Año VI
La Habana

14 al 20 de JUNIO
de 2008

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Nuevo documental de Bauer sobre el Che, a 80 años de su nacimiento

Ernesto Guevara en una versión íntima y desconocida

Mariel Fitz Patrick • Buenos Aires

 

A punto de cumplirse el 14 de junio un nuevo aniversario del nacimiento del Che, el cineasta argentino Tristán Bauer acaba de terminar un nuevo largometraje sobre la figura del mítico guerrillero. Realizado junto al Centro de Estudios Che Guevara y el Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC), con fecha de estreno en cuatro meses, la película revela audios, imágenes y textos personales inéditos sobre la vida de uno de los protagonistas fundamentales de la Revolución Cubana. Además de por Aleida March y sus hijos, parte del material fue cedido por la propia familia Guevara en la Argentina. Algunas fotos y cuadernos manuscritos que revelan su pasión por la poesía y sus reflexiones teóricas, salen a la luz por primera vez, luego de que Bauer accediera de manera “azarosa” a escritos y objetos personales que permanecen aún clasificados como secretos en poder del Ejército boliviano. 

De regreso en Buenos Aires, recién llegado de La Habana, adonde viajó para que la viuda del Che sea la primera en ver la versión final del documental, el cineasta relata cómo fue el proceso de realización, los hallazgos con los que se encontró en una investigación que le demandó 12 años, y que llevó a cabo junto con su mujer, Carolina Scaglione, coguionista y productora general de la película. El filme cuenta con el apoyo de la Universidad Nacional de San Martín, de la Argentina; la productora española Golem Distribución y la Televisión de ese país. 

“Esto es lo único e íntimamente mío, e íntimamente conocido de los dos que puedo dejarte ahora”, le anuncia Ernesto Guevara a su mujer, con una voz profunda y oculta hasta ahora, en una grabación de una vieja cinta fonográfica que le entregó poco antes de partir hacia Bolivia y que abre el largometraje. Luego, sobre una sucesión de imágenes de bombas cayendo devastadoramente sobre poblaciones y ciudades, y que culminan con el gran hongo atómico,  se lo escucha recitando el poema “Los heraldos negros” del peruano César Vallejo:

“Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!” (…)
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!
 

¿Qué sintió cuando escuchó la voz del Che en esa grabación?

Me impresionó mucho. Porque en su despedida, les deja una carta a Fidel, otra a sus padres y otras a sus hijos. Y a su mujer, le regala lo que para él era lo más íntimo de los dos: esas poesías de Vallejo y Neruda. Y Aleida, en un gesto de generosidad y entrega que no voy a dejar de agradecerle nunca, me autorizó a incluir dos de ellas en el documental. Además de “Los heraldos negros”, está “Farewell”, de Neruda, cuando parte de Cuba hacia el Congo. 

¿Por qué decidió incluirla en la apertura sobre las imágenes de las bombas cayendo?

La idea de ese comienzo, que no sigue la progresión histórica típica de la lógica del documental biográfico, era instalar el pensamiento del Che desde el presente, porque es muy vigoroso en su mirada hacia el futuro. Su palabra sigue quemando. Ese recorrido visual refleja no solo las bombas en Hiroshima, sino también las que siguen cayendo en Iraq. Y la secuencia termina con él frente al Memorial en esa ciudad japonesa, construido para recordar a las víctimas del ataque, y las palabras que le escribió en una postal a su esposa: “Es bueno visitar esto para luchar con energía por la paz”. 

¿Cuándo comenzó a pensar en el proyecto?

