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El
modesto Canet, pequeño de estatura y
grande en perspectiva y hazañas
artísticas que se han hecho realidad,
nos trae ahora su colección de grabados
en linóleo Fidel y el Moncada visto
por Canet, en homenaje al 50
aniversario del asalto al cuartel
Moncada —26 de julio de 1953, Santiago
de Cuba—, con nuevas estampas y trazos.
Con ese título expuso el tema en la Casa
de Cultura de la UAEM (Universidad
Autónoma del Estado de México), Tlalpan,
México D.F. en 2002. Ahora trae un libro
enriquecido.
Canet
es el autor de un empeño que una
personalidad aparentemente leve que
puede pasar inadvertida en cualquier
sitio, ha sido capaz de realizar en
proporciones y calidad indiscutibles en
el género que más ha cultivado —el
grabado. Valdría solo el ejemplo de las
200 estampas de Cecilia Valdés, hecho
simplemente colosal: piezas de
linografía y xilografía, previa una
inmensa investigación donde recrea el
ambiente urbanístico de La Habana Vieja
y con él la época y los trazos sociales
que denuncia la novela de Cirilo
Villaverde. Esta sobre Cecilia Valdés, y
100
grabados
sobre
Cuba de 1953 y el asalto al Cuartel
Moncada, podrían bastar como ponderación
de la obra de un pequeño gigante. Por
cierto, también en una máquina de
impresión marca Kelly, que los obreros
de imprenta llamaban, en Cuba de los
años 50, "la pequeña gigante", fue
impresa, en la clandestinidad, La
historia me absolverá, en 1954, hará
medio siglo.
El
trabajo constante y aprendizaje casi
místico siempre renovando, caracterizan
a Canet. Podemos pasar por alto la
Cecilia Valdés y su inmensa
representación del hecho histórico del
Moncada, y al trabajo de este artista
continuaría siendo impresionante.
Añádase las numerosas exposiciones donde
han aparecido sus obras, además de las
muestras personales de Canet, quien, de
regreso de un viaje a España para beber
también en la fuente artística del país
Ibérico por varios años, optó por vivir
en Regla, cuando su apartamento estaba
situado en plena urbe habanera. Para él
era el summum irse a "saborear",
así lo dice, el ambiente de la casa y
ciudad donde vivía el impresor Eduardo
Facciolo a principio del siglo XIX, en
Regla, por “necesidad de ampliación de
mi estudio”, y además "un lugar así era
a lo que había aspirado siempre", dice a
sus amigos más cercanos, como si fuera
demasiado privilegio para él. La casa de
Facciolo, él y su obra, se funden en un
solo proyecto cubano, un triple
patrimonio.
Antonio Canet Hernández nació en Casa
Blanca, La Habana, en 1942. Contaba 17
años al triunfo de la Revolución y en
1962 formó parte de los artistas
fundadores del Taller Experimental de la
Gráfica de La Habana, creado por la
Dirección Nacional de Cultura, entonces
para revalorizar la técnica del grabado
litográfico y rescatar una tradición
artística. De esa importante tradición
da fe el libro de la doctora Zoila
Lapique, (Editorial Boloña) Memoria
en las piedras.
Alguien de la altura poética,
dramatúrgica, intelectual y también amo
de la prosa, como Virgilio Piñera, le
dedicó a Canet unos
versos en
1978,
estampándolos con su firme firma. Le
escribió Virgilio: Acaso no te han
dicho lo que he oído, / que entre
los muertos ya te han postulado,
/ que una bengala al cielo le han
tirado / desde el portillo negro
y embrujado. Más no temas a
las parcas tejedoras, / mucho
menos al enigma del olvido, / que
suba a la posteridad lo positivo
/ y que caiga en la posguerra el
cruel destino... Dando
el
mensaje
a
la aurora / ¡Desde el país de las
palmas / vociferando a la
pampa! / Descubrirás que a
la muerte / le has confundido la
suerte... Canet, el timbre ha tocado..."
Pues
ese es Canet, según Virgilio:
"Sencilla sinfonía de Beethoven, /
promiscua necedad de los caprichos, /
grabados y pinturas postrománticas, /
que danzan al compás del modernismo” *.
Grabador por excelencia y pintor, Canet
escogió esta línea para trazar en un
álbum, para la posteridad, ese pedazo
fundamental de la historia de Cuba que
es el Moncada y Fidel, el cual organiza
en varios tiempos: antes del Moncada, la
República mediatizada y turbulenta,
basada en lo que él llama "mi lectura
gráfica de lo que dice de ella Fidel en
La historia me absolverá"; el
golpe de Estado perpetrado por Fulgencio
Batista; la respuesta de Fidel, en el
año del Centenario del Apóstol de la
Independencia, José Martí; seguida del
asalto al Moncada; la expedición del
Granma, emprendida desde el puerto de
Tuxpam; y luego la Sierra Maestra, así
como aspectos contundentes de la lucha y
transformación desde las raíces
propiciada por la Revolución Cubana.
