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El
trovador Raúl Marchena integra ese
importante polo de la canción
trovadoresca nacional en que se ha
convertido la ciudad de Santa Clara, en
el centro de la Isla. Marchena, como le
llaman casi todos sus amigos, empezó a
componer hace al menos una decena de
años y en edad ya pasa la treintena.
Desde los finales de la década de los 90
no ha dejado de trovar, al principio
como aficionado y luego con sus propias
creaciones. Actualmente integra la
dirección de la Asociación Hermanos Saíz
(AHS) en su ciudad con el cargo de
Vicepresidente. Como se sabe, esta
agrupación nacional es la que aglutina
bajo su manto a una buena parte de los
artistas más jóvenes del país. Ambos
motivos, sus creaciones y su labor en la
AHS, son una buena razón para comenzar a
recorrer la visión de lo que acontece
con la trova en los lares del interior
de la Isla. Esa suerte de viaje a
predios no capitalinos es uno de los
objetivos que pretende esta serie; por
cual habrá también otras voces de
diferentes partes del país que nos
brindarán sus puntos de vista. Por lo
pronto vamos a escuchar a este
informático devenido trovador que esta
vez, aunque sin guitarra, nos dejó igual
oír sus opiniones.
¿En qué estado te parece que se
encuentra la trova en estos momentos en
Cuba?
En
esta década en que estamos la obra de
los trovadores que comenzaron a componer
en los 90 y que habían hecho bastantes
cosas, pero que no se habían
consolidado, se empieza a conocer, a
tener algo de éxito y es la obra que se
toma en cuenta, aunque sea en espacios
todavía pequeñitos. Empiezan ya a
establecerse muchos trovadores en el
país. Con esto no me refiero a que
lleguen físicamente de alguna parte,
sino que son cubanos, son trovadores que
han estado aquí pero que empiezan a
estar más cerca del público haciendo
trova todos los días. Eso, en contraste
con la década de los 90 que fue un
momento en el que las generaciones
anteriores emigraron, donde muchos se
fueron de Cuba y donde además los
problemas económicos del Período
Especial hicieron que mucha gente se
alejara de la trova. No había entonces
tantos trovadores como ahora, casi un
“trovador de la familia” como hay ahora.
Hay muchos, muchos trovadores.
No
estoy diciendo con esto nada que devalúe
la calidad de los trovadores, sino que
somos muchos, que hay un movimiento
grande, al menos; como mínimo con cierta
masividad, aunque el término no se me
ajusta mucho ahora mismo. Pero en
resumen, somos unos cuantos los que
ahora estamos haciendo canciones en
estos primeros años de los 2000.
Dentro de eso, ¿cómo ubicas a tu
generación de trovadores? ¿Cómo evalúas
este momento para tu generación?
Mira,
la gente con la que yo empecé a
componer, que vienen siendo los
trovadores de los finales de los años
90, me parece que están haciendo este
momento de la trova. Y no solo te hablo
de mi gente, de mi grupo, con los que yo
me formé, que son los trovadores de
Santa Clara, sino además todos los que
en aquel momento empezaron a hacer
canciones. Debo decirte que yo me formé
con los trovadores de provincia; estuve
mucho tiempo conociendo la obra de ellos
y un día fue que empecé a conocer un
poco más a los de La Habana. Me parece
que esos trovadores que se formaron
conmigo, o con los que yo me formé para
decirlo bien, son los que están haciendo
posiblemente la pared más dura de la
trova en estos tiempos. O sea, en
provincia está también la trova.
¿Te parece que el hecho de vivir en una
ciudad “del interior”, como se les dice
a las provincias, limita de alguna
manera la calidad o la cantidad de la
producción trovadoresca o influye en que
sean más o menos conocidos? ¿Cómo crees
que funciona esto?
En mi
generación no creo que los haya
limitado. Este quizá sea el momento más
importante para mi generación, luego de
más o menos unos 15 años componiendo. Y
no nos ha limitado sobre todo porque
Santa Clara —tal vez esté mal que lo
diga yo—es una punta de lanza para los
trovadores. Ese grupo con el que me
formé está todo en Santa Clara, están
haciendo canciones muy importantes para
la trova y es algo definitivo. Tienen
discos grabados, están los premios que
ha obtenido Leonardo García en los
concursos Adolfo Guzmán... Y los que
llegamos un poquito después ya empezamos
a grabar cosas y tenemos un
reconocimiento hasta de los medios, que
siempre es muy difícil de obtener.
