|
En enero de 1891 el Partido Liberal,
de México, publica "Nuestra América",
ensayo esencial para las letras
hispánicas, canto a la redención de
América Latina; exponente de la defensa
del sueño bolivariano, pero en
un momento distinto, cuando la
“invitación” a la Conferencia
Internacional Americana de Washington
solo intentaba readecuar el término
‘Panamericanismo’, de Bolívar, hacia una
perspectiva de ‘América para los
americanos’, léase norteamericanos,
esgrimida desde 1823 por los EE.UU.
Sin embargo, bien distinta y compleja
era la situación continental;
Norteamérica no era solo la emergente
potencia, paradigma de constitución y
derechos, para algunos, aunque constante
desvelo para otros: “[...] los EE.UU.
que parecen destinados por la
providencia a plagar la América de
miserias a nombre de la libertad”.
Cuando Martí asume preocupaciones
similares a las del Libertador, ya el
septentrión es la potencia que enfrenta
a Europa
en nuestra región.
Una nueva impronta de coloniaje se
vislumbraba, la distancia entre el
"Discurso de Angostura" y "Nuestra
América" se percibía, aunque estos
discursos definen eslabones de una
cadena; la defensa de nuestra región
desde una identidad que deleita, pues
“¿En qué patria puede tener un hombre
más orgullo que en estas nuestras
repúblicas dolorosas de América
levantadas entre las masas mudas de
indios, al ruido de la pelea del libro y
el cirial, sobre los brazos de un
centenar de apóstoles?”
Rescatar lo imperecedero de nuestros
pueblos fue la empresa de Martí;
defiende nuestra identidad multicultural
alzada: “Con los pies en el rosario, la
cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio
y criollo, con lo que venimos
denodados, al mundo de las naciones. Con
el estandarte de la virgen [...] a la
conquista de la libertad”.
Esta mixturación es la verdadera riqueza
latinoamericana, y no el mondar y
discriminar, sino en el injertar en
nuestras repúblicas el mundo, sin perder
el tronco común.
La visión continental martiana es el
resultado de sus vivencias en México,
Guatemala y Venezuela, entre los años
1875 y 1881. Durante aquellos años
conoce las problemáticas regionales y
encuentra la razón telúrica de su obra
independentista. Sus textos muestran un
sello identitario: “La vida americana no
se desarrolla, brota. Los pueblos que
habitan nuestro Continente, los pueblos
en que [...] la raza latina se ha
mezclado con la raza de América, piensan
de una manera que tiene más luz, [...] y
han menester [...] de brotación original
de tiempos nuevos”,
escribe en México, en 1875.
En la tierra del quetzal es
historicista: “Interrumpida por la
conquista la obra natural y majestuosa
de la civilización americana, se creó
con el advenimiento de los europeos un
pueblo [...] mestizo en la forma, que
con la reconquista de su libertad,
desenvuelve y restaura su alma propia”.
Su periplo por nuestra América termina
en Venezuela, "cuna de todos los
americanos", según su expresión. Allí
dejó bien sentada su asunción sobre el
"deber ser" de la defensa continental:
"Es la facilidad sirena de los débiles;
pero motivo de desdén para los fuertes
[...] Es fuerza andar a pasos firmes,
apoyada la mano en el arado, camino de
lo que viene con la frente en lo alto.
Es fuerza meditar para crecer: y conocer
la tierra en que hemos de sembrar. Es
fuerza, en suma, [...] hacer la obra."
Martí, que en 1877 plantea: “Conozco a
Europa, y he estudiado su espíritu;
conozco a América y sé el suyo”,
apuesta por nuestra redención sobre
valores auténticos, porque: “Tenemos más
elementos naturales en estas nuestras
tierras, desde donde corre el Bravo
fiero hasta donde acaba el digno Chile,
que en tierra alguna del universo”.
Su análisis de la historia continental
se opone a la tesis sarmentina de
"civilización y barbarie". Su postura es
opuesta a ser el pasivo representante de
la alienación “la máscara, con los
calzones de Inglaterra, el chaleco
parisiense, el chaquetón de Norteamérica
y la montera de España.”
Vislumbrando el futuro Nuestra
América expone la necesidad de
integración: “Los pueblos que no se
conocen han de darse prisa para
conocerse, como quienes van a pelear
juntos”.
El ensayo martiano surge como parte de
una réplica ideológico-política entre
las dos facciones que componen el
continente. Su proyecto esgrime más que
la libertad individual y se corresponde
con la búsqueda plena de derechos de las
naciones, etnias y los distintos
sectores sociales, veía acercar la hora:
“del recuento y la marcha unida, y hemos
de andar en cuadro apretado como la
plata en las raíces de los Andes”
Martí comprendió que no había batalla
entre "civilización y barbarie", que la
errada aplicación de modelos importados
nos había abocado a la disyuntiva entre
la "falsa erudición" y la "naturaleza".
La teoría, como "falsa erudición", es un
mal de las concepciones políticas de
nuestros pueblos. Por ello es menester
conocernos para trazar el entramado que
pueda solucionar el "enigma
hispanoamericano". El fracaso de teorías
importadas fracturo el pacto interétnico
capaz de "fundar" un nuevo orden social
más justo. Por eso, quien entendió que
"pensar es servir" el que trasciende
como profeta de la redención
latinoamericana, tiene mucho que hacer
en América todavía y es paradigma para
los que nos levantamos con ánimos de
abrir horizontes, esperanzas y seguir.
|