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Es probable que el carnaval proceda
históricamente de las fiestas paganas al
buey Apis en Egipto, las dionisíacas
griegas o las saturnales romanas.
Renació durante la Edad Media
precediendo con grandes banquetes
festivos a los días de ayuno de la
cuaresma. Durante 1662 se iniciaron los
carnavales en Venecia con las
características esenciales que se
mantienen hasta el presente, y se
extendieron al resto de Europa y a
América.
Aunque poseen elementos comunes como el
uso de máscaras, carrozas y bailes
callejeros, cada país tiene sus propias
características, sin que puedan evitarse
las contaminaciones, o sea, la imitación
de algunas manifestaciones entre
diversos países.
En Cuba las primeras referencias sobre
música y danza de tipo carnavalesco se
presentan en la fiesta de Corpus Christi
de La Habana de 1622 con una danza de
monos. En estas fiestas se hacían
diferentes representaciones, como la
salida de gigantes que simbolizaban los
pecados capitales, una tarasca o sierpe
de siete cabezas, entre otros animales
fantásticos, herencia que nos vino de
España donde la festividad fue prohibida
por Real Cédula en 1780. Existieron
otras festividades que también se
celebraban en las calles con carácter
traslaticio, como el Día de Reyes y las
fiestas de San Juan-San Pedro, entre
otras.
Las primeras referencias concretas a la
celebración del carnaval en La Habana
datan de 1585,
y es muy probable que emplearan danzas y
otras manifestaciones propias del Corpus
Christi, ya que los muñecones, las
carrozas y las danzas o comparsas, como
se les denominó hacia el siglo XVII,
todavía se mantienen vigentes en
nuestras fiestas carnavalescas.
Además de las danzas ya mencionadas,
aproximadamente desde 1764 hasta 1862
comenzaron a salir los cabildos de
negros durante los días de Reyes que se
celebraron en La Habana. Los cabildos
también salían durante otras
festividades y todavía desfilan en los
carnavales de Santiago de Cuba.
Durante el siglo XIX cada tipo de
comparsa tenía sus propios conjuntos,
que iban desde el uso de grupos de
guitarras hasta el de bandas de corte
militar, tras largos y complejos
procesos de transculturación entre las
comparsas hispánicas, chinas, africanas
y de negros franceses; ya en el siglo XX
comenzaron a definirse tres estilos de
congas: la occidental, la camagüeyana y
la oriental, que se mantienen hasta el
presente.
Al abolirse la esclavitud, surgieron en
los barrios habaneros diferentes tipos
de agrupaciones que representaban a sus
habitantes y que tuvieron carácter
competitivo, como los coros de clave,
los coros de guaguancó y las comparsas.
La comparsa de El Alacrán fue fundada en
1908 en el barrio de Jesús María.
Ocurrió un memorable hecho de sangre en
1912 con la comparsa de El Gavilán
(barrio de San Lázaro) y la salida de
las comparsas fueron suspendidas por
muchos años. No obstante, en 1937 se
organizaron nuevamente y El Alacrán
reapareció representando al Cerro en
aquella ocasión. Cada comparsa
representa un tema y El Alacrán refiere
una leyenda que sucedió en el batey de
un ingenio azucarero: Una esclava fue
picada por un alacrán y, para salvarla,
se hizo necesario buscar al alacrán y
matarlo, para terminar luego celebrando
una fiesta. La leyenda posee numerosos
personajes que intervienen en la
representación: María Josefa (esclava)
Ňangoró, el contramayoral Torcuato, el
mayoral Venancio, Ta-Cuñengue (tira los
caracoles), José Guyere, el sereno
Francisco, y otros muchos.
La comparsa El Alacrán representa a los
orishas lucumies a través de las farolas
y los bailadores encarnan a los esclavos
del ingenio. Las congas son compuestas
por Santos o El niño Ramírez, hijo del
fundador de la comparsa. El conjunto que
interpreta las congas tiene unos 20
músicos entre percusionistas (incluyen
tambores batá y güiros) y trompetistas,
entre otros instrumentos. Los
comparseros cantan a coro dos tipos de
cantos: a los orishas y las congas. La
coreografía representa el corte de caña
de los esclavos, el vestuario imita su
atuendo y se emplean machetes, que se
hacen entrechocar en determinados
momentos, como parte de los movimientos
danzarios.
¿Quién no ha bailado alguna vez con la
conga de El Alacrán?:
Oye colega no te asombres cuando veas,
(bis)
Al alacrán tumbando caña (bis)
Costumbre de mi país, mi hermano, (bis)
Sí, sí, tumbando caña.
Bibliografía:
Esquenazi Pérez, Martha.
Del areíto y otros sones.
Editorial Letras Cubanas. Centro de
Investigación y Desarrollo de la Cultura
Cubana Juan Marinello. La Habana, 2001.
Feliú Herrera, Virtudes.
Fiestas y tradiciones cubanas.
Centro de Investigación y Desarrollo de
la Cultura Cubana Juan Marinello. La
Habana, 2003.
Orovio, Helio. El
carnaval habanero: su música y sus
comparsas. Ediciones Extramuros. La
Habana, 2005.
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