Año VI
La Habana

9 al 15 de AGOSTO
de 2008

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ENTREVISTA CON SANTOS RAMÍREZ, DIRECTOR DE LA COMPARSA EL ALACRÁN

¡María Josefa ya tiene cien picaduras!

Marianela González • La Habana

Foto: Cortesía de Santos Ramírez

 

Oye, colega, no te asombres cuando veas
al alacrán tumbando caña,
al alacrán tumbando caña.

Es “El alacrán” de los 60, en la voz de Pello “El Afrocán”. Elevados a la categoría de dioses, por unos ―con tres ramas de vencedor y dos cabezas de ajo―; maldición divina, para otros ― Mata al alacrán abuelita, /mátalo con una escopeta, / y si el cartucho no explota, / mátalo con una chancleta. Núñez Jiménez lo trajo de los Jardines de la Reina, en testimonio campesino: en mis cayos nunca se ha visto majá ni culebra, ni ciempiés, pero abunda el alacrán. Es larguito y da unos picotazos bárbaros. Era 1940.

Animales del campo, de los rincones, de los cuartos oscuros debajo de las maletas… ¿qué diría quien lo viera desfilar por el Malecón habanero? ¡Un alacrán de cien años! ¡Y de casi 200 patas! ¡Con muelas que giran como regodeándose en sus 60 libras! ¿Pica?

Es el Carnaval del 2008. Serpenteando el extremo más al norte de la Isla, a los compases de ritmos distintos como músicas despiden las carrozas, pasan Los Marqueses, la Comparsa de la FEU, La Sultana, La Jardinera… El jolgorio roza ya la madrugada. Casi al final, arrollando con paso de corta y bota, se acercan las deidades. La rojinegra Elegguá, Obbatalá de blanco, de verde y negro Oggún vestida… Debajo, con la “magia” que incorporan las tradiciones, la camisa de guinga a cuadros azules, el pantalón blanco, el pañuelo rojo a la cintura.

Quien lo dudaba, ahora estará seguro: es la Comparsa El Alacrán, la centenaria que cierra el carnaval como si le cuidase las espaldas. Desde atrás, pero siempre dentro, la mirada atenta de quien no descuida un paso, como no lo hicieron su bisabuelo, su abuelo y su padre. Para cada uno de los 194 miembros de la comparsa, bailar hoy es un orgullo; para Santos Ramírez, dirigir la más antigua de las seis comparsas tradicionales que alegran esta noche el Malecón, es cuestión de raíces. Cubanas y familiares.

Cuando la Comparsa El Alacrán arrolla por el Malecón, el público percibe personajes, escenas y hasta mímicas que simulan diálogos. ¿Cuál es la historia que se cuenta en el baile?

Para eso tengo que decir primero que la comparsa surge en 1908, cuando el único negro era mi bisabuelo, Jerónimo Ramírez. Sin embargo, por causa de una reyerta entre El Alacrán y Los gavilanes, otra comparsa de la época, la alcaldía prohíbe las fiestas populares en 1913. En 1937 se organizan otra vez los carnavales y en 1938 mi abuelo rescata nuevamente la Comparsa El Alacrán y sale por el Cerro.

 

La historia que se cuenta ocurre el 6 de enero de 1844, en el ingenio La Demajagua. Es un ingenio que lleva mucho tiempo sin trabajar, pero por esos días se reúnen los dueños y el mayoral para ponerlo a funcionar. En ese Día de Reyes el señor de la hacienda, don Raimundo, autoriza a la dotación de esclavos  a participar en la fiesta; pero en medio de aquello, María Josefa empieza a gritar diciendo que algo la había picado. Entonces, un negro medio jíbaro que había en la dotación, Ñangoro, sale a buscarlo con un machete. Cuando lo trae, todavía vivo, todos empiezan a mirarlo y a preguntarse qué cosa es. Así aparecen otros personajes que representan la sociedad colonial: el Mayoral, el Contra Mayoral (Torcuato), el chino ―quien piensa que el “bicho” es un cocinero, porque tiene tenazas―, el Gallego (sereno) y Tata Cuñengue (el brujo), quien descubre que se trata de un alacrán. Todo termina cuando Ñangoro lo mata por fin de un machetazo. 

 

Todo eso es un sainete que lleva diálogo, coreografía, música… Es la misma historia desde que se fundó la comparsa, aunque ha variado un poco. Antes duraba más de 20 minutos y ahora lo hacemos entre ocho y diez, porque el carnaval es mucho más rápido y solo tenemos unos 10 minutos para la presentación.

 

Pero además, en la comparsa están representadas las deidades de la religión afrocubana, porque no podemos olvidar que nació de la religión yoruba. Once de nuestras 16 farolas representan una deidad, y tanto ellas como nuestros pasos o la música ―tenemos alrededor de 64 composiciones musicales propias de la comparsa―, forman parte de nuestra identidad.

 

Las otras cinco representan la campana, que es La Demajagua; la farola de los alacranes; el negro y la negra, que representan la dotación de esclavos; y el mayoral. 

La religión tiene una fuerte presencia en la comparsa, e incluso tienen a Yemayá como patrona… ¿por qué?

