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Oye, colega, no te asombres cuando veas
al alacrán tumbando caña,
al alacrán tumbando caña.
Es “El alacrán” de los 60, en la voz de
Pello “El Afrocán”. Elevados a la
categoría de dioses, por unos ―con tres
ramas de vencedor y dos cabezas de ajo―;
maldición divina, para otros ― Mata
al alacrán abuelita, /mátalo con una
escopeta, / y si el cartucho no explota,
/ mátalo con una chancleta―.
Núñez Jiménez lo trajo de los Jardines
de la Reina, en testimonio campesino:
en mis cayos nunca se ha visto majá ni
culebra, ni ciempiés, pero abunda el
alacrán. Es larguito y da unos picotazos
bárbaros. Era 1940.
Animales del campo, de los rincones, de
los cuartos oscuros debajo de las
maletas… ¿qué diría quien lo viera
desfilar por el Malecón habanero? ¡Un
alacrán de cien años! ¡Y de casi 200
patas! ¡Con muelas que giran como
regodeándose en sus 60 libras! ¿Pica?
Es el Carnaval del 2008. Serpenteando el
extremo más al norte de la Isla, a los
compases de ritmos distintos como
músicas despiden las carrozas, pasan Los
Marqueses, la Comparsa de la FEU, La
Sultana, La Jardinera… El jolgorio roza
ya la madrugada. Casi al final,
arrollando con paso de corta y bota,
se acercan las deidades. La
rojinegra Elegguá, Obbatalá de blanco,
de verde y negro Oggún vestida… Debajo,
con la “magia” que incorporan las
tradiciones, la camisa de guinga a
cuadros azules, el pantalón blanco, el
pañuelo rojo a la cintura.
Quien lo dudaba, ahora estará seguro: es
la Comparsa El Alacrán, la centenaria
que cierra el carnaval como si le
cuidase las espaldas. Desde atrás, pero
siempre dentro, la mirada atenta de
quien no descuida un paso, como no lo
hicieron su bisabuelo, su abuelo y su
padre. Para cada uno de los 194 miembros
de la comparsa, bailar hoy es un
orgullo; para Santos Ramírez, dirigir la
más antigua de las seis comparsas
tradicionales que alegran esta noche el
Malecón, es cuestión de raíces. Cubanas
y familiares.
Cuando la Comparsa El Alacrán arrolla
por el Malecón, el público percibe
personajes, escenas y hasta mímicas que
simulan diálogos. ¿Cuál es la historia
que se cuenta en el baile?
Para eso tengo que decir primero que la
comparsa surge en 1908, cuando el único
negro era mi bisabuelo, Jerónimo
Ramírez. Sin embargo, por causa de una
reyerta entre El Alacrán y Los
gavilanes, otra comparsa de la época, la
alcaldía prohíbe las fiestas populares
en 1913. En 1937 se organizan otra vez
los carnavales y en 1938 mi abuelo
rescata nuevamente la Comparsa El
Alacrán y sale por el Cerro.
La historia que se cuenta ocurre el 6 de
enero de 1844, en el ingenio La
Demajagua. Es un ingenio que lleva mucho
tiempo sin trabajar, pero por esos días
se reúnen los dueños y el mayoral para
ponerlo a funcionar. En ese Día de Reyes
el señor de la hacienda, don Raimundo,
autoriza a la dotación de esclavos a
participar en la fiesta; pero en medio
de aquello, María Josefa empieza a
gritar diciendo que algo la había
picado. Entonces, un negro medio jíbaro
que había en la dotación, Ñangoro, sale
a buscarlo con un machete. Cuando lo
trae, todavía vivo, todos empiezan a
mirarlo y a preguntarse qué cosa es. Así
aparecen otros personajes que
representan la sociedad colonial: el
Mayoral, el Contra Mayoral (Torcuato),
el chino ―quien piensa que el “bicho” es
un cocinero, porque tiene tenazas―, el
Gallego (sereno) y Tata Cuñengue (el
brujo), quien descubre que se trata de
un alacrán. Todo termina cuando Ñangoro
lo mata por fin de un machetazo.
Todo eso es un sainete que lleva
diálogo, coreografía, música… Es la
misma historia desde que se fundó la
comparsa, aunque ha variado un poco.
Antes duraba más de 20 minutos y ahora
lo hacemos entre ocho y diez, porque el
carnaval es mucho más rápido y solo
tenemos unos 10 minutos para la
presentación.
Pero además, en la comparsa están
representadas las deidades de la
religión afrocubana, porque no podemos
olvidar que nació de la religión yoruba.
Once de nuestras 16 farolas representan
una deidad, y tanto ellas como nuestros
pasos o la música ―tenemos alrededor de
64 composiciones musicales propias de la
comparsa―, forman parte de nuestra
identidad.
Las otras cinco representan la campana,
que es La Demajagua; la farola de los
alacranes; el negro y la negra, que
representan la dotación de esclavos; y
el mayoral.
La religión tiene una fuerte presencia
en la comparsa, e incluso tienen a
Yemayá como patrona… ¿por qué?
Bueno, ahí hay un misterio, porque se
cuentan en mi familia dos historias
sobre eso, muy distintas. Una es
sencillamente que la hermana de mi
abuelo lo prefirió así, porque era hija
de esa patrona; la otra es más
comercial, pero explica también el color
azul.
