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Desde el día 21 y hasta el 28 de
julio, a 967 kilómetros al este
de La Habana, en Santiago de
Cuba, suena el cornetín chino,
invitando, convocando, excitando
a que pies y caderas, puestos de
acuerdo, acometan el lúdico
desenfreno de bailar seguido por
decenas de cuadras, sin que el
calor sofocante los haga detener
el paso.
Pero ese cornetín, símbolo de
los carnavales más famosos de
Cuba, no siempre formó parte de
las fiestas populares. Se cuenta
que Juan Martínez fue el primer
oriental que tocó la corneta
china en el carnaval de 1915.
Entonces los festejos se
preparaban en secreto y los
directivos de la comparsa El
Tivolí encomendaron a Juan que
tocara aquel raro instrumento,
llevado a Santiago desde La
Habana. Buscando no ser
descubierto el joven practicó en
la apartada zona de Versalles
hasta que cuatro días antes de
iniciarse ese año el carnaval,
el barrio fue atacado por
aquella insinuante música que
destapó los sentidos de los
bailadores.
Los adversarios, entre ellos los
de la Conga de Los Hoyos,
enterados de aquel nuevo y
sugerente sonido, intentaron por
todas las vías que Juan no
tocara en los carnavales; pero
no consiguieron silenciarlo y la
asiática corneta, hizo que la
conga El Tivolí, arrasara en las
fiestas; cada vez que salía
arrastraba una cantidad de
seguidores nunca antes vista.
El rumbón mayor, como se conoce
también a los carnavales
santiagueros, tenía, sin
embargo, tiempo de celebrarse.
En su libro Oriente:
biografía de una provincia,
Juan Pérez Villarreal narra lo
que sucedía en el siglo XIX: “En
la temporada de carnaval que
tiene lugar en pleno verano, el
derroche y la algarabía suben de
punto, singularmente los días de
Santiago, San Pedro y San
Joaquín en que se liba y baila
por todo lo alto, sobresaliendo
en estos festejos las llamadas
relaciones compuestas por
improvisados saineteros, los que
detenidos en las esquinas del
trayecto, allí donde el gentío
es más denso, en una especie de
escenario al aire libre,
actuaban en críticas y befas de
los actos públicos y privados de
autoridades y familias de rango,
coreadas por las carcajadas y
chiflidos de la muchedumbre. Las
comparsas de Moros y cristianos
a lo largo del paseo remedaban
encuentros de arma blanca. Los
Cabildos negros sobresalen por
el lujo de los vistosos adornos
y los trajes suntuarios que
lucen las reinas de diversas
naciones. Los amos de esclavos
participan de estos desfiles al
compás de los cantos y tambores,
ruidos de almirez, botijuelas y
maracas. Gustaban adornar los
cuerpos de las negras lindas con
pulsos de oro, diademas de
piedras preciosas, gargantillas
y dormilonas de diamantes y
exóticos mantones de Manila. Las
reinas con sus tronos eran
llevadas en andas”.
Todo comenzó, según recoge la
historia, cuando en el siglo
XVII las procesiones religiosas
recorrían las calles de los
alrededores de la Catedral para
celebrar el Día de Santiago
Apóstol, patrón de la ciudad, el
25 de julio. Después se
extendieron a San Juan, el 24 de
junio, San Pedro el 29 de ese
mes, Santa Ana el 26 de julio y
en otras celebraciones. Porque
un fiestón como el carnaval
tiene origen litúrgico y no solo
en Cuba. Se dice que es “una
fiesta católica surgida en
Italia”. Cuando comenzaba la
Edad Media, la Iglesia Católica
formuló una etimología de
carnaval: “del latín vulgar
carne-levare, que significa
abandonar la carne”. La fiesta
se desarrolla en los días que
precede al
miércoles de ceniza, entre
febrero y marzo.
Mas, investigaciones de finales
del siglo pasado le encontraron
otra explicación a la palabra
carnaval: un origen pagano:
“Carna es la diosa Celta de las
habas y el tocino. También
estaría conectada con fiestas
indoeuropeas, dedicadas al dios
Karna (que en el Mahabhárata
aparece como un ser humano,
hermano mayor de los Pándavas,
hijo del dios del Sol y la reina
Kuntí). Algunas personas creen
que la palabra carnaval hace
referencia a una supuesta
antigua tradición pagana en la
que se ofrecía carne al dios
Baal (carna-baal) en una fiesta
donde todo vale.”
Lo cierto es que en Cuba y
muchos otros lugares, carnaval
se le dice “a otros tipos de
festividades que no están
situadas en las calestolentas
(tiempo previo a la cuaresma),
pero que comparten elementos
similares, tales como los
desfiles de comparsas”.
En el caso de Santiago de Cuba
el rumbón se distingue entre
otros aspectos por la conga.
