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A punto de cumplirse el 14 de junio un
nuevo aniversario del nacimiento del
Che, el cineasta argentino Tristán Bauer
acaba de terminar un nuevo largometraje
sobre la figura del mítico guerrillero.
Realizado junto al Centro de Estudios
Che Guevara y el Instituto Cubano del
Arte e Industrias Cinematográficos
(ICAIC), con fecha de estreno en cuatro
meses, la película revela audios,
imágenes y textos personales inéditos
sobre la vida de uno de los
protagonistas fundamentales de la
Revolución Cubana. Además de por Aleida
March y sus hijos, parte del material
fue cedido por la propia familia Guevara
en la Argentina. Algunas fotos y
cuadernos manuscritos que revelan su
pasión por la poesía y sus reflexiones
teóricas, salen a la luz por primera
vez, luego de que Bauer accediera de
manera “azarosa” a escritos y objetos
personales que permanecen aún
clasificados como secretos en poder del
Ejército boliviano.
De regreso en Buenos Aires, recién
llegado de La Habana, adonde viajó para
que la viuda del Che sea la primera en
ver la versión final del documental, el
cineasta relata cómo fue el proceso de
realización, los hallazgos con los que
se encontró en una investigación que le
demandó 12 años, y que llevó a cabo
junto con su mujer, Carolina Scaglione,
coguionista y productora general de la
película. El filme cuenta con el apoyo
de la Universidad Nacional de San
Martín, de la Argentina; la productora
española Golem Distribución y la
Televisión de ese país.
“Esto es lo único e íntimamente mío, e
íntimamente conocido de los dos que
puedo dejarte ahora”, le anuncia Ernesto
Guevara a su mujer, con una voz profunda
y oculta hasta ahora, en una grabación
de una vieja cinta fonográfica que le
entregó poco antes de partir hacia
Bolivia y que abre el largometraje.
Luego, sobre una sucesión de imágenes de
bombas cayendo devastadoramente sobre
poblaciones y ciudades, y que culminan
con el gran hongo atómico, se lo
escucha recitando el poema “Los heraldos
negros” del peruano César Vallejo:
“Hay golpes en la vida, tan
fuertes... ¡Yo no sé!” (…)
Golpes como del odio de Dios; como si
ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
¿Qué sintió cuando escuchó la voz del
Che en esa grabación?
Me impresionó mucho. Porque en su
despedida, les deja una carta a Fidel,
otra a sus padres y otras a sus hijos. Y
a su mujer, le regala lo que para él era
lo más íntimo de los dos: esas poesías
de Vallejo y Neruda. Y Aleida, en un
gesto de generosidad y entrega que no
voy a dejar de agradecerle nunca, me
autorizó a incluir dos de ellas en el
documental. Además de “Los heraldos
negros”, está “Farewell”, de Neruda,
cuando parte de Cuba hacia el Congo.
¿Por qué decidió incluirla en la
apertura sobre las imágenes de las
bombas cayendo?
La idea de ese comienzo, que no sigue la
progresión histórica típica de la lógica
del documental biográfico, era instalar
el pensamiento del Che desde el
presente, porque es muy vigoroso en su
mirada hacia el futuro. Su palabra sigue
quemando. Ese recorrido visual refleja
no solo las bombas en Hiroshima, sino
también las que siguen cayendo en Iraq.
Y la secuencia termina con él frente al
Memorial en esa ciudad japonesa,
construido para recordar a las víctimas
del ataque, y las palabras que le
escribió en una postal a su esposa: “Es
bueno visitar esto para luchar con
energía por la paz”.
¿Cuándo comenzó a pensar en el proyecto?
Nací en 1959, el año de la Revolución
Cubana y, tal vez, ahí hay una primera
marca ya que, luego, ese hecho me marcó
generacionalmente. En 1994, cuando
estábamos filmando con Carolina (su
mujer y coguionista) el documental sobre
Cortázar, descubrí varios textos que
había escrito sobre el Che y trabajé con
ese poema que decía, “Yo tuve un hermano
que iba por los montes mientras yo
dormía…”. A partir de ahí, ya empecé a
pensar en el proyecto. Al principio tuvo
forma de ficción, hasta que me encontré
en La Habana con el sobrino del Che,
Rafael Taco Guevara, con quien
tengo una gran amistad y cariño, y me
hizo cambiar de idea. Caminando por el
Malecón, me dijo que había todo un
universo de su tío que no estaba
relatado y que se podía contar desde sus
propias palabras. Su mezcla de acento
argentino-cubano, por su largo exilio en
Cuba provocado por la dictadura militar
en la Argentina, me terminó de decidir.
