Año VI
La Habana

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América Latina desde Martí

José Antonio Bedia • La Habana

 

En enero de 1891 el Partido Liberal, de México, publica "Nuestra América", ensayo esencial para las letras hispánicas, canto a la redención de América Latina; exponente de la defensa del sueño bolivariano, pero en un momento distinto, cuando la “invitación” a la Conferencia Internacional Americana de Washington solo intentaba readecuar el término ‘Panamericanismo’, de Bolívar, hacia una perspectiva de ‘América para los americanos’, léase norteamericanos, esgrimida desde 1823 por los EE.UU.

Sin embargo, bien distinta y compleja era la situación continental; Norteamérica no era solo la emergente potencia, paradigma de constitución y derechos, para algunos, aunque constante desvelo para otros: “[...] los EE.UU. que parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias a nombre de la libertad”[1]. Cuando Martí asume preocupaciones similares a las del Libertador, ya el septentrión es la potencia que enfrenta a Europa[2] en nuestra región.

Una nueva impronta de coloniaje se vislumbraba, la distancia entre el "Discurso de Angostura" y "Nuestra América" se percibía, aunque estos discursos definen eslabones de una cadena; la defensa de nuestra región desde una identidad que deleita, pues “¿En qué patria puede tener un hombre más orgullo que en estas nuestras repúblicas dolorosas de América levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de la pelea del libro y el cirial, sobre los brazos de un centenar de apóstoles?”[3]

Rescatar lo imperecedero de nuestros pueblos fue la empresa de Martí; defiende nuestra identidad multicultural alzada: “Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo, con lo que venimos denodados, al mundo de las naciones. Con el estandarte de la virgen [...] a la conquista de la libertad”[4]. Esta mixturación es la verdadera riqueza latinoamericana, y no el mondar y discriminar, sino en el injertar en nuestras repúblicas el mundo, sin perder el tronco común.

La visión continental martiana es el resultado de sus vivencias en México, Guatemala y Venezuela, entre los años 1875 y 1881. Durante aquellos años conoce las problemáticas regionales y encuentra la razón telúrica de su obra independentista. Sus textos muestran un sello identitario: “La vida americana no se desarrolla, brota. Los pueblos que habitan nuestro Continente, los pueblos en que [...] la raza latina se ha mezclado con la raza de América, piensan de una manera que tiene más luz, [...] y han menester [...] de brotación original de tiempos nuevos”[5], escribe en México, en 1875.

En la tierra del quetzal es historicista: “Interrumpida por la conquista la obra natural y majestuosa de la civilización americana, se creó con el advenimiento de los europeos un pueblo [...] mestizo en la forma, que con la reconquista de su libertad, desenvuelve y restaura su alma propia”[6]. Su periplo por nuestra América termina en Venezuela, "cuna de todos los americanos", según su expresión. Allí dejó bien sentada su asunción sobre el "deber ser" de la defensa continental:

"Es la facilidad sirena de los débiles; pero motivo de desdén para los fuertes [...] Es fuerza andar a pasos firmes, apoyada la mano en el arado, camino de lo que viene con la frente en lo alto. Es fuerza meditar para crecer: y conocer la tierra en que hemos de sembrar. Es fuerza, en suma, [...] hacer la obra."[7]

Martí, que en 1877 plantea: “Conozco a Europa, y he estudiado su espíritu; conozco a América y sé el suyo”[8], apuesta por nuestra redención sobre valores auténticos, porque: “Tenemos más elementos naturales en estas nuestras tierras, desde donde corre el Bravo fiero hasta donde acaba el digno Chile, que en tierra alguna del universo”[9]. Su análisis de la historia continental se opone a la tesis sarmentina de "civilización y barbarie". Su postura es opuesta a ser el pasivo representante de la alienación “la máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España.”[10]

Vislumbrando el futuro Nuestra América expone la necesidad de integración: “Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos”[11]. El ensayo martiano surge como parte de una réplica ideológico-política entre las dos facciones que componen el continente. Su proyecto esgrime más que la libertad individual y se corresponde con la búsqueda plena de derechos de las naciones, etnias y los distintos sectores sociales, veía acercar la hora: “del recuento y la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado como la plata en las raíces de los Andes”[12]

Martí comprendió que no había batalla entre "civilización y barbarie", que la errada aplicación de modelos importados nos había abocado a la disyuntiva entre la "falsa erudición" y la "naturaleza". La teoría, como "falsa erudición", es un mal de las concepciones políticas de nuestros pueblos. Por ello es menester conocernos para trazar el entramado que pueda solucionar el "enigma hispanoamericano". El fracaso de teorías importadas fracturo el pacto interétnico capaz de "fundar" un nuevo orden social más justo. Por eso, quien entendió que "pensar es servir" el que trasciende como profeta de la redención latinoamericana, tiene mucho que hacer en América todavía y es paradigma para los que nos levantamos con ánimos de abrir horizontes, esperanzas y seguir.


NOTAS

[1] Simón Bolívar: carta a Patricio Campbell, agosto de 1829. En Simón Bolívar. Documentos. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1980.

[2] Ejemplo de ello fue, pocos años más tarde, el mensaje del secretario de estado norteamericano Richard Olney al Foreing Office el 20 de julio de 1895, donde precisa: “En la actualidad, los EE.UU. son prácticamente soberanos de este continente, y su fíat es ley en los asuntos en que intervienen”. En Manuel Medina: Estados Unidos y América Latina siglo XIX. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974. p. 511-512.

[3] José Martí: “Nuestra América”. José Martí Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. T. 6, p. 16-17.

[4] José Martí: ibid. p. 18-19.

[5] José Martí: “El Liceo Hidalgo. Monumento. Vuelta a las escuelas. Empresa patriótica. Teatro mexicano”. Ob. Cit .T. 6, p. 200.

[6] José Martí: “Los códigos nuevos”. Ob. Cit .T. 7, p. 98.

[7] José Martí: “El carácter de la Revista Venezolana”. Ob. Cit .T. 7, p. 210.

[8] José Martí: “Revista Guatemalteca”. Ob. Cit .T. 7, p. 104.

[9]  José Martí: ibid. p. 104.

[10]José Martí: “Nuestra América”. Ob. Cit. T. 6, p 20-21.

[11] José Martí: ibid. p 14-15.

[12] José Martí: ibid. p 14-15.

 

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