Año VI
La Habana

16 al 22 de JUNIO
de 2007

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Entrevista con Hervé Fischer

La hyperweb hacia la democracia digital

Nirma Acosta • La Habana
Fotos: La Jiribilla

 

El auge de las nuevas tecnologías y la Internet nos permitieron creer en la posibilidad de beneficiarnos con un mayor alcance a la información y lograr interconectarnos en esa suerte de Biblioteca de Babel, pero no fue suficiente tener la herramienta, pues se requiere de otras voluntades. Hervé Fischer, graduado de Filosofía y Sociología de la Universidad de la Sorbona en Francia, se ha dejado atrapar por ese mundo fascinante que nos propone la era digital, pero manteniendo la observancia sobre los desafíos que nos exige este nuevo mundo.

 

Conversar con él o leer sus artículos y conferencias conducen a esa aventura, pero con análisis crítico. La responsabilidad de nuestro futuro no depende del software ni de la inteligencia artificial. “El Internet nos acercará —ha dicho— y nos permitirá dar el brinco por encima de EE.UU.”. El intelectual francocanadiense ha sido invitado al V Congreso Internacional Cultura y Desarrollo donde intervino a propósito de la III mesa internacional de Culture.mondo, un encuentro de expertos en portales culturales. Refiriéndose al tema, Fisher ha advertido acerca la necesidad de establecer redes digitales para un mayor intercambio de experiencias culturales.

Hervé Fisher quien ha trabajado además el arte digital, creó en 1990 el Festival Teleciencia, y es titular de la cátedra Daniel Langlois de Tecnologías Numéricas y Bellas Artes de la Universidad Concordia de Montreal. Fue reconocido Caballero de las Artes y las Letras y con la Orden Nacional del Mérito del gobierno francés. Entre sus trabajos más referenciados se incluyen Las nuevas aventuras de Marco Polo (1982, junto a Italo Calvino y Umberto Eco), Teoría del arte sociológico (1976), Mitoanálisis del futuro (2000), El romanticismo numérico (2002), El choque digital (2002), Los desafíos de la edad numérica y CiberPrometeo, El instinto de poder (2003).

En su libro El choque digital publicado en Cuba, usted propone las 30 leyes paradójicas de lo numérico, una suerte de muestra del imaginario o cuadro orientador imprescindible para cualquier análisis sobre Internet. Partiendo de la validación del presupuesto: “El contenido es el rey”, ¿qué lugar ocupan en la realización de un sitio, o un portal, el desarrollo de soportes tecnológicos, el diseño y los servicios multimediáticos agregados, por solo mencionar algunos? 

La tecnología da acceso a los contenidos, y la plataforma de herramientas compartidas facilita la apropiación de los contenidos. El diseño y los medios digitales mismos afirman una sensibilidad o estética que pertenecen al uso social. Se puede comparar con la ergonomía y la estética de un libro. Son muy importantes y sirven el valor del contenido. Es la sensibilidad y la conciencia impresionistas de nuestra época ―impresionista en el sentido de la nueva lógica de los hyperlinks, del arabesco que debemos construir entre fragmentos de información, de píxeles y octetos, entre detalles de nuestra nueva cosmogonía impresionista. El paradigma es el del movimiento browniano. Pero un libro bellísimo con contenido pobre o incorrecto no vale nada. Se puede decir lo mismo de un portal o cualquier sitio web. Los multimedia, el enriquecimiento del contenido gracias a lo digital, valen como otra opción muy atractiva de un portal; pero no se debe olvidar que un pensamiento crítico, lúcido se logra más con un libro, un texto impreso que con la agitación del baile catódico de la pantalla.   

La Web 2.0 propone una democratización de los contenidos, ¿en qué medida puede hablarse de Internet como una herramienta de convocatoria plural cuando solo un mínimo porcentaje del mundo tiene acceso a este medio? ¿Qué aportes reales ofrece la Web 2.0?