Nos pusimos a trabajar y creo que la voz
de Taco leyendo los textos del
Che, es uno de los grandes logros del
documental.
¿La película está narrada desde la
primera persona?
Sí, no hay entrevistados que opinen de
su figura en cámara. Es una construcción
subjetiva desde la intimidad de su
pensamiento oral y escrito, no solo de
sus discursos más aguerridos, aunque
estén incluidos varios de ellos. Creo
que son estos materiales del pensamiento
íntimo del Che hecho palabra, tan
conmovedoramente bellos y sorprendentes,
los que le dan el carácter de novedoso y
revelador al documental. Como esa carta
que le manda a Aleida desde Tanzania
donde le decía: “Has de saber que soy
una mezcla de aventurero y burgués, con
una apetencia de hogar terrible pero con
ansias de realizar lo soñado. Cuando
estaba en mi burocrática cueva, soñaba
con hacer lo que empecé a hacer. Y
ahora, y en el resto del camino, soñaré
contigo y los muchachos que van
creciendo inexorablemente”. Ese hombre
partido en dos no aparece en ninguna
biografía hasta ahora porque esos
materiales no se conocían. Esto es lo
que le da un valor histórico al
documental, más allá de las
características de nuestra realización.
En los 125 minutos que dura el filme se
develan múltiples facetas del Che, desde
filmaciones familiares de su niñez en
Altagracia junto a sus padres, sus
viajes de juventud, hasta el desembarco
en Cuba en el Granma junto a
otros guerrilleros a fines de 1958,
pasando por sus alocuciones como
Ministro de Industria extraídas de los
negativos originales sin editar de los
noticieros cubanos de la época. En su
minuciosa búsqueda, el director del
laureado filme Iluminados por el
fuego, también reveló archivos
televisivos de distintas partes del
mundo que registraron sus alegatos
internacionalistas en países como Congo,
Vietnam, China, Checoslovaquia o
Argelia, donde se lo ve hablando en
perfecto francés. Entre las grabaciones
que se creían perdidas, figura una en 8
milímetros tomada por su padre, Ernesto
Guevara Lynch, en Punta del Este, adonde
había viajado por la célebre Conferencia
de 1961 y en el que constituyó el último
encuentro con su familia argentina.
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¿Qué aspectos de la personalidad del Che
lo sorprendieron más en su
investigación?
Descubrí que, además de ser un profundo
lector, escribía continuamente y de una
manera muy particular. Siempre llevaba
consigo una libreta en la que tomaba
notas. Hacía una triple escritura:
primero, registraba sus impresiones;
después elaboraba un análisis crítico
sobre esos esbozos en un cuaderno de
tipo escolar, y finalmente, una
escritura más ensayística para ser
editada como libro. Si bien era un
combatiente, estaba permanentemente
pensando la realidad, y su acción estaba
precedida por una reflexión muy profunda
hecha palabra. En el Che es muy fuerte
cómo lo vivencial impacta tanto sobre su
construcción teórica como sobre su
práctica cotidiana, absolutamente
coherente con ella. Y de ahí, surgen una
serie de escritos que en el día de hoy y
para la Cuba actual son muy valiosos.
También me llamó mucho la atención que
usara tres colores: uno para hacer la
cita textual; otro, para el autor, la
página y la editorial; y un tercero,
para su comentario personal. En medio de
situaciones de persecución y riesgo
constante en la selva, como cuenta en su
diario, uno se pregunta cómo hizo para
seguir escribiendo sus notas en tres
colores.
¿Cómo accedió al material que estaba en
poder del Ejército boliviano?
De manera insólita y por casualidad.
