Año V
La Habana
17 al 23 de MARZO
de 2007

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Entrevista con Norma Reina Morales y Michaelis Cué

Bajo la magia de una sombrilla

Yinett Polanco • La Habana


Una sombrilla amarilla se abre cada semana en la televisión para hacer felices a niños y adultos. Bajo su magia se guarece una casa de puertas siempre abiertas y una alegre familia de amigos. En casa de Marcelina hay “un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”. Después de varios años de peripecias y sombrillas este programa infantil ha devenido un ícono de la cultura infantil y popular cubana. Que niños y padres puedan recitar, masivamente, parlamentos del programa en las presentaciones en vivo del elenco de “La sombrilla amarilla” dice mucho de la relación establecida entre actores y público. Dentro de todos los personajes de esta historia hay dos puntales: Marcolina, interpretada por Norma Reina Morales, y Enrique Chiquito, asumido por Michaelis Cué. En sus voces está la historia de un proyecto que les ha regalado anécdotas especiales y ha cambiado sus vidas.

¿Cómo nació la idea de “La sombrilla amarilla”?

Norma Reina: La idea es de la escritora Ivette Vian. El programa estuvo rodando por el ICRT una serie de años y nadie lo hacía hasta que Mariela López —una directora muy joven— muy osadamente leyó el proyecto del programa, le interesó y empezó a reunir el elenco. A partir de ahí, cada vez que llamaba a un actor que le interesaba lo sumaba al elenco, nos reunimos todos y felizmente nació “La sombrilla…”. Con los años han cambiado muy pocos actores, el que más ha cambiado ha sido el Juan Andarín y también cambió un niño, los demás hemos sido fieles a la familia de amigos. Cada vez que se ha hecho un cambio ha sido muy productivo, ha sido una inyección de energía al grupo muy buena.

¿Cómo es trabajar para los niños?

Norma Reina: Lo mejor que hay, es el público más agradecido, más sincero. Marcolina ha sido el mejor trabajo que he hecho.

¿Qué diferencias hay entre hacer programas en un estudio a hacer espectáculos en vivo para los niños?

Norma Reina: Los primeros sorprendidos fuimos nosotros la primera vez que salimos a la calle después de que saliera “La sombrilla amarilla” al aire, porque nunca pensamos que el programa fuera a tener una aceptación tan masiva, no solo por parte de los niños sino también de los adultos, eso nos sorprendió mucho. A partir de ahí cada vez que llegamos a un lugar son experiencias nuevas, cosas sorprendentes, es realmente maravilloso. En los espectáculos en vivo son los niños quienes llevan el programa, el guión se cambia según la retroalimentación que vayamos recibiendo del público.

La mayoría de la gente que trabaja para los niños se queja de no tener suficiente reconocimiento, pero a ustedes no les pasa así…

Norma Reina: Yo no necesito que me reconozca la televisión, la prensa, yo me siento reconocida en la calle todo el tiempo por los niños y ese es mi objetivo al hacer Marcolina, llegar a los niños, ese el reconocimiento por el cual trabajo, no quiero otro.

Michaelis Cué: Pero tú te refieres a que este es un género subestimado por la gente, que ve el dedicarse a trabajar para los niños como algo menor y eso es una equivocación. En todo el arte el resultado es quien dice la última palabra: cuando no hay resultados la gente puede decir que efectivamente es un subarte, pero cuando ocurre algo como esto —donde ya desde los guiones de Ivette Vian había calidad— cuando vemos el resultado que ha tenido “La sombrilla amarilla”, pasa lo que estaba diciendo Norma Reina, de arte menor nada, al contrario.

Ahora “La sombrilla amarilla” ha salido en libros, en DVD, etc, ¿qué significa eso para ustedes?

Michaelís Cué: Eso es importantísimo, en primer lugar porque el formato de video tiene vida limitada y es triste que se pierda en la memoria un programa fuera de lo común, con ese nivel de trascendencia. La Marcolina como personaje paradigmático de la cultura cubana es muy parecido a lo que puede ser Elpidio Valdés, salvando las diferencias conceptuales, pero ya está en el imaginario de este país y todo lo que se pueda hacer para que quede es realmente bienvenido.

