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El parque Mariana Grajales en 23
y C hoy es un hervidero de
personas. Niños, adultos,
adolescentes incansables que no
dejan de jugar, patinadores que
reparten plegables y
preservativos sobre educación
sexual, un caricaturista,
vendedores de golosinas y muchos
más aglomerados alrededor de los
puntos de venta de libros.
En el centro unas sillas que
semejan una isla en medio de
todo aquel mar de gente van
cobrando vida. La multitud se
acerca, pero los micrófonos, la
mesa y las sillas que esperan a
las poetisas todavía permanecen
desiertos.
La espera no desespera; cinco
escritoras cubanas, noveles y
consagradas, leerán sus textos.
La noche (que aún no es tan
noche) de los libros nos brinda
un regalo especial. Mujeres que
escriben sobre mujeres leerán
también sobre ellas.
Marilyn Bobes, Charo Guerra,
Georgina Herrera, Leila Leiva y
Ana Lidia Vega se acercan al
escenario ubicado al pie de la
estatua de Mariana Grajales. La
fiesta apenas comienza, cada una
se adueña del espacio con su
pequeña muestra de tres poemas y
hace llegar al público aquel
sentir profundo de sus versos.
Georgina hace desfilar a Blanca
Nieves y a sus siete enanitos y
a Eva y Adán después del paso
del tiempo. Mientras que Ana
Lidia intenta unificar los
Eslabones de un tiempo muerto
y retrata la luna, los peces,
los animales, la casa que la
asusta, su hijo y la palangana
vieja donde siembra violetas que
al otro día amanecen muertas.
Acerca de la tocadora de flautas
contó Charo Guerra y sobre el
Campo visual de la doméstica
también nos leyó. Marilyn Bobes
confesó que se había dado cuenta
de que todos los poemas que
quería escribir ya los habían
escrito pero nos trasladó con la
magia de la intertextualidad a
una Playa parecida a la
de Luis Cernuda y a asistir a
una Fiebre galesa como la
de Dilan Thomas.
Este recital de poesía quedó
pequeño, fue muy poco el tiempo
para tanta magia poética. El
público quedó sediento y en
espera de muchas más voces de
mujer. |