Año VI
La Habana

9 al 15 de AGOSTO
de 2008

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El Alacrán: comparsa centenaria del carnaval habanero

Martha Esquenazi Pérez • La Habana

 
Es probable que el carnaval proceda históricamente de las fiestas paganas al buey Apis en Egipto, las dionisíacas griegas o las saturnales romanas. Renació durante la Edad Media precediendo con grandes banquetes festivos a los días de ayuno de la cuaresma. Durante 1662 se iniciaron los carnavales en Venecia con las características esenciales que se mantienen hasta el presente, y se extendieron al resto de Europa y a América.

Aunque poseen elementos comunes como el uso de máscaras, carrozas y bailes callejeros, cada país tiene sus propias características, sin que puedan evitarse las contaminaciones, o sea, la imitación de algunas manifestaciones entre diversos países.

En Cuba las primeras referencias sobre música y danza de tipo carnavalesco se presentan en la fiesta de Corpus Christi de La Habana de 1622 con una danza de monos. En estas fiestas se hacían diferentes representaciones, como la salida de gigantes que simbolizaban los pecados capitales, una tarasca o sierpe de siete cabezas, entre otros animales fantásticos, herencia que nos vino de España donde la festividad fue prohibida por Real Cédula en 1780. Existieron otras festividades que también se celebraban en las calles con carácter traslaticio, como el Día de Reyes y las fiestas de San Juan-San Pedro, entre otras.

Las primeras referencias concretas a la celebración del carnaval en La Habana datan de 1585[1], y es muy probable que emplearan danzas y otras manifestaciones propias del Corpus Christi, ya que los muñecones, las carrozas y las danzas o comparsas, como se les denominó hacia el siglo XVII, todavía se mantienen vigentes en nuestras fiestas carnavalescas.

Además de las danzas ya mencionadas, aproximadamente desde 1764 hasta 1862 comenzaron a salir los cabildos de negros durante los días de Reyes que se celebraron en La Habana. Los cabildos también salían durante otras festividades y todavía desfilan en los carnavales de Santiago de Cuba.

Durante el siglo XIX cada tipo de comparsa tenía sus propios conjuntos, que iban desde el uso de grupos de guitarras hasta el de bandas de corte militar, tras largos y complejos procesos de transculturación entre las comparsas hispánicas, chinas, africanas y de negros franceses; ya en el siglo XX comenzaron a definirse tres estilos de congas: la occidental, la camagüeyana y la oriental, que se mantienen hasta el presente.

Al abolirse la esclavitud, surgieron en los barrios habaneros diferentes tipos de agrupaciones que representaban a sus habitantes y que tuvieron carácter competitivo, como los coros de clave, los coros de guaguancó y las comparsas.

La comparsa de El Alacrán fue fundada en 1908 en el barrio de Jesús María. Ocurrió un memorable hecho de sangre en 1912 con la comparsa de El Gavilán (barrio de San Lázaro) y la salida de las comparsas fueron suspendidas por muchos años. No obstante, en 1937 se organizaron nuevamente y El Alacrán reapareció representando al Cerro en aquella ocasión. Cada comparsa representa un tema y El Alacrán refiere una leyenda que sucedió en el batey de un ingenio azucarero: Una esclava fue picada por un alacrán y, para salvarla, se hizo necesario buscar al alacrán y matarlo, para terminar luego celebrando una fiesta. La leyenda posee numerosos personajes que intervienen en la representación: María Josefa (esclava) Ňangoró, el contramayoral Torcuato, el mayoral Venancio, Ta-Cuñengue (tira los caracoles), José Guyere, el sereno Francisco, y otros muchos.

La comparsa El Alacrán representa a los orishas lucumies a través de las farolas y los bailadores encarnan a los esclavos del ingenio. Las congas son compuestas por Santos o El niño Ramírez, hijo del fundador de la comparsa. El conjunto que interpreta las congas tiene unos 20 músicos entre percusionistas (incluyen tambores batá y güiros) y trompetistas, entre otros instrumentos. Los comparseros cantan a coro dos tipos de cantos: a los orishas y las congas. La coreografía representa el corte de caña de los esclavos, el vestuario imita su atuendo y se emplean machetes, que se hacen entrechocar en determinados momentos, como parte de los movimientos danzarios.

¿Quién no ha bailado alguna vez con la conga de El Alacrán?:

 

Oye colega no te asombres cuando veas, (bis)

Al alacrán tumbando caña (bis)

Costumbre de mi país, mi hermano, (bis)

Sí, sí, tumbando caña.[2]

 

Bibliografía:

Esquenazi Pérez, Martha. Del areíto y otros sones. Editorial Letras Cubanas. Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello. La Habana, 2001.

Feliú Herrera, Virtudes. Fiestas y tradiciones cubanas. Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello. La Habana, 2003.

Orovio, Helio. El carnaval habanero: su música y sus comparsas. Ediciones Extramuros. La Habana, 2005.

 

[1] María Teresa de Rojas: Índice y extractos de archivos y protocolo de la Habana, Oscar García, 1947, p. 303. Tomado de Virtudes Feliú,  2003, pág137.

[2] Extractado de Helio Orovio, 2005 págs. 31 a la 37.

 

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