Nací en 1959, el año de la Revolución Cubana y, tal vez, ahí hay una primera marca ya que, luego, ese hecho me marcó generacionalmente. En 1994, cuando estábamos filmando con Carolina (su mujer y coguionista) el documental sobre Cortázar, descubrí varios textos que había escrito sobre el Che y trabajé con ese poema que decía, “Yo tuve un hermano que iba por los montes mientras yo dormía…”. A partir de ahí, ya empecé a pensar en el proyecto. Al principio tuvo forma de ficción, hasta que me encontré en La Habana con el sobrino del Che, Rafael Taco Guevara, con quien tengo una gran amistad y cariño, y me hizo cambiar de idea. Caminando por el Malecón, me dijo que había todo un universo de su tío que no estaba relatado y que se podía contar desde sus propias palabras. Su mezcla de acento argentino-cubano, por su largo exilio en Cuba provocado por la dictadura militar en la Argentina, me terminó de decidir.  Nos pusimos a trabajar y creo que la voz de Taco leyendo los textos del Che, es uno de los grandes logros del documental. 

¿La película está narrada desde la primera persona?

Sí, no hay entrevistados que opinen de su figura en cámara. Es una construcción subjetiva desde la intimidad de su pensamiento oral y escrito, no solo de sus discursos más aguerridos, aunque estén incluidos varios de ellos. Creo que son estos materiales del pensamiento íntimo del Che hecho palabra, tan conmovedoramente bellos y sorprendentes, los que le dan el carácter de novedoso y revelador al documental. Como esa carta que le manda a Aleida desde Tanzania donde le decía: “Has de saber que soy una mezcla de aventurero y burgués, con una apetencia de hogar terrible pero con ansias de realizar lo soñado. Cuando estaba en mi burocrática cueva, soñaba con hacer lo que empecé a hacer. Y ahora, y en el resto del camino, soñaré contigo y los muchachos que van creciendo inexorablemente”. Ese hombre partido en dos no aparece en ninguna biografía hasta ahora porque esos materiales no se conocían. Esto es lo que le da un valor histórico al documental, más allá de las características de nuestra realización. 

En los 125 minutos que dura el filme se develan múltiples facetas del Che, desde filmaciones familiares de su niñez en Altagracia junto a sus padres, sus viajes de juventud, hasta el desembarco en Cuba en el Granma junto a otros guerrilleros a fines de 1958, pasando por sus alocuciones como Ministro de Industria extraídas de los negativos originales sin editar de los noticieros cubanos de la época. En su minuciosa búsqueda, el director del laureado filme Iluminados por el fuego, también reveló archivos televisivos de distintas partes del mundo que registraron sus alegatos internacionalistas en países como Congo, Vietnam, China, Checoslovaquia o Argelia, donde se lo ve hablando en perfecto francés. Entre las grabaciones que se creían perdidas, figura una en 8 milímetros tomada por su padre, Ernesto Guevara Lynch, en Punta del Este, adonde había viajado por la célebre Conferencia de 1961 y en el que constituyó el último encuentro con su familia argentina. 

¿Qué aspectos de la personalidad del Che lo sorprendieron más en su investigación?

Descubrí que, además de ser un profundo lector, escribía continuamente y de una manera muy particular. Siempre llevaba consigo una libreta en la que tomaba notas. Hacía una triple escritura: primero, registraba sus impresiones; después elaboraba un análisis crítico sobre esos esbozos en un cuaderno de tipo escolar, y finalmente, una escritura más ensayística para ser editada como libro. Si bien era un combatiente, estaba permanentemente pensando la realidad, y su acción estaba precedida por una reflexión muy profunda hecha palabra. En el Che es muy fuerte cómo lo vivencial impacta tanto sobre su construcción teórica como sobre su práctica cotidiana, absolutamente coherente con ella. Y de ahí, surgen una serie de escritos que en el día de hoy y para la Cuba actual son muy valiosos.  

También me llamó mucho la atención que usara tres colores: uno para hacer la cita textual; otro, para el autor, la página y la editorial; y un tercero, para su comentario personal. En medio de situaciones de persecución y riesgo constante en la selva, como cuenta en su diario, uno se pregunta cómo hizo para seguir escribiendo sus notas en tres colores. 

¿Cómo accedió al material que estaba en poder del Ejército boliviano?

