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NNo
voy a referirme a una lamentable
inflamación o protuberancia en el
precioso órgano que usamos para hablar.
Nada de lesiones en esa lengua que en
varias culturas se cataloga como lo
mejor y, a su vez, lo peor que poseemos.
Estoy pensando en la influencia del
béisbol, la dulce pelota de nuestras
vidas en el habla cotidiana del cubano
de a pie.
Hay
una frase que escuché cierta tarde
esperando un ómnibus que hacía el
trayecto entre Chambas y Mayajigua, dos
pequeños pueblos del centro de Cuba,
importantes para la, también humilde,
historia de mi adolescencia. A mi amigo
Padura le da mucha gracia y he visto en
su pícara mirada una sospecha de que me
la haya inventado. Un corpulento mulato
les decía a varias personas: “En eso,
Lourdito pegó una línea a la altura de
una lata de sancocho…”. A los
extranjeros lo que va entre comillas le
dirá poco. Lourdes ―sí, así, en femenino―
Gourriel ha sido uno de nuestros mejores
peloteros de todos los tiempos. En los
últimos años se desempeña como manager,
piloto, director o cualquier otro nombre
de quien dirige, ese que en otros
deportes lleva el más frío nombre de
Director Técnico.
Una
línea es batazo sólido, raso, eficaz que
―si
no sale demasiado de frente―
suele ser una garantía para el bateador.
El sancocho entre nosotros no es una
comida popular, sino el nombre que se
les da a los restos del almuerzo o la
cena y que casi siempre esa lata llena
va destinada a un puerquito (cerdo,
marrano, gorrino) que engorda en la
sombra y que dará lugar a los manjares
de las grandes fechas familiares.
Más
allá de la metáfora del batazo bajito y
contundente, hay muchas otras
expresiones cubanas que tienen su raíz
en el apasionante deporte de las bolas y
los strikes. Cuando alguien te hace algo
feo y no protestas a tiempo, se te dice
“te la dejaste pasar”. Claro porque no
hay nada peor que no tirarle a la bola
adecuada en el momento crucial del
juego. Uno se la deja pasar al jefe, a
la mujer, al vecino y a veces protesta
demasiado tarde; lo cual
―siguiendo
también la lógica beisbolera―
no vale, porque ya el árbitro te habrá
cantado el strike (estrai), estarás
poncha’o y lo mejor que haces es irte
para el banco tranquilito, mientras el
estadio se viene abajo gritándote
‘lindezas’.
Para el que se encuentra en un momento
difícil o debe decidir cuanto antes se
aplica: “me pusieron en 3 y 2 “. Se
refiere al conteo en el cual si el que
lanza se equivoca pierde al bateador, y
si el hombre a la ofensiva, el individuo
de la estaca en la mano titubea, pierde
su oportunidad. Los novios, los
subordinados, los actores, los políticos
y hasta los amantes saben bien lo que es
estar en esa disyuntiva. |