El
libro de grabados,
de la
editorial Letras Cubanas, cálido anhelo
del artista, recorre medio siglo de
historia. Todas las escenas, reflejan la
época. Un largo estudio le permitió
trazar los momentos estelares de la
Revolución Cubana y Fidel, su figura
cimera, desde los años de estudiantes
del líder revolucionario. La Cuba de los
años 50 bulle en los grabados tanto en
las referencias comerciales, como las
represivas olas heroicas. El comienzo de
la rebeldía tiene en la manifestación
estudiantil conocida como la Marcha de
las Antorchas, un símbolo de luz que
pronto se conecta con el asalto a la
segunda fortaleza militar de la tiranía,
el cuartel Moncada, y el cuartel Carlos
Manuel de Céspedes, en Bayamo, el propio
día 26 de julio de 1953.
La
acción adquiere en el trazo de Canet, lo
que fue una resistencia imponderable de
jóvenes armado precariamente, frente a
un adversario materialmente mil veces
más poderoso. Pero la mirada de los
rebeldes que logra el artista parece
deshacer los muros del cuartel. Unas
hojas más y nos dará Canet la conversión
del revés en victoria, cuando muestra en
sus grabados al joven abogado Fidel
Castro ejerciendo su doble condición de
acusado y acusador para revertir a favor
de los revolucionarios, la aparente
"victoria" de la tiranía, lograda
gracias a los asesinatos de prisioneros.
Un Fidel que obligó al tribunal a romper
las esposas que atrapan sus muñecas,
advierte con ese gesto de protesta, que
la represalia enemiga ha sido rota
porque los acusados se convierten en
acusadores.
La
presencia de la mujer, en las
combatientes Haydée Santamaría y Melba
Hernández, y el preludio y acto del
martirio de Abel Santamaría, segundo
jefe del movimiento revolucionario, son
grabados tan impactantes como hermosos.
Canet reproduce con pulso certero, sin
apartarse de su estilo artístico, otras
escenas del juicio que culmina en el
alegato La historia de
absolverá. Otras estampas de época
como transición, y el libro nos presenta
después a la Revolución en marcha.
Ningún trazo ocioso, excesivo ni débil:
Trazo
fuerte, de negro intenso, hallaremos en
sus grabados, lo cual le imprime
dramatismo y reciedumbre a lo que quiere
expresar en la obra artística. No se
trata de una reproducción minuciosa, "a
pincel", sino de hulla milenaria,
precursora del diamante lo que dice
Canet en su texto gráfico.
Por
algo el poeta Virgilio, también dice de
él: "!Que la cuaresma levante la
polvareda celeste! / ¡Que las
cenizas protejan tus cuadros y
tus bosquejos! / ¡Que paren
aquellos cantos que llevan luz a
tu aurora! / ¡ Y que
demuestren que tu alma / no
es mas que la de otro Goya!".
Y
Canet en su catauro de grabados de
episodios tan trascendentales como los
que pintó Goya, atesora además, entre
otros, los Grabados Militantes (1962),
la serie Homenaje al heroico pueblo de
Vietnam (1964), Metralla (1995)
y
Che
(1968-1971).
México, Chile, Milán, Estocolmo,
Mongolia, Praga, Venezuela, Roma,
Argelia, Corea, la antigua URSS,
Andalucía, España y desde luego, Cuba,
la nutricia Cuba, están entre los
lugares donde ha sido expuesta su obra,
y en especial el ultramarino pueblo
habanero de Casablanca, porque las
marinas, en el óleo, son preferencia de
Canet aunque no las ha prodigado en la
pintura. De ahí, tal vez, el mayor valor
de esos lienzos marineros. No falta en
él, desde luego el interesante trabajo
de experimentación, como sus cuadros
todo en blanco, en relieve.
Como
admiradora del artista saludo el puente
que vuelve a tender Canet con su obra
artística, entre Cuba y México, al
realizar la
presentación mundial de su exposición en
este y otros países, como Ecuador y
España, que ha sabido conservar la savia
de la amistad entre los pueblos. Le
deseo al artista, con su libro Fidel
y el Moncada visto por Canet, el
extenso reconocimiento a la riqueza
toda
de sus obras, que la modestia del autor
empina más, en vez de reducirla, pues él
no temió, no ha temido nunca ni teme, "a
las parcas tejedoras, y mucho
menos al enigma del olvido", como
dijo el poeta.
Bello
homenaje este del México, que acogió a
Fidel, al Che y sus demás compañeros del
Granma, haber
dado
espacio a esta obra singular, presidida
por sendos rostros que convivieron en
esta tierra, en dos siglos diferentes:
Martí, y Fidel, precisamente en el año
2003 en el cual se celebra el
sesquicentenario del nacimiento de José
Martí y el 50 aniversario del asalto al
Moncada. Canet, artista dichoso que
expone algo tan importante de sus
episodios nacionales en fecha cumbre.
Digo dichoso y me dejo llevar por una
"muletilla", dichoso no: él se ha ganado
ese privilegio con su arte impecable en
el grabado, por su esfuerzo de pequeño
gigante. De David, vencedor de Goliat.
La
Habana 19 de marzo de 2003.
* "Oda al pintor", Virgilio
Piñera |