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Conversar con él o leer sus artículos y
conferencias conducen a esa aventura,
pero con análisis crítico. La
responsabilidad de nuestro futuro no
depende del software ni de la
inteligencia artificial. “El Internet nos acercará
—ha dicho— y nos permitirá dar el brinco
por encima de EE.UU.”. El intelectual
francocanadiense ha sido invitado al V
Congreso Internacional Cultura y
Desarrollo donde intervino a propósito
de la III mesa internacional de
Culture.mondo, un encuentro de expertos
en portales culturales. Refiriéndose al
tema, Fisher ha advertido acerca la
necesidad de establecer redes digitales
para un mayor intercambio de
experiencias culturales.
Hervé
Fisher quien ha trabajado además el arte
digital, creó en 1990 el Festival
Teleciencia, y es titular de la cátedra
Daniel Langlois de Tecnologías Numéricas
y Bellas Artes de la Universidad
Concordia de Montreal. Fue reconocido
Caballero de las Artes y las Letras y
con la Orden Nacional del Mérito del
gobierno francés. Entre sus trabajos más
referenciados se incluyen Las nuevas
aventuras de Marco Polo (1982, junto
a Italo Calvino y Umberto Eco),
Teoría del arte sociológico (1976),
Mitoanálisis del futuro (2000),
El romanticismo numérico (2002),
El choque digital (2002), Los
desafíos de la edad numérica y
CiberPrometeo, El instinto de poder
(2003).
En su libro El choque digital
publicado en Cuba, usted propone las 30
leyes paradójicas de lo numérico, una
suerte de muestra del imaginario o
cuadro orientador imprescindible para
cualquier análisis sobre Internet.
Partiendo de la validación del
presupuesto: “El contenido es el rey”,
¿qué lugar ocupan en la realización de
un sitio, o un portal, el desarrollo de
soportes tecnológicos, el diseño y los
servicios multimediáticos agregados, por
solo mencionar algunos?
La tecnología da acceso a los
contenidos, y la plataforma de
herramientas compartidas facilita la
apropiación de los contenidos. El diseño
y los medios digitales mismos afirman
una sensibilidad o estética que
pertenecen al uso social. Se puede
comparar con la ergonomía y la estética
de un libro. Son muy importantes y
sirven el valor del contenido. Es la
sensibilidad y la conciencia
impresionistas de nuestra época
―impresionista en el sentido de la nueva
lógica de los hyperlinks, del
arabesco que debemos construir entre
fragmentos de información, de píxeles y
octetos, entre detalles de nuestra nueva
cosmogonía impresionista. El paradigma
es el del movimiento browniano. Pero un
libro bellísimo con contenido pobre o
incorrecto no vale nada. Se puede decir
lo mismo de un portal o cualquier sitio
web. Los multimedia, el enriquecimiento
del contenido gracias a lo digital,
valen como otra opción muy atractiva de
un portal; pero no se debe olvidar que
un pensamiento crítico, lúcido se logra
más con un libro, un texto impreso que
con la agitación del baile catódico de
la pantalla.
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La
Web 2.0 propone una democratización de
los contenidos, ¿en qué medida puede
hablarse de Internet como una
herramienta de convocatoria plural
cuando solo un mínimo porcentaje del
mundo tiene acceso a este medio? ¿Qué
aportes reales ofrece la Web 2.0?
Es un
error identificar la Web 2.0 con una
democratización política. Se logra
solamente una participación en el
desarrollo de los contenidos entre los
privilegiados (9% de la población
mundial hoy). La web se transforma de un
mass media a un selfmedia,
lo que es un parámetro básico de lo
digital. Pero hay que subrayar algo más:
Youtube, Myspace, Wikipedia, los blogs,
etcétera permiten difundir muy
extensivamente contenidos libres de los
organismos humanitarios en defensa de la
libertad, de la condena a abusos
políticos, económicos, policíacos, etc.
Permiten apoyar el movimiento
altermundialista. La web atraviesa las
fronteras y ayuda al desarrollo de una
conciencia planetaria crítica opuesta al
imperialismo y al control neoliberal de
los medios tradicionales de
comunicación. Pero esa virtud de los
medios digitales no depende
exclusivamente de la Web 2.0. Es una
nueva oportunidad. Permite un paso
adelante en la transparencia y
pluralidad de la información.