Es un error identificar la Web 2.0 con una democratización política. Se logra solamente una participación en el desarrollo de los contenidos entre los privilegiados (9% de la población mundial hoy). La web se transforma de un mass media a un selfmedia, lo que es un parámetro básico de lo digital. Pero hay que subrayar algo más: Youtube, Myspace, Wikipedia, los blogs, etcétera permiten difundir muy extensivamente contenidos libres de los organismos humanitarios en defensa de la libertad, de la condena a abusos políticos, económicos, policíacos, etc. Permiten apoyar el movimiento altermundialista. La web atraviesa las fronteras y ayuda al desarrollo de una conciencia planetaria crítica opuesta al imperialismo y al control neoliberal de los medios tradicionales de comunicación. Pero esa virtud de los medios digitales no depende exclusivamente de la Web 2.0. Es una nueva oportunidad. Permite un paso adelante en la transparencia y pluralidad de la información.

¿Cree que hemos alcanzado esa supuesta segunda burbuja de Internet con el desarrollo de la Web 2.0?

Las burbujas empobrecen a los ricos, los que tienen demasiado dinero y pueden perderlo. Pero el resultado no es catastrófico. El exceso de dinero, de especulación permite desarrollar cada vez más tecnología estratégica, que contribuye a una aceleración del progreso tecnológico. Hoy no estamos tanto en una burbuja de especulación ingenua, sino en una etapa de reestructuración y consolidación de las empresas. El capitalismo no es el creativo, sino los especialistas en informática y los jóvenes sin dinero desde sus garajes. 

¿Qué trascendencia tiene el surgimiento y alcance de una herramienta como Internet para la comunicación? En este mismo sentido, ¿qué rol desempeñan los sitios y portales alternativos en el debate ideológico frente al poder hegemónico de los “grandes” medios?

Quisiera responder subrayando la importancia de lo que llamo la hyperweb. El planeta se vuelve hyper. Hablamos no solo de un aumento de intensidad de nuestras actividades, sino también de todos los vínculos, los links que calificamos de hyperlinks en el mundo digital. Hablamos de un hipertexto para designar la multitud de páginas web de Internet.

Propongo llamar hyperweb a esta próxima generación de la Internet, aquella va a combinar algoritmos más sofisticados de búsqueda semántica, tomando en cuenta las plataformas de tecnologías compartidas de la Web 2.0, y reconocer la importancia estratégica de los parámetros contextuales de producción y de búsqueda de sentido de cada información (ecología semántica).  

¿Con la hyperweb se resolverían los problemas actuales de búsqueda de información en la Red de Redes?


Muchas de las actuales búsquedas sobre la web carecen de finalidad, por no admitir que los hombres no se comunican con una lengua universal de descriptores monosemánticos. Las comunicaciones humanas en nuestro planeta Tierra están fragmentadas en numerosos silos socioculturales que dialogan poco o nada entre ellos. Esos miles de millones de páginas de texto disponibles en la web, por las que  se navega mediante hipervínculos y que se califican  por tanto como hipertextos, no constituyen un vasto texto planetario indexado donde uno pueda inocentemente triangular las palabras, es decir, son descriptores muy elementales. Es necesario descubrir e indexar en ellas las configuraciones de sentido socioculturales, para darse cuenta de la ecología de los contextos del sentido de cada palabra, de cada idea, de cada información, y también de cada internauta. Más allá de las ilusiones de universalismo semántico-lingüístico de los años 70, es necesario reconocer hoy e introducir en nuestros algoritmos la riqueza y el desafío de esta diversidad sociocultural. Esto es lo que llamamos la nueva teoría de la ecología de los medias. Esto nos lleva a abordar las macroconfiguraciones de significación y no solamente de las palabras aisladas, y por tanto tomar en cuenta los ecosistemas semánticos según la diversidad no solo textual, sino también cultural de las lógicas de sentido en las cuales estos se inscriben. Lo que buscamos en la web generalmente no es el orden al nivel de un diccionario, sino más bien de una rica enciclopedia, en la cual el orden de una información —un relato—tenga una inscripción local e histórica, una complejidad, una intención, un imaginario. Tantos factores determinan su posicionamiento en este hipertexto del cual se habla tanto hoy en día, pero que en realidad se encuentra fragmentado entre épocas, continentes, países, sociedades, subgrupos, de manera que  los motores de búsqueda no saben ir más allá de los  vínculos contextuales primarios.  Resulta seductor hablar de la web semántica, pero en la actualidad uno no puede limitarse a una lingüística antigua, ahistórica y asociológica, o como se dice “natural”. Las configuraciones de sentido dependen además de otras ciencias humanas más complejas y difíciles de atravesar. Hay que sociologizar, historizar, psicologizar la web para construir un objeto de búsqueda pertinente; es decir, que refleje la diversidad ecológica de los saberes y de las comunicaciones humanas.  

