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Omar Valiño
Me resultó muy interesante el debate en
la comisión de Cultura y medios. Nadie
discute la justa demanda de recursos,
inversiones, técnica, logística e
insumos en general, que necesitan los
medios y en particular la producción
nacional. Pero fue muy bueno que parte
de los realizadores más respetados en el
país, que además están a pie de obra, se
refirieran a los mecanismos internos de
trabajo, al asunto de la cultura del
trabajo, a los mecanismos profesionales,
a las relaciones interempresariales y a
las relaciones directivos-creadores como
parte esencial de lo que tiene que
acompañar a esas inversiones en toda la
zona técnica y logística. Sin ambas
cosas, todas las partes coinciden en que
no habrá una mejor televisión y una
mejor radio, y en definitiva una mejor
industria audiovisual cubana.
Hay un consenso sobre implantar una
política cultural única, pero que no
deje de señalar la atención a las
particularidades de los distintos
medios. No hay ninguna fractura en eso,
es una complementación adecuada.
Creo que alguien señalaba ayer que el
tema de la discriminación ha sido más
que debatido. Por supuesto, el dictamen
va a recoger las denuncias a cualquier
tipo de discriminación, ya sea racial,
de religión o de género, etcétera. Pero
como también alguien dijo, hay que pasar
a la etapa práctica: el ICRT, los
medios, tienen que tomar medidas y
trazar estrategias para hacer de esto
una práctica que proponga una nueva
imagen. Creo que hay que seguir
analizando, pero es más importante
lanzar una estrategia muy concreta en
torno al tema.
Estoy satisfecho con los resultados, se
logró abarcar un gran espectro de temas
que van desde las cosas más puntuales en
términos logísticos hasta apreciaciones
conceptuales de como pensar nuestros
medios hoy, la gran demanda sobre la
potenciación de una nueva industria
audiovisual cubana, lo que ya hablamos
sobre los mecanismos internos de
producción, las estrategias en torno a
la formación de las personas de los
medios, fue muy abarcador en un ambiente
donde estaban los creadores, los
delegados, los invitados y los
responsables de estas esferas a los
niveles de las instituciones, del
partido, del estado y del gobierno. Me
parece que esto último fue muy
importante.
Norge Espinosa
Creo que la barrera de comprensión que
la UNEAC debe poner para toda su
membresía debe ser establecida a partir
del talento y de la capacidad de crear y
de expresarse como artista que tiene que
tener cada uno de nosotros ya que esa es
nuestra responsabilidad. Todo tipo de
paternalismo o de compromiso ajeno a eso
tiene que ser desechado de inmediato.
Lamentablemente en estos diez años que
ha estado la UNEAC sin un congreso a
habido un crecimiento excesivo en
determinadas secciones y no siempre el
mejor talento joven a ido a la UNEAC,
también porque el panorama cultural se
ha diversificado y lo que antes era algo
atendido únicamente por esta institución
ahora corre en manos de otras
instituciones. Por ejemplo, los jóvenes
escritores saben que existe el Centro
Onelio, los jóvenes realizadores han
encontrado alternativas propias y
emergentes de cómo organizar sus propias
producciones sin contar con el ICAIC. La
UNEAC debe ser un ojo y un oído muy
abiertos a eso, para ser capaz de
recepcionar lo mejor y darle la
jerarquía que merece, y además ofrecerle
una plataforma de promoción que tal vez
por sí solos estos jóvenes no pueden
aportar. Al mismo tiempo, debe organizar
una plataforma de discurso entre esta
generación y la que los antecede para
que el diálogo sea realmente múltiple y
no se esté relacionando el asunto como
una cosa meramente de edad o equidad de
edades, sino que el talento se ponga a
dialogar desde cualquier alternativa con
respecto a las propias verdades que cada
cual puede mostrar, en función de hacer
un arte tan diverso como lo es la vida
en Cuba hoy, con todas las texturas, las
dimensiones y con todas las capacidades
de comprensión y de miras que se
requieren.