¿Cree que hemos alcanzado esa
supuesta segunda burbuja de Internet con
el desarrollo de la Web 2.0?
Las burbujas empobrecen a los ricos, los
que tienen demasiado dinero y pueden
perderlo. Pero el resultado no es
catastrófico. El exceso de dinero, de
especulación permite desarrollar cada
vez más tecnología estratégica, que
contribuye a una aceleración del
progreso tecnológico. Hoy no estamos
tanto en una burbuja de especulación
ingenua, sino en una etapa de
reestructuración y consolidación de las
empresas. El capitalismo no es el
creativo, sino los especialistas en
informática y los jóvenes sin dinero
desde sus garajes.
¿Qué trascendencia tiene el
surgimiento y alcance de una herramienta
como Internet para la comunicación? En
este mismo sentido, ¿qué rol desempeñan
los sitios y portales alternativos en el
debate ideológico frente al poder
hegemónico de los “grandes” medios?
Quisiera responder subrayando la
importancia de lo que llamo la
hyperweb. El planeta se vuelve
hyper. Hablamos no solo de un aumento de
intensidad de nuestras actividades, sino
también de todos los vínculos, los links
que calificamos de hyperlinks en
el mundo digital. Hablamos de un
hipertexto para designar la multitud
de páginas web de Internet.
Propongo llamar hyperweb a esta próxima
generación de la Internet, aquella va a
combinar algoritmos más sofisticados de
búsqueda semántica, tomando en cuenta
las plataformas de tecnologías
compartidas de la Web 2.0, y reconocer
la importancia estratégica de los
parámetros contextuales de producción y
de búsqueda de sentido de cada
información (ecología semántica).
¿Con la hyperweb se resolverían los
problemas actuales de búsqueda de
información en la Red de Redes?
Muchas de las actuales búsquedas sobre
la web carecen de finalidad, por no
admitir que los hombres no se comunican
con una lengua universal de descriptores
monosemánticos. Las comunicaciones
humanas en nuestro planeta Tierra están
fragmentadas en numerosos silos
socioculturales que dialogan poco o nada
entre ellos. Esos miles de millones de
páginas de texto disponibles en la web,
por las que se navega mediante
hipervínculos y que se califican por
tanto como hipertextos, no constituyen
un vasto texto planetario indexado donde
uno pueda inocentemente triangular las
palabras, es decir, son descriptores muy
elementales. Es necesario descubrir e
indexar en ellas las configuraciones de
sentido socioculturales, para darse
cuenta de la ecología de los contextos
del sentido de cada palabra, de cada
idea, de cada información, y también de
cada internauta. Más allá de las
ilusiones de universalismo
semántico-lingüístico de los años 70, es
necesario reconocer hoy e introducir en
nuestros algoritmos la riqueza y el
desafío de esta diversidad
sociocultural. Esto es lo que llamamos
la nueva teoría de la ecología de los
medias. Esto nos lleva a abordar las
macroconfiguraciones de significación y
no solamente de las palabras aisladas, y
por tanto tomar en cuenta los
ecosistemas semánticos según la
diversidad no solo textual, sino también
cultural de las lógicas de sentido en
las cuales estos se inscriben. Lo que
buscamos en la web generalmente no es el
orden al nivel de un diccionario,
sino más bien de una rica enciclopedia,
en la cual el orden de una información
—un relato—tenga una inscripción local e
histórica, una complejidad, una
intención, un imaginario. Tantos
factores determinan su posicionamiento
en este hipertexto del cual se habla
tanto hoy en día, pero que en realidad
se encuentra fragmentado entre épocas,
continentes, países, sociedades,
subgrupos, de manera que los motores de
búsqueda no saben ir más allá de los
vínculos contextuales primarios.
Resulta seductor hablar de la web
semántica, pero en la actualidad uno no
puede limitarse a una lingüística
antigua, ahistórica y asociológica, o
como se dice “natural”. Las
configuraciones de sentido dependen
además de otras ciencias humanas más
complejas y difíciles de atravesar. Hay
que sociologizar, historizar,
psicologizar la web para construir un
objeto de búsqueda pertinente; es decir,
que refleje la diversidad ecológica de
los saberes y de las comunicaciones
humanas.