De manera insólita y por casualidad. Hace ocho años, le había pedido al agregado cultural de Bolivia que me dijera lo que había sobre el Che en los archivos de su país y me confirmó que todo lo existente se encontraba en la bóveda del Banco Central y que se podía acceder mediante un trámite largo. Pero yo intuía que debía haber algo más y agarré una guía de teléfonos sin saber qué buscaba exactamente, hasta que encontré el número del Archivo Histórico Militar de Bolivia. Llamé y me atendió un mayor que, ante mi pregunta, me respondió que tenían ‘todo’ ahí. Viajé y me encontré con un material cuya existencia no se sabía que existía: 29 volúmenes con información secreta de la lucha guerrillera del Che en los montes bolivianos. Logré fotografiar ese material y, luego, al trascender que estábamos en el lugar, nos expulsaron argumentando que había habido un error y que se trataba de archivos secretos. Y este tema todavía está pendiente de resolución. 

¿Con qué se encontró allí?

Estaban sus pasaportes originales y las fotos de sus manos cortadas, con los dedos entintados, y agentes de la Policía Federal Argentina observándolas. Entre los objetos, había también dos cuadernos manuscritos del Che que incluían su pensamiento más elaborado, como el manuscrito de un libro que el Che había comenzado a escribir en Praga, en 1965, y luego retomó en Bolivia, que es una crítica del Manual de Economía Política marxista que había mandado a imprimir Stalin, y con el que estudiaban los jóvenes cubanos. En ese texto advertía, que si la ex Unión Soviética continuaba por ese camino, iba rumbo al capitalismo y el gran culpable iba a ser Vladimir Ilich Lenin y la aplicación de su nueva política económica. Eso es fácil decirlo ahora que ha caído el muro de Berlín, pero plantearlo en plena Guerra Fría, para mí fue un descubrimiento. 

¿Sintió el peso de responsabilidad de filmar la vida del Che?

Una responsabilidad brutal que sobrellevo trabajando mucho y siendo riguroso en cada fotograma. Después de una investigación de más de una década, fue muy difícil sintetizar su vida en dos horas. La de ningún hombre se puede resumir en 120 minutos y menos la del Che, quien vivió solo 39 años, pero en una época de una enorme convulsión mundial. 

¿Cuál cree que es el aporte de este nuevo documental?

El Che fue un hombre que marcó a la humanidad y, sobre todo, a Latinoamérica. Pero creo que tanto esa foto extraordinaria que le sacó Korda, como el rótulo del guerrillero heroico que le puso un sector de la izquierda, no dejaban ver el hombre que estaba detrás. En todos estos años y a través de sus escritos personales y su intimidad familiar, pude descubrir la intensidad de este hombre partido en dos, el ícono guerrillero que añoraba a su mujer y sus hijos, sus contradicciones, y el rigor extremo que se autoimponía. Me encontré con una personalidad de una complejidad y profundidad  notables. Le tocó vivir en los convulsionados años 60; pero su pensamiento trasciende su tiempo, dispara sus ideas hacia el futuro, desde una conducta absolutamente coherente con ese pensamiento y que, además de ser un mojón inevitable a la hora de reflexionar sobre América Latina, permanece vigente. La dimensión de su figura merece ser conocida porque ya le pertenece a la historia.

¿En qué lo cambió en lo personal durante su realización?

Es la primera vez que tengo un proyecto en construcción durante tanto tiempo. Y ahora que estoy dirigiendo un canal que es del Estado (Encuentro) y tengo conciencia de que los fondos que administro son públicos, tener como modelo de referencia la ética del Che frente al dinero y a la obligación de un funcionario, aún siendo un pulguita en relación con su figura y las responsabilidades que tenía en esos años, me influyó muchísimo. 


Un avance de 20 minutos del documental sobre Ernesto Guevara, de Tristán Bauer, se proyectará este sábado en la ciudad argentina de Rosario, a propósito de los homenajes por los 80 años de su nacimiento. Estarán presentes, venidos especialmente de Cuba, los cuatro hijos del Che, Aleida, Camilo, Celia y Ernesto.
 

 
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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