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“El que renuncia a sus tradiciones y no
hace el esfuerzo por capacitar a su
pueblo, compromete el futuro. Hay que
decirle a la gente de dónde venimos,
quiénes somos y hacia dónde vamos.”
Estas palabras, dichas en Santiago de
Cuba, explican en buena medida por qué,
además de justificar su presencia en esa
urbe oriental para recibir el Premio
Honorífico de narrativa José María
Arguedas que le concediera en 2006 la
Casa de las Américas y responder al
convite a República Dominicana como País
Invitado de Honor de la Fiesta del
Fuego, Marcio Veloz Maggiolo apostó por
un cónclave en el que los fulgores de la
creación se hacen acompañar por
reflexiones imprescindibles.
Veloz Maggiolo es hoy por hoy una de las
figuras cimeras de las letras
dominicanas, lo cual le fue reconocido
al otorgársele en 1996 el Premio
Nacional de Literatura por el conjunto
de su obra. Entre sus libros se cuentan
La vida no tiene nombre
(novela, 1965), Los ángeles de hueso
(novela, 1967), Cultura, teatro y
relatos en Santo Domingo (ensayo,
1972), De abril en adelante
(novela, 1975), Medioambiente
y adaptación humana en la
prehistoria de Santo Domingo (1976),
Apearse de la máscara
(poesía, 1986), Intus
(poesía, 1980), La biografía difusa
de Sombra Castañeda (novela,
1982) Cuentos, recuentos y
casicuentos (1986), Materia prima
(protonovela) (novela, 1988), El
hombre del acordeón (2003).
Como se observa, sus intereses
literarios son varios y alcanzan tanto
el campo de la ficción como el del
pensamiento, esto último vinculado a su
formación como antropólogo. Fue fundador
del Departamento de Investigaciones
Científicas del Museo del Hombre
Dominicano y ha ocupado diversas
cátedras universitarias en su país.
La novela que le hizo merecer el José
María Arguedas, La
mosca soldado, publicada dos años
atrás del veredicto, resultó valorada,
según consta en el acta del jurado, “por
recuperar el universo del Caribe desde
una perspectiva en que se funden la
realidad y los mitos, la antropología y
la investigación policial, ciertos
vestigios de las culturas precolombinas
y la tensión que establecen con el mundo
de hoy”.
Antes, en un ejercicio sorprendente por
parte de los 12 grupos editoriales que
dominan el mercado español, La mosca
soldado había sido seleccionada
entre los mejores libros publicados en
2004 en lengua castellana, junto a
2666, del chileno Roberto Bolaño;
Memoria de mis putas tristes, del
colombiano Gabriel García Márquez;
Castillos de cartón de la española
Almudena Grandes; y Al morir Don
Quijote, del también español Andrés
Trapiello.
Al reflexionar sobre el éxito de su
novela, Veloz Maggiolo le confesó a un
colega cubano: “Creo que es una obra
hecha con mucha calma; es una novela de
un largo trabajo, en la cual cuidé
notablemente la prosa. Creo que además
del argumento, que es un rescate del
pasado, de dos personajes que hablan del
pasado y comienzan a rescatar momentos
que la gente no creía, está hecha dentro
de un ámbito de la poesía. Siempre he
pensado que la novela y la poesía van de
la mano. No quiere decir que eso tenga
que ser obligatorio, pero el que tiene
la capacidad o puede hacerlo, alcanza un
público más sensible. Hay un público que
va al argumento seco, sin ornamentación,
pero hay el que va a una narrativa del
sueño, en el que la metáfora es
fundamental”.
Sin embargo, nada de eso incita la
vanidad en este escritor, que más que en
su obra personal, cree en la necesidad
de establecer fluidos vasos comunicantes
entre los países del área, de modo que
las más valiosas producciones
intelectuales se socialicen y
contribuyan a dar sentido a las
aspiraciones populares.
En tal sentido, centrándose en la
problemática literaria, ha dicho: “No
podemos consumirnos en nuestra propia
salsa. Llegar a los mercados es lo más
difícil. Siempre he dicho que hay cosas
muy buenas en todas partes que si no
llegan a los mercados nadie las conoce.
Entonces, lo que nos pasa es que, lo
dije en un poema, no tenemos trampolín.
En estos momentos alguien puede estar
dando un discurso fabuloso, tan
importante como el discurso de Judas, y
nadie sabe que lo está diciendo. El
mercado no se rige por la estética. Eso
es un problema serio. Frecuentemente se
descubre a un escritor que tenía obras
muy importantes y que nadie conocía. Yo
creo que hay que hacer una gran
editorial latinoamericana, por encima de
las editoriales comerciales”.
En Santiago, Veloz Maggiolo ha sabido de
los pasos iniciales del Fondo Cultural
de la Alternativa Bolivariana para las
Américas (ALBA) y confía que más
temprano que tarde iniciativas como esta
favorezcan la circulación de la
imaginación y el pensamiento
latinoamericanos y caribeños.
“Estamos viviendo un momento muy
especial en la región, con nuevos
actores emergentes y mayor conciencia
sobre las urgencias de la integración.
Todo esto debe hacerse sin negociar ni
un ápice nuestros auténticos perfiles
culturales. En ello soy optimista.” |