Evidentemente instituciones como la
Asociación Hermanos Saíz (AHS) son la
cantera de la UNEAC, pero justamente el
subrayado tiene que estar en qué pierde
uno al dejar de ser miembro de la AHS y
qué gana al estar formando parte de la
UNEAC y viceversa. El reciclaje de ese
tipo de espacios es muy importante, pero
no podemos imaginar una UNEAC que imite
a la AHS y una UNEAC que no aprenda de
lo ya logrado por ellos. Creo que lo que
hace falta en Cuba, y para ello el
Congreso es muy importante, es que las
instituciones tengan un diálogo real
entre ellas y que de esa confluencia
salga un concepto cultural menos
fragmentado, menos sectario, menos
receloso del trabajo de las otras
instituciones. A ese tipo de
confluencias se debe aspirar, para que
la UNEAC sea el lugar donde toda esa
voluntad de querer saber y de dominar
otras materias que me son también útiles
esté presente, como una especie de
defensa.
La parcelación en el conocimiento se
nota en las propias escuelas de arte. En
un momento determinado, en el ISA y en
la ENA se logró vincular a los
estudiantes con el mundo profesional y
dentro de la propia escuela las
facultades se mezclaban entre sí, que
son los momentos añorados de los 80 y
principios de los 90, a los que no hay
que mirar con nostalgia porque pasaron,
pero ese bagaje que se logró no se puede
perder. Lo que ha ocurrido es que
realmente se ha perdido, ha fallado
porque ha habido un vacío generacional
muy grande, de gente que ha emigrado del
país y que debieron ser los
continuadores de aquella etapa. Dejaron
un hueco de referencia con el cual la
gente más joven no sabe dialogar. Hay
que recuperar esa capacidad de diálogo
común, para que saltando sobre ese vacío
se recuperen esencias que fueron
elementales para todo artista cubano.
Creo que la escuela no se puede
convertir en una burbuja de la cual uno
sale desconectado de la realidad. Sé que
por suerte hay espacios donde esto se ha
superado pero todavía es insuficiente.
Es real que nuestras universidades deben
llamar más a aquellos que como artistas
profesionales, representantes de otras
escalas de diálogo en lo cultural,
funcionarios incluso, permitan al
alumnado comprender cómo se mueve la
vida cultural más allá del muro de la
universidad. La vida es la escuela
imprescindible para complementar todo lo
que uno va llevando consigo, y si de la
propia escuela vamos aportándole al
alumno algo de eso, entonces el camino
va siendo ganando con mayor rapidez.
Alberto Lescay
Participé en la comisión Ciudad, cultura
y arquitectura, primero por una
afiliación profesional y porque forma
parte de una de mis grandes inquietudes
como artista y cubano, como profesional
en una materia que, como yo la veo,
tiene mucho compromiso con el espacio
urbano: la escultura monumental. Además,
esa misma razón dio lugar a la creación
de la Fundación Caguayo, que es mi
segundo proyecto, cuyo objeto social
para las artes monumentales y las artes
aplicadas tiene incidencia en ambos
sentidos en los espacios abiertos y en
los espacios urbanos. Es sumamente
importante ver este asunto como un
espacio necesariamente de intervención
mediante un enfoque sistémico. Por eso
dije allí que me gustaría que en la
proyección de trabajo y el enfoque de
este tema creemos condiciones para poder
hacer talleres de ideas, hacer colegios,
y parar ya ese proceso de división de
las especialidades: los arquitectos
peleando su espacio por un lado, los
escultores por otro, los pintores por
otro, los sociólogos por otro. Esa es
una cuestión que tenemos que ver con
claridad. La sociedad futura, esa que
estamos construyendo, no se va a lograr
sin una cohesión, ni ese espacio humano
que es el que necesitamos. Ese espacio,
el que nos corresponde a todos, es la
ciudad, como es natural. Tenemos que ser
capaces de involucrar a los ciudadanos,
pero primero nosotros nos tenemos que
organizar más. Creo que fue muy buena la
reunión y estoy muy satisfecho con la
manera en que va el Congreso, porque
estamos discutiendo y estamos
acercándonos a la esencia del problema.
