Año VI
La Habana

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de 2008

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Entrevista con Jorge Fornet, Jurado del Premio ALBA

Un reconocimiento con mucha responsabilidad

Yinett Polanco • La Habana

 

Dos de los más reconocidos intelectuales de América Latina, Mario Benedetti y Oscar Niemeyer recibieron el Premio Alba en las categorías Literaria y de las Artes. El reconocimiento, otorgado por primera vez este 2008, tuvo como jurados a los venezolanos Carmen Bohórquez, Vivian Rivas y Miguel Márquez y a los ensayistas cubanos Graziella Pogolotti y Jorge Fornet.
 

Para Jorge Fornet, director del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, “una de las cuestiones que hay que resolver siempre desde la institucionalidad cultural es la de los reconocimientos y jerarquizaciones, cómo se administra la justicia –por decirlo de ese modo– dentro del complejo mundo de los valores culturales. Los premios son una de las maneras más visibles y promocionadas de resolverlo. Puesto que ya existen premios a la obra de toda una vida, tiene sentido preguntarse sobre la importancia del Premio ALBA. Sin embargo, casi todos los de esta clase que se entregan a escritores o artistas latinoamericanos, son otorgados desde España (lo que, para empezar, excluye a esa otra parte nuestra que es el Caribe). Por otro lado, y aunque casi todos los de esa envergadura cubren un amplio espectro estético y político de autores, hay nombres que brillan por su ausencia. En ese sentido, el Premio ALBA tiene la responsabilidad de "administrar" la justicia que aún está pendiente.” 
 

Fueron 31 los candidatos a esta primera edición del Premio, según Jorge Fornet estos “fueron nominados por diversas instituciones culturales latinoamericanas y cubrían un espectro representativo de la literatura y las artes latinoamericanas y caribeñas. De manera que el jurado se enfrentó a una propuesta que planteaba un dilema inevitable: ¿a quién elegir?”. 

“Es siempre difícil otorgar un Premio de estas características porque uno sabe de antemano que a la mayor parte de los candidatos les sobran méritos para ganarlo. De hecho, cualquiera de los finalistas hubiera honrado al Premio de haberlo recibido. En el caso de Benedetti pesó tanto su amplia y reconocida obra como una vida dedicada a la participación en muchos de los debates más apasionados del continente. Pocos escritores han tomado parte con la intensidad que él –y a lo largo de 60 años– en la discusión estética, ética y política de su (nuestro) tiempo.” 

Sobre la extraordinaria obra del autor uruguayo Jorge Fornet afirmó que “resulta impresionante asomarse a la cantidad de títulos que ha publicado y los géneros en que se ha movido. Benedetti pertenece a esa inusual estirpe capaz de convertir la poesía en un fenómeno de masas, levantar pasiones desde el periodismo, ofrecer lúcidas apreciaciones en el ensayo y la crítica literaria, incursionar con éxito en la novela y el cuento, manejarse con soltura en el teatro, servir de pretexto a cantautores y enamorados, lanzarse con energía y fuego a la polémica. No son muchos los escritores que pueden ostentar esa capacidad con que él ha imantado a los lectores, a la vez que ha peleado por la descolonización cultural del continente”. 

La Casa de las Américas, a la que Fornet pertenece, tiene un largo vínculo con el autor de La tregua y Gracias por el fuego; “Benedetti llegó a la Casa de las Américas –y a Cuba– en 1966 y nunca más se fue de aquí. Pronto integró su Consejo de Dirección y fundó su Centro de Investigaciones Literarias cuyas líneas de trabajo actuales son, en esencia, las que él diseñó hace 40 años. Aunque en las últimas décadas se estableció entre Uruguay y España, nunca ha estado lejos de nosotros. A él deben la Casa y Cuba misma más de lo que podemos expresar con palabras o reconocimientos de cualquier tipo. A fin de cuentas no importa mucho; son los lectores quienes le han tributado una fidelidad digna de su obra y de su vida”.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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