¿Entonces podemos hablar de hipertexto e
hiperusuarios?
Es
frente a esta evidencia que se inscribe
lo que llamo “la hiperweb”. La
hiperweb es una web que ofrece
hipermotores de búsqueda semántica,
capaces de aumentar extraordinariamente
su potencia. Pero más allá del análisis
de los textos, la hiperweb deberá
explotar también los vínculos entre los
propios buscadores, que de hecho
constituyen comunidades virtuales de
sentido. Identificando la pertenencia de
un utilizador a una comunidad semántica,
indexando ese buscador y atribuyéndole
un perfil: si es un africano, un joven,
un economista, un geógrafo, un músico,
un deportista, un profesional, un
turista, un enfermo, etc., se podrá poco
a poco calibrar mejor las
configuraciones ecológicas hacia donde
este espera conducir su navegación por
Internet, y satisfacer sus demandas con
más pertinencia y riqueza de contenido.
La orientación de la hiperweb no
consiste, por tanto, en multiplicar y
fragmentar hasta el infinito las
categorías de esto que llamamos la
ontología semántica, sino en considerar
la diversidad de parámetros de usuarios
tanto como de las palabras. La
fenomenología y la teoría de la
información lo indican desde hace mucho
tiempo: los usuarios son parte
constitutiva del sentido de los mensajes
y por tanto del hipertexto.
Se
trata de tomar en cuenta las comunidades
semánticas de usuarios. Y esto es lo más
prometedor, pero también lo más
delicado. Porque es posible atravesar
los historiales de búsqueda convergentes
de los usuarios y reconocer y construir
informáticamente estas comunidades de
hiperusuarios, vinculados
semánticamente. Se constituyen así
configuraciones ecológicas humanas y no
solamente textuales, que serán
virtuales, dinámicas y evolutivas como
bancos de peces, en los cuales se
aprende a caracterizar las direcciones y
los arabescos del movimiento. De esta
manera, más allá de la utilización
sistemática del perfil —de los hábitos—
de cada usuario, lo cual permite
calibrar mejor su búsqueda, indexando
cada uno de los usuarios para enlazarlo
al historial de búsqueda de los otros
usuarios que frecuentan las mismas
configuraciones de sentido, se podrán
consolidar y enriquecer gradualmente por
sí mismas esas configuraciones de
sentido.
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Son
los vínculos de los usuarios
—hiperusuarios— y no solamente del texto
—hipertexto— sobre los que se apuesta.
Bien entendido, es en el
entrecruzamiento y en la
complementariedad de esos dos conjuntos
indexados y “metadatados” en los que se
espera el progreso decisivo de los
motores de búsqueda. Ciertamente, el
problema no está en subestimar la
complejidad de los protocolos
informáticos que eso supone. Será
necesario, además, crear un modo de
divergencia que permita al usuario de un
motor de búsqueda escapar a los límites
en que este tratará de confinarlo, para
permitirle navegar eficazmente hacia
otros ecosistemas de sentido distinto al
de sus hábitos principales.
Pero
en esto debemos tener en cuenta un
problema ético fundamental de respeto a
la vida privada. ¿Hasta qué punto es
democráticamente admisible indexar los
usuarios de la web? Porque según
semejante proyecto, se podrá llegar con
rapidez a etiquetar los usuarios según
criterios políticos, morales, físicos,
financieros, étnicos, etc. Los excesos
de los bancos de datos policiales sobre
los estilos de vida, del “data minig” al
cual recurre cada vez más el marketing,
y sobre todo la inscripción acumulativa
y duradera de los datos personales sobre
un ciudadano a sus espaldas, se
convierten cada vez más en algo
problemático e inquietante. La pesadilla
de una STASI numérica o de un Panepticon
digital es posible si no nos ponemos en
guardia. Las virtudes de la hiperweb no
justificarían tales abusos y, puesto que
es hacia esa dirección que nos dirigimos
ineluctablemente, esta es una razón de
más para legislar urgentemente en favor
del respeto de las libertades dentro de
lo que hay que llamar en lo adelante
nuestra democracia digital. |