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Exótica delicia gastronómica que me ha
buscado no pocos dolores de cabeza.
Algunos prestigiosos maestros culinarios
extranjeros y del patio, esgrimen en
contra de esta cubanísima salsa, una muy
cuestionable similitud con el katchup, y
hasta con ciertas ligazones provenzales
del mediterráneo.
Pero no voy a aprovecharme de esta
sección para defender mi tesis sobre
dicha salsa, aquí les dejo la receta y
cada cual saque sus propias conclusiones
como dice el señor Reinaldo Taladrid en
su espacio "Pasaje a lo desconocido".
Ingredientes:
1-
una cebolla morada
2-
tres dientes de ajo grandes
3-
dos hojas de laurel
4-
cuatro clavos de olor
5-
un mazo pequeño de cilantro
6-
diez granos de pimienta negra
7-
tres ajíes pimientos maduros
8-
cinco o seis ajíes de "la puta de su
madre"
9-
una botella de vino seco
10-
una taza de vinagre (preferiblemente de
arroz)
11-
Dos libras de tomates maduros (de los
llamados: perita)
12-
tres cucharadas de azúcar
13-
dos tazas de caldo de cangrejo
14-
dos cucharadas de manteca de puerco
15-
una aleta de tiburón
16-
sal
17-
una cucharada de mantequilla
18-
un pepinillo
Procedimiento:
Luego de lavar bien los tomates y los
ajíes pimientos, póngalos a hervir con
dos litros de agua, sal y las dos hojas
de laurel.
Al cabo de media hora sáquelos y páselos
por la batidora agregando el agua y
vuelva a poner el batido a fuego lento
hasta que espese y entonces apáguelo y
cuélelo.
En una cazuela ponga la aleta de tiburón
con agua de lluvia abundante y métale
fuego hasta lograr una gelatina, para
esto hay que dejar que se deshaga bien
la aleta y luego dejar enfriar el caldo
para comprobar la consistencia, que para
el asunto ha de ser espesa. Cuélela
también.
Prepare luego un sofrito con la cebolla,
el ajo, los ajíes picantes, el cilantro,
los clavos, y la pimienta, todo bien
triturado. Esto lo pone a sofreír en la
manteca de puerco y al rato le agrega el
caldo de cangrejo, y lo deja reposar por
un par de minutos.
Este sofrito se lo espanta al puré de
tomates, le agrega la gelatina, el
azúcar, el vinagre, la botella de vino y
lo pone nuevamente a cocinar a fuego
lento hasta que quede bien espesa.
Cuando la baje del fuego le pone las dos
cucharadas de mantequilla y le agrega el
pepinillo troceado finamente.
Esta salsa les da nombre a las sabrosas
albóndigas de cangrejo a lo Bacunayagua,
y son ideales para bañar lo mismo unas
ruedas de serrucho al vapor, que a unos
calamares rebozados.
Esta salsa se conserva en el
refrigerador hasta un mes, siempre
guardada en un frasco de vidrio y
sacando solo la que va a usar con una
cuchara plástica.
Desde aquí aprovecho para saludar a los
Maestros Arnulfo Pérez Gaínza y Leonardo
Callado de la Vega por la amistad y los
convoco para el próximo guateque en mi
conuco de Alamar, donde podremos seguir
polemizando de cocina. Y ustedes
guajiros, sigan en contacto que para eso
estamos.
No resultó nada fácil descifrar aquella
enmarañada caligrafía. A ratos se
abandonaba a una suerte de caracteres
ininteligibles, que denotaban evidentes
reminiscencias de la escritura
cabalística y de los hermosos
pictogramas élficos, para convertirse de
un trazo al siguiente en detallados
dibujos de animales, frutas, especias e
instrumental de cocina; ciertamente
estos últimos me produjeron una fuerte
impresión, cuando en una de las páginas
en que se ilustraba el degüello de una
res con un formidable cuchillo, observé
como del hilo de sangre que manaba del
cuello del animal y le recorría la
pierna delantera, partían nuevamente al
corrido las letras en lo que era la
preparación de unas gigantescas
morcillas.
Confieso que al principio me pareció
bastante macabro aquel libro, pero luego
al indagar más sobre nuestro personaje,
supe de su triste y atormentada
existencia de antes y después de la
guerra, de cómo prosperó y ganó renombre
su fonda "El Machetero" y de cómo luego
quedó reducida a cenizas producto de un
altercado con la guardia rural.
En memoria de Adriano Travieso Dunlop,
insigne alquimista y cocinero. Tal y
como escribió su receta:
Agarre un pollo gordo que haya sido
criado con maíz tierno, arroz, (frase
ininteligible) y yema de huevo y
trocéelo en octavos luego de
degollarlo. Aparecen aquí toda una
serie de dibujos ilustrando la manera
precisa de degollar el animal
Ponga en una cazuela curada un par de
cucharadas de manteca y vaya dorando
bien las piezas. Terminada la operación
déjelas reposar en jugo de limas, sal,
pimienta, y algunos dados de panceta de
cerdo ahumada.
Ponga entre tanto una taza de frijoles
bayos a hervir en agua de lluvia hasta
que se ablanden. Aquí aparecen
excelentes dibujos de frijoles
envainados y en granos. Ya blandos,
agréguelos al pollo.
Ponga en una vasija de barro amplia,
una taza de nata fresca, un chorro de
aceite de oliva, y acomode los trozos de
pollo junto con los granos, la panceta y
el aliño de limas. Agregue un puñado de
aceitunas negras enteras, apio
trinchado, polvo de bija, un chorrito de
vino blanco y algo de caldo que deberá
hacer con el carapacho del pollo. Ponga
al horno la vasija por cuarenta minutos
a fuego moderado y al sacarla agregue
perejil troceado y una ralladura de nuez
moscada. Este plato se acompaña con
espinacas salteadas con mantequilla y
pepitas de calabaza.
Que les dije, este hombre era un genio,
hay que probar este plato para saber lo
que es la vida. Albur mis guajiritos,
hasta más ver.
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