Año VI
La Habana

25 al 31 de AGOSTO
de 2007

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Raúl Marchena

Un soldado más desde la guitarra

Antonio López Sánchez • La Habana

 

El trovador Raúl Marchena integra ese importante polo de la canción trovadoresca nacional en que se ha convertido la ciudad de Santa Clara, en el centro de la Isla. Marchena, como le llaman casi todos sus amigos, empezó a componer hace al menos una decena de años y en edad ya pasa la treintena. Desde los finales de la década de los 90 no ha dejado de trovar, al principio como aficionado y luego con sus propias creaciones. Actualmente integra la dirección de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en su ciudad con el cargo de Vicepresidente. Como se sabe, esta agrupación nacional es la que aglutina bajo su manto a una buena parte de los artistas más jóvenes del país. Ambos motivos, sus creaciones y su labor en la AHS, son una buena razón para comenzar a recorrer la visión de lo que acontece con la trova en los lares del interior de la Isla. Esa suerte de viaje a predios no capitalinos es uno de los objetivos que pretende esta serie; por cual habrá también otras voces de diferentes partes del país que nos brindarán sus puntos de vista. Por lo pronto vamos a escuchar a este informático devenido trovador que esta vez, aunque sin guitarra, nos dejó igual oír sus opiniones. 

¿En qué estado te parece que se encuentra la trova en estos momentos en Cuba?

En esta década en que estamos la obra de los trovadores que comenzaron a componer en los 90 y que habían hecho bastantes cosas, pero que no se habían consolidado, se empieza a conocer, a tener algo de éxito y es la obra que se toma en cuenta, aunque sea en espacios todavía pequeñitos. Empiezan ya a establecerse muchos trovadores en el país. Con esto no me refiero a que lleguen físicamente de alguna parte, sino que son cubanos, son trovadores que han estado aquí pero que empiezan a estar más cerca del público haciendo trova todos los días. Eso, en contraste con la década de los 90 que fue un momento en el que las generaciones anteriores emigraron, donde muchos se fueron de Cuba y donde además los problemas económicos del Período Especial hicieron que mucha gente se alejara de la trova. No había entonces tantos trovadores como ahora, casi un “trovador de la familia” como hay ahora. Hay muchos, muchos trovadores.

No estoy diciendo con esto nada que devalúe la calidad de los trovadores, sino que somos muchos, que hay un movimiento grande, al menos; como mínimo con cierta masividad, aunque el término no se me ajusta mucho ahora mismo. Pero en resumen, somos unos cuantos los que ahora estamos haciendo canciones en estos primeros años de los 2000.  

Dentro de eso, ¿cómo ubicas a tu generación de trovadores? ¿Cómo evalúas este momento para tu generación?

Mira, la gente con la que yo empecé a componer, que vienen siendo los trovadores de los finales de los años 90, me parece que están haciendo este momento de la trova. Y no solo te hablo de mi gente, de mi grupo, con los que yo me formé, que son los trovadores de Santa Clara, sino además todos los que en aquel momento empezaron a hacer canciones. Debo decirte que yo me formé con los trovadores de provincia; estuve mucho tiempo conociendo la obra de ellos y un día fue que empecé a conocer un poco más a los de La Habana. Me parece que esos trovadores que se formaron conmigo, o con los que yo me formé para decirlo bien, son los que están haciendo posiblemente la pared más dura de la trova en estos tiempos. O sea, en provincia está también la trova. 

¿Te parece que el hecho de vivir en una ciudad “del interior”, como se les dice a las provincias, limita de alguna manera la calidad o la cantidad de la producción trovadoresca o influye en que sean más o menos conocidos? ¿Cómo crees que funciona esto?

En mi generación no creo que los haya limitado. Este quizá sea el momento más importante para mi generación, luego de más o menos unos 15 años componiendo. Y no nos ha limitado sobre todo porque Santa Clara —tal vez esté mal que lo diga yo—es una punta de lanza para los trovadores. Ese grupo con el que me formé está todo en Santa Clara, están haciendo canciones muy importantes para la trova y es algo definitivo. Tienen discos grabados, están los premios que ha obtenido Leonardo García en los concursos Adolfo Guzmán... Y los que llegamos un poquito después ya empezamos a grabar cosas y tenemos un reconocimiento hasta de los medios, que siempre es muy difícil de obtener.