Hace ocho años, le había pedido al
agregado cultural de Bolivia que me
dijera lo que había sobre el Che en los
archivos de su país y me confirmó que
todo lo existente se encontraba en la
bóveda del Banco Central y que se podía
acceder mediante un trámite largo. Pero
yo intuía que debía haber algo más y
agarré una guía de teléfonos sin saber
qué buscaba exactamente, hasta que
encontré el número del Archivo Histórico
Militar de Bolivia. Llamé y me atendió
un mayor que, ante mi pregunta, me
respondió que tenían ‘todo’ ahí. Viajé y
me encontré con un material cuya
existencia no se sabía que existía: 29
volúmenes con información secreta de la
lucha guerrillera del Che en los montes
bolivianos. Logré fotografiar ese
material y, luego, al trascender que
estábamos en el lugar, nos expulsaron
argumentando que había habido un error y
que se trataba de archivos secretos. Y
este tema todavía está pendiente de
resolución.
¿Con qué se encontró allí?
Estaban sus pasaportes originales y las
fotos de sus manos cortadas, con los
dedos entintados, y agentes de la
Policía Federal Argentina observándolas.
Entre los objetos, había también dos
cuadernos manuscritos del Che que
incluían su pensamiento más elaborado,
como el manuscrito de un libro que el
Che había comenzado a escribir en Praga,
en 1965, y luego retomó en Bolivia, que
es una crítica del Manual de Economía
Política marxista que había mandado a
imprimir Stalin, y con el que estudiaban
los jóvenes cubanos. En ese texto
advertía, que si la ex Unión Soviética
continuaba por ese camino, iba rumbo al
capitalismo y el gran culpable iba a ser
Vladimir Ilich Lenin y la aplicación de
su nueva política económica. Eso es
fácil decirlo ahora que ha caído el muro
de Berlín, pero plantearlo en plena
Guerra Fría, para mí fue un
descubrimiento.
¿Sintió el peso de responsabilidad de
filmar la vida del Che?
Una responsabilidad brutal que
sobrellevo trabajando mucho y siendo
riguroso en cada fotograma. Después de
una investigación de más de una década,
fue muy difícil sintetizar su vida en
dos horas. La de ningún hombre se puede
resumir en 120 minutos y menos la del
Che, quien vivió solo 39 años, pero en
una época de una enorme convulsión
mundial.
¿Cuál cree que es el aporte de este
nuevo documental?
El Che fue un hombre que marcó a la
humanidad y, sobre todo, a
Latinoamérica. Pero creo que tanto esa
foto extraordinaria que le sacó Korda,
como el rótulo del guerrillero heroico
que le puso un sector de la izquierda,
no dejaban ver el hombre que estaba
detrás. En todos estos años y a través
de sus escritos personales y su
intimidad familiar, pude descubrir la
intensidad de este hombre partido en
dos, el ícono guerrillero que añoraba a
su mujer y sus hijos, sus
contradicciones, y el rigor extremo que
se autoimponía. Me encontré con una
personalidad de una complejidad y
profundidad notables. Le tocó vivir en
los convulsionados años 60; pero su
pensamiento trasciende su tiempo,
dispara sus ideas hacia el futuro, desde
una conducta absolutamente coherente con
ese pensamiento y que, además de ser un
mojón inevitable a la hora de
reflexionar sobre América Latina,
permanece vigente. La dimensión de su
figura merece ser conocida porque ya le
pertenece a la historia.
¿En qué lo cambió en lo personal durante
su realización?
Es la primera vez que tengo un proyecto
en construcción durante tanto tiempo. Y
ahora que estoy dirigiendo un canal que
es del Estado (Encuentro) y tengo
conciencia de que los fondos que
administro son públicos, tener como
modelo de referencia la ética del Che
frente al dinero y a la obligación de un
funcionario, aún siendo un pulguita en
relación con su figura y las
responsabilidades que tenía en esos
años, me influyó muchísimo.
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Un avance de 20 minutos
del documental sobre
Ernesto Guevara, de
Tristán Bauer, se
proyectará este sábado
en la ciudad argentina
de Rosario, a propósito
de los homenajes por los
80 años de su
nacimiento. Estarán
presentes, venidos
especialmente de Cuba,
los cuatro hijos del
Che, Aleida, Camilo,
Celia y Ernesto.
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