Fundada entre 1902 y 1904 nada
más que por el general de las
guerras de independencia
Guillermón Moncada, la Conga de
Los Hoyos (nombre que lleva por
el barrio) o Hijos de Cocuyé es
la Conga Madre. Con más de un
siglo de duración mantiene “los
tres ritmos diferentes en
tradición: El pilomo que es
toque de conga; el manon; y la
columbia. La corneta china llegó
a Santiago en 1915 y en 1916 se
incorporó a esta conga, después
se vuelve toque típico de todas
las congas santiagueras.”
Como un preámbulo carnavalesco y
con su singular toque, esta
agrupación realiza la invasión,
rememorando la realizada por el
Ejército Libertador. Es el
momento en el que visita los
barrios donde radican las otras
congas y que sirve para empezar
la fiesta.
Por tradición, las familias
siguen a los distintos paseos,
bien La Placita, Industria
Ligera, Cultura, Los Pinos,
Sueño, Tivolí, Heredia y La
Kimona, o a las congas Los
Hoyos, San Pedrito, Alto Pino,
El Guayabito y Paso Franco.
Otras centenarias como el
Cabildo Carabalí Olugo, Cabildo
Carabalí Isuama y La Tahona
también tienen su espacio.
Este año más de 50 áreas se
habilitaron para la gran fiesta
que sirve de congratulación por
los aniversarios 55 del Moncada
y 50 de la Revolución.
Como en pocos lugares de Cuba
existe en Santiago un Carnaval
Infantil desde hace 15 años.
Igual que sus mayores, niños y
niñas intervienen en las
evoluciones de tres comparsas
centenarias, ocho congas y diez
paseos. El relevo de esa manera
está garantizado.
En el caso de la ciudad más
caribeña de Cuba la tradición es
tan fuerte que los menores,
incluso cuando viven en otras
provincias, sienten al carnaval
como su gran fiesta. No es para
menos: en las estrechas y
empinadas calles, no solo en
Padre Pico, santiagueras y
santiagueros, de todas las
edades, estratos sociales y
profesiones disfrutan de la
conga, los paseos y del baile
como expresión de alegría. Las
fiestas allí son orgiásticas: no
hay sueño, cansancio, calor que
las detenga, entre música,
cervezas y tragos de ron se
acaba y empieza cada día en una
suerte de frenesí colectivo que
solo viviéndolo se puede valorar
en su medida justa.
Casi terminando las fiestas en
Santiago comenzarán en la
capital de todos los cubanos,
las que son diferentes de
aquellas del oriente. Se dice
que en La Habana se efectuaron
las carnestolendas (fiestas
religiosas originarias del
carnaval) desde mucho antes de
1585. Pero pasaría mucho tiempo,
hasta 1902 que se celebrarían
los carnavales más o menos como
se conocen hoy.
Desde sus inicios los
capitalinos se han diferenciado
de los santiagueros: se trata
más de grandes y fastuosos
paseos de carrozas y comparsas
que de fiestas populares, aunque
sí, las hay, pero nunca como en
el rumbón mayor.
Este año del 1ro. al 10 de
agosto en el Malecón, entre las
calles Galiano hasta 23, por
unos mil 500 metros, se
desarrollarán los paseos con dos
grandes tribunas para disfrutar
del espectáculo.
El día 8 se realizará una gala
homenaje al aniversario 50 del
triunfo de la Revolución que se
iniciará con un desfile singular
en el que se pretende estén
representadas todas las
manifestaciones artísticas.
Momento especial será el desfile
de Zenaida Armenteros en una
calesa. Vestida de Yemayá, la
cantante y bailarina del
Conjunto Folclórico Nacional,
Premio Nacional de Danza 2005,
interpretará "Corre el agua",
canción de su autoría, suerte de
invocación del amor y la paz. Su
imponente voz nacerá en
apariencias de las evoluciones
de bailarines del Conjunto
Folclórico Nacional.
Otro espectáculo que debe ser
bellísimo es el que
protagonizarán 50 veleros que
navegarán por todo el litoral,
así como la interpretación
"Saberse cubano", canción
de Kiki Corona, por parte de un
coro de medio centenar de
destacados cantantes de la
música popular.
El gran ágape servirá para
homenajear a las comparsas El
Alacrán y Componedores de Batea
que cumplen 100 años y a los 70
de La Jardinera. Habrá
como otras oportunidades
invitados extranjeros de los
carnavales de Veracruz, México;
de Cádiz, y de Tenerife, ambos
en España.
En fin, fiesta popular o
carnaval en el oriente y el
occidente, además de los otros
que se celebran a todo lo largo
del país. Días de jolgorio,
esparcimiento y catarsis, de
dejar atrás, quizá por unas
horas, las preocupaciones y los
sinsabores para caminar solo con
alegría al compás de la música y
de una jarra con cerveza fría,
olvidados del calor y entregados
al frenesí de la danza.
Catarsis, esa es la palabra que
mejor define todos los
carnavales. Limpieza general de
la casa y del alma. ¿Y eso cómo
es? |