Me parece que nos ha limitado estar en provincia. Si acaso  —y si hay alguien que lo puede decir, esos somos nosotros—, es aquello de decir: “bueno, no nos interesa y punto”. No nos interesa estar cayéndole atrás a los medios, ni meter la cabeza para llegar a algún lugar. Simplemente nos contentamos con hacer las canciones, compartirlas con la gente. Tenemos un festival en el que cuando cantas tienes gasolina para un año. Quizá te estás conformando con ese estado de cosas y no te preocupas por acceder a un nivel más alto, más masivo de los medios, y eso podría limitarnos un poco para la actividad comunicativa sobre nuestra obra, pero no para la calidad de lo que hacemos.   

Definitivamente puedo decirte que no nos ha limitado en lo absoluto estar por allá. De hecho, alguna gente nos dice que eso nos ayuda un poco; nos ayuda a estar libre de presiones, de mercados, de necesidad de comunicar inmediatamente. Eso nos da más tiempo, a estar tranquilitos en nuestra ciudad haciendo canciones con toda la comodidad del mundo.  

Si te pido tu opinión sobre el tema de la difusión a la obra trovadoresca en Santa Clara, ¿qué me dices?

En Santa Clara estamos contentos. Allí nos ponen en la radio, nos sacan en la televisión; a nivel local la gente nos conoce. Por otro tipo de actividades promocionales tenemos todos los jueves 500 personas que nos escuchan, 500 jóvenes. 

¿Tú crees que la difusión local propicia esa respuesta de público, que haya 500 personas en El Mejunje para escuchar la Trovuntivitis?

Me parece que no. Definitivamente no, porque los medios provinciales sí funcionan, pero no tienen aquel alcance tampoco. La televisión provincial no la ve un público masivo ni mucho menos. Pero tampoco puedes en este caso echarles la culpa y decir que no lo hacen. Sí lo hacen: nosotros salimos por televisión, no creo que pase un mes en que no haya un trovador en la televisión, cantando o haciendo referencia a él, a la peña, al movimiento trovadoresco en Santa Clara. En la radio salen las canciones, las promociones, constantemente. Allí sí nos promocionan. También ocurre que somos una ciudad pequeña. Todos los artistas nos conocemos, colaboramos unos con los otros. Nosotros mismos hacemos canciones para los programas de radio o de televisión, participamos y nos insertamos de mil maneras en el mundo cultural de la ciudad. Entonces, estamos todo el tiempo comunicándonos y nos es más fácil.

No nos podemos quejar, sería una bobería decir que no nos promocionan, porque sí lo hacen. Qué pasa, que eso tiene un efecto; pero para responder lo que me preguntas, acerca de si eso influye en que la gente nos vaya a ver: posiblemente no, porque no creo que el alcance sea tan grande. Pero está muy bien, sí tiene su mérito y si ayuda un poquito, pues que ayude.  

¿Y a nivel nacional?   

Eso sí contrasta mucho. Porque a nivel nacional las necesidades de los medios son otras. Por ejemplo, deben establecerse, ganarse su propia audiencia y eso los obliga inevitablemente a buscar recursos. A veces no tienen en cuenta satisfacer a la audiencia de la trova o de la música alternativa, que no es mayoritaria, pero es una audiencia también a la que deben tener presente. Y tampoco creo que esto del hecho de que la música sea alternativa o el hecho de que la audiencia sea minoritaria implique en consecuencia una audiencia limitada, de elite ni mucho menos. Se trata de un producto bueno, que se puede promocionar y es un producto incluso vendible, comercializable. Se ha demostrado que cada vez que alguien, de aquí adentro o de afuera, decide ponerle presión a un proyecto de música alternativa, bien hecha, con decoro, con todos los valores, eso va adelante y funciona mucho. 

Hay una pregunta que voy a variarte un poco porque la relación de ustedes con los medios es diferente a lo habitual. Debía preguntarte lo que los trovadores han hecho en virtud de obtener esa difusión, ese derecho a ser tomados en cuenta. Pero te digo mejor, ¿cómo se sienten los medios de difusión con ustedes en Santa Clara?

Creo que bien. Más que teorizar te voy a dar ejemplos. Ahora mismo se está haciendo un programa de televisión en Santa Clara con los trovadores de la ciudad. Cada uno se va a presentar, va a hacer sus canciones, va a dar una entrevista, en fin. En la radio, ya te digo, nuestra música, nuestra obra, siempre se está poniendo, se promociona todo el tiempo. Si nos solicitan que estemos en algún programa, estamos; si hace falta música para ellos, igual. Tenemos una buena relación con los medios. Nosotros estamos conformes y se lo reconocemos. 