Me
parece que nos ha limitado estar en
provincia. Si acaso —y si hay alguien
que lo puede decir, esos somos
nosotros—, es aquello de decir: “bueno,
no nos interesa y punto”. No nos
interesa estar cayéndole atrás a los
medios, ni meter la cabeza para llegar a
algún lugar. Simplemente nos contentamos
con hacer las canciones, compartirlas
con la gente. Tenemos un festival en el
que cuando cantas tienes gasolina para
un año. Quizá te estás conformando con
ese estado de cosas y no te preocupas
por acceder a un nivel más alto, más
masivo de los medios, y eso podría
limitarnos un poco para la actividad
comunicativa sobre nuestra obra, pero no
para la calidad de lo que hacemos.
Definitivamente puedo decirte que no nos
ha limitado en lo absoluto estar por
allá. De hecho, alguna gente nos dice
que eso nos ayuda un poco; nos ayuda a
estar libre de presiones, de mercados,
de necesidad de comunicar
inmediatamente. Eso nos da más tiempo, a
estar tranquilitos en nuestra ciudad
haciendo canciones con toda la comodidad
del mundo.
Si
te pido tu opinión sobre el tema de la
difusión a la obra trovadoresca en Santa
Clara, ¿qué me dices?
En
Santa Clara estamos contentos. Allí nos
ponen en la radio, nos sacan en la
televisión; a nivel local la gente nos
conoce. Por otro tipo de actividades
promocionales tenemos todos los jueves
500 personas que nos escuchan, 500
jóvenes.
¿Tú crees que la difusión local propicia
esa respuesta de público, que haya 500
personas en El Mejunje para escuchar la
Trovuntivitis?
Me
parece que no. Definitivamente no,
porque los medios provinciales sí
funcionan, pero no tienen aquel alcance
tampoco. La televisión provincial no la
ve un público masivo ni mucho menos.
Pero tampoco puedes en este caso
echarles la culpa y decir que no lo
hacen. Sí lo hacen: nosotros salimos por
televisión, no creo que pase un mes en
que no haya un trovador en la
televisión, cantando o haciendo
referencia a él, a la peña, al
movimiento trovadoresco en Santa Clara.
En la radio salen las canciones, las
promociones, constantemente. Allí sí nos
promocionan. También ocurre que somos
una ciudad pequeña. Todos los artistas
nos conocemos, colaboramos unos con los
otros. Nosotros mismos hacemos canciones
para los programas de radio o de
televisión, participamos y nos
insertamos de mil maneras en el mundo
cultural de la ciudad. Entonces, estamos
todo el tiempo comunicándonos y nos es
más fácil.
No
nos podemos quejar, sería una bobería
decir que no nos promocionan, porque sí
lo hacen. Qué pasa, que eso tiene un
efecto; pero para responder lo que me
preguntas, acerca de si eso influye en
que la gente nos vaya a ver:
posiblemente no, porque no creo que el
alcance sea tan grande. Pero está muy
bien, sí tiene su mérito y si ayuda un
poquito, pues que ayude.
¿Y
a nivel nacional?
Eso
sí contrasta mucho. Porque a nivel
nacional las necesidades de los medios
son otras. Por ejemplo, deben
establecerse, ganarse su propia
audiencia y eso los obliga
inevitablemente a buscar recursos. A
veces no tienen en cuenta satisfacer a
la audiencia de la trova o de la música
alternativa, que no es mayoritaria, pero
es una audiencia también a la que deben
tener presente. Y tampoco creo que esto
del hecho de que la música sea
alternativa o el hecho de que la
audiencia sea minoritaria implique en
consecuencia una audiencia limitada, de
elite ni mucho menos. Se trata de un
producto bueno, que se puede promocionar
y es un producto incluso vendible,
comercializable. Se ha demostrado que
cada vez que alguien, de aquí adentro o
de afuera, decide ponerle presión a un
proyecto de música alternativa, bien
hecha, con decoro, con todos los
valores, eso va adelante y funciona
mucho.
Hay una pregunta que voy a variarte un
poco porque la relación de ustedes con
los medios es diferente a lo habitual.
Debía preguntarte lo que los trovadores
han hecho en virtud de obtener esa
difusión, ese derecho a ser tomados en
cuenta. Pero te digo mejor, ¿cómo se
sienten los medios de difusión con
ustedes en Santa Clara?
Creo
que bien. Más que teorizar te voy a dar
ejemplos. Ahora mismo se está haciendo
un programa de televisión en Santa Clara
con los trovadores de la ciudad. Cada
uno se va a presentar, va a hacer sus
canciones, va a dar una entrevista, en
fin. En la radio, ya te digo, nuestra
música, nuestra obra, siempre se está
poniendo, se promociona todo el tiempo.
Si nos solicitan que estemos en algún
programa, estamos; si hace falta música
para ellos, igual. Tenemos una buena
relación con los medios. Nosotros
estamos conformes y se lo reconocemos.
Dime algo que creas que ya pertenece de
modo irrebatible a esta generación de
trovadores. Algo que nadie les pueda
quitar ya, que ya hayan logrado.