¿Entonces podemos hablar de hipertexto e hiperusuarios? 

Es frente a esta evidencia que se inscribe lo que llamo “la hiperweb”. La hiperweb es una web que ofrece hipermotores de búsqueda semántica, capaces de aumentar extraordinariamente su potencia. Pero más allá del análisis de los textos, la hiperweb deberá explotar también los vínculos entre los propios buscadores, que de hecho constituyen comunidades virtuales de sentido. Identificando la pertenencia de un utilizador a una comunidad semántica, indexando ese buscador y atribuyéndole un perfil: si es un africano, un joven, un economista, un geógrafo, un músico, un deportista, un profesional, un turista, un enfermo, etc., se podrá poco a poco calibrar mejor las configuraciones ecológicas hacia donde este espera conducir su navegación por Internet, y satisfacer sus demandas con más pertinencia y riqueza de contenido. La orientación de la hiperweb no consiste, por tanto, en multiplicar y fragmentar hasta el infinito las categorías de esto que llamamos la ontología semántica, sino en considerar la diversidad de parámetros de usuarios tanto como de las palabras. La fenomenología y la teoría de la información lo indican desde hace mucho tiempo: los usuarios son parte constitutiva del sentido de los mensajes y por tanto del hipertexto.

Se trata de tomar en cuenta las comunidades semánticas de usuarios. Y esto es lo más prometedor, pero también lo más delicado. Porque es posible atravesar los historiales de búsqueda convergentes de los usuarios y reconocer y construir informáticamente estas comunidades de hiperusuarios, vinculados semánticamente. Se constituyen así configuraciones ecológicas humanas y no solamente textuales, que serán virtuales, dinámicas y evolutivas como bancos de peces, en los cuales se aprende a caracterizar las direcciones y los arabescos del movimiento. De esta manera, más allá de la utilización sistemática del perfil —de los hábitos— de cada usuario, lo cual permite calibrar mejor su búsqueda, indexando cada uno de los usuarios para enlazarlo al historial de búsqueda de los otros usuarios que frecuentan las mismas configuraciones de sentido, se podrán consolidar y enriquecer gradualmente por sí mismas esas configuraciones de sentido.

Son los vínculos de los usuarios —hiperusuarios— y no solamente del texto —hipertexto— sobre los que se apuesta. Bien entendido, es en el entrecruzamiento y en la complementariedad de esos dos conjuntos indexados y “metadatados” en los que se espera el progreso decisivo de los motores de búsqueda. Ciertamente, el problema no está en subestimar la complejidad de los protocolos informáticos que eso supone. Será necesario, además, crear un modo de divergencia que permita al usuario de un motor de búsqueda escapar a los límites en que este tratará de confinarlo, para permitirle navegar eficazmente hacia otros ecosistemas de sentido distinto al de sus hábitos principales.

Pero en esto debemos tener en cuenta un problema ético fundamental de respeto a la vida privada. ¿Hasta qué punto es democráticamente admisible indexar los usuarios de la web? Porque según semejante proyecto, se podrá llegar con rapidez a etiquetar los usuarios según criterios políticos, morales, físicos, financieros, étnicos, etc. Los excesos de los bancos de datos policiales sobre los estilos de vida, del “data minig” al cual recurre cada vez más el marketing, y sobre todo la inscripción acumulativa y duradera de los datos personales sobre un ciudadano a sus espaldas, se convierten cada vez más en algo problemático e inquietante. La pesadilla de una STASI numérica o de un Panepticon digital es posible si no nos ponemos en guardia. Las virtudes de la hiperweb no justificarían tales abusos y, puesto que es hacia esa dirección que nos dirigimos ineluctablemente, esta es una razón de más para legislar urgentemente en favor del respeto de las libertades dentro de lo que hay que llamar en lo adelante nuestra democracia digital.

 

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