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Querido compañero Nelson Mandela;
Distinguidas e ilustres personalidades
políticas que nos acompañan en la tarde
de hoy;
Familiares de los caídos en las luchas
de la Revolución;
Invitados;
Compañeras y compañeros de Matanzas y de
todo el país:
Es para nosotros, realmente, un honor
inmenso tener aquí en nuestro país y en
nuestro acto la presencia de Nelson
Mandela (APLAUSOS). No sé si estamos
suficientemente conscientes de todo el
simbolismo que esto entraña y, sobre
todo, del valor de este ejemplo en estos
tiempos: en estos tiempos bochornosos
donde tantos pliegan sus banderas, en
estos tiempos indecorosos en que tantos
se arrepienten de haber sido alguna vez
progresistas, no ya socialistas, o
comunistas, o amigos de los comunistas.
Si se quiere tener un ejemplo de un
hombre absolutamente íntegro, ese
hombre, ese ejemplo es Mandela
(APLAUSOS). Si se quiere tener un
ejemplo de un hombre inconmoviblemente
firme, valiente, heroico, sereno,
inteligente, capaz, ese ejemplo y ese
hombre es Mandela (APLAUSOS). Y no lo
pienso después de haberlo conocido,
después de haber tenido el privilegio de
conversar con él, después de haber
tenido el gran honor de recibirlo en
nuestro país, lo pienso desde hace
muchos años, y lo identifico como uno de
los más extraordinarios símbolos de esta
era.
Pienso esto de él y de su pueblo, porque
si vamos a hablar de las más justas de
las causas, es la causa que ellos han
representado. Si hay algo repugnante y
odioso en este mundo, donde hay unas
cuantas cosas repugnantes y odiosas, eso
tan repugnante y odioso es el apartheid.
¿Invento de quién, de los comunistas, de
los socialistas, del socialismo?
(EXCLAMACIONES DE: "¡No!") ¡No! Invento
que expresa la esencia del capitalismo,
invento del colonialismo, invento del
neocolonialismo, invento del fascismo.
¿Y en qué se diferencia el apartheid de
aquella práctica aplicada durante siglos
de arrancar decenas de millones de
africanos del seno de su tierra y
traerlos a este hemisferio para
esclavizarlos, para explotarles hasta la
última gota de sudor y de sangre? Quién
puede saberlo mejor que Matanzas si aquí
en esta parte del occidente del país
había tal vez más de 100 000 esclavos.
Llegaron a ascender en la primera mitad
del pasado siglo a 300 000 en toda Cuba,
y una de las provincias donde más
esclavos había era esta, escenario
también de grandes sublevaciones. Por
eso nada tan justo ni tan legítimo como
ese monumento que se acaba de erigir en
esta provincia al esclavo rebelde
(APLAUSOS).
El apartheid es el capitalismo y el
imperialismo en su forma fascista, y
entraña la idea de razas superiores y
razas inferiores.
Pero el pueblo negro de Sudáfrica no
solo ha tenido que enfrentarse al
apartheid, ha tenido que enfrentarse a
la más brutal desigualdad y represión
política, y ha tenido que enfrentarse a
la más cruel explotación económica. Se
ha tenido que enfrentar a estas tres
grandes tragedias, por eso pienso que en
nuestra era no podía haber causa más
justa que la causa que han dirigido el
ANC, el compañero Mandela y otros muchos
capaces y brillantes cuadros de esa
organización, varios de los cuales hemos
tenido el privilegio de conocer en
nuestro país.
Hoy los occidentales tratan de
congraciarse con África, tratan de
congraciarse con los que odian el
apartheid, pero la gran realidad es que
el apartheid fue una creación de
Occidente, del Occidente capitalista e
imperialista.
La gran verdad es que occidente apoyó el
apartheid, le suministró tecnología,
incontables miles de millones en
inversiones, incontables cantidades de
armamentos y, además, apoyo político.
No, el imperialismo no rompió con el
apartheid, el imperialismo no bloqueó al
apartheid, el imperialismo mantuvo y
mantiene excelentes relaciones con el
apartheid. Había que bloquear a Cuba
donde hace mucho rato las reminiscencias
del apartheid, es decir, la
discriminación racial, desaparecieron;
había que bloquear a Cuba como castigo
por su Revolución, como castigo por su
justicia social, pero jamás al
apartheid. Tomaron contra este algunas
tibias medidas económicas que no tenían
la menor trascendencia, y son los que
ahora —según me contaba el propio
Mandela— se preguntan y le preguntan por
qué su amistad con Cuba, por qué sus
relaciones con Cuba y, como él dijo
aquí, por qué sus relaciones con el
Partido Comunista Sudafricano, como si
todavía el fantasma del comunismo
estuviera recorriendo el mundo
(APLAUSOS). Por qué sus relaciones con
este pequeño país que tan leal fue
siempre a la causa del pueblo
sudafricano en su lucha contra el
apartheid. Eso demuestra la lógica de
los reaccionarios y de los
imperialistas.