Dime algo que creas que ya pertenece de modo irrebatible a esta generación de trovadores. Algo que nadie les pueda quitar ya, que ya hayan logrado.

No creo que mi generación de trovadores haya logrado algo irrebatible todavía.

¿Después de 15 años haciendo canciones?

Sí, a pesar de 15 años haciendo canciones. El irrebatible me suena muy duro.
 

Si quieres quitamos lo de irrebatible y dime lo que creas que han logrado.

Te justifico el irrebatible. Irrebatible es la fundación de la Nueva Trova: Gerardo Alfonso, Santiago Feliú, Carlos Varela, Frank Delgado... Ellos ya son la imagen, la historia no ya de una generación de trovadores, sino de un momento de la cultura cubana. Creo que en 15 años nosotros no hemos logrado todavía nada irrebatible, por ahí va la historia.

Pero sí hemos logrado a estas alturas cosas objetivas. En primer lugar, un cierto reconocimiento para nosotros como generación, a nivel de ciertas individualidades, lo cual redunda en reconocimiento generacional: tú reconoces a este, a aquel y al otro, y eso repercute en un reconocimiento generacional, porque entonces se sabe a dónde pertenece, que se ha formado en esta historia, en los festivales, en esa interacción que tenemos entre todos. Esta generación tiene un peso muy grande en las provincias y de ahí viene cierta fraternidad.

Un elemento bastante descriptivo es que somos de alguna manera bastante fraternales. Nos acercamos, nos invitamos a conciertos, vamos todos a las provincias de los otros.

Tengo que hablarte obligatoriamente de Santa Clara. Mi primera canción no me la escondí en la casa, ni tuve miedo de que me mandaran con canción y todo al quinto infierno. Fui y se la enseñé a Rolando (Roly) Berrío, que para mí es uno de los grandes de la trova, en Cuba incluso, más allá de nuestra generación. Y me dijo que esa canción era lo más grande del mundo —capaz de que no lo fuera—, pero la tocó conmigo, le hizo cuatro voces y me dijo: ahora haz otra. En la primera oportunidad me llamó y me dijo: cántala. Y luego me dice: oye, no cantes nada más de los otros, ponte a hacer tus canciones. Así es con todo el mundo, nos sucede todo el tiempo. Eso te quita toda limitante que sea competencia, el distanciarte, el tratar de crearte un estilo propio a la fuerza, las broncas, los líos. Además todo el resultado es que cada trovador en Santa Clara se enfrenta de una manera diferente a todo, a su poesía, a su música. Que hay relaciones y cosas compartidas es cierto, pero cada uno hace un trabajo diferente aun cuando haya un tronco común por allá abajo, que es inevitable. Pero cada cual tiene un sello propio. De hecho, tratamos de conseguir las oportunidades, buscárnoslas unos a otros.

Se sabe que La Habana es hostil en ese plano. La provincia no es así. Y una de las cosas que puede describir a esta etapa actual es que existe esa fraternidad. Esa es una de ellas, puede haber otras más. 

En el otro extremo, ¿qué no ha logrado esta generación?
Eso mismo: hacerse una generación. Marcar puntos históricos. Sí creo que hay legados, pero no como generación, sino como individualidades. Hay cosas logradas: hay discos importantes, conciertos importantes, giras, pero todo eso queda inevitablemente al nivel de individualidades. No hay un movimiento de discos, no hay una cantidad de discos que se ha puesto en el mercado, que se haya reconocido como una cosa tremenda. Hay logros, pero no son el resultado del trabajo generacional. Hoy no se está escribiendo todavía pero ya se está gestando. Este es el momento en que va adelante la cosa. Nos falta lograr eso: una imagen, un  reconocimiento interno, externo y todo ese rollo, como generación. 

¿Cómo se ve Raúl Marchena dentro de todo ese proceso?

Estoy empezando ahora a buscarle un impulso a lo que he estado haciendo durante mucho tiempo. Como trovador asumo la canción, la creación, con cierta tranquilidad. Nunca me he apurado por hacer canciones, las he hecho según mis ganas y no he tenido presiones de ningún tipo para eso. Ahora, después de tener un grupo de canciones, de tener un cierto caminito recorrido, siento la necesidad de respetar ese caminito, de respetar ese grupo de canciones ―para no decirle obra todavía― y de ayudar a que ese trabajo sea reconocido, a que la gente lo tenga por ahí. Básicamente eso: promocionarlo, llevarlo adelante, hacerlo crecer un poco más. Eso en el caso individual. En un criterio más colectivo creo que con eso le aporto a toda esta historia el ser un soldado más.                                            

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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