer,
Yaroldi Abreu y Julito Padrón. Criaturas
todas que se alimentan a diario sobre
nuestras raíces y tienen la gozosa
responsabilidad de potenciar música
cubana en su tránsito al futuro.
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En
este contexto de cómplices William
Vivanco ha podido lograr La isla
milagrosa, donde da testimonio de su
experiencia en el callejeo bohemio
habanero y también se implica en
gozaderas de temas universales; pero
sobre todas las cosas deja sentado para
mi placer su vocación santiaguera. El
disco es cubano por los cuatro costados,
pero de manera muy especial se planta en
su sensibilidad santiaguera –hablo de
nuestro Santiago de Cuba-, para desde
allí, a partir del lenguaje de la ciudad
y de ritmos caros a esa cara ciudad del
país, como la conga y el pilón,
establecer un diálogo con cualquier oído
atento, en el cual se puede establecer
la satisfacción universal.
Pudiera recomendar alguna de las
canciones, que de seguro son las que más
me colman como pobre mortal: Alegrón,
Guacho a la cosecha, Bohemia, El viejo
Simón, Pa iluminarte, Pilón y la Conga
pa Maseira…; que como te das cuenta es
casi todo el disco, pero lo definitivo
es que luches por hacerte de este disco. |