Estaría mal por parte nuestra resaltar
la modesta contribución de Cuba a la
causa de los pueblos, pero escuchando el
discurso de Mandela pienso, compañeras y
compañeros, que es el más grande y el
más profundo tributo que se les ha
rendido jamás a nuestros combatientes
internacionalistas (APLAUSOS). Pienso
que sus palabras han de quedar, como
escritas en letras de oro, en homenaje
de nuestros combatientes. Él fue
generoso, muy generoso, él recordó la
epopeya de nuestro pueblo en África,
allí donde se manifestó todo el espíritu
de esta Revolución, todo su heroísmo y
toda su firmeza.
¡Quince años estuvimos en Angola!
Cientos y cientos de miles de cubanos
pasaron por allí y otros muchos miles
pasaron por otros países, era la época
en que el imperialismo daba cualquier
cosa con tal de que Cuba se retirara de
Angola y cesara en su solidaridad con
los pueblos de África; pero nuestra
firmeza fue mayor que todas las
presiones y fue mayor que cualquier
beneficio que nuestro país pudiera sacar
si hubiese cedido a las exigencias
imperialistas, si es que realmente puede
haber alguna vez beneficio en el
abandono de los principios y en la
traición.
Estamos orgullosos de nuestra conducta,
y de Angola regresaron victoriosas
nuestras tropas, pero, ¿quién lo ha
dicho como lo dijo él? ¿Quién lo ha
expresado con esa honestidad, con esa
elocuencia? Lo que nosotros no hemos
dicho, porque nos lo impide la elemental
modestia, lo ha expresado él aquí con
infinita generosidad, recordando que
nuestros combatientes hicieron posible
mantener la integridad y alcanzar la paz
en la hermana República de Angola; que
nuestros combatientes contribuyeron a la
existencia de una Namibia independiente;
él añade que nuestros combatientes
contribuyeron a la lucha del pueblo de
Sudáfrica y del ANC; él ha dicho que la
batalla de Cuito Cuanavale cambió la
correlación de fuerzas y abrió
posibilidades nuevas.
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Diario Granma,
órgano oficial del Partido Comunista de
Cuba
sábado 27 de julio de 1991, año 27,
número 128 |
No éramos ajenos a la importancia del
esfuerzo que allí realizábamos desde
1975 hasta la última hazaña, que fue
aceptar el desafío de Cuito Cuanavale, a
más distancia que la que hay entre La
Habana y Moscú, adonde puede llegarse en
13 horas de vuelo, sin incluir las
escalas. Para llegar a Luanda desde La
Habana hacen falta de 14 a 15 horas de
vuelo, y Cuito Cuanavale estaba allá en
un rincón de Angola, en dirección
sureste, a más de 1 000 kilómetros de
Luanda, allí nuestro país tuvo que
aceptar el reto.
Como les contaba el compañero Mandela,
en esa acción la Revolución se jugó
todo, se jugó su propia existencia, se
arriesgó a una batalla en gran escala
contra una de las potencias más fuertes
de las ubicadas en la zona del Tercer
Mundo, contra una de las potencias más
ricas, con un importante desarrollo
industrial y tecnológico, armada hasta
los dientes, a esa distancia de nuestro
pequeño país y con nuestros recursos,
con nuestras armas. Incluso corrimos el
riesgo de debilitar nuestras defensas, y
debilitamos nuestras defensas,
utilizamos nuestros barcos, única y
exclusivamente nuestros barcos y
nuestros medios para cambiar esa
correlación de fuerzas que hiciera
posible el éxito de los combates; porque
a tanta distancia no sé si se libró
alguna vez alguna guerra entre un país
tan pequeño y una potencia como la que
poseían los racistas sudafricanos.
Todo nos lo jugamos en aquella acción, y
no fue la única vez; creo que nos
jugamos mucho, mucho, mucho también,
cuando en 1975 enviamos nuestras tropas
a raíz de la invasión sudafricana a
Angola. Allí estuvimos 15 años, repito,
tal vez no habría hecho falta tanto
tiempo, de acuerdo con nuestro
pensamiento, porque de acuerdo con
nuestro pensamiento aquel problema lo
que había era que resolverlo y,
sencillamente, prohibirle a Sudáfrica
las invasiones a Angola. Esa era nuestra
concepción estratégica: si queremos que
haya paz en Angola, si queremos que haya
seguridad en Angola, hay que prohibirles
a los sudafricanos que hagan invasiones
a Angola. Y si queremos impedirles a los
sudafricanos, prohibirles que hagan
invasiones, hay que reunir las fuerzas y
los medios necesarios para impedírselo.
Nosotros no teníamos todos los medios,
pero esa era nuestra concepción.
La situación verdaderamente crítica se
creó en Cuito Cuanavale, donde no había
cubanos, porque la unidad cubana más
próxima estaba a 200 kilómetros al
oeste, lo cual nos llevó a la decisión
de emplear los hombres y los medios que
hicieran falta —por nuestra cuenta y
nuestro riesgo—, enviar lo que hiciera
falta, aunque fuese necesario sacarlo de
aquí.
Cuito Cuanavale es el lugar que se hizo
histórico, pero las operaciones se
extendieron a lo largo de toda una línea
de cientos de kilómetros y se derivó de
ellas un movimiento hacia el suroeste de
Angola de gran importancia estratégica.
