Año VI
La Habana

5 al 11 de ABRIL
de 2008

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Al rescate de un patrimonio decisivo

Graziella Pogolotti • La Habana

 

La cultura es un término que va más allá de las artes y las letras y que encarna una herencia espiritual y también material.  Desde que Diego Velázquez  llegó a estas tierras,  se fue forjando una cultura de resistencia, cultura de resistencia engendra una memoria y una memoria que tiene, como todas, lo bueno y lo malo. Lo bueno es que nos ha ayudado a sostenernos en los momentos más difíciles, lo malo es que también, reivindica valores que implican, en muchos casos, el desconocimiento de  la realidad, “la ley se acata pero no se cumple”, se decía en la colonia, la exaltación de ese personaje del pícaro, el bicho, el vividor, el que sabe nadar en las circunstancias difíciles, el chicharito o lo que hoy llaman el luchador. Y estos componentes de valores negativos, trasladados a través de una cultura de resistencia, volvieron a emerger entre nosotros en la década del 90, no solamente, fundamentalmente por ellas, por razones de orden económico, por lo mal que lo pasamos todos, en el momento más difícil del Período especial, pero también por una crisis de las certidumbres, una crisis de la posibilidad del pensar en el mañana, en el futuro, vivir en el presente, que es también lo que nos recomienda el proyecto de vida inscrito en la globalización. Hacer un país, que es lo que todos hemos querido, implica utilizar lentes bifocales, ver a lo lejos y ver de cerca, tener un proyecto y también conocer, diagnosticar y afrontar los problemas más concretos de la inmediatez. Así lo hizo Martí en las páginas estremecedoras de su Diario, en las cuales, reconociendo a los hombres y mujeres que lo rodeaban también estaba configurando, a través de la estrategia militar y del consenso de todas las fuerzas, la República futura. Y lo que se debate en el término, en cuanto a los valores, tiene que ver con esto, tiene que ver con la conciliación entre el porvenir y el presente, y el estar construyendo el porvenir desde el presente con plena conciencia. Esto implica desde luego a todas las instancias de la sociedad, va desde la familia hasta la ciudad que nos rodea, que no nos es indiferente puesto que la ciudad, en el mundo contemporáneo, es la expresión de la cultura que está más presente para los hombres y las mujeres, porque es aquella que transita por nuestra cotidianidad, y por eso nosotros hemos priorizado ese tema, porque no solamente la ciudad implica la salvaguarda de un patrimonio sino que el deterioro de ella, contribuye también a desarrollar valores de la marginalidad y de la depredación.

Pero de lo que quería hablar fundamentalmente era de la escuela, de esa zona a la que me siento tan entrañablemente vinculada. En estos días, escuché por la televisión que se decía que ya en este momento el maestro no es el protagonista porque el protagonista va a ser el estudiante, y en esa expresión, si no hay un error de concepto hay, por lo menos, una confusión en el modo de decirlo. El maestro es el puntal de todo sistema de enseñanza, su autoridad es la que tiene que estar presente en el aula, autoridad inmanente, y es la que contribuye a preservar valores, conocimiento de la materia en sí y del modo de enseñarla y, si efectivamente, el proyecto educativo debe consistir en que el estudiante asuma cada vez más responsabilidades, como corresponde, no debemos olvidar que enseñar a pensar es lo más difícil y que la mayéutica socrática también es de una extraordinaria complejidad y no desnaturalizará de ningún modo el papel protagónico del maestro. En los días que corren, efectivamente, tenemos dificultades con nuestros maestros, quizás uno de los componentes del problema sea el tema salarial, la realidad es, desde luego, algo a lo que no podemos escapar y el problema salarial es un problema a considerar, pero los seres humanos no nos movemos en una sola dirección ni con un solo estímulo, y creo que hay que reconsiderar el tratamiento al maestro, el reconocimiento social que merece y que tuvieron a nivel  de comunidad en la República Neocolonial, aquellos maestros que siempre eran pobres, mal remunerados, aquella maestra que iba todos los días a clases con el mismo vestido pero que dejó marcas en la memoria de sus alumnos.

Nosotros tenemos, como decía la ponencia de “Cultura y sociedad”, una tradición  pedagógica que forma parte de nuestra cultura, y esa tradición pedagógica hay que rescatarla. Yo me he preguntado muchas veces  a dónde han ido los millares de graduados de nuestros Institutos Superiores Pedagógicos, de nuestras escuelas de maestros, no solo en el período especial, sino antes, qué ha sucedido con todos aquellos que se formaron para enseñar, dónde están,  y el que está ahí, si tiene una experiencia válida, debe ser recuperado, pienso que con la colaboración de la Asociación de Pedagogos de Cuba. Reconstruir esa tradición es rescatar un patrimonio, un patrimonio decisivo en el día que corre.

Intervención en la plenaria sobre Cultura y Sociedad, VII Congreso de la UNEAC.
1ro de abril de 2008. Palacio de las Convenciones, La Habana.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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