¿Antes de comenzar a hacer este programa ustedes leyeron textos teóricos sobre cómo trabajar con niños o comenzaron a trabajar y sobre la marcha fueron aprendiendo?

Norma Reina: En el elenco de “La sombrilla…” hay una diversidad de edad enorme. Gracias a su buena intuición la directora escogió a Michaelis Cué que dirigió el tono del programa. Nos reuníamos, leíamos, a todos nos unía el amor de los niños, pero había varios actores que no tenían experiencia de ningún tipo y la fueron adquiriendo gracias a los trabajos de mesa, pero no leímos otra cosa que no fuera el guión de “La sombrilla…”. Sencillamente lo primero que nos planteamos fue jugar y sentirnos nosotros bien con lo que estábamos haciendo. Los programas siempre tienen una enseñanza, pero nunca están hechos para enseñarte “esto”.

Michaelis Cué: Nos dimos cuenta de que debíamos volvernos niños y las relaciones entre nosotros, sin llegar a ser inmaduras, debían ser de juego como acaba de decir Norma Reina, unas relaciones donde cupiera todo. Marcolina es una mujer que vive con las puertas abiertas, es una mujer que está en una situación trágica y dice un poema. Gracias a que Enrique Chiquito y la Marcolina tienen almas de niños, el niño espectador se comunica mejor con ellos. Hay un sentido de que todo puede ser en casa de Marcolina. “La sombrilla amarilla” está jugando con valores universales, pero universales dentro de lo cubano, como el valor de la familia, de la amistad, de la sinceridad, la fraternidad, elementos que muchas veces se pierden. Tratamos de no subestimar al niño. Mucha gente, cuando trabaja para ellos, apela a la ñoñería, a la utilización de diminutivos. Los niños son personas muy profundas y dentro de esa profundidad hay que tratarlo todo, siempre dentro de la tónica del juego del color, todo lo que para un niño puede ser atractivo pero profundo. Yo tengo una hija de diez años, cuando empezamos “La sombrilla amarilla” tendría unos dos y yo siempre probaba los guiones con ella. Cuando yo veía que algo no funcionaba eso me daba una visión mayor de lo que era el programa. Me ayudó muchísimo para encontrar el tono que decía ahorita Norma Reina.

Norma Reina: En las grabaciones de los programas todos nos poníamos a jugar como si fuéramos niños y gracias a esos juegos —surgidos lo mismo de los niños que de los mayores— pudimos incorporar textos que no sabíamos cómo íbamos a filmar. Eso nos daba mucha libertad creadora.

¿No temen como actores que los encasillen en un personaje?

Michaelis Cué: El encasillamiento es inevitable, pero no solamente si haces cosas para niños, cualquier personaje que te marque te encasilla; en cuanto a mí, cuando la gente ve una obra como Marx en el Soho dice: caramba, y este es el mismo actor que hace Enrique Chiquito, o sea, también está en lo que uno se proponga y se proyecte. En mi caso, como soy un actor que nunca había hecho trabajos para niños, por el contrario, siempre había trabajado para adultos, si me encasillan bienvenido sea, yo soy quien debe desencasillarse. Yo sigo haciendo mi teatro y la gente me ve como un actor que puede hacer muchas cosas, pero si se me diera el caso de que nada más me vieran como Enrique Chiquito, está bien, soy feliz.

Norma Reina: Yo dichosamente he cambiado el nombre, ya me llamo Marcolina, nombre que al principio no me gustaba mucho pero ahora me encanta. Gracias a directores de la televisión creo que no me he encasillado porque recién termino de hacer una novela (Historias de fuego) donde tengo un personaje que no tiene nada que ver con Marcolina, no me asusta porque ya tengo la comparación de Carola —que ha salido junto con Marcelina— y los niños saben delimitar: esta es Carola, aquella es Marcolina y no pasa nada, pero si tengo que seguir haciendo Marcolina toda mi vida, yo feliz y contenta, porque ya no sé hasta dónde soy Marcolina y hasta dónde soy Norma Reina. 

 
 

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La Habana, Cuba. 2007.
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