Todo eso se simboliza con el nombre de
Cuito Cuanavale, que fue donde empezó la
crisis; pero alrededor de 40 000
soldados cubanos y angolanos con más de
500 tanques, cientos de cañones y
alrededor de 1 000 armas antiaéreas —en
su inmensa mayoría armas antiaéreas
nuestras que sacamos de aquí— avanzaron
en dirección a Namibia, apoyados por
nuestra aviación y un aeropuerto de
avanzada construido en cuestión de
semanas.
No voy a hablar aquí de pormenores y
detalles de los combates, estrategias y
tácticas, eso lo dejaremos a la
historia; pero íbamos decididos a
resolver el problema por nuestra cuenta
y riesgo, unidos a los angolanos, íbamos
decididos a poner fin de una vez y por
todas a las invasiones a Angola. Los
hechos resultaron tal como los
preveíamos —y nosotros no queremos
ofender a nadie, no queremos humillar a
nadie—, porque cuando se creó esa
correlación de fuerzas, esa nueva
correlación de fuerzas —y en nuestras
manos había una invencible tropa, una
invencible e incontenible tropa— se
crearon las condiciones para las
negociaciones en las cuales participamos
durante meses.
Allí hubieran podido tener lugar grandes
batallas, pero era mejor, ante la nueva
situación, resolver en la mesa de
negociaciones el problema del respeto a
la integridad de Angola y la
independencia de Namibia. Nosotros
sabíamos, ¡cómo íbamos a ignorarlo!, que
aquellos acontecimientos habrían de
influir profundamente en la propia vida
de África del Sur, y era una de las
razones, una de las motivaciones, uno de
los grandes estímulos que nos
impulsaban; porque sabíamos que al
resolver el problema allí en Angola, las
fuerzas que luchaban contra el apartheid
recibirían también los beneficios de
nuestras luchas.
¿Lo hemos dicho así alguna vez? No,
nunca, y tal vez no lo habríamos dicho
nunca, porque pensamos que, en primer
término, los éxitos que ha obtenido el
ANC se deben, por encima de cualquier
solidaridad internacional, por encima
del enorme apoyo externo, de opinión
pública en algunos casos, de acciones
armadas en el caso nuestro, lo
determinante, lo decisivo fue el
heroísmo, el espíritu de sacrificio y de
lucha del pueblo sudafricano dirigido
por el ANC (APLAUSOS).
Este hombre, en estos tiempos de
cobardía y de tantas cosas, ha venido a
decirnos esto que nos ha dicho en la
tarde de hoy. Es algo que no podrá
olvidarse jamás y que nos da la
dimensión humana, moral y revolucionaria
de Nelson Mandela (APLAUSOS).
No he apreciado solo las palabras que se
relacionan con nosotros y el hermoso
homenaje rendido a nuestros combatientes
internacionalistas, demostrándonos que
la sangre derramada, los sacrificios, el
esfuerzo y el sudor de tantos y tantos
cubanos no fueron en vano. He apreciado
mucho sus palabras sabias, inteligentes,
precisas, reveladoras de una táctica y
una estrategia verdaderamente
revolucionarias.
Ha explicado aquí con una claridad
impresionante lo que se proponen y lo
que quieren, cómo desean alcanzarlo y
cómo están seguros de lograrlo. Así
tenemos aquí a este hombre que pasó
decenas de años en la cárcel meditando,
reflexionando, estudiando y luchando,
convertido en un extraordinario líder
político, en un extraordinario luchador,
en un invencible luchador.
Estamos seguros de que ya nada ni nadie
puede evitar el éxito de esa lucha noble
y humana, de esa lucha tan justa que él
la sintetiza en una sociedad con
igualdad, una sociedad democrática, una
sociedad no racista.
Y créanme, compañeras y compañeros, que
el ANC se enfrenta a una tarea
verdaderamente compleja y difícil, pues
a pesar de contar con la inmensa mayoría
del pueblo sudafricano no son pocos los
ardides, ni son pocos los trucos, ni
pocas las maniobras que los
reaccionarios han utilizado para
obstaculizar el acceso del pueblo de
Sudáfrica a sus metas; pero pienso que
si hay algo superior a esas
dificultades, es el talento del
compañero Nelson Mandela y de los
dirigentes del ANC (APLAUSOS).
Nos sentimos estimulados en este 26 de
Julio, y nos sentimos
extraordinariamente honrados por la
presencia y las palabras de tan ilustre
dirigente político y revolucionario,
¡nunca lo olvidaremos! (APLAUSOS.)
(Fragmento)
Discurso pronunciado por
el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz,
Primer Secretario del Comité Central del
Partido Comunista de Cuba y Presidente
de los Consejos de Estado y de
Ministros, en el Acto Central por el
XXXVIII Aniversario del Asalto al
Cuartel Moncada, efectuado en la Plaza
Victoria de Girón, en la provincia de
Matanzas, el 26 de julio de 1991.
* (VERSIONES
TAQUIGRÁFICAS - CONSEJO DE ESTADO) |