Lo que cuenta es que la comparsa estaba
patrocinada por el equipo de béisbol de
Almendares, cuyo símbolo era el alacrán,
y por eso la comparsa empezó a vestirse
de azul, tras un convenio de mi abuelo
con el director del equipo.
Es una comparsa llena de tradiciones e
historias, algunas con detalles bastante
minuciosos. ¿Cómo los han podido
mantener durante cien años?
Desde que tengo uso de razón, en nuestra
misma familia se construyen las farolas,
por ejemplo. El primer constructor, en
el año 1938, se llamaba Esteban; pero el
próximo ya fue mi papá. A partir de 1995
comienzo yo a construirlas, junto con
otros compañeros, para que no se pierda
la tradición. Es una labor muy bonita
que no debemos perder. Hoy, el atrezo
del carnaval no se construye en
cualquier lugar.
En esa cadena generacional debe haber
muchísimas anécdotas…
¡Ah! En un centenario, lo que hay de
historias y leyendas es mucho. Nada más
te voy a decir que cada una de esas 64
canciones de la comparsa tiene un
porqué. Hay una que dice:
Dónde está el alacrán Langoro.
Adónde está el alacrán Langoro,
que no lo veo venir señore.
¡Allá viene, como viene! ¡Allá viene,
como viene!
Lo que ha llegado hasta mí es que mi
abuelo, Santos Ramírez, se iba para un
bar en Calzada del Cerro y Tulipán cada
vez que terminaba los ensayos, con un
amigo que hacía de Langoro en la
comparsa. Se iban solos, pero todos los
de la comparsa iban después para que él
les comprara los tragos. Y sucedió que
un día fueron y compraron la botella y
mi abuelo, al ver que no llegaban, le
dice al amigo: ¿Dónde está el
alacrán, compadre, que no lo veo venir?
Y al momento Langoro mira para atrás,
los ve acercarse corriendo en masa y le
dice: ¡Allá vienen!... ¡y como
vienen!
A todo le sacaban una canción. Algunas
de estas historias se han perdido, otras
las hemos podido conservar. Pero la
verdad es que El Alacrán está lleno de
ellas. Mi padre decía que era bueno
escribirlas…y mira, ya ves por qué es
bueno que te las cuente.
¿Quiénes conforman hoy la Comparsa El
Alacrán?
De la vieja guardia, como yo digo,
quedan 10 ó 15 que están a cargo de
algunos departamentos: la música, los
faroleros o el mismo Tata Cuñengue
―el
personaje del Brujo―,
quien entró con ocho años a bailar y hoy
tiene 86. Ahora sí es casi un brujo de
verdad, como los de las antiguas
dotaciones.
Pero tenemos jóvenes de todas partes,
aunque la comparsa es del Cerro. Los hay
de Plaza, de Playa, de Boyeros, de
Mantilla, de Centro Habana…
¿Los captan ustedes cada año o ellos se
acercan por su cuenta?
Bueno, imagínate que la mayoría de estos
muchachos son los nietos o los bisnietos
de los fundadores, y conocen la rutina
de la comparsa, los días de ensayo… y
así se incorporan.
Nosotros no somos selectivos, solo
necesito que sepan bailar y que puedan
cargar las farolas más grandes de Cuba.
La más chiquita tiene 1.80 metros de
altura y pesan de 60 a 70 libras, que se
duplican cuando caminas más de 100
metros con el aire del Malecón, que te
entra por debajo de la farola. No hay
que ser fuerte, hay que tener magia.
¿Cuándo empiezan a ensayar?
Acabado el carnaval descansamos unos
tres meses y luego todos los miércoles
ensayamos, hasta un mes y pico antes del
próximo carnaval, cuando empezamos con
más frecuencia. Quince días antes
ensayamos todos los días, menos sábados
y domingos.
Han sido muchos carnavales para la
Comparsa El Alacrán. ¿Cuánto cree que
han cambiado estas fiestas populares y
cómo se ven estos cambios desde dentro
de la comparsa más antigua del Carnaval
de La Habana?
Para mí, el carnaval ha estado muy
deteriorado, desde que comenzó el
periodo especial. Ha sufrido demasiado,
como muchas otras cosas: ha perdido
colorido, vestuario, luces…hasta
serpentinas, todo.
Tenemos que saber concebir un carnaval y
quienes lo organizan deben acercarse a
quienes los han vivido por tantos años.
Hay que preparar las condiciones desde
que se acaba un carnaval, para preparar
el próximo. Así evitamos que sea un mes
antes que se consigan los recursos.
Estamos hablando de rescatar identidades
y el carnaval de Ciudad de La Habana es
todo eso: identidad e historia, con las
seis comparsas tradicionales que hoy
desfilan por el Malecón y que son
también parte de nuestras raíces. No
puede existir un carnaval habanero sin
El Alacrán, La Jardinera, Los Marqueses,
La Sultana, La Bullera…. y por eso
nosotros tratamos, como te decía, de
mantener nuestras tradiciones; pero para
ello se necesitan recursos. Nosotros
mismos, por ejemplo, estuvimos cinco
años sin vestir la guinga tradicional.
Sin tradiciones no seríamos nada. Eso es
lo más importante y hay que cuidarlo.
Así nos esperarán aún muchos años
arrollando. |