Bueno, ahí hay un misterio, porque se cuentan en mi familia dos historias sobre eso, muy distintas. Una es sencillamente que la hermana de mi abuelo lo prefirió así, porque era hija de esa patrona; la otra es más comercial, pero explica también el color azul. 

Lo que cuenta es que la comparsa estaba patrocinada por el equipo de béisbol de Almendares, cuyo símbolo era el alacrán, y por eso la comparsa empezó a vestirse de azul, tras un convenio de mi abuelo con el director del equipo. 

Es una comparsa llena de tradiciones e historias, algunas con detalles bastante minuciosos. ¿Cómo los han podido mantener durante cien años? 

Desde que tengo uso de razón, en nuestra misma familia se construyen las farolas, por ejemplo. El primer constructor, en el año 1938, se llamaba Esteban; pero el próximo ya fue mi papá. A partir de 1995 comienzo yo a construirlas, junto con otros compañeros, para que no se pierda la tradición. Es una labor muy bonita que no debemos perder. Hoy, el atrezo del carnaval no se construye en cualquier lugar. 

En esa cadena generacional debe haber muchísimas anécdotas…

¡Ah! En un centenario, lo que hay de historias y leyendas es mucho. Nada más te voy a decir que cada una de esas 64 canciones de la comparsa tiene un porqué. Hay una que dice: 

Dónde está el alacrán Langoro.

Adónde está el alacrán Langoro,

que no lo veo venir señore.

¡Allá viene, como viene! ¡Allá viene, como viene! 

Lo que ha llegado hasta mí es que mi abuelo, Santos Ramírez, se iba para un bar en Calzada del Cerro y Tulipán cada vez que terminaba los ensayos, con un amigo que hacía de Langoro en la comparsa. Se iban solos, pero todos los de la comparsa iban después para que él les comprara los tragos. Y sucedió que un día fueron y compraron la botella y mi abuelo, al ver que no llegaban, le dice al amigo: ¿Dónde está el alacrán, compadre, que no lo veo venir? Y al momento Langoro mira para atrás, los ve acercarse corriendo en masa y le dice: ¡Allá vienen!... ¡y como vienen! 

A todo le sacaban una canción. Algunas de estas historias se han perdido, otras las hemos podido conservar. Pero la verdad es que El Alacrán está lleno de ellas. Mi padre decía que era bueno escribirlas…y mira, ya ves por qué es bueno que te las cuente. 

¿Quiénes conforman hoy la Comparsa El Alacrán?

De la vieja guardia, como yo digo, quedan 10 ó 15 que están a cargo de algunos departamentos: la música, los faroleros o el mismo Tata Cuñengue el personaje del Brujo, quien entró con ocho años a bailar y hoy tiene 86. Ahora sí es casi un brujo de verdad, como los de las antiguas dotaciones. 

Pero tenemos jóvenes de todas partes, aunque la comparsa es del Cerro. Los hay de Plaza, de Playa, de Boyeros, de Mantilla, de Centro Habana… 

¿Los captan ustedes cada año o ellos se acercan por su cuenta? 

Bueno, imagínate que la mayoría de estos muchachos son los nietos o los bisnietos de los fundadores, y conocen la rutina de la comparsa, los días de ensayo… y así se incorporan.  

Nosotros no somos selectivos, solo necesito que sepan bailar y que puedan cargar las farolas más grandes de Cuba. La más chiquita tiene 1.80 metros de altura y pesan de 60 a 70 libras, que se duplican cuando caminas más de 100 metros con el aire del Malecón, que te entra por debajo de la farola. No hay que ser fuerte, hay que tener magia. 

¿Cuándo empiezan a ensayar?

Acabado el carnaval descansamos unos tres meses y luego todos los miércoles ensayamos, hasta un mes y pico antes del próximo carnaval, cuando empezamos con más frecuencia. Quince días antes ensayamos todos los días, menos sábados y domingos. 

Han sido muchos carnavales para la Comparsa El Alacrán. ¿Cuánto cree que han cambiado estas fiestas populares y cómo se ven estos cambios desde dentro de la comparsa más antigua del Carnaval de La Habana?

Para mí, el carnaval ha estado muy deteriorado, desde que comenzó el periodo especial. Ha sufrido demasiado, como muchas otras cosas: ha perdido colorido, vestuario, luces…hasta serpentinas, todo. 

Tenemos que saber concebir un carnaval y quienes lo organizan deben acercarse a quienes los han vivido por tantos años. Hay que preparar las condiciones desde que se acaba un carnaval, para preparar el próximo. Así evitamos que sea un mes antes que se consigan los recursos.

Estamos hablando de rescatar identidades y el carnaval de Ciudad de La Habana es todo eso: identidad e historia, con las seis comparsas tradicionales que hoy desfilan por el Malecón y que son también parte de nuestras raíces. No puede existir un carnaval habanero sin El Alacrán, La Jardinera, Los Marqueses, La Sultana, La Bullera…. y por eso nosotros tratamos, como te decía, de mantener nuestras tradiciones; pero para ello se necesitan recursos. Nosotros mismos, por ejemplo, estuvimos cinco años sin vestir la guinga tradicional. 

Sin tradiciones no seríamos nada. Eso es lo más importante y hay que cuidarlo. Así nos esperarán aún muchos años arrollando.
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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