No
creo que mi generación de trovadores
haya logrado algo irrebatible todavía.
¿Después de 15 años haciendo canciones?
Sí, a
pesar de 15 años haciendo canciones. El
irrebatible me suena muy duro.
Si
quieres quitamos lo de irrebatible y
dime lo que creas que han logrado.
Te
justifico el irrebatible. Irrebatible es
la fundación de la Nueva Trova: Gerardo
Alfonso, Santiago Feliú, Carlos Varela,
Frank Delgado... Ellos ya son la imagen,
la historia no ya de una generación de
trovadores, sino de un momento de la
cultura cubana. Creo que en 15 años
nosotros no hemos logrado todavía nada
irrebatible, por ahí va la historia.
Pero
sí hemos logrado a estas alturas cosas
objetivas. En primer lugar, un cierto
reconocimiento para nosotros como
generación, a nivel de ciertas
individualidades, lo cual redunda en
reconocimiento generacional: tú
reconoces a este, a aquel y al otro, y
eso repercute en un reconocimiento
generacional, porque entonces se sabe a
dónde pertenece, que se ha formado en
esta historia, en los festivales, en esa
interacción que tenemos entre todos.
Esta generación tiene un peso muy grande
en las provincias y de ahí viene cierta
fraternidad.
Un
elemento bastante descriptivo es que
somos de alguna manera bastante
fraternales. Nos acercamos, nos
invitamos a conciertos, vamos todos a
las provincias de los otros.
Tengo
que hablarte obligatoriamente de Santa
Clara. Mi primera canción no me la
escondí en la casa, ni tuve miedo de que
me mandaran con canción y todo al quinto
infierno. Fui y se la enseñé a Rolando (Roly)
Berrío, que para mí es uno de los
grandes de la trova, en Cuba incluso,
más allá de nuestra generación. Y me
dijo que esa canción era lo más grande
del mundo —capaz de que no lo fuera—,
pero la tocó conmigo, le hizo cuatro
voces y me dijo: ahora haz otra. En la
primera oportunidad me llamó y me dijo:
cántala. Y luego me dice: oye, no cantes
nada más de los otros, ponte a hacer tus
canciones. Así es con todo el mundo, nos
sucede todo el tiempo. Eso te quita toda
limitante que sea competencia, el
distanciarte, el tratar de crearte un
estilo propio a la fuerza, las broncas,
los líos. Además todo el resultado es
que cada trovador en Santa Clara se
enfrenta de una manera diferente a todo,
a su poesía, a su música. Que hay
relaciones y cosas compartidas es
cierto, pero cada uno hace un trabajo
diferente aun cuando haya un tronco
común por allá abajo, que es inevitable.
Pero cada cual tiene un sello propio. De
hecho, tratamos de conseguir las
oportunidades, buscárnoslas unos a
otros.
Se
sabe que La Habana es hostil en ese
plano. La provincia no es así. Y una de
las cosas que puede describir a esta
etapa actual es que existe esa
fraternidad. Esa es una de ellas, puede
haber otras más.
En
el otro extremo, ¿qué no ha logrado esta
generación?
Eso
mismo: hacerse una generación. Marcar
puntos históricos. Sí creo que hay
legados, pero no como generación, sino
como individualidades. Hay cosas
logradas: hay discos importantes,
conciertos importantes, giras, pero todo
eso queda inevitablemente al nivel de
individualidades. No hay un movimiento
de discos, no hay una cantidad de discos
que se ha puesto en el mercado, que se
haya reconocido como una cosa tremenda.
Hay logros, pero no son el resultado del
trabajo generacional. Hoy no se está
escribiendo todavía pero ya se está
gestando. Este es el momento en que va
adelante la cosa. Nos falta lograr eso:
una imagen, un reconocimiento interno,
externo y todo ese rollo, como
generación.
¿Cómo se ve Raúl Marchena dentro de todo
ese proceso?
Estoy
empezando ahora a buscarle un impulso a
lo que he estado haciendo durante mucho
tiempo. Como trovador asumo la canción,
la creación, con cierta tranquilidad.
Nunca me he apurado por hacer canciones,
las he hecho según mis ganas y no he
tenido presiones de ningún tipo para
eso. Ahora, después de tener un grupo de
canciones, de tener un cierto caminito
recorrido, siento la necesidad de
respetar ese caminito, de respetar ese
grupo de canciones ―para no decirle obra
todavía― y de ayudar a que ese trabajo
sea reconocido, a que la gente lo tenga
por ahí. Básicamente eso: promocionarlo,
llevarlo adelante, hacerlo crecer un
poco más. Eso en el caso individual. En
un criterio más colectivo creo que con
eso le aporto a toda esta historia el
ser un soldado más. |