Ulises Toirac
Participé
en la comisión Cultura y economía porque
soy de los que piensan que es
fundamental para el desarrollo y auge de
la cultura que la economía marche acorde
a los tiempos. Estamos en un momento
crucial y definitorio, es una
encrucijada que tiene que ver no solo
con la situación social del país sino
con el momento tecnológico. De alguna
manera la entrada de la era digital y
las nuevas necesidades de la patria
hacen que se tenga que estudiar muy
profundamente el tema de la economía y
la cultura. En esferas como la
cinematografía, las artes escénicas y el
mundo de la música, entre otras, hay que
repensar la forma en que se comercializa
y se produce, e incluso en las políticas
de distribución. Pienso que el Congreso
en ese sentido ha sido muy esclarecedor,
las exposiciones de ayer fueron muy
interesantes, espero que como resultado
de todos estos debates las comisiones de
trabajo que van a quedar después del
Congreso tracen políticas que estén
acordes con estos tiempos.
David Mateo:
En la comisión
Ciudad, cultura y arquitectura, la más
importante conclusión es que debemos
trabajar todos unidos. O sea, los
artistas plásticos, que son quienes
siempre participan en las
ambientaciones; los arquitectos que
forman parte de nuestra membrecía y las
instituciones del estado que tienen que
ver con llevar a vías de hecho esos
proyectos que nuestros arquitectos
conciben. Es imposible pensar en
remodelar y modificar la ciudad, si no
nos unimos, si todos los que tienen que
ver con las directivas, con las
regulaciones, con la obra en particular
de la arquitectura cubana, no llegan a
un consenso, a una conciliación de ideas
y de pensamiento. Para mí esto fue lo
más importante, han habido ciertas
tenciones y contradicciones a la hora de
concebir este nuevo proyecto para
recuperar la ciudad, pero ya está
pasando a un plano mucho más protocolar,
mucho más de conciliación. Se habló de
sitios particulares: es necesario hacer
un trabajo con los barrios marginales y
con las ambientaciones de la ciudad,
revalorizar sitios históricos que
siempre han tenido una connotación.
Pienso que se han tomado medidas muy
importantes para que todas estas
propuestas se lleven a vías de hecho.
Estuvieron allí las figuras más
importantes de este sector: el ministro
de la construcción, el historiador de la
ciudad, Choy, Villa y un grupo de
figuras importantes de la cultura cubana
que, como siempre, aportaron ideas y
reflexiones en torno a ese nuevo momento
de la recuperación de la ciudad.
Teresa Melo
En muchos momentos la UNEAC en su sede
nacional ha abarcado un poquito el
protagonismo, pero no es ese el momento
actual, en el caso de Santiago de Cuba
—la parte que más me interesa, aunque
siempre digo, soy santiaguera y cubana,
porque no me gustan las parcelas, ellas
son importantes solamente para el
estudio— en Santiago hubo un punto de
avance hace dos años, llamado justamente
Cultura y sociedad, para mí tema
fundamental porque él subsume a todos
los demás, en él están contenidos todos
los asuntos candentes del debate de la
UNEAC como lo que debe representar, que
es la vanguardia artística y literaria.
En Santiago tuvimos este evento que
abarcó todas las esferas y fuimos
avanzando en el proceso de la
integración de la UNEAC con otras
instituciones con un trabajo cultural
sostenido, como puede ser el Centro del
Libro, y fuimos avanzando en otro
sentido, saber, qué parte de estos
asuntos, se podían resolver en el
concurso del propio territorio, algo
sobre lo cual se ha insistido mucho,
porque hay una serie de problemas
posibles de resolver en nuestro propio
pedazo y a veces esperamos una gran
reunión, una gran convocatoria para
empezar a trabajar sobre algo que se
puede empezar a resolver ya, ahí mismo
cerca. Eso fue para mí muy importante,
aunque sí abogaré siempre por el
reconocimiento de las individualidades
territoriales, que sí existen, porque
Cuba tiene una identidad formada por
varias identidades, dadas sobre todo en
núcleos muy fuertes de las provincias y
Santiago tiene una personalidad
reconocida por todo el mundo.
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Hay debates incluso que nos preocupan
mucho a los santiagueros y en otros
sitios no son tan importantes, como el
tema de la indisciplina social,
preocupante en Santiago y parte de la
labor que debemos hacer en la formación
de valores. Este trabajo previo que en
todas las provincias se ha hecho
sostenidamente todo el año, ha
desbrozado un poco el camino a nivel de
pensamiento para conocer aquello en lo
cual debemos concentrarnos y dejar para
resolver en los propios territorios un
tipo de problema más pedestre, doméstico
si se quiere, como debe ser; porque
finalmente en el Congreso están no solo
aquellos a quienes representamos como
delegados, sino también todos los que no
son miembros de la UNEAC y sin embargo
saben que este es un momento
profundísimo. Nuestro país está en un
proceso de cambios hacia esa perfección
en la cual creemos para este mundo mejor
posible e inevitable, como decía Joel
James —persona y pensador que he
admirado siempre— y saber que tenemos
una miríada de miradas encima nuestro en
ese sentido. Este es un debate reflexivo
sobre el proceso identitario de la
cultura cubana, que solo puede salir de
un debate con la vanguardia artística y
literaria del país, en ese sentido va la
expectativa de todas las personas que
están pensando o participando en el
Congreso y es por supuesto mi propia
expectativa como creadora, para sentir
que verdaderamente pertenezco a una
organización donde se representa a lo
mejor de la cultura cubana en su sentido
más amplio, como pensamiento que nos
hace país, integrado por todas estas las
lúcidas mentes, por el arte, por la
cultura, por nosotros los artistas que
formamos parte de esa sociedad que
espera muchos otros cambios en los
cuales no debe quedar nunca detrás el
pensamiento como tal. Cada cambio social
y económico debe ir acompañado con una
claridad también de pensamiento cultural
para que este no se quede rezagado de
muchos cambios de mentalidad existentes,
porque nuestro país ha tenido una
especie de gran congreso: las
discusiones a raíz del discurso de Raúl,
un gran congreso del pensamiento del
pueblo cubano. De cierto modo somos
ahora lo que queda un poquito por arriba
en esa discusión, para no quedar
nosotros por detrás de esa franqueza con
la cual se discutió en tantos sitios,
señalando tantos problemas en vías de
resolverse por nuestra sociedad, por
nuestro país. El artista es parte
absoluta de esa sociedad pero, por
supuesto, sin creer que es el artista
quien cambia el mundo, siempre he
pensado que él tiene un papel importante
por lo menos en señalar dónde puede ser
mejorado el mundo, porque un artista no
es un mago, no transforma a lo mejor por
sí mismo una conducta o un problema
social, pero alude a ellos, lo
manifiesta en su obra y ese es el papel
que le corresponde entonces en el
debate, lograr por lo menos señalar,
porque uno puede no tener las
respuestas, pero normalmente los
artistas tenemos al menos las preguntas
necesarias, las imprescindibles, sin
respuesta porque la respuesta debe ser
colectiva, no hay una sola respuesta
para ningún problema social, porque la
sociedad es un tejido demasiado rico y
amplio pero sí preguntas, ese es el
papel del artista, hacer la pregunta, y
la respuesta nos corresponde a todos.
Zenaida Romeu
El ambiente es muy positivo, es
totalmente revolucionario con ese
concepto de cambiar todo lo que debe ser
cambiado. Es decir, se están
actualizando conceptos, se está teniendo
una visión crítica del momento en que
está la sociedad cubana. Creo que, si se
escucha, se van a sacar soluciones, o
por lo menos diagnósticos abiertos
acerca de los problemas en los cuales
hay que trabajar y eso siempre va a
redundar en algo muy positivo para la
nación. En sentido general ha existido
un dialogo abierto, inteligente, capaz y
diverso.
Fernando Martínez
Heredia
Tengo unas expectativas enormes con este
Congreso y por eso me siento muy feliz
con el informe central leído por Barnet,
el cual me pareció de extraordinaria
calidad y profundidad y el de Cultura y
sociedad, que por su amplitud y los
temas que trata dio lugar a una
discusión muy grande. Me parece que lo
más importante, y ya aparece en el
informe central, es la idea de que se
declaren permanentes las comisiones que
trabajaron y que miremos el tiempo
después del Congreso como un tiempo
fundamental, pues este tiempo,
sistemáticamente aprovechado, si abre de
verdad un espacio para los debates, en
los cuales intelectuales y artistas nos
involucremos e involucremos a todo lo
que se pueda de la sociedad, entonces sí
va a ser un éxito el Congreso.
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Por lo que sé el Congreso del 98 fue un
aporte muy fuerte en un momento muy
malo, entonces estaban tratando incluso
de celebrar el fin, mediante la
intervención norteamericana, de la gran
guerra de liberación de los cubanos,
mucho más de lo que se había celebrado
el inicio de esa Guerra del 95, la que
nos hizo cubanos; entonces era tiempos
muy malos, tiempos cuando el turismo
estaba al frente de la actividad
económica del país y muchas cosas
estaban muy confusas, en ese sentido
aquello fue un Congreso valiente, que
fue sumamente lejos, y eso quedó como
algo importante, pero después la UNEAC
no estuvo a su altura, perdió mucho en
muchos terrenos y hemos tenido una etapa
relativamente prolongada en la cual a
pesar, de que ha habido éxitos y logros
también, es imprescindible retomar el
impulso del 98, no desde una evolución
continua, sino desde un salto que
debemos dar y este puede que esté
facilitado por la coyuntura política
actual del país, en la cual hay un deseo
maravilloso y enorme de participación,
donde también están involucrados miles y
miles de jóvenes, que hace 10 años no
parecía así.
Arístides Hernández
(ARES)
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Son muchas cosas las que estamos
esperando de la UNEAC, en primer lugar,
las ligadas a la parte organizativa,
pues todas las dificultades por las
cuáles ha pasado el país tuvieron su
reflejo en la función de la UNEAC como
institución, entonces estamos esperando
mejoras a partir del Congreso desde ese
punto de vista, tratar de aunar a la
gente, porque muchos han perdido el
sentido de pertenencia, de integración a
las actividades de la UNEAC, y creo que
eso se va rescatar a partir del
Congreso. Por otro lado vamos a ver
temas relacionadas con la sociedad
actual, con la vida cultural del país
que se extienden mucho más allá de lo
frecuentemente considerado “cultural”,
porque aquí se van a debatir la
proyección de la cultura, la actividad
creativa de los artistas cubanos
agrupados en la UNEAC, e incluso los que
no, y cómo puede participar la cultura
dentro de ese marco, influenciar en
cosas que han cambiado en la sociedad
cubana. He estado leyendo los informes
de las comisiones, he participado en
muchos debates preparatorios,
fundamentalmente de las artes plásticas,
creo que en los informes se ha tocado
casi todo, pero hay otros asuntos
pendientes y muchas cosas nuevas pueden
salir a partir de las intervenciones.
Quisiera por un lado, aportar y por el
otro, escuchar, para aprender, porque
eso nos hace mucha más falta, el diálogo
para tener información de todo. |