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Tal y como fue en vida, una mujer amante
de la naturaleza y especialista en
sembrar ideas, Iris Dávila, la
reconocida escritora de radio decidió
que a su muerte sus cenizas fueran
esparcidas en el Jardín Botánico
Nacional.
Este viernes se cumplió la voluntad de
la cubana nacida en el poblado de
Güines en 1918. Entonces no era fácil
pero consiguió realizar estudios de
derecho, periodismo, literatura y
psicología. Al final todo lo que
aprendió en las aulas le sirvió como
creadora de seriales para la radio y
televisión, acción con la que ganó fama
en Cuba y en el extranjero.
Considerada como una escritora que trazó
pautas en la radionovela, por imponer
temáticas más reales que las que hacían
sus contemporáneos, Iris escribió
guiones para los espacios radiales
Divorciadas y
Por los caminos de la vida
y en la pequeña pantalla dio vida a
Una luz en el camino.
La mayoría de sus piezas conquistaron
altas audiencias y resultaban polémicas,
dotó a sus libretos de un alto vuelo
literario.
Con su peculiar estilo violó las recetas
clásicas del folletín para escribir como
decía ella de “la
muchacha de la esquina”, con sus tramas
nada principescos y con posibilidad de
ocurrirle a cualquier persona. Los
especialistas coinciden en que sus
historias conservan actualidad.
Pero la escritora que nos dijo adiós,
fue también y por décadas periodista,
hacedora de múltiples crónicas y
comentarios. Por ejemplo de manera
incisiva hablaba del origen de las radio
y telenovelas “Asumimos la
responsabilidad y confesamos el pecado…
Cuba tuvo la osadía de introducir en un
incipiente sistema electrónico el viejo
oficio de fabular” para agregar “El
atrevimiento originó en lengua hispana
un género insólito, más dramático que
narrativo, por cuanto su forma elocutiva
esencial era el diálogo y no la
narración, y por cuanto demandaba el
juego histriónico de voces moduladas,
sin que por ello dejara de ser novela,
o sea, acción más o menos lenta y más o
menos amplia, si bien no contada en
pretérito sino expresada en presente”.
Se dedicó también a estudiar la radio y
la televisión, en su dramaturgia. En uno
de esas valoraciones sobre el despegue
de la novela romántica en los años 40 y
50, Iris escribió “Tres títulos grafican
su arrancada impetuosa: Ave sin nido,
de Leandro Blanco; Por la ciudad
rueda un grito, de Reinaldo López
del Rincón; y El collar de lágrimas,
de José Sánchez Arcilla, la cual alcanzó
los 965 capítulos. Y como ya existían
las cadenas telefónicas nacionales, las
aves volaron, el grito retumbó y las
lágrimas llovieron de un extremo a otro
de la Isla”
Es además autora del cuaderno para niños
En un submarino de cristal
(1986), y de la compilación de cuentos
Intimidades (1998).
En noviembre pasado se presentó su libro
Delirio de periodista, una
compilación de crónicas que da cuenta
también de la cubana patriota que en
1957, por ejemplo en el articulo La
universidad que quiero para mis hijos,
decía “Yo quiero que mis hijos asistan a
una universidad que tenga la calle
dentro y que los haga mirar hacia la
calle. Una universidad que no lleve de
la mano únicamente por los caminos de la
ciencia escrita, sino que al mismo
tiempo prepare el noble y obligado
ejercicio del civismo y la dignidad. Una
universidad donde de un modo u otro se
les recuerde a diario que son partes de
un todo y que si no contribuyen a
mejorar esa unidad, están contribuyendo
al prejuicio propio y general”.
Es la autora que como afirma Maité Vera
“escribió desde la mujer, con la mujer
y para la mujer, en una época en la que
se debía ser muy valiente para asumir
tal postura”.
Merecedora en el 2003 del Premio
Nacional de la Radio, Iris Dávila tiene
además otro lauro: la de madre y abuela
capaz de guiar a sus tres vástagos, y a
los hijos de estos, consiguiéndolo a
partir de su ejemplo personal que unió
talento, honradez, dedicación y
patriotismo. Así la recordaremos quienes
tuvimos